Capítulo 6. ¿ES UNA BROMA?

3441 Words
He estado pensando en lo que ocurrió atrás del club desde que llegue. Mi conciencia no me deja tranquila. Las horas pasaron y yo todavía no he dormido nada. Mi estómago ruge, así con los ojos más pesados que una piedra me quito las sabanas. En mi camino a la cocina me tropecé con todo lo que encontré, inclusive mi guitarra – fue pésima idea dejarla en pleno pasillo -. Abrí puertita por puertita de los estantes de la cocina y la nevera, nada. ¡Me olvide de comprar comida ayer! ¡Tampoco le dije nada a Mia! Pido comida a domicilio y me siento detrás de la puerta a esperar – si me alejo más me llevare la casa entera por adelante, antes de llegar a la puerta, prefiero no pasar penas innecesarias – me la llevare horita, así no espanto al chico repartidor. No sé si pasaron minutos u horas, pero yo muero de hambre y mi comida no llega, frustrada por eso me levanto del suelo y abro de un tirón la puerta. Veo de un lado a otro y la cierro de un portazo. Hago de nuevo lo mismo una y otra vez, esto al menos me distrae.  - ¿Se puede saber qué haces? – pregunta una voz cuando voy a cerrar la puerta de nuevo. ¡Uy, creo que hice mucha bulla! No me importa, tengo hambre y sueño. Me giro a verle, Kley está parado. Recostado del marco de su puerta con los brazos cruzados y viéndome con el ceño fruncido ¡Parece que alguien se enojó! - Siempre saludas a la gente con un “¿Se puede saber qué haces?” – le digo recostando mi peso en la puerta. ¡Si ese repartidor no llega, estoy segura de que moriré! – normalmente uno creería que dirías un “¡Hola! ¿Cómo estás?” ¿no crees? - se fue ese – y apunta hacia el frente – para que tu tomaras su lugar  - No tome su lugar, yo estoy aquí - Éste inhalo exasperado – Me refiero al escándalo que tienes en tu departamento y encima aquí afuera. - ¿Cuál escándalo? – pregunto indignada, a mí que no me compare con el idiota – Yo ni siquiera escucho música  - ¿Entonces te estaban robando y estas vigilando por si viene de nuevo el maleante? - ¿Qué, no entiendo? – creo que no estamos en la misma página  - Se escuchaba como si hubiese una pelea. ¡Qué! ¿Perdieron los muebles? – ahora se mofa de mí. ¡Cara dura! - solo me tropecé  - ¡Con toda la casa! ¿O solo los muebles? Ah, espera. Con la puerta también, por eso le están enseñando una lección, para que ya no se meta contigo - ¡Oh, correrá sangre en este pasillo.  - Te crees muy gracioso ¿no? – deje mi puerta abierta y corte la distancia que nos separaba, para este punto de la conversación ya estaba despierta. Me detuve a centímetros de su cara y le mire con todo el odio que podía expresar. - Yo solo narro tu vida – me devolvió haciendo una mueca un tanto burlesca, pero parecía incómodo con la situación en la que nos puse. - ¿En serio? Pues gracias  - ¿Sabes? Todas las personas, necesitan espacio personal - ¿Te molesto? Mis disculpas – me moví un poco más hacia adelante Él intento retroceder hacia su departamento, yo le seguí a la misma distancia. Se quitó sus lentes y suspiro. ¿Por qué siempre evade mi mirada? - Oye, ya basta. ¡Mi culpa! No te molesto más – intento retroceder otra vez y me dio un gesto con la mano en la que me dice que me vaya. No me di cuenta cuanto avance dentro de su departamento. Observo detenidamente su rostro, efectivamente es guapo. Sus ojos tienen algo muy peculiar, no recuerdo su nombre. Un ojo es un poco más claro que el otro; uno es de un color marrón oscuro, mientras el otro busca más hacia el café muy claro. En las anteriores ocasiones en las que me topé con él nunca me había dado cuenta. - ¡Tienes