Capítulo 5. Sólo la luna presenció lo mismo que yo.

3963 Words
“Yo solo respaldo sus acciones” ¿Es una broma? Cuando asumí la presidencia revise todos y cada uno de los documentos en la oficina y demás. No pase por alto nada, absolutamente nada, que esto esté ocurriendo de esta manera no es coincidencia ¿o sí?  Le comente a Benjamín detalle a detalle de lo que hable con Andrés, su cara mostró todo lo que supuse, nada, él también sabía nada al respecto. Cuando termine mis pendientes en la editorial, me encerré en la oficina, repase todo cuanto había leído en mi llegada, lo que se había agregado en los cinco años de mi presencia y lo que se borró de los servidores exceptuando el mío. Sin resultado, reconozco cada documento que he visto. No quiero llamar a mi padre, si se entera de algo me colgara, este es mi error.  En mi departamento tampoco conseguí nada, llevo tres días casi sin dormir preocupada, Mia está al borde del colapso, y Benjamín se está volviendo loco.  Mi orgullo está en una bandeja de plata en este momento, pero debo llamar a mi padre. No sé qué hacer, es imposible que esa información no exista si tanto Andrés como Vicente aseguraron que tengo la voz de voto final para las decisiones. Un nuevo día ha amanecido y yo sigo mal, me acomodo en mi escritorio y decido llamar a padre. Me responde su secretaria e inmediatamente al saber que es una llamada mía me pasa con mi padre. - Que ocurre Catalina, dentro de poco tengo una reunión, dime rápido  - Que servicial padre – le digo con la voz indiferente  - ¿Ocurrió algo? – llego la hora  - De hecho sí, hace unos días presencie una reunión entre los socios de la televisora. ¡Que sorpresa la mía al saber que yo era uno de esos socios! Y no solo eso sino que la mayoritaria. ¡Que tengo derecho y libre albedrio para tomar las decisiones! - Veo que te enteraste – responde calmado - ¿Qué me entere? ¿Jamás pensabas decirme? – le reclamo furiosa lanzado la engrapadora contra la puerta - ¿Qué fue eso? Catalina hija - le escuche suspirar No soy de los que explotan de la ira, pero ¡Dios! Pude haber cedido el control de mis acciones sin enterarme, son muchas personas bajo mi cargo. No es un bendito juego. - Te explicare – prosiguió mi padre – Las acciones de la televisora son parte la editorial, la persona a cargo de la editorial toma posesión de ellas. - ¿Y por qué no hay ningún documento que demuestre eso? – pregunte conteniendo mi enojo ¡Es verdad! Al parecer puedo confiar en Andrés. - Tu madre sugirió la posibilidad de no pudieras con tanta… - ¿Tanta? ¿Tanta qué? – pregunte tomando ahora el mouse de mi computadora - Carga linda, sabes que tú eres muy libre, no asumes muchas responsabilidades - Le hiciste caso a madre – resoplo, de nuevo la señora Fátima tomando decisiones que nadie le pidió. Juro que esa mujer me volverá loca.  - Me pareció lo mejor  - ¡No me digas padre! – exclame arrojando el mouse también contra la puerta.  Vi entrar a Mia asustada, es posible que esta sea la primera vez que me ve en este estado. Mi comportamiento en la compañía en estrictamente profesional, pero esto es el colmo. ¡Un error! ¡Pude haber cometido un grave error! Ella se agacha y recoge los objetos que tire, respiro hondo y nuevamente acerco mi celular a mi oreja.  - Mandare a Benjamín por los documentos, imagino que me los darás ¿no?  - Por supuesto, linda - perfecto. Gracias padre – dije esto último con la máxima ironía - No te enfades con tu madre - Muy tarde, dile que me vestiré como me dé la gana para la subasta.  Tan pronto termine de decir la oración colgué el teléfono ¡Ah, Jesús por qué no encaja esta cosa! Mia se acerca a mí y me quita el teléfono de las manos y lo coloca suavemente. Me dejo caer en mi silla y tarto de nivelar mi respiración. Ella espera a un lado y luego cuando me ve más tranquila se acerca a mí y me entrega un vaso con agua. Lo acepto agradecida y me lo tomo de una solo vez. - Llama a Benjamín, dile que vaya inmediatamente a las oficinas centrales de Cielo mi padre le entregará los documentos que demuestran que Nuevo cielo tiene la mayoría de las acciones de la televisora. - ¿Es verdad? – pregunta asombrada  - Sí, es verdad. Mi padre lo confirmo - ¿Eso es bueno o malo? - ¿Por qué la pregunta?  - Tienes una cara de consternada que nada te queda, se te ve muy preocupada.  - No es nada, me tranquiliza que no llegara a mayores – respondí relajando mi rostro - Los señores Bellmore son complicados. Oh, volviste a arrugar el rostro - No me los menciones en un tiempo.  Escuche unos toques en la puerta y me erguí en mi silla, después de un adelante por parte de Mia la secretaria se asoma por la puerta, duda en entrar, parece que mis gritos la asustaron.  - ¿Qué necesitas? – le pregunto tratando de modular mi tono de voz - Su madre lleva llamando desde hace unos segundos sin parar, cuando le conteste me dijo que necesita hablar con usted urgentemente - ¡Oh, por todos y los grandísimos cielos! - Dígale que estoy enormemente ocupada. ¡No, espere, no le diga eso! Dígale que me da igual lo que piense, que me iré como yo quiera, y que se trague todo lo que me quiera decir. Luego cuélguele. - ¿Segura que quiere que le responda eso? – pregunta con evidente miedo - Usted trabaja para mí, no para ella. Así que tranquila. Y sí, quiero que le diga eso, palabra a palabra. - Muy bien señorita  - Gracias  - La señora Fátima no tardara en venir – dice Mia exhalando muy escandalosamente  - Me disculpo por eso. Si quieres te tomas el resto del día libre. Necesitas dormir - ¡En serio! ¿Y usted? – claramente está más aliviada  - Iré a despejar mi mente. - ¿De nuevo a la plaza?  - Sí – di vueltas en la silla, necesito sacarme esta rabia antes de hablar con madre, sino me arrepentiré de todo lo que le quiero decir. ¡No son cosas lindas! ¡Al caño! Iré a la presentación.  - Dile a Fran que venga, luego te puedes retirar - Que mandona. Yo me encargo y te perdono solo por hoy - ¡Que amable de tú parte! - Siempre. Me retiro – Mia se fue y yo me quede pensando en todo. Esto no se quedara así si madre piensa que puede hacer lo que quiera, yo también hare lo que quiera. Me sirvo otro vaso con agua y salgo de la oficina. ¡Quiero tener un día normal sin tanto estrés! ¡Moriré joven! Mi abuela me lo dijo muchas veces, si te estresas tanto, cortaras tus años de vida. La quiero pero, espero que se equivoque. Cuando cruzo el umbral de la puerta y me fijo como Marta pelea con el teléfono, se nota que el teléfono está ganando. Me tuvo que hacer caso y colgarle, asumo que llamo de nuevo sin piedad. Me acerco con lastima hacia ella, no soy tan mala como para dejarla con semejante fastidio. Marta levanta la mirada y me ve, enseguida cuelga el teléfono y rodea la cómoda de la recepción para llegar directamente a mí. Se ve ansiosa. Me hace una seña para que me acerque y lo hago. - La señora Fátima está llegando al edificio señorita, debe estar entrando – me susurra al oído - ¿Cómo? – pregunte alarmada ¡No, Señor, hoy no! - Debería irse antes de que llegue aquí - Está bien, llama a mi chofer y dile que me espere con el motor encendido y que no baje del auto cuando me vea aparecer ¿okey? - Okey  - Excelente, dile que no estoy y ella se ira. Tú tranquila – le digo a Marta poniéndole una mano en el hombro.  - Corra señorita  - Eso haré Comienzo a caminar apresurada a la salida, cuando estoy llegando al ascensor, el chico de la correspondencia sale de las escaleras corriendo y me dice que mi madre viene en ese ascensor. Miro con horror el ascensor y me apresuro a seguir al chico por las escaleras. Mala idea tener unos tacones de aguja. Paso por algunos departamentos y todos me ponen cara extraña, no todos los días verán a la jefa correr por su libertad. Le digo que sigan trabajando y por la cara que lleva el chico y lo que dice entre dientes, todos deducen que se acerca mi madre, empiezan a suspirar y quejarse. Les llamaría la atención, pero es su culpa no debería colmarles la paciencia a las personas. - Gracias  - De nada señorita, Doña Marta me pidió que le avisara cuando llegara la señora Fátima. Y que le ayudara a escapar – dije jadeando por la carrera - ¿Falta mucho? – pregunto sin poder aguantar mucho más mis pies - No, ya casi estamos en la salida Diviso la entrada y corro como nunca al