Capítulo 4. Un desconocido, un poco conocido

3710 Words
Las horas pasaron, el día de la reunión llego tan rápido como los guardias de seguridad cuando escuchaban que quería escaparme. Llegue a mi departamento en la ciudad con el cielo oscuro. Mia me estaba esperando allí, mientras yo me vestía de nuevo acorde a mi cargo. Una vez lista me enumero y conto todo lo que había ocurrido en mi ausencia, no fue mucho, pues solo llevaba fuera tres días eso no era nada, lo más destacado del momento era la reunión que se llevaría a cabo en las horas de la mañana del siguiente día.  - Jefa, la nueva edición de la revista necesita su autorización para finales de este mes, con respecto al nuevo personal que ingreso por recursos humanos hace poco, solo dos de ellos no dan la talla. ¿Qué quiere que haga? - Pasare por la sección de diseño luego de la reunión, también necesito que organices una junta entre los departamentos solo para estar preparados. No se las intenciones de los Morgan, la televisora es importante para nuestra publicidad y difusión – estoy divagando - esa relación profesional no tiene unos días, ni unos años, llevo por lo menos un par de décadas – quizás más - no pienso quedar como la presidenta que se equivocó y daño unos de los contratos más importantes.  - ¿Y qué hago con los dos recursos que no están en sintonía con su trabajo? - Entrevístales nuevamente y vuelve a leer su hoja de vida, revisa a fondo sus expedientes y dale una… mejor dos semanas de prueba inmediata. Luego déjales bajo observación un mes. Si vez que no surge un cambio en su comportamiento, despídeles. No todos pueden cargar con el peso que el trabajo exija, más de lo que pueden dar. Algo más; dependiendo de su desempeño y tiempo aquí entrégales una referencia de conducta en el trabajo. Es todo. - Yo me encargo. No creo que debas preocuparte mucho por la reunión – note el cambio que hubo en su voz, ya no me está hablando como mi asistente, percibo un tono de amistad en ella. - En realidad no sé si estoy preocupada o ansiosa. He tratado con varios ejecutivos importantes pero, nunca con alguien cercano a mi edad que porta un cargo tan grande en su espalda – creo que lo que estoy diciéndole a Mia es más cierto que mi preocupación. Yo llevo mis años bajo el mando de la editorial pero, el hijo de los Morgan de casi mi edad asumió el control de la presidencia, de todos sus activos, debe mezclarse continuamente con socios que hasta le triplican la edad. No fue que se vino abajo la Corporación, de hecho se ha mantenido y ha crecido desde su mando. Con esta clase de persona no solo puedo llegar y entrar como siempre hago. Es obvio que no vacilara en poner sobre la mesa lo que quiere. Mi madre tiene extraños y muy inexcusables métodos para hacer sus cosas y obtener lo que necesita, no admitiré que yo he hecho lo mismo. Sin embargo crecer con sus palabras me llevo a comportarme mucho más grácil, que seria en las juntas. Hace un par de años me di cuenta de mis acciones y deje de hacerlo, mi abuela nunca hubiera querido que me comportase de esa más manera tan resbalosa. Asumí una aptitud más recia y menos coqueta en mis entrevistas y apariciones, aunque sigo utilizando vestidos – en mi opinión, exagerados – para cada cena o evento que lo amerite.  Recuerdo una ocasión; trate de utilizar algo elegante, pero sencillo. Me vasto solo apartar mi vista unos segundos del atuendo para ver como mi madre – y no miento – lo arrojaba al fuego de la chimenea de casa, mi siquiera supe en que momento había entrado en mi casa. Incluso agarro los zapatos y los lanzo por la ventana, me dijo muy alterada que si me había vuelto loca, que sobre su c*****r yo vestiría algo tan insípido para una gala. No me quedo más remedio que llevar el vestido que ella selecciono para mí. Por supuesto que no me quedo mal. Aunque yo hubiera preferido llevar el otro. No quiero verme torpe ante una persona tan calificada, que unos vejestorios te intenten decir que hacer está bien, se creen mucho y han vivido décadas, pero una persona tan cercana en edad te hace sentir algo débil en comparación. No me comparo, pero si me asusta, un poco. - ¿Quieres algo de beber? – me pregunta caminando hacia el mini bar de la cocina.  - Necesito mis sentidos alerta mañana y tú también  - Solo una copa  - Como sea – y hago un ademán con la mano – llama a Benjamín y dile que venga, es tarde, pero quiero ver que tan preparado esta para mañana, por mensajes es muy fastidioso enterarse. - Llámalo tú misma  - Eres mi asistente, para eso te pago - Ya salí de mi turno de trabajo - oh, por supuesto que sí – digo levantándome para buscar mi celular ¿Dónde lo deje la última vez? - Por cierto, Michael llamó a la oficina, debido a que no atiendes sus llamadas – dijo dejando las copas en la encimera  - ¿Cueles llamadas? – pregunte extrañada, no había recibido ninguna llamada suya en los últimos días, no le hubiese contestado de igual manera, pero no recibí llamada alguna. - Las que obviamente desvíe - Ah. ¿Qué quería? - Verte, si sales con él en citas, querrán volver a verte – ¡Dios los hombres! ¿Qué hay que hacer para que entiendan indirectas? - Corrección mi madre que obligo, por el bien de la corporación – según ella -, a salir con él.  - Pero feo no está, de hecho es muy guapo y sexy - Y a mí no me interesa - Deberías buscar relajarte y tomar un descanso con algún hombre atractivo en cualquier isla paradisiaca, en vez de perderte a ese apartado departamento y estar de cabeza en esa plaza. - Yo te pedí tú opinión respecto a mí vida amorosa  - ¿Cuál vida amorosa? Los únicos que dejas que se te acerquen son los de una noche. Las citas y demás que organiza tu madre, los evades como si te fuesen a infectar – Mia es buena asistente, pero odio cuando empieza a molestarme con mi vida privada.  - Lo dices, ¿por qué no te dejo suficiente tiempo libre para que hagas lo mismo? O ¿para que puedas encontrar a alguien con el que pasar el resto de tú vida? - Que gracia me da. Y no. No necesito encontrar a nadie, me gustan mis compañías fugaces, pero gracias por decirlo. - Alcánzame la copa ¿quieres? Estoy harta con mi madre, cada hijo o socio atractivo que ve, me hala y me lanza contra él. Yo no me pienso casar con nadie que ella me proponga, antes dejo la presidencia y me mudo a Canadá. - Si lo haces, me llevas contigo. No pienso trabajar para tu madre o peor, tu padre. Me asusta. - ¡No exageres! – exclame conteniendo mi risa  - ¿Exagerar? El señor Bellmore la última vez que visito la editorial, nos puso a todos contra las paredes – la miro incrédula – con decirte que después que se fue. Los demás casi te hacen un altar. Incluso los que ya trabajaban para él antes. - ¿Me estas halagando? - No lo negare, prefiero trabajar para ti, que para la corporación. Estallo en carcajadas, todos estos años y no me había dado cuenta que mi padre tenía atemorizados a todos en la editorial. No los culpo. La seriedad de su rostro también me puso en guardia muchas veces en mi niñez, mi abuela me enseño a darle pelea. Ella si sabía cómo manejar su humor, aparte de mi madre.  - ¿Llamaste a Benjamín? – indago Mia  - No - Solo lo llamare para poder terminar el día  Mientras esperamos a que llegara Ben nos tomamos otra copa, escuche el timbre de la puerta y Mia se apresuró a abrir. Tuve que suprimir una risa, sé desde hace meses que a Mia le gusta Ben, se la pasa mirándolo más de la cuenta en las juntas, de hecho en una ocasión se distrajo tanto que rodo por el pasillo – no se fijó en el cartel de precaución -. A su favor, fue Benjamín quien la ayudo a levantarse. Luego de eso no me quedaron dudas al respecto.  