los ojos de diferente color! Bueno, no exactamente. Son del mismo, salvo que uno es más oscuro y el otro es claro – dije con mi mirada clavada en sus pupilas. - Okey, ¿quieres salir de mi departamento? – vocifero cubriendo sus ojos  - No, aun no le he echado un vistazo – gire sobre mi misma, y observe tanto por encima de sus hombros como por los costados de Kley. - Y, no puedes – me tomo por los hombros y me llevo a la puerta, salimos al pasillo y me empujo. - ¡Tampoco exageres! Somos vecinos – exclama girándome a él – tenemos que conocernos, para llevarnos bien. No es así entre la gente normal. - Kley ladeo la cabeza en señal de interés cuando dije la última frase – se me escapo, él me mira muy atentamente; ambos estamos en medio del pasillo. - ¿Gente normal? – pregunta metiendo sus manos en sus bolsillos. - Pues sí, gente normal – que piense que solo soy rara - ¡Ah! ¡Por fin! – exclamo elevando mis manos al cielo.  Kley se mueve a un lado como un rayo cuando ve que corro hacia él, le paso por un lado y me abalanzó sobre el chico que apenas salió del ascensor. Agarro las bolsas que trae y le lanzo el dinero que saque de mi bolsillo. - ¿Tú hiciste el pedido? – pregunta preocupado - Sí, llevo horas esperando  - Dure solo veinte minutos – lo acordado - Pareció una eternidad – dije abrazando las bolsas  - ¡Cuidado! ¡Muerde! – dice Kley señalándome – sobre todo cuando no la alimentan - ¡Cierra la boca! – exclame de vuelta El chico nos vio a ambos y se fue.  - ¡Es inteligente! – volvió a exclamar esta vez con sorda en su voz, cuando volví sobre mis pasos – sabe poner su vida a salvo - ¡Oh, por todos los benditos cielos! – ya tengo mi comida soy feliz, me giro y entro a mi departamento.  - Come despacio, si te ahogas yo no iré a socorrerte - ¡No hace falta! – le grite en respuesta  Escuche su risa, le ignore y seguí con lo mío. Tras terminar de comer y descansar apropiadamente, volvieron a mí las últimos días; la reunión de accionistas y después el club. ¡Hay muchas cosas que necesitan explicación, una muy buena explicación! Los días pasaron entre idas a la editorial y llamadas constantes de mi madre que decidí ignorar. Le envíe un audio expresándole mi desacuerdo en sus acciones, fue bastante efectivo. Ya no va a la editorial y a mí ya no me toca escapar de la oficina. Tal vez esté planeando algo ¡si es así, no será nada bueno! De la editorial, al pequeño departamento y viceversa. Estoy es ese ciclo sin parar, me encontré con los chicos un par de veces más, ninguno menciono ni dijo nada. ¿Lo imagine? ¡No, estoy segura que no!  La subasta se llevara a cabo pronto, madre no me deja ni tomar un respiro – a mi departamento y a la oficina llega diario una caja con un enorme lazo, y dentro de esta un despampanante vestido; cortesía de la señora Fátima -. El incidente del club también me tiene la mente consternada. Decidí faltar a la editorial y tomar un café, despejarme, aun no sé qué ocurrió, y no es mi problema, pero me siento mal; no hice nada para ayudarle. Es posible que solo haya sido un deudor que no saldo su deuda a tiempo. ¡Me convenceré que es eso! Y dejare de darle vueltas. Sino ¡Me volveré loca! Mia está preocupada al igual que Benjamín, se han intentado contactar con Corporación Alveolo, nunca logran pasar de la secretaria. Andrés me dijo que pronto hablaríamos con más calma, no me sentiré en paz o con calma, si no hablo con él antes de la subasta. Mi madre me comento a través de interminables listas de nombres que no me aprendí y múltiples llamadas por celular, los posibles y obligatorios invitados a la subasta, entre ellos – para mi desgracia – está Vicente Ciril el otro socio de la televisora. En mi última visita a casa cuando madre me dijo esto, pude notar que ha padre no le hacía gracia verle ahí. Quise preguntarle, pero tan rápido paso la duda por su rostro, así de rápido la borro.  