Despegue mis ojos de Kley y mire a las personas que estaban paradas bajo el marco de la puerta: Henry se encontraba con los brazos cruzados y una sonrisa cómplice en su cara - ¿éste que estará pensando? – con un señor de unos, tal vez cincuenta años; con cabello cano y un maletín sujeto en su mano. Ambos nos miraban sin saber muy bien que hacer. Enderece mis piernas y me quede justo donde estaba. Si alguien no decía nada en los próximos segundos esto se convertiría en una situación muy incómoda.
- Debería estar reposando señorita – menciono el señor parado junto a Henry.
- Lamento abrir la puerta sin tocar, quería saber cómo estaba, Clara. Veo que despierta y en muy buenas manos – dijo Henry mirando fijamente mi abdomen, de inmediato me di cuenta que Kley me tenía todavía sujeta por la cintura.
Baje mi cara por la vergüenza y se solté de su agarre, pase mis manos por mis descuidadas ropas y me erguí todo lo que pude. No hay vergüenza que pueda contigo si mantienes la cabeza bien fría, al menos eso es lo que constantemente dice mi madre. A veces pienso que es su mantra.
- Eso fue porque abriste la puerta sin cuidado cuando yo pretendía salir por ella – me excuse, fingiendo indiferencia.
- Como digas. El señor Antonio debe atender otros compromisos, pero se ha hecho cargo de ti mientras has estado inconsciente. Señor Antonio no piense que es una mala paciente, es que su novio la pone nerviosa – Henry dijo esto último viendo al señor de cabellos canos.
- ¿Cuál novio? – pregunte azarada
- No es bueno que la señorita se altere por las próximas horas, debería estar descansando – ese reclamo no estaba dirigido a mí, pude ver de refilón como Kley y Henry respiraban hondo, ¿se sienten regañados? Y yo que pensé que eran todo indiferencia.
El señor Antonio se adentró en la estancia y deposito su maletín en la mesa cercana, de allí saco un par de vendas y otras cosas más. ¿Por eso Kley no me dejaba ir? Ahora su aptitud tiene un poco de sentido, igual me sigue pareciendo que exagero, solo iba a mi departamento por mi celular y una larga ducha, necesito una ducha. ¡Ya recordé que también tengo hambre!
- Señorita ¿me permite ver su brazo? Debo ver cómo esta.
- Ah, lo siento. ¿Me podría dejar primero tomar una ducha? Ya no soporto esta ropa – estoy siendo injusta al quejarme por algo con tan poca importancia, pero huelo como un muerto y estoy llena de suciedad hasta en la cara. Debo parecer todo un vagabundo en su máximo esplendor.
El señor Antonio giro a ver a Henry, éste me miro de arriba hacia abajo y asintió. ¿Por qué le está pidiendo su aprobación? Después de eso el señor volvió a verme y asintió con tranquilidad.
- Esperare aquí, pero antes tengo una duda. ¿Quién le quito la vía? Les pedí expresamente a ellos – señalo a Henry y a Kley – que debía tenerla un par de días más, para que recupere sus fuerzas.
- Yo me la quite – confesé sonriendo con falsedad.
- No pretenda mejorarse si actúa de esa manera – este señor regaña a todo aquel que se atraviese por su camino ¿o cómo? – Pero, me parece buena idea que se asee. La suciedad de su ropa puede contaminar la herida, y empeorar los raspones en sus manos - ¿en mis manos? Las levante frente a mis ojos y sí, hay por lo dos raspones en la palma de mis manos cubierto uno de ellos por un parcho clínico.
- Sí, yo volveré en unos minutos
- ¡Que no sean más de veinte! Si no es molestia
- No, ninguna. Yo soy la que debería disculparme por hacerle perder su tiempo de esta manera – musite observándole directamente esta vez. Es un señor bastante distinguido y formal, con semblante profesional y una vibra que te indica su confiabilidad. ¿Cómo conocerá a Henry?
Henry durante la pequeña conversación camino hasta la cocina y miro la olla con curiosidad, pero sin atreverse a ir más allá. A Kley le perdí de vista tan pronto me concentre en las palabras del señor Antonio. Ahora que miraba la estancia no estaba, ¿en qué momento se fue?
- Entonces, si me disculpa – continué, saliendo por la puerta.
Me dirigí como rayo a mi departamento, cerré la puerta y me recosté de ella. ¿Qué acababa de pasar? Primero Henry me salva, y ahora vuelvo a despertar en la cama de Kley, necesito vacaciones de mis vacaciones.
