Capítulo 3. ¡Que bueno verte, pequeña púa!

3554 Words
Un ruido molesto llega a mis oídos y me hace despertar. ¡¿Torpes alarmas?! Me incorporo en la cama y froto mis ojos, me duele todo, fue una mala idea quedarme dormida con la ropa de ayer. Salgo de mi habitación y me digno a iniciar mi día. Los folios que revise, me dan vueltas y vueltas en la cabeza. Estoy desde hace cinco años al frente de la compañía, no obstante, los tratos y relaciones con la presidencia de los Morgan ha sido solo en reuniones sociales, nunca administrativas. Desde la sucesión apresurada de las propiedades por parte del presidente Morgan a su hijo, este se ha enfrascado - según las lenguas afiladas de las amigas de mi madre – completamente en el manejo interno de la Corporación; delegando muy desmesuradamente los tratos con otras empresas en terceras personas y abogados. Para que el mismo presidente decida estar formalmente en la reunión y por ende me exija mi presencia, no mentiré, me preocupa un poco. No puedo ver al vacío e ignorar esto.  De tanto divagar, me está dando hambre. Tomo mi laptop mientras me sirvo un desayuno debidamente preparado con anterioridad por mi asistente. Quiero de vez en cuando disfrutar de una vida tranquila y desenfadada – dicho entre comillas – pero nunca me he metido a la cocina más que para buscar un vaso de agua o precalentar en el microondas las comidas ya hechas. No pienso envenenarme ni perder mi tiempo intentando preparar algo, para eso tengo a la paciente Mia.  Correo: De Mia a Catalina Buenos días jefa te adjunte los demás folios que ameritan tu atención con respecto a la reunión que se realizara en breve, me encargue de preparar todo. Me despido de usted. Correo: De Catalina a Mia  Bien, mantenme informada por mi móvil, sé que esto es un poco repentino, nos pondrá en un aprieto si no sabemos reaccionar, contacta con Benjamín inmediatamente. Debe estar presente. Aquí no tengo los detalles, dime cuales son. Que organice lo necesario.  Correo: De Mia a Catalina Ahora mismo. Reviso letra por letra los detalles de la reunión. Encima es en su edificio, esto sin duda es gato encerrado. No me fío, ¿por qué hasta ahora el presidente insiste en esto? ¡No tiene mucho sentido! Mia me ha tenido informada de los últimos pormenores de la sucesión de cargo en lo que llego a la empresa, sin embargo, el hecho de no haber tratado con el presidente directamente, me pone en clara desventaja. Según tengo entendido, esta reunión solo se extiende a los administrativos de la Editorial, no tiene mucho que ver con Corporación Cielo. Lo más seguro es que padre ya esté al tanto, pero no le piden su presencia solo la mía. Justo hoy que quería desligarme de la atención de la empresa por unos días, incluso se fue el molesto idiota.  Muy bien; no es la primera ni la última vez que ocurrirá, mejor me preparo y listo. La reunión se llevara a cabo dentro de dos días, suficientes para estar en guardia, no me dejaran en desventaja. Y si mal recuerdo la subasta es dentro de dos semanas. Será mejor que piense como vestirme o mi madre me colgara de una percha. No entiendo cuál es su problema. Soy una ejecutiva no una hija en pleno de acto de presentación a la sociedad. Unos toques en la puerta me alertan, hoy no espero a Mia y ella es la única que sabe dónde vivo. Me levanto dudosa y me dirijo hacia la puerta. Al abrir me quedo aún más perpleja que antes. Un hombre de aproximado de 1.80, está parado al otro lado de está dándome la espalda, puedo observar que se encuentra ligeramente encorvado con las manos en los bolsillos y ¿pantuflas? ¡Esas son pantuflas! ¿No piensa girarse? Espero unos segundos y nada, me hará perder la paciencia. Estoy a punto de cerrar la puerta cuando unos hombres salen cargando cajas del departamento