auto, me subo a él y le digo a Fran que conduzca lo más rápido que pueda al departamento. Llego a este y tomo todo lo que necesito para la presentación, entre ellas mi guitarra eléctrica. Cuando madre no me encuentre en la editorial me vendrá a buscar a la casa. Lanzo mi teléfono móvil al sofá como de costumbre y tomo el otro. Paso llave – aunque eso no detendrá a la señora Bellmore – y regreso como bólido al auto, le pido a Fran que conduzca a una sección de hoteles muy lujosa, me deja allí y le digo que no lo necesitare por el resto del día, éste asiente y se marcha. Espero hasta no verle más y me dirijo a la estación de tren más cercana, cambio mi ropa lo más rápido que puedo en un baño y me monto en el tren rumbo a mi pequeño departamento. ¡Se siente bien volver a sentir esa adrenalina! La llamare después, cuando no quiera matarla por lo que hizo, le acepto que se meta en mi vida, no que se meta en mis asuntos laborales, y más sin saber cómo se llevan estos. ¡Me enerva que crea que siempre tiene la razón y que pueda salirse con la suya! En las calles, veo a una que otra persona, todos muy ocupados en los que sea que hagan. Algunos de ellos me saludan y yo les devuelvo el saludo. ¡Es genial! Llego a mi edifico y subo hasta mi departamento. Lanzo mis cosas donde caigan y me lanzo al sofá, que mañana tan movida he tenido. Siento como mis parpados pesan, me dejo vencer por el cansancio.   Me despierto y veo que el sol ya se encuentra en su máxima altura, salgo por algo de comida y llevo mi guitarra conmigo, si Nate me dijo la verdad seguro encuentro a los chicos en la plaza o el parque.  Camino entre arboles con mi emparedado en la mano, camino… camino y nada. Suspiro cansada y me recuesto cerca de un árbol. Saco mi guitarra e intento tocar algo, las emociones que viví estos tres días no se han ido. Escucho unos pasos acercarse y levanto mi vista. - ¿Tanto te espanto el ruido que te fuiste de tu departamento? – dice una voz molesta - No te importa – este se ríe y se sienta a la par mía – Vaya, ¿llevaste la pijama a la tintorería? Una lástima, con lo bien que te queda, sobre todo las pantuflas - Sí que te fijaste muy, recalco, muy bien en mí - Para ser alguien que ignora a las personas, hoy estas muy hablador.  - ¿Clara cierto? – pregunta observando a las personas pasar. Yo hago lo mismo - Kley ¿no?  - Tomare eso como un sí, te recomiendo no volver a tu departamento – eso llama mi atención  - ¿Por qué?  - unos chicos fueron a buscarte, muchas veces, en diferentes horas del día ¿debes dinero o qué? – me mira a la cara - Whoa tu cara, por fin veo bien tu cara, un gran avance Kley, me siento muy feliz por ti – menciono para molestarle - Ese es otro sí - Por supuesto que no, no le debo dinero a nadie ¿Cómo eran? - Son aquellos – dice señalando un grupo de chicos caminando con patinetas. Oh, me fueron a buscar - ¡Ellos! menos mal que los encuentro, o que lo encuentro, creí que al final no iría – hablo más para mí misma que con él. - ¿Amigos tuyos? – pregunta arrugando las cejas y ajustándose los lentes  - Pues sí, y es amigo, solo uno de ellos - Como sea. Adiós Clara Se levantó y se fue, de nuevo. ¡Quién le entiende! Agarro mi guitarra y me aproximo a los chicos. - ¡Hey, Henry!  - Clara, que difícil es hallarte - me dice corriendo hacia mí - fuimos un montón de veces a tu departamento. Los idiotas ya perdieron la esperanza de que toques con ellos – Esto último lo dice cuando se detiene. - Lo mismo digo. ¿Dónde están los chicos? - Practicando en casa ¿iras? - Si, a eso vine – le mostré el estuche - Genial, oigan les hablo luego – les grito al grupo, estos asintieron y se fueron – Vamos te acompaño - ¿En el mismo garaje? – pregunto haciendo una mueca  - En el mismo – contesta Henry riéndose  El garaje no está lejos de la plaza, de hecho queda muy cerca. Normalmente se reúnen allí a ensayar. Fui un par de veces, no es un mal sitio, lo único malo es el desorden que mantienen siempre, es demasiado desastre junto. Llegamos rápido al lugar, desde afuera se puede escuchar la música sonando, siguen siendo muy buenos, nos deslizamos por el hueco del portón y pasamos. Todos