Busque mi celular por toda la casa, hasta que di con él. Sin batería. Suspire cansada de mi mala suerte y lo conecte. Con parsimonia fui hasta la ducha, lance mi ropa al cesto de la ropa y con cuidado de no mojar mi venda del brazo me deshice de toda la suciedad de mi cuerpo.
Mientras me duchaba mi estómago se quejó sin cansancio, ya cambiada fui directo a la cocina y busque algo que poder comer. Tome una manzana y me la comí despacio, al principio casi no me pasaba por mi garganta, después acabe con otras dos.
Mi celular sonó sacándome de mi pequeña burbuja, lo mire con cansancio y le deje sonar, ¿acaso no me puedo comer una simple manzana sin que alguien me interrumpa? El celular timbro un par de veces más, lo tome – conteniéndome con mi alma para no arrojarlo contra la pared – justo cuando terminaba una llamada. Treinta y siete llamadas perdidas de Mia, por lo menos siete de Ben y como veinte iconos de llamadas y mensajes de mi madre. ¡Fantástico! Me pierdo por dos días y me explotan el teléfono. Frote con mis manos mi cara, ¿Qué querrá mi madre ahora? Lo más seguro es que tenga que ver con la bendita subasta, no entiendo su afán de controlar mi atuendo, o a lo mejor sea algo relacionado con los Morgan. ¿Le devuelvo o no la llamada? ¡Que dilema! Si se la devuelvo tendré que aguantar sus quejas y órdenes por como unas cuatro horas y si no lo hago – no quiero ni imaginármelo -. Mejor le doy una visita a mis padres antes de la subasta, así evado a mi madre y reduzco su dialogo y hablo con padre sobre la televisora y como van las cosas con Alveolo. Eso sería lo mejor.
Vuelvo mi vista a la pantalla de mi móvil y busco a Mia, con ella si tengo que hablar inmediatamente. Justo antes de pulsar la manchita verde, unos golpes en la puerta llamaron mi atención - ¡Veinte minutos! ¿Cuánto tiempo ha trascurrido? ¡Ay, rayos! - Los golpes volvieron a sonar de nuevo de forma muy insistente, me vire hacia la puerta y resople para mis adentros.
- Clara ¿estas allí? ¿Abre la puerta? – Henry se encontraba del otro lado, su voz se escucha algo cansada y floja. Tome el pomo de la puerta y abrí sin prestar mucha atención – Veo que ya te cambiaste. Andando.
- No, espera. Tengo que hacer algunas llamadas.
- Hazlas después, Antonio está esperando.
- Ah, cierto.
No proteste más y le seguí. A penas llegar me senté en un taburete de la cocina y escuche con atención lo que el señor Antonio tenia para decirme. No era completamente indispensable volverme a colocar la vía, pero sí, un absoluto descanso por lo menos por dos días. ¡Eso sería difícil! Me comento que la herida la tenía infectada, mal cuidada y echa un desastre. Me contuve firmemente en decirle que fui yo la que hizo que llegara hasta ese extremo, su mirada escrutadora me mantenía callada y sentada.
Terminó pasados unos minutos, guardo sus cosas pausadamente mientras me daba indicaciones de cómo debía cuidarme y se fue. Salió del departamento seguido por Henry, éste solo se había sentado en la estancia y se había quedado allí desde que el señor Antonio estuvo haciendo su trabajo. ¿Sera imprudente preguntarle cómo lo conoce?
Suspire cansada y me lance a unos de los sillones que se encontraban en la sala. Debería por mi futuro bien aprender primeros auxilios, o al menos como cuidar de una herida apropiadamente; me evitaría encuentros vergonzosos.
- debes obligatoriamente descansar estos dos días siguientes. Sin objeciones – Henry había llegado unos minutos después de haber salido, se detuvo a un lado de mí y me miraba afincando las cejas en cada palabra que daba. Ahora que lo pienso ¿cómo es que entra al departamento como si fuese el suyo?
- Eso será complicado, pero antes de me digas otra cosa. Lo cumpliré – dije llevando mis ojos hasta los suyos.
- Bien. Yo me voy, me gustaría volver a la paz de mi casa. Prometo tocar la próxima vez que venga a ver como sigues - ¿Qué?
- ¿Por qué no tocaste cuando llegaste antes, ni ahora? – pregunte verbalizando mi duda. Kley es increíblemente - no sé, digamos celoso - de su espacio. ¡Ay, Dios mío! Debería seguir el ejemplo de Henry e irme también. No vaya a ser que Kley aparezca de la nada y me diga: ¿sigues aquí?, eso sería feo.