de enfrente - espero que no duren mucho - él retrocede haciéndose hacia un lado. Queda a centímetros de mí y espera allí, Esto es raro. Me da la espalda y ahora esto ¿no conoce el espacio personal? Era él quien se quejó de eso antes. Paso de éste y observo dentro del piso, un señor bajito y de aspecto paciente da órdenes a todos los demás que se encuentran apilando las cosas dentro de las cajas, además de sacar todo el inmueble pesado del anterior dueño. Entre ellas guitarras, sillones, una mesa, demás cosas y unos altas cornetas ¡De ahí el molesto ruido! El hombre bajito cruza miradas conmigo, me observa atentamente y sigue dando órdenes. Veo que Benjamín hace bien su trabajo, de no ser así, su fiel secretario ya me habría reconocido.  Pasan unos minutos y absurdamente me quedo en la puerta con el idiota de mi vecino, los hombres terminan de cargar todo y se marchan seguidos del secretario.  - Bien ¿Qué quieres? – le digo a la persona delante de mí y le empujo alejándolo. - Cuanta amabilidad - No hablare con alguien que me da la espalda – reclamo cruzando mis brazos aunque no me vea, me hace dudar - ¿Fuiste tú el que toco mi puerta? - Si, fui yo – menciona él igual de espaldas Estira su brazo hacia atrás y me muestra una linterna. ¿Qué quiere que haga con eso? Veo el objeto y vuelvo mi mirada a su nuca, desde aquí no logro entender que quiere.  - Te estoy haciendo el favor de traerte esto, solo tómalo – me dice sacudiendo levemente su mano.  - ¿Perdón? – pregunto, no entiendo de que habla - La linterna, es tuya ¿no?  - Ah – la linterna – si es mía, supongo - ¿Supones? La tome sin querer cuando me fui. ¿quieres solo tomarla? - Está bien lo hare cuando gires hacia mí  - ¿Por qué? No es necesario  - Yo lo veo necesario – los negocios no se enfrentan de lado, ni mucho menos de espalda. Siempre debe ser de frente – Además es de mala educación lo que está haciendo ¿no cree? – Quizás si le hablo así se deje de tonterías. - Como sea, no me importa – se gira agachando su cabeza y literalmente hablando lanza la linterna en mi dirección.  Mis manos chocan con ella y cae estrepitosamente al suelo, veo como se quiebra el vidrio ¿es en serio? Levanto mi mirada y antes de que pueda huir de mí le agarro la muñeca.  - ¿Eres idiota o qué? ¡No lances las cosas! – exclamé  - Solo tenías que abrir tus manos y después cerrarlas no es tan difícil.  - ¿En serio? Y tú solo tenías que entregármela directamente en ellas – enfatizo moviendo brusco la que tengo libre - ¿Tan poco es tan difícil? Mejor, entonces donde está mi disculpa por llevarte mi linterna sin yo dejártela y de paso – creo, digo observándola – romperla en mis narices. - Oye, ya suelta. Yo no te he pedido tus disculpas por casi provocar mi muerte - Pero que exagerado, no ibas a morir por eso - Lo que tú digas - dijo zafándose de mi agarre ¡No pienso dejar que se vaya de nuevo a su antojo! Camino rápido y me interpongo en su camino, alzo mis brazos a mis costados y le pilló desprevenido. ¡Por fin! Su cara, veo su cara, con clara señal de asombro, pero es su cara. Baja su rostro, pero yo me le acercó y le observo muy atentamente. La molestia cruza por su semblante y me devuelve la mirada. ¡Qué extraño! veo algo ligeramente diferente en sus ojos, son de ligero… - ¿Te harías a un lado? – pregunta entre dientes  - Después de que té disculpes conmigo – respondo saliendo de mi trance  - Tu primero – señala, haciendo una leve reverencia con sus manos - ¿Siempre eres tan molesto?  - Lo dice la que está atravesada entre mi puerta y yo. - Creo que el problema es que no hay confianza. Está bien lo entiendo – digo tratando de no mostrar mi creciente irritación – Yo arreglare eso. Mi nombre es Clara. Un gusto conocerte soy tu vecina – digo mostrando mi mejor sonrisa, falsa, pero en fin, una sonrisa - No hare eso  - ¿Por qué no? Son simples modales mundanos  - Como sea. No me importa  - Una sencilla presentación no te… No logro terminar la frase cuando me agarra por los hombros y con facilidad me mueve a un lado. Me sonríe sutilmente y hace un ademán de despedirse de alguien muy exagerado, para luego entrar en su departamento calmadamente. Ahora creo que estoy empezando a odiarlo. Grito en frustración y aporreo la madera con mis puños. - ¡Maleducado! ¡Jodido idiota! – exclamo molesta - Oye no dañes mi puerta – le escucho gritar desde adentro - ¡Bruto! ¡Bestia de dos patas!  - Mi nombre es Kley, y no es un gusto conocerte – sigue ignorando mis gritos.  Hasta juraría que se está riendo.  - Ya no me importa excremento. ¡Puedes irte al infierno! – término dándole una patada a la puerta.  ¡Ah! Mi pie ¡Dios mío, por qué yo! Lo agarro mientras me apoyo contra la puerta, intentando reprimir las palabrotas que desean salir de mi boca. Después de un largo rato en silencio, escucho su molesta voz de nuevo. - ¿Te lastimaste? – pregunta fingiendo preocupación. Lo sé - ¡Vete al infierno! - Después de ti – le escucho reír, pediré a Mia que le desaloje a él también. No pienso tolerarlo. Camino hacia mi departamento sin apoyar mucho mi pie adolorido, tomando en el camino los restos de la pobre linterna. Despejarme un rato me haría bien.  Decido salir y recorrer la plaza, llevo mi guitarra acústica y una libreta por si se me ocurre alguna melodía agradable. Los caminos cercanos al edificio son increíblemente tranquilos, omitiré el desafortunado incidente de ayer. En las horas de la mañana da la sensación de ser un sitio abandonado. ¿Es extraño que sienta una brumosa sensación de ser observada? Es raro ¿lo sé? Me ha ocurrido con anterioridad. A veces pienso que soy un poco paranoica, todas las veces que me escapaba de casa me mantenían alerta, siempre vigilaba mis alrededores como si fuese una ladrona en plena fuga. Con los años desarrolle una inquietud al caminar por las calles vacías. Aunque eso no afecta mi desempeño en la editorial.  Veo un creciente aumento de personas y puedo asegurar que ya me estoy acercando al centro del vecindario. Y con ello a la plaza y el pequeño parque situado a un costado de esta. Camino sin rumbo fijo hasta dar con una banca vacía alejada de las personas y a la orilla de la sombra de un frondoso árbol. Este sitio será ¡Me gusta! Tomo mi guitarra y toco melodías al azar que se cruzan por mi mente. La vida que mis padres me han dado desde pequeña no me molesta, de hecho la disfruto, solo que no es tan fácil relajarse en medio de un centenar de personas que constantemente te dicen que hacer o cómo comportarte. Y cuando ellos no están, literalmente no hay nadie más, me aburrí de escuchar solo los movimientos casi inexistentes de la servidumbre o las reprimendas de terceras personas. Al menos aquí en esta pequeña plaza puedo simular ser alguien más, más normal, sin tanto que vean de mi por mi apellido o mis bienes materiales.  Es un buen sitio para mostrar una parte de lo que soy, que jamás dejaría ver por la competencia o mis familiares estirados – sacaré de ese paquete a mis abuelos, a ellos les muestro todas las estupideces que hago – Una vida que me gusta y suelo disfrutar mucho.  No sé cuántas horas han corrido, pero mi estómago me está reclamando, me detengo y me dirijo a un café cercano al parque.  Es placentero pasar el día sin mayores inquietudes que la de elegir que comida prefieres para la cena. Suspiro cansada viendo a través de la ventana del local, las risas de los niños brincando en la plaza es lo único que llega a mis oídos a parte de la platicas ahogadas de los otros clientes. Miro curiosa por la ventana a un chico pasar corriendo con un estuche en su mano, se me hace ligeramente conocido, llega hasta un grupo pequeño de chicos, todos con pinta de vivir su vida a su manera y no lo digo por la ropa que llevan, más bien por las muecas relajadas y descuidadas en sus rostros.   