Capítulo 2. Chispazo de suerte.

3879 Words
¡No creo! En definitiva no creo que este idiota, al que apenas logro observar por la escasa luz del lugar y yo, que me encuentro en la misma posición de hace unos minutos atrás, estemos aguantando la molesta música del segundo idiota - que me entero ahora vive al frente de mi departamento y el otro al lado ¡Fantástico! – por no querer dar nuestro brazo a torcer. Patético sin duda. Aun así no pienso darle la razón ¿Por qué yo debería decir algo primero? Soy la dueña de este sitio. ¡Él debería mostrarse más servicial conmigo! ¡Y me importa muy poco que no lo sepa, que se cree!  Me arden los ojos, he tratado de parpadear lo menos posible, y creo que no soy la única que hace eso. El idiota que tengo al frente también se ve algo amargado con la situación. La poca luz en el pequeño espacio hacia posible distinguirle algunos rasgos de su rostro – juro que estoy por arrancarle la altivez de un zarpazo - si sigue con esa mueca desgastada de sorda en él. Ser una persona normal a veces apesta. La sacudida repentina del vidrio del estante a nuestro lado y la estruendosa música que se escuchó aún más alta que antes me sacaron de la pequeña guerra que estaba librando. Desvíe mi mirada hacia la puerta queriendo matar a cualquiera que pasase por allí y suspire mirando con rabia el techo. Camine hasta la caja esquivando al incordio y me incline para ver donde se encontraba el interruptor de apagado. El chico se me atravesó en el proceso, alce mis manos y le empuje a un lado sin siquiera mirarle.  - ¿Qué crees que haces? – pregunto a un paso de mí - ¿No sé? – respondí irónicamente – Quizás, deshacerme del bendito sonido que amenaza con traspasarme los tímpanos. - ¿Y cómo pretendes hacer eso?  Le ignoré y seguí buscando, debería solo bajarlas todas y ya ¿no? Estire mi mano para tomar la primera palanca, cuando una mano me detuvo e hizo que me levantara de donde estaba inclinada. Mi vecino me miro como si me hubiese vuelto loca. Me zafe de su agarre y me incline de nuevo pero, él me jalo por el brazo y se atravesó entre la caja de fusibles y yo. ¿Si alguien tras el repentino apagón del edificio se cae por las escaleras de forma desafortunada? ¡No será mi culpa, solo suya!  - ¿Te puedes mover? Intento hacer callar al idiota ese. ¡No estorbes! - Estoy aquí por la misma razón. Aunque yo no pretendo quemar todos los cables y muy posiblemente el edificio entero en el proceso como cierta loca que salió de la nada.  - ¿Me acabas de insultar? – Pregunte azorada  - Para nada, solo dejo en claro tu falta absoluta de conocimiento. Entiendo que quieras hacer algo, aplaudiré que hayas llegado tan lejos tu sola, pero entiende que lo que ibas a hacer nos mataría – su tono de burla me hizo retroceder. Necesito respirar muy profundamente para no clavarle las uñas en los ojos. - Perfecto. Entonces caya tú a ese idiota – dije señalando hacia donde creía se encontraban los escalones. No me respondió solo bufo muy sonoramente y se dio media vuelta. Tomo su linterna y alumbro la caja de los fusibles, saco unos herramientas de su suéter y abrió una pequeña caja a un lado de la manilla. ¿Había tantos cables ahí? De igual forma es un exagerado, si bajas la manilla, todo se apaga ¡No se incendia!  Tras unos minutos me canse de ver. Que quede observando un rato a mi alrededor ¡Este lugar sí que es inútil viéndolo bien! Divise mi linterna cerca de su pies esa que voló por los aires cuando me asuste - quizás vea algo interesante por aquí. Me agache a su altura y estire la mano para agarrar la linterna, sin querer perdí un poco de mi equilibrio y me sujete de su hombro para no caerme, termine agachándome a su lado.  - Oye no me muevas, es peligroso – vocifero separando sus manos y dejándolas al aire. Resople ante su comentario y agarre la linterna. El siguió concentrado en lo suyo. Me intente parar pero mis piernas no me dieron, de un tirón me sujete nuevamente de su hombro y me impulse lo suficiente, éste se arrimó un poco hacia adelante y sacudió mi mano de encima de él. Perdí el equilibrio y me fui de lado cayendo de nuevo hacia donde estaba antes. Mis manos sin querer golpearon sus brazos y le empujaron sonoramente hacia adelante. Éste ahogo un jadeo y vi el destello de una luz por un segundo, antes de sentir una pequeña corriente pasarme por el brazo y de ahí al cuerpo. ¡Que rayos! Salte hacia atrás cerrando mis ojos y caí sentada en el piso, mis manos golpearon unas sillas amontonadas en la esquina, me sentí algo mareada pero, vi con asombro - y algo de miedo debo admitir – como la pila de sillas se movía de un lado a otro, se tambaleaban tan tranquilamente. Me gire y retrocedí asustada ¡Me van a caer encima! Choche contra algo, mas no le di importancia. Sentí una pequeña cosquillita en mi espalda, al tiempo que un par de brazos me jalaban lejos de allí, para después hacerme ponerme en pie y alejarnos lo suficiente de la caja.  Vi como mi vecino me dejaba cerca de la puerta y el volvía a la carrera a sostener las sillas para que dejaran de tambalearse. Una vez se cercioro que están dejaban de moverse, camino de regreso hasta donde yo me encontraba y me agarro el brazo. Un temblor me recorrió ¡Oh mi Dios! Me acabo de dar cuenta que lo que vi en realidad fue un chispazo. - ¡En serio estás loca! – exclamo elevando la voz, aunque no se escuchaba muy alto por la música - ¡Cables! ¡No te diste cuenta que tenía cables en las manos! ¿Quieres matarnos? - Por supuesto que no, que iba yo a saber.  - ¿No tienes ojos? ¿Estas ciega? – pregunto cínico - ¡NO! No tengo. Y sí, estoy ciega. Además fue tu culpa, solo me apoye en ti para levantarme. Si no te hubieras sacudido, nada habría pasado – respondí calmada - Yo no te dije que podías apoyarte en mí. Ni tocarme – refuto éste  Hablas mucho para ser igual de confianzudo o incluso peor que yo - ¿Qué? ¡Claro que no!  - ¿Ah sí? Entonces suéltame, por favor – aclare ladeando mi cabeza y mirándole con sorda. Este se apresuró de soltar mi brazo y se alejó de mí como si yo tuviese una enfermedad contagiosa en estado crítico, resoplo y limpio sus manos en sus pantalones holgados. Lo diré de nuevo, es un idiota. Miro la caja de fusibles y vi como frunció la cara en señal de consternación. No entiendo que le pasa solo fue un chispazo, me lleve muchos de ellos cuando intentaba saltar las verjas de casa de mis padres. Después de probar un poco de la libertad y de no tener cerca a mis maestros o profesores, decidí ir más lejos, me escabullí de casa muchas veces, mi madre siempre parecía al borde del colapso cuando los encargados de la seguridad me encontraban y me llevaban a casa toda sucia y desgarbada. Yo solo le sonreía y me iba corriendo a abrazar a mi padre. El me perdonaba por los dos y me dejaban en paz, pero con más seguridad. En la adolescencia fue igual solo que mis salidas casuales eran más largas, unas horas se convirtieron en unos días, mi padre se enfureció un poco y mando a instalar una cerca eléctrica donde los guardias de seguridad no estaban. Al principio me lleve más de un corrientazo, pero después aprendí como pasar sin electrocutarme en el camino. ¡Eso sí que son buenos recuerdos! Se me escapo una ligera risa, ver a mis padres sulfurados alegra inmensamente mi día. - ¿Te estas burlando de esto? ¿Dime que te parece tan gracioso? – indago viéndome con las cejas alzadas.  - Si explota la caja de allí – mencione entre risas señalando la caja detrás de él – el ruido se callara y problema resuelto. - No digas tonterías. Y de nada. Me reí aún más fuerte, éste me miro con cara de querer matarme y fue de nuevo hasta los cables. Me llego un ligero olor a quemado, mire a mí alrededor ¿Qué se está quemando? Las luces parpadearon y después no escuche nada. La música se detuvo. Mi vecino recogió sus herramientas y siguió en lo suyo. Las luces se estabilizaron como antes y el sonido volvió pero más débil. Me sorprendió, creo que si sabe lo que está haciendo.  - ¿Cuál es tu nombre, desconocido que vive al lado de mi departamento? – pregunte  - No te importa – respondió. Se escucha ¿enojado? No estoy segura. - ¿No te enseñaron modales tus padres? ¡Qué vergüenza!  - ¿Por qué sigues aquí? – dijo y se giró sobre sus talones clavándome la vista. Me vio de arriba abajo y achico los ojos – no estarás pensando en lanzarme de nuevo contra los cables ¿o sí? - Yo no te lance contra los cables – me defendí - No, claro que no lo hiciste, yo mismo los junte a propósito y me arroje a ellos – dicho esto se volvió hacia la caja - ¿Cuándo acabaras? - ¿Importa?  Oh. Me olvide que no soy su supervisora o jefa.  - No, me iré  Busque la linterna con los ojos y la vi al lado de ese – mejor la dejo allí – Camine hacia la puerta y salí. Camine tranquilamente, el cansancio me está matando, no miento.  La música ya no se escuchaba tan alta, sin embargo unos gritos llamaron mi atención, me encamine a la escalera y empecé a subir ¿Qué les pasa hoy a esta gente? Cuando gire en la esquina, escuche como un centenar de pasos que iban a la carrera se apresuraban hacia donde yo me encontraba. Me detuve y espere un momento, decidí asomarme al borde de la escalera. ¡Y ese nuevo escándalo!  ¡Es que todos estaban despiertos! Bueno quien podría dormir con semejante bulla, pero esto es tonto. Algunos de los inquilinos de los departamentos más cercanos a mi piso vienen literalmente corriendo, delante de ellos viene el que supongo es el idiota de vive al frente mío. No los conozco a todos, solo he revisado el expediente de uno que otro. Se están aproximando hasta donde yo me encuentro, de repente me da pánico, parecen gorilas en plena estampida - ni siquiera sé si los gorilas corren en estampidas -. Regreso sobre mis pasos, todas las puertas que cruzo a la carrera están cerradas, algunas personas se asoman a ver qué ocurre, al mirar detrás de mí, cierran inmediatamente la puerta sin esperar ver más. ¡Rayos, ni siquiera he podido pedirles ayuda! ¡Como pueden ser tan malos! Corro todo lo que dan mis piernas y alcanzo a ver la salida, no saldré a estas horas. Me detengo a pensar donde podría esconderme. Entro a la pequeña oficina y cierro la puerta con un portazo. Sujeto la perilla con fuerza e intento recuperar mi aliento. Se están acercando.   - ¿Qué pasa? – pregunta una voz a mi espalda. Sigue aquí el segundo idiota - Espera – digo jadeando – y escucha  No paso ni cuatro segundos después que dije eso cuando el ruido de pasos y voces gritando atrajo nuestra atención. Escuche golpes apagados y un pequeño ¿forcejeo? Creo, no estoy muy segura, mas gritos y luego el sonido de la cerradura digital. Me cuesta escuchar ahora, supongo que están en la entrada principal, pegue mi oído a la puerta y trate de escuchar lo que decían. - ete de aquí, desde que llegaste no se logra dormir – dijo la voz de un señor completamente molesto - Yo pague mi alquiler como todos  - Eso no importa – espeto la voz de una señora, seguido escuche un golpe y un quejido de dolor  - ¡Vieja loca! ¡Que está haciendo! - ¡Mama baja eso! No golpees al muchacho este, ya lo sacaron.  ¡Igual se lo merece! - Eso señora Berta demuéstrele quien manda – dijo una voz masculina joven - ¡Están locos, llamare a la policía!  - ¡Llámales, así vienen de una vez por ti! – exclamo la primera voz que escuche  La curiosidad no pudo conmigo y me asome, recargue mi peso en la puerta y observe al grupo de gente que estaban alrededor de la entrada, bloqueando el paso. Un señor que imagino esta en los cuarenta arrojo al hombre con muchos tatuajes en sus brazos a la calle y cerró las puertas. Supongo que se ira esta noche, mejor para mí.  - Tengo mis derechos – dijo el hombre con ira aporreando las puertas de cristal que daban a la calle – además mis cosas siguen ahí dentro. - Pues ven por ellas mañana – mencionó el chico del grupo. - ¡Imbéciles de mierda! – exclamo a todo pulmón  Esto no acabara bien. Retrocedí para llamar a Mia y que ella haga algo, al momento mi cuerpo chocó con alguien, me volteo y veo el rostro de un hombre a centímetros de mi cara que mira expectante al tumulto de personas congregadas discutiendo en la entrada del edificio. Trague saliva ante su cercanía y me moví aun lado ¿Estuvo todo ese tiempo detrás de mí? Bueno no importa, me alejo de él y me escondo debajo de la escalera, los gritos siguen y siguen, marco el número de Mia y este suena hasta que escucho su voz a través del teléfono. - Sé que es tarde y dije que me encargaría…- comienzo  - Pero… - ataja ella de inmediato, se nota que la levante - Esto se volvió una guerra y necesito que hagas algo para calmar la situación  - Está bien ¡Se escucha desde la línea los gritos! - Lo sé, creo que la policía llegara pronto - Muy bien llamare a Benjamín él se encargara  - Dile que venga cuanto antes y que sea discreto  - Entendido Colgué la llamada y volví a asomarme tras de la puerta, aunque en esta ocasión me coloque detrás del idiota que vive al lado de mi departamento. Él ni siquiera se inmuto por ello.  - ¡Vámonos ya está afuera! - Se escuchan las sirenas, yo no quiero problemas. Vamos mamá – dice la señora tomándose del brazo de la señora y su palo – Usted también debería regresar señor Rodolfo - Eso hare, Gracias  - ¿En serio? Yo quería ver como se lo llevaba la policía - Niño tonto si nos ven aquí, también nos llevaran, así que camina Mi vecino y yo retrocedimos, él cerró la puerta cuidadosamente.  - Al final no fue necesario incendiar el lugar para callarle – dijo susurrando - Si muy divertido – respondí con indiferencia  - uéltame ¿Quieres? – hablo mirando sobre su hombro - Oh. Ya lo hice – dije mirando hacia otro lado. No note que me sujete de su camisa cuando entramos.   - ¿Gracias? – pronuncia alzando una ceja. Imagino ya que desde este ángulo no logro ver bien su rostro. Camino hacia la caja y cerró las puertas de ésta, arrimo el armario a un lado y sin dirigirme la palabra salió de la pequeña oficina, dejándome allí. ¡Este que se ha creído! Me asomo y compruebo que todos ya se han ido. Cierro con llave y me dirijo hacia las escaleras, escucho las sirenas y sé que Benjamín ya tiene todo bajo control. Cuando estoy a punto de subir una voz llega desde afuera. Me giro y veo al hombre de antes siendo sujetado por dos policías mientras el intenta soltarse, su rostro es todo un poema. - ¡Oye tú! Diles que yo no he hecho nada – habla pegando su rostro a los cristales.  Miro a mí alrededor para cerciorarme que es conmigo. Si, solo estoy yo aquí.  Los oficiales me ven y yo solo niego con mi cabeza y me encojo de hombros. Subo las escaleras con tranquilidad al percatarme que el lugar está en completo silencio. Excepto por los gritos lejanos del hombre ese. Llego hasta mi puerta y entro en mi departamento.  Paso de largo hasta mi cuarto. ¡Cama, camita llegare a ti! Mi celular timbra, debe ser Mia. Me envió un mensaje. - Ya Benjamín se encargó del sujeto. Mañana envió a alguien a que desalojen sus cosas. Sé que estas cansada y es tarde pero, revisa la carpeta que te comente esta tarde, es importante.   - Muy bien la revisare y te escribiré mañana en la mañana.  - Que tenga buena noche  - igualmente Mia  ¿Por qué Dios, Por qué? ¡Un descanso, solo pido un descanso! ¡La carpeta! Abro desmesuradamente los ojos. Si, se me había olvidado. Devuelvo mis pasos y me dirijo a la pila de documentos. Los ojeo y doy con ella. Camino hasta la encimera de la cocina, me siento en ésta y doy toma mi atención. Si Mia me menciono dos veces que los ojee hoy, es que sin duda debe ser importante.  Ya entiendo. Esto ocurrirá en unas semanas, la suma de posesiones y cuentas administrativas no me mejoran el ánimo cuando leo esta clase de cosas. Sé por mi padre y las tranquilas observaciones de mi abuelo que las sucesiones afectan en sobremanera las relaciones entre las presidencias. He de admitir que he evadido este tema descaradamente, si padre se entera me dará un sermón absurdamente largo, no pienso permitir eso. Sé que he evadido las juntas con el nuevo Presidente de la Corporación Alveolo, si no mal recuerdo su padre se tuvo que retirar por una complicación médica, dejo a su hijo a cargo. La empresa afiliada a nosotros por la cadena televisiva cambio de personal administrativo y ellos asumieron el control de esta. Mi editorial está en estrecha sincronía con la televisora, de ella dependen muchas de nuestras secciones y de nosotros depende la soltura de las noticias más resientes, las reuniones ya no se pueden aplazar entre los administrativos de ambos mandos. Hasta la fecha hemos mantenido las relaciones a través de personal secundario. Debo