Ben llega directo al bar y toma una copa para acompañarnos, se les ha hecho costumbre. Mia es más joven que yo y Ben se encuentra por mi edad; es alto, de cuerpo definido y porte elegante, posee faltas muy notorias en su expediente, pero como mi abogado nunca me ha fallado. Le conocí en la universidad. El abogado de la editorial no me inspiraba confianza, fue uno de los que despedí sin miramientos. Revise a muchos después de eso, hasta que di con el de Benjamín, no me gusto su hoja de vida, tenía serios problemas con los bufete, pero cuando hable con él se comprometió de lleno con esto, y acepte darle una oportunidad. Se ha vuelto muy eficiente, y muy confianzudo. Salvo que respeta el tratado mudo, jefa-empleado. - Aquí tienes – me dijo dándole unos documentos - No, está bien. Explícame tú  Se dejó caer en una silla enfrente de mí y me explico lo que podría molestarme en la junta. Me dio muchos detalles de la Corporación Alveolo y de cómo ha cambiado su forma de estructura en los últimos años. Me lo imagine. Cuando termino se tomó toda la copa de un golpe. ¡Ay, Dios! Mi equipo también esta con los pelos de punta. - Es muy capaz – mencionó Mia cuando termino Ben de hablar – Joven y capaz  - Tiene un buen sequito de abogados tras de él – agrego Benjamín - Eso sí lo sé. Se parecen mucho a los de mi padre  - En eso tienes razón – debate Mia - Mañana veremos lo que quieren. Retírense a descansar los necesito con los ojos y los oídos bien abiertos – les digo - Que descanse jefa – me contesta Mia  Ben hace un asentimiento de cabeza y sale con Mia de casa. Decido no pensar más en ello y tomar mi propio consejo. No hare nada si no puedo pensar con claridad. Me aseo y me lanzo a la cama, contemplo el cielo sin pensar en nada, bueno eso es mentira. Sera increíble tocar con los chicos de nuevo. Quizás no sea tan malo. Me despierto sintiendo que no dormí absolutamente nada, me visto lo más profesionalmente posible y salgo, Fran me está esperando en la entrada. Mia baja del auto y me entrega un café junto con los borradores de columnas que deben pasar por mis manos antes de ser publicadas. - Buenos días ¿Iremos directamente? – pregunta Fran  - Sí – responde Mia, una vez el auto se pone en movimiento - La junta ya se está reuniendo en este momento – dice esto último dirigiéndose a mí por el retrovisor. - Bien Ojeo los escritos y tacho varios de estos, está bien crear farándula, pero mi revista no atacara de forma desalmada a otros. Nuestros reportajes son más auténticos y fidedignos. Para eso tenemos los contactos necesarios.  En un abrir y cerrar de ojos veo por la ventana los edificios de la Corporación Alveolo alzarse ante mí. Mia toma los documentos de mis manos y caminamos hacia la recepción. Benjamín nos ataja en el camino, los necesarios están aquí. La chica de recepción al vernos entrar se levanta apresuradamente y nos permite la entrada apartando a todo aquel que se fuese a cruzar en nuestro camino. Tomamos el ascensor en silencio, cuando salimos nos encaminamos sin prestar atención alguna a quienes nos rodean a la oficina principal. Escucho murmullos entre los cubículos de los empleados, levanto una ceja en su dirección y vuelven a su trabajo. En todos los sitios es lo mismo. Una chica esbelta, rubia y de cara sutil, nos espera frente a la oficina de presidencia. Nos pide que esperemos un momento y toca la puerta, supongo que para permitirnos entrar. Que cansancio. Hago a un lado la voz de la rubia y entro en la oficina. Volteo sobre mis hombros para detener a Mia y a Benjamín, ellos entienden y esperan afuera. Entro y escucho la puerta cerrarse tras de mí. ¡Vaya oficina impactante! Me gusta la decoración. Creo que le diré que me diga quién, la diseño, mandaré a demoler la mía de inmediato. Un hombre se encuentra en el escritorio, con toda su atención puesta en la computadora, mientras en sus oídos alcanzo a ver auriculares ¡interesante! Este mira su reloj sin levantar la vista y sigue pendiente de su computadora. ¡Cielo Santo! Camino hasta el escritorio y dejo caer mis manos en este sin ningún cuidado. Él se asombra y se saca los auriculares, luego se reclina y me observa atentamente. Escuche de él, mucho a decir verdad, pero nadie me dijo que es sumamente atractivo; sus ojos café, combinado con ese rostro tan afilado y tranquilo me harán difícil la reunión.  