al vernos se detienen. - ¿Adivinen a quien me encontré? – pronuncia con orgullo Henry - ¡Clara! Si viniste, nunca lo dude – dice Nate acercándose  - Yo tampoco, tienes la costumbre de aparecer en el último minuto – dice Marcos con su guitarra puesta. Sí que no ha cambiado en nada. - ¿Un abrazo por los viejos tiempos? – suelta uno caminado hasta mí y dándome y fuerte abrazo de oso – con los años te vuelves aún más bella mi cascabel  - ¿Qué? Ray, que cambio, no te reconocí - lo sé, me puse más bueno ¿a qué si? - Oye no te pases, asustaras a Clara – habla el bajista, Estefan, siempre tan calmado. - Hola, mi cantante preferido – dije lanzándomele encima. Catalina es una persona que debe mantener sus emociones al margen mientras Clara, es alguien que las puede expresar libremente  - A él si lo reconoces al instante no – se queja Nate  - Claro es al que más extrañe – es mentira, pero me gusta pincharles  - ¡Eso hiere, Lara! – exclama Henry llevando sus manos al pecho. Que payasito esta, justo como su hermano - - A mí no me saludaras Clara – vocifera Marcos apartando a Nate y Henry  - Tranquilo compadre, no te la quitaremos  - Cierra la boca Nate  - Lo hare… Lo hare  - Hola marcos, ves ya te salude - ¿Un abrazo? – pregunta abriendo sus brazos  - Está bien – accedo  - ¿Tocaras con nosotros en la presentación? – pregunta Estefan mirándome esperanzado - Para eso vine, no ves mi estuche - ¡Perfecto! La canción ya la conoces así que no te asustes, igual lo pulimos y agregamos unas notas más. Ven te mostrare  Saque mi guitarra de su estuche y me acomode entre los instrumentos y los cables. Ellos también se colocaron y empezaron a tocar, me fije en la partitura y sí la conozco, leo y escucho las variaciones que le hicieron. Ahora me gusta más como suena. Espero a que terminen y empiezo a rasgas la guitarra, sigo las notas de forma pausada; una a una, sin prisa. Me enfrasco en la melodía ante mí y dejo que fluya, la tensión de mi cuerpo disminuye y ya puedo ser yo misma otra vez. Al acabar levanto mi vista y veo a los chicos observarme atentamente. - Sigues siendo la misma, mi cascabel  - Igual de buena y mejor – aplaude Henry mientras me hace una ridícula ovación  - Intentémoslo todos juntos – dice Marco Yo solo les sonrió y accedo. Tocamos la canción muchas veces, entre ensayos Marco me conto que la presentación es en un club, nos iremos en la camioneta de Estefan y los instrumentos se irán en la de Marco, tardaremos una media hora o más para llegar. Les pidieron tocar por una fiesta o celebración que se realiza allá, según Ray la paga es muy buena. Me rio de solo pensar en eso. Después del ensayo fui a cambiarme a mi departamento, volví ya vestida y nos fuimos. Esto es una muy graciosa coincidencia. El club en el que vamos a tocar, es uno de los más utilizados entre los socios de la compañía, es reservado para las grandes corporaciones. Solo espero no toparme con nadie que me pueda reconocer. Los chicos ven impactados el lugar y adaptan una pose profesional, excepto Ray, el solo entra y camina como siempre. Me desligue de mis pensamientos y disfrute al máximo la noche, nos subimos al escenario y tocamos sin descanso, realizábamos breves descansos y volvíamos a tocar. Fue increíble. En el cierre mientras los chicos recogían los instrumentos y la mayoría de las personas estaban borradas en una borrachera o se habían ido me logre sentar cerca de la barra. El camarero se me acerco para pedirme que me retirara de allí – no soy Catalina, soy Clara - cuando abrió sus ojos en sorpresa y arrugo su entrecejo. ¡No puede ser! es el hombre de los tatuajes que vivía al frente de mi departamento. Le sonreí con fingida inocencia y me fui casi a la carrera al escenario.  - ¿Eres tu verdad? Una de las personas que me echaron del edificio. ¡Hicieron que me llevara la policía! – está detrás de mí. No vi a los chicos, corrí hacia la salida trasera para encontrarlos, no están afuera. Escuche los pasos del idiota acercándose y me oculte detrás de unos botes de basura, me escondí entre la oscuridad de la sombra que proyectaba las paredes del club, el tipo salió enojado, miro a ambos lados y resoplando volvió a entrar. Decidí esperar unos minutos, no quería correr el riesgo de encontrármelo de nuevo – lo más seguro, es que los demás estén cargando los instrumentos en las camionetas – y yo aquí escondida. Pretendía salir de mi escondite, cuando un grupo de hombres trajeados salieron de la puerta, me apreté más contra la pared y espere. Se escuchó un jadeo y el sonido de golpes, mi cuerpo empezó a sudar y el corazón a latirme con fuerza - ¿Qué fue eso? - Encontré una r*****a entre el bote de basura y la pared, me asome por allí y vi como golpeaban a un hombre, estaba solo peleando contra un grupo de aproximadamente cuatro personas. El hombre con la camisa blanca se tambaleo hacia atrás y choco contra la pared, uno de ellos saco algo de su traje y se acercó a él. Se removió dando patadas, pero los demás le sujetaron para que no se moviera. Jadee sin querer y retrocedí haciendo que mi cuerpo chocara contra una lata vacía, aunque el sonido no fue muy fuerte. Unos de los hombres trajeados se giró en mi dirección y se quedó viendo el lugar muy fijamente. Tape mi boca con mis temblorosas manos y espere, rezando por un milagro para que no me prestara atención. Ese hombre increíblemente me parece muy familiar.  Regreso su atención al frente y detuvo a los que estaban golpeando al de camisa blanca. Sé que debo volver adentro, pero no puedo pasar por ahí, me verán. Estaré en grave peligro, tengo que hacer algo para ayudarle. Mis piernas no me quieren responder, aun así retrocedo agachada pegada a la pared, esquivando la molesta lata. Cuando llego a la esquina me levanto con cuidado y camino muy lentamente, rodeo todo el edificio por la parte trasera y entro de nuevo al club, buscando con la mirada a los chicos.  - Clara ¿Dónde estabas? Ya nos tenemos que ir – volteo y me encuentro con Estefan  - Yo no… - ¿Estás bien? – me pregunta tomándome por los hombros - Si yo…  - Listo, las cosas están cargadas y yo muero de hambre, vámonos – canturrea Ray, quien está llegando. ¡Por ahí está la salida trasera! - ¿Vienes de afuera? – le pregunto a Ray preocupada   - No, los chicos salieron a buscarte. Yo me quede cerca pero no salí, ya deben estar volviendo. - ¿Los chicos? – y si los golpean a ellos también  - Oye… - ¡Aquí estas! Te estuvimos buscando un rato – veo llegar trotando a Marcos y a Nate - ¿Vienen de atrás?  - Sí, eso está solo y oscuro, menos mal estas aquí – menciona Marcos mientras suspira y pasa su mano por su cabello.  - ¿Estaba solo? ¿No había nadie? - No. ¿Por qué? - por nada – no lo pude haber imaginado, esto es muy extraño. Me siento aturdida. - A moverse gente que tenemos que conducir y ya son las cuatro de la mañana – dice Nate bostezando. - Tu no conduces, no digas estupideces – le dice Ray mientras le da un golpe en la cabeza a Nate - No molestes, nivel insoportable de testosterona  - ¿Celoso?  - Para nada  - Ya cállense – los reprende Estefan Nos subimos en las camionetas y regresamos. No logro dejar de pensar en lo que vi, porque lo vi, estoy segura. Estaban moliendo a golpes a ese hombre, a duras penas podía mantenerse en pie. ¿Quiénes eran esas personas? ¿Por qué llevaban trajes? Demasiadas cosas que no entiendo. Los chicos me dejaron al frente de mi departamento, se despidieron de mí, aunque yo no los logre escuchar. Eso que uno de ellos saco de su bolsillo, no fue un arma ¿o sí? Tal vez el hombre era un deudor, no lo parecía. Con todas estas preguntas en mi mente me dejo caer en la cama, divago y divago. El sueño se ha ido de mi cuerpo. ¿Quién era ese hombre? ¿Estará bien? No logro parar de pensar que pude haberle ayudado. Pero ¿Y si son gente peligrosa? ¿Por qué se fueron tan pronto me aleje? ¿Me habrán visto? No, no, no, espero que no. El hombre que giro cuando hice ruido, enserio siento que lo he visto antes. Ese club solo lo frecuentan personas adineradas con grandes compañías. No me cabe en la cabeza. ¿Por qué no estaban? ¿Cuánto pude haber durado en dar la vuelta y entrar? Casi nada o quizás unos minutos, ahora no estoy muy segura de lo que ocurrió.  ¿Quiénes eran? 
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