No le doy importancia y desvió la mirada de ellos. En realidad no estoy viendo nada solo paso la mirada de un lugar a otro sin fijarme más allá de lo que aparenta. Sigo en mi trance buscando la paz interior, sinceramente a veces pienso que no debería estar al frente de una empresa – nótese mi evidente debate mental -. Escucho la campanilla de la entrada, seguida de voces. Como toda curiosa persona, vuelvo mis ojos hacia allí y veo a los chicos de antes entrar al café y sentarse en una mesa grande situada en la pared conjunta del lado derecho del cristal de la ventana, es decir donde me encuentro yo. Lo pacifico de antes se ve interrumpido por su charla ruidosa y sus risas altas.  Mejor me voy, ver tanta alegría juvenil me hace detestar la vida.  Antes de pueda ponerme en pie, alguien ocupa el asiento vacío de la pequeña mesa en la que me encuentro. Un chico de rasgos firmes y relajados me mira interrogante, mientras muestra una sonrisa torcida en su rostro. ¿A éste qué le pasa? - Entonces es cierto que ya no nos recuerdas – afirma, su voz es más gruesa de lo que aparenta - Ah, creo que te confundes de persona – le dije parándome - No lo creo, ese estuche de guitarra es muy difícil de olvidar Clara – me siento nuevamente. ¿Cómo sabe mi nombre, bueno ese nombre? - ¿Cómo sabes mi nombre? – pregunte un poco asustada y por instinto vi a mi alrededor El grupo de chicos que antes ingreso tienen su vista fija en nosotros, muy bien no entrare en pánico, si alguien descubrió algo - ¡Aunque eso no es posible! - Tendré que volver inmediatamente a la oficina. ¡Un momento! Esta Nate entre ellos, apenas me di cuenta. Supongo que sí están con Nate no deben ser malas personas, supongo. El aludido se levanta de su asiento y camina hasta mí. Me sonríe y espera a que yo diga algo, realmente no entiendo. Hago una clara muestra de confusión en mi rostro, para que entienda que no entiendo su intención. Y vuelvo a acomodar mi guitarra recostada en la pata de la mesa. - Nate, ¿le conoces? – señalo al chico sentado frente a mí - Tú también – responde él tranquilo, aguantando la risa - No es cierto, en mi vida le he visto – debato, ¿está tratando de engañarme? Escucho un sonoro suspiro del chico, seguido de las carcajadas de los de la otra mesa. ¿Qué les parece tan gracioso? - Yo mismo te decore ese estuche Lara – dice el chico mirándome de forma significativa  Un segundo, mi estuche. Ah claro ya entiendo. ¡Lara! Solo una personita me llamo así. Quiero abofetearme en este momento. Tantos pendientes y lo olvide. Abro desmesuradamente mis ojos y me inclino para abrazarle sobre la mesa. Éste se quedó rígido en su lugar. Después de un momento de estar moviéndole de un lado a otro en medio del abrazo, le suelto.  - ¡Cómo has crecido! Pequeña púa – le digo sonriendo  - Veo que ahora si me recuerdas – menciona pasando sus manos por su cabello en señal de nerviosismo. ¿Todo un adolescente en potencia?  - ¿Qué ya te tragaste la lengua? Pequeña púa – dice Nate poniendo su mano en el hombre de su hermano. Este solo lo mira con cara de querer matarlo. - Solo dejaré que ella – y me señala – me diga así. Nadie más  - ¿Por qué pequeña púa? – no cambia  - Oh, muere de una vez  - No le pongas atención Clara, para ver si recupera su confianza. - No vayas por ese camino  - No lo haré, pequeña púa Yo solo me quede viendo de uno a otro, me estoy dando cuenta del parecido entre ellos, de más jóvenes no era tan notorio. Henry o pequeña púa como yo me acostumbre a decirle, es el hermano pequeño de