Retiro mis manos de su escritorio y las cruzo sobre mi pecho. Mientras simulo una sonrisa de disculpa. - Lamento si le interrumpí – menciono  - ¿Usted es? – me devuelve. Ni siquiera me conoce, éramos dos entonces - La presidenta de la Editorial Nuevo Cielo – digo tomando asiento sin que él me lo sugiriera  - Creí que la reunión es en unos… diez minutos. Y en la sala de juntas  - Efectivamente  - Entonces, ¿a que debo el honor de su presencia?  - ¿Cómo se reúne usted con alguien, a quien nunca ha visto? Me parece descortés ¿No le parece? – pregunto. Atacarle antes de que tenga a sus abogados con él. Listo. - Si usted lo dice - Todo el mundo lo dice - Bien. Pero, eso ocurre mayormente en las relaciones entre parejas - ¿Matrimonio? ¡absurdo! - También en las comerciales – debato dejando de sonreír, hora de sacarle información  - Supongo que es así – dice él sentándose erguido en la silla – Me presento con usted, soy Andrés Morgan presidente de Corporación Alveolo y socio de Corporación Cielo – Si cree que me asusta que mencione que tiene una estrecha relación con mi padre, está viendo estrellas. - Catalina Bellmore  - ¿Es todo? – pregunta levantándose de su silla y rodeándola hasta estar a un metro de mí. Me indica con su mano la pequeña estancia y me dirijo hasta allí con él pisándome los talones. Tomo asiento en unos de los sillones y el señor Morgan en otro, me señala la botella a su derecha, yo niego con mi mano. No me apetece beber.  - Imagino que conoce el resto de la información – respondo mirándole directamente a los ojos. - Supone bien.  - Tantos años de asociación y ahora pide una junta ¿Me intriga saber por qué?  - Estrechar tratos y conocer claramente a la persona al otro lado de este  - No sé si creerle  - Puede hacerlo con total confianza  - Asumiré que si  El silencio se extendió entre nosotros. Llámenle instinto, pero no siento malas sus intenciones, de hecho se ha mostrado apacible en los pocos minutos que llevo tratándole. ¡Esto me enreda aún más! El suspira casi inaudible y se relaja en su posición ¿Ahora si me dirá para que me cito? - Veo que es una persona segura de sus acciones y firme en sus decisiones. Mi familia tiene claro la relación con la suya. Y déjeme aclararle que jamás traicionaría un acuerdo entre nuestras corporaciones, ni mucho menos entre nuestras familias. - Si tú usted lo opina así. Yo no le desmentiré - El acuerdo de acciones con la televisora posee años, renovado recientemente para nuestro mejor manejo. - ¿Eso que tiene que ver? – cada vez comprendo menos  - No soy el único socio señorita Catalina  - Solo Catalina – Eso lo sé, hay un tercer socio importante, no tiene muchas acciones en ella, pero si las suficientes para tomar en cuenta sus palabras. - Entonces llámeme Andrés – asocio este enseguida, muy bien confianza ya existe – Este tercer socio quiere el control total de la televisora. - No puede hacer eso – ataque. ¡No puede! ¿Quién diablos era? - Por supuesto que no, a menos que se lo conceda - ¿Yo? – pregunte sorprendida  - Sí ¡Usted!  - Eso no es posible. Tengo acciones y un convenio por parte de mi editorial. No llego a tanto. - Si llega, mi parte de las acciones están como apoyo a las suyas, por ende caso si usted decide dejarle con el poder de la televisora y del contrato, puede hacerlo. Es raro que no lo sepa – me miro extrañado y con duda - De ser el caso, yo no haré eso. - tengo entendido que sí - ¿Perdón? ¿Quién le dio esa información? – pregunte molesta, no soy tan estúpida para permitir ceder el poder de mis acciones. ¡Que por cierto hasta ahora conozco tengo!  - No puedo decir quién, Catalina – respondió este con el semblante más tranquilo  - Pues está equivocada su fuente – pronuncie con indiferencia irguiéndome en el sofá. - Ahora compruebo que es así. Me disculpo por ello – dijo muy solemne  - Le disculparé ya que se puso en sobre aviso – exhalé el aire de mis pulmones y me recosté del sillón.  - ¿Quiere un trago?  - Seguiré diciendo que no. Gracias.  