Benjamín por fin esta la pendiente de todo, en absoluto todo, lo que se refiere a la editorial, eso me quita un peso de encima. La carga en la compañía se siente cada vez más frustrante. Esperare unos días más, sino llegare yo misma a la oficina de la presidencia nuevamente. Debería hacerlo ahora de ser necesario pero eso es lo de menos, quiero descansar un rato de los negocios – no quiero morir joven - ¡Perdón abuela! Las calles están más despejadas de lo habitual. Miro a ambos lados de la acera y nada ¿Dónde están las personas? Esa camioneta no me da buena espina ¡Genial creo que ya enloquecí! Sacudo mi cabeza para quitar esas ideas de mi mente y me ajusto los auriculares a los oídos, subo el volumen y sigo caminando relajada.  De repente unas manos se sujetan por los brazos y me jalan de forma brusca, otras arrancan mis auriculares y me envuelven los ojos con una tela negra. Aprisionan mis brazos detrás de mi espalda. ¿Me están secuestrando? ¿Por qué? ¡Clara no le debe a nadie! Mi cuerpo rebota contra un sitio acolchado y nos movemos ¿vehículo? ¡Estoy en un auto! Dos personas me aprisionan a mis costados. No, no, no, esto no me puede estar pasando a mí. Seguro son los sujetos que vi golpeando al otro ¡Si me vieron! ¡Ay, Dios mío, sálvame!  Escapar, tengo que lograr escapar. Me sacudo y forcejeo en mi sitio, estos idiotas ni siquiera me han atado las manos y los pies, solo sostienen mis manos pegadas a mi cuerpo. No los veo, pero sé que tienen increíblemente más fuerza que yo. Quizás si logro darle al conductor se volqué esta cosa y logre salir. ¡Estoy sonando tan optimista!  En momentos como este es que agradezco haber recibido tantas clases extras, las interminables horas de danza me servirán para algo. Elevo mi pierna como puedo y la muevo de forma violenta a ambos lados. Me remuevo y logro zafar un brazo, araño al que tengo más cerca y suelto un golpe. Mi puño impacto contra algo como piedra ¿Quiénes diablos son? ¿Luchadores profesionales o qué?  - ¡Quédate quieta niña, no queremos lastimarte? – habla una voz gruesa que me eriza la piel.  - ¡Cierra la boca! – gruño una segunda voz – y agárrenla me está pateando la cara ¡Maldición! - Sujeta sus brazos – le estoy dando a alguien, ¿ese es el conductor? - ¡Deja de moverte, ya! La presión es mis brazos aumenta, con mi corazón a mil empujo la venda de fuera de mi boca, tomo todo el aire que había perdido. Inhala, exhala, inhala… exhala… ¡No quiero morir!  - ¿Qué quieren? ¿Quiénes son ustedes? Yo no tengo nada que darles. Soy una artista callejera – mi voz suena más rota de lo que quisiera - No nos engañas, tienes mucho dinero - ¿Qué? ¡Lo saben! No puede ser… - No lo volveré a decir, sujétenla. Y cierren la boca – de nuevo esa voz gélida. - no perdamos tiempo  - Solo duérmanla – no, no pueden dormirme. ¿Qué hare?  - El jefe nos matara – forcejee más fuerte aun, me revolví como animal,  - ¡Maldición! Ya basta  - ¡No, suéltenme! Déjenme ir, por favor  - ¿Vas a llorar? No es posible. Duérmela - Déjame desgraciado, me las pagaras. ¡Lo juro! Te buscare y te matare – grite con toda la fuerza de mi garganta.  Sentí una presión en mi boca, seguido de un intenso olor que no logre reconocer, me trate de aferrar a la conciencia, mi cuerpo se sintió tan débil que me deje caer poco a poco. - ¡Es toda una fiera! ¡Se parece…   - insisto en que el jefe nos matara, es… – escuche con mis últimos sentidos despiertos, antes de caer desmayada.  