Nate, cuando venía al parque a tocar se lo traía seguido. Para esa época aún era un niño, mientras yo tocaba mis canciones, él siempre se sentaba cerca. Era muy lindo. Cuando toque con los chicos no se despegó de mí en ningún momento, eso me sigue causando gracia. - Te lo dije – dice Henry – se parece mucho a la chica que vimos en la revista  Me está mirando directamente y me apunta con su dedo. ¿Qué? - Debes estar ciego, Clara es muy distinta - Te digo que se parece – no me digan que… - Que te hayas obsesionado con ella, no es mi problema - ¿De quién? – pregunto interrumpiendo su charla - De Catalina Bellmore – responde Henry con una gran sonrisa. Y casi me caigo de la silla en la que estoy sentada Catalina… - bellmore, la dueña de la editorial, de vez en cuando la veo en entrevistas y chismes de ricos – esto no me hace gracia. Ajusto mis lentes sobre mis ojos y bufo en respuesta. - Vez no se parecen en nada. Por las fotos que me has mostrado Catalina es una mujer muy sexy – dice Nate moviendo las cejas. - Me da igual si me crees Huiré por ahora. Nate me observa levantarme y de inmediato se coloca al frente de mí y me dice confidente. - No estoy diciendo que tu no seas sexy - ¿Qué? ¡Ay, Dios mío! - Está bien  - Gran trabajo – escucho que dice Henry  - Cierra la boca. ¿Si tocaras con nosotros? – pregunta Nate mirándome fijamente – será increíble. Le dije a los chicos que te encontré y se emocionaron. Las únicas veces que tocamos contigo fue genial. Amo tus solos de guitarra. Tienes que decir que si  - No lo sé - Toca con nosotros el fin de semana, será en un club cerca de la ciudad.  - No he practicado mucho, menos con ustedes… - Aun así ven practicamos antes y después te presentas con nosotros ¡No puedes decir que no!  - ¿Este fin de semana? – pregunto dudosa, faltan tres… cuatro días para ello. Sería la oportunidad perfecta para despejarme. Y vaya que lo necesitare luego de la reunión con Alveolo. - Sí. Igual los chicos y yo estaremos en la plaza estos días antes, nos vez ahí. - Me lo pensaré  - Está bien. ¿Te quedaras un tiempo? - Aun no lo sé – respondo viendo hacia la calle - Espero que sí  - ¿Puedes dejar de coquetear con ella? – dice Henry recostándose del respaldo de la silla.  - no lo hago – debate Nate viéndolo con los brazos cruzados - Marco no te lo perdonará idiota  - No se lo digas  - Se lo diré Me volví a perder, mi celular timbra, lo saco de mi bolsillo y reviso los mensajes. Más documentos que debo revisar.  - Nos vemos otro día – menciono tomando mi guitarra y dirigiéndome a la salida – Adiós Henry y Nate, un gusto volver a verles. Salúdame a los demás – digo esto último dirigiéndome a Nate.  - Pero si lo harás  - Lo pensaré  La última vez que toque con los chicos sin duda fue la mejor. Si no mal recuerdo fue un año antes de graduarme de la universidad, quería hacer algo único, que pudiera recordar siempre. Tocamos en un bar, ese día se llevó a cabo una simple competición entre bandas, fue genial. Después de eso no vi más a los chicos, los estudios más mis padres me pusieron contra la espada y la pared. Regrese a la plaza una cuantas veces, no me volví a topar con ellos. Por lo que había escuchado de otros, tocaban en distintos lugares, digamos que se ganaron fama con la última presentación que dieron. Son buenos eso lo admitiré. Llegue a mi edificio y subí a mi departamento. Cuando estaba punto de abrir la puerta, la de al lado se abre y sale mi antipático vecino de ella - sigue en pijama y con pantuflas – ¿acaso duerme todo el día? Éste me ve y sigue su camino.  Me rio, mira que ignorarme, cada vez es mejor. Entro a mi departamento y busco en mi computadora como van las cosas. Muchos correos, de vuelta a la realidad de mi vida. 
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