Andrés verifica la hora en su reloj, sin que me diga nada ya sé que la reunión, igual se llevara a cabo. Me levanto, acomodo mi vestimenta y decido seguirle. Andrés se detiene abruptamente y me voltea a ver. - Me gustaría reunirme con usted en otro momento más oportuno, y con más tiempo para discutir a profundidad esta situación incómoda para ambos. - Esperaré su llamada entonces. Dicho eso salimos de la oficina, Ben y Mia me dirigen miradas significativas, les hago una seña para que no pregunten y que les explicare luego. Andrés se detiene y me espera, camina a la par mía. Todos voltean a vernos con los ojos muy abiertos ¡deberían estar trabajando de forma juiciosa! Llegamos a la sala de juntas. Ingresamos en ella y allí están los demás.  Andrés se dirige a un señor de aproximadamente unos cuarenta años. Le da un apretón de manos y se disponen a sentarse. Yo tomo asiento a la derecha de Andrés por petición de este, el señor intercambio mirada entre Andrés y yo, pero no dijo más.  Vicente Ciril, ese es el nombre que tiene el señor que para mí información es el otro socio de la firma en la televisora, me dio a entender a través de innumerables proyectos – en mi experiencia vacíos – que teniendo pleno uso de la firma podría ampliar los estándares de esta y llevar tanto a esta como a la editorial mucho más alto, se afano por proclamar que sus ideas son las más precisas y excelentes a desarrollar. Me estreso, eso es seguro. Mi ira de golpe aumento cuando aseguro que la televisora decaía en calidad y que él solo necesitaba autorización para resolver dicho problema. En esta parte de la conversación Andrés me miro, esa mirada que solo yo pude distinguir. ¡Así que piensa que no tengo idea de la distribución de las acciones! – aunque técnicamente esta en lo cierto – si no hubiese enfrentado a Andrés antes, en este momento hubiera caído ante tanta palabrería. Bueno eso es mentira, mi padre me educo para entender que un negocio no se toma a la ligera y que el poder que se otorga a otros no puede opacar ni disminuir el tuyo propio. Jamás hubiera accedido, lo hubiera considerado, pero no aceptado a la primera. ¿Qué busca con todo esto? Escuche pacientemente todo, incluso fingí interés en ello, Vicente parecía complacido. Mi negativa al final de la conversación no le gusto para nada. Su semblante antes burlesco perdió tono y se tornó más serio. Realizo aspavientos con sus manos tratando de explicar que sería lo mejor, pero no cedí. Dimos por acabada la junta y todos se retiraron. Vicente me sonrío cuando se fue, este viejo me da mala espina. Si le pidiesen que se suba sobre su orgullo estaría en grave peligro, está tan alto como un edificio de vente pisos. Me pidió darles saludos de su parte a mis padres y desapareció de mi vista. Benjamín estuvo atento a todo lo discutido y en este momento se encontraba conversando por teléfono, Mia también estaba igual, me alegra que puedan darse cuenta de las cosas sin necesidad de que yo les alerte. Me vire hacia Andrés y le tendí mi mano para despedirme de él. El sonrió complacido y estrecho mi mano. - Veo claramente el problema y estaré pendiente que no llegue a mayores – le dije mientras apretaba su mano - Me alegro que haya venido primero conmigo. Una mujer inteligente  - Gracias por el alago  - Estaré atento hasta que se celebre nuestra próxima reunión – dicho esto creí que soltaría mi mano, de hecho estaba durando en hacerlo – Me parece una mujer muy hermosa Catalina  - Oh, bueno… - Estoy seguro que a alguien que conozco le encantaría conocerla  - Ese alguien es usted – ataque, después de recuperarme del comentario - Sin duda alguna – acepto, mientras sonreía abiertamente. Tiene una linda sonrisa de esas que te trasmiten una inmensa paz, solo con verla. - Me devuelve mi mano - Por supuesto. Que tenga un agradable día  - Igualmente Andrés.  Este asunto de las acciones en la televisora lo desconocía, Benjamín y Mia me preguntaron varias cosas pero les ignore, mi padre me debe una muy buena explicación. Pude haber cometido un grave error.
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