Mi cabeza continua nublada, no sé qué pasó. Unas cuantas imágenes se repiten de forma intermitente. ¿Qué ocurrió? Estoy tan cómoda, y ahora que lo pienso mareada, aprisiono mi cabeza entre mis manos, me estallara. Siento un ligero temblor en lo que estoy apoyada, me incorporo de golpe. ¡Me secuestraron! Miro a mis lados asustada, pero no veo nada aún tengo la venda en los ojos. ¿Dónde están los que me secuestraron? Apenas logro escuchar voces que hablan de manera silenciosa, hacen que me encoja en mi lugar. Trato de levantarme pero, una correa alrededor de mi cintura me lo impide. El sitio vuelve a temblar ¡ah, turbulencias! ¿Turbulencias? ¿Estoy en un avión?  - Deja de moverte, ya casi llegamos. Boris avisa al jefe  Esa es la voz que me causa escalofríos, sin ver nada, me doy cuenta que alguien sentado a uno de mis laterales se levanta y se va. ¿A dónde va? ¿A la cabina de pilotaje? No, no, no, no… Mi vida no puede acabar así. El hombre que hablo antes, me soltó el cinturón, yo por acto reflejo le lance una patada. Éste, supongo, la esquivo y me sujeto las manos, hizo que me levantara y caminase, oí el eco de la cabina, si no mal estoy me encuentro en la compuerta de salto. No puedo morir así. ¡Esto es demasiado irónico!  Estoy por primera vez en mi vida tan asustada que he dejado de dar pelea, son demasiados contra mí, además ¿Cómo voy a escapar en el aire? Escucho pasos lentos acercarse y quedarse a una distancia corta de dónde yo me encuentro. Los latidos de mi corazón retumban en mis oídos, me siento mareada. ¿Este es el fin? ¿Por qué yo? ¡Nada tiene sentido! ¿Acaso descubrieran que soy Catalina Bellmore? - Esta lista jefe, seguro que sabrá que hacer… está temblando - ¿Qué, que están diciendo?   - Seguro – esa voz El viento golpea de lleno mi rostro y me empuja hacia atrás, las manos que antes me sostenían me empujan de nuevo hacia adelante. Uno de mis pies resbala y dejo de sentir la cabina por unos segundos, antes de recobrar el equilibrio y volver a mi antigua posición. ¡Moriré! ¡Moriré! ¡Moriré! No, no, no…  De repente la luz me cega y la potencia del viento me hace cerrar los ojos. Mi cuerpo se siente muy pesado. - ¡Como en los viejos tiempos, pequeña! – Un momento esa voz - ¿Abuelo? ¡No es posible! Mi mandíbula casi cae hasta el piso de no estar pegada en mi cara. Estaba a punto de gritarle cuando se lanzó. ¿Qué?  Sentí un empujón suave y mis pies dejaron de tocar algo firme, caí en caída libre. Ah, ah mi cerebro no quiere funcionar. Recuerda contar los segundos y abrir el paracaídas. ¿Qué es eso, la voz de mi conciencia? Un momento, esa es la voz de mi abuelo y se escucha opacada por el viento. ¡Tengo un auricular puesto! Miro mi cuerpo ¿En qué momento me pusieron el equipo de salto?  Hago un recuento de todas las veces que salte en paracaídas y relajo mi cuerpo, cuanto transcurre el tiempo apropiado tiro del cordel. El paracaídas se abre y me jala hacia arriba. ¡Abuelo! ¿En que está pensando ese vejestorio? No puede llegar como una persona normal y llamar a la puerta de mi casa. No, él tiene que hacer que te de un paro cardiaco y luego creas que vas a morir otra vez para que este satisfecho. Siempre hace locuras, pero jamás había llegado tan lejos - ¿Por qué moriste, abuela? Tú eras la única que le detenía – Mi abuela me conto de pequeña, que cuando mis padres empezaron a salir, el abuelo le dio tremendo susto a madre, me dijo que cualquier mujer en su situación hubiera terminado con mi padre. Sin embargo, es la señora Fátima de la que hablamos, así que eso no iba a pasar. Nunca me dijo el que, ni me dio detalles. Solo menciono que el abuelo casi logra que su hijo cometiera el mayor error de su vida, después se alegró de que no haya funcionado ya que llegue yo.  