dar la cara para afianzar los lazos. ¿Me pregunto qué es lo que quieren? ¡Estas reuniones siempre buscan algo! Más si ellos son los interesados en ellas. Estos documentos que tengo en mi poder solo me indican que es así. Retiro de mi vista los folios y le indico a Mia lo que debe hacer por correo. Debo ajustar mi horario y achicar mis escapadas. Envío el correo y cierro mi laptop. Reclino mi peso sobre mi brazo, un dolor agudo me sobresalta. Descubro mi brazo y observo con intriga la marca roja que tengo en él. Parece que el chispazo no fue tan pequeño, ¿me pregunto si el idiota de mi vecino estará bien? Al fin y al cabo fue mi culpa, eso no lo negaré. Camino hasta mi cama y me lanzo en ella. ¡No puedo más!  Una profunda risa me invade al recordar un evento similar cuando intente escapar de casa, recién habían colocado los cables de riesgo eléctrico. … Me encarame en el alfeizar de mi ventana y me lance sin dudar al tejado, desde ahí camine con cuidado y baje. Mire hacia los lados y me cerciore que nadie estuviese cerca. Los nuevos guardias de seguridad estaban demasiado atentos a los movimientos por el jardín, escuche a mi padre hablar diciendo que me mantuvieran muy vigilada. ¡Pobre de ellos! me dirigí al único punto ciego de su guardia. Retrocedí al ver una alambrada enorme frente a mis ojos. ¡Mis padres se han vuelto locos o qué! Da igual, puedo intentar escalarla. Me acerque con cuidado y lance mi bolsa hacia el otro lado. Cuando intente poner mi mano, un impulso eléctrico me lanzo un metro hacia atrás, caí y me golpee la cabeza contra la grama. Me quede aturdida unos segundos hasta que escuche unos pasos acercándose. Me gire y vi a padre correr con unos guardias hacia mí. ¡No! ¡Hoy no! Marco me dijo que tocara con ellos y por nada del mundo me lo pienso perder.  Tome todo el valor que pude y me levante, corrí hacia donde el alambrado desaparecía, mi padre me estaba llamando. ¡Rayos! No sabía que la habían electrificado. Corrí como nunca y me lance sobre un muro, lo trepe y pase al otro lado, en el proceso choque contra un pedazo de la v***a y me lleve un ligero chispazo, después de recibir el primero, el segundo – aunque mucho menor – no me afecto casi en lo absoluto. Recupere mi mochila y me detuve a respirar un segundo. Mi padre se aproximó al alambrado mientras los de seguridad daban la vuelta, ninguno se atrevió a hacer mi maniobra ¡Cobardes!  - ¿A dónde vas Catalina? – pregunto iracundo mi padre - Estoy de camino a una pequeña reunión en casa de unos amigos míos padre, no te enojes, estaré aquí mañana a la hora de la comida, lo prometo – dije esto último levantando mi mano en señal de juramento. - Qué amigos?  - Unos que no conoces y no son de este círculo social – señalo alzando mis brazos a mis costados y haciéndoles danzar a mi alrededor  - No podías preguntarme y salir tranquilamente sin electrocutarte en el intento - No me dejarías ir si lo hubiese hecho así. Luego me castigas – digo esto y corro como alma endemoniada a mi auto estacionado estratégicamente por mí para estas situaciones. Lanzo mis cosas al asiento del copiloto y acelero pisando el acelerador hasta el fondo.  Lo último que escucho es el grito de mi padre llamando mi nombre, seguido de una sonora exclamación de frustración. Veo a través del espejo retrovisor a mi padre sostenerse la mano acostado en el césped, parece que no fui la única que no capto las señales amarillas del alambrado. Me reí a viva carcajada y seguí tranquila bajando la velocidad, sabía que le llevarían a urgencias primero antes de perseguirme. ¡Dramáticos! Aunque yo también necesito un ungüento y unas vendas…  Mi padre desde ese día me dio más soltura con mis salidas, mi madre le dijo que antes que tuvieran que enterrarme prefería dejarme ir a donde yo quisiera siempre y cuando se los informara antes. Obviamente nunca les dije la verdad de adonde me dirigía, ni con quien trataba, ellos nunca lo notaron y yo fui feliz.  Mis ojos desde hace rato están cerrados, siento que mi cuerpo pesa aún más y me dejo caer en el sueño. Recordando de nuevo ese momento.
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