Pensar en eso me tranquiliza, respiro hondo y admiro el lugar en el que me encuentro - aparte del aire, claro está - Una planicie se extiende en toda su amplitud, bordeaba de montañas y valles, la puesta de sol se encuentra en su máximo auge. Resplandecen en el cielo los colores cálidos. ¡Qué hermoso! Tenía tiempo sin hacer algo como esto. Los años frente a una compañía pasan volando y no miento.  Veo como se aproxima cada vez más tierra firme. Llego hasta ella y como llego tanto tiempo sin la práctica, me enredo con mis pies y ruedo por yerba llevándome conmigo el paracaídas.  Salgo del enredo de tela y suelto una sonora carcajada. ¡Y yo creyendo que iba a morir! En serio estoy paranoica. Busco a mi abuelo, con la mirada y corro hasta él. - Me alegra que todavía recuerdes como se hace pequeña – suelta mi abuelo apenas le alcanzo  - Te costaba mucho, solo llamarme – le reclamo estirando mis brazos a mi alrededor y señalando el espacio en el que estamos - Eso no sería divertido ¿no crees?  - No, pero al menos dime sin aventarme antes ¿Y, si no me hubiera acordado? - Eso habría sido trágico - ¡Abuelo!  - Bueno pequeña, supiste, así que no importa – Ah, ahora que recuerdo - Las personas que enviaste a buscarme son rústicos, me trataron como un trapo. - Ya los reprendí ¿Cómo pueden tratar a mi pequeña nieta de esa forma? – se ríe el muy sinvergüenza y empieza a caminar hacia una camioneta, reciente estacionada a unos metros de distancia  - ¿Me buscaste solo para lanzarme de un avión? – pregunto incrédula, pisándole los talones   - Sí y no. Tenemos que hablar pequeña, algunas cosas están ocurriendo y tú debes estar prevenida – dice con el semblante rígido.  - ¿Qué cosas? – pregunto deteniéndome  - Unas de las que te enteraras pronto, por el momento sube. Hablemos con más calma en otro lugar – ya veo, lo tuve que haber visto venir, mi abuelo no me hubiera pasar por ese extremo hace unos segundos, si no fuese importante lo que tuviera que decirme.   Es raro, lo sé. Mientras más raro, extremo y loco. Más importante y urgente es. Nadie le cuestiona su lógica, yo tampoco lo haré. Inclusive una vez hizo que sus socios se subieran todos a un barco – según él, para fortalecer los vínculos – navegaron sin rumbo, ni ruta durante meses. A los pobres los hallaron al borde del colapso y medio desnutridos. Mi padre para aquella época llevo la noticia, tuvieron que decir que había sido una falla, un error mecánico que los dejo a la deriva. ¿Quién en su sano juicio cree eso? Estamos en la era de la tecnología, gente importante se hallaba a bordo y, ¿nadie los consiguió en meses? ¡Sí, claro! Muy creíble. Nuevo Cielo hizo lo imposible para taponar las especulaciones y entrevistas directas con los afectados. Padre estaba que mataba al abuelo, al final no lo hizo. Es gracioso como siempre gana. Y si, él es, oficialmente mi mentor en los negocios y en la vida. De esta última lo era mi abuela, al morir le cedió el puesto a mi abuelo.  A mí no me molesta ¿qué es la vida sin emociones fuertes? Tampoco tan fuertes y menos graves, pero si lo suficiente para saber que estas vivo. Mi lista de pendientes es alto y ahora se sumaran, lo que sea que diga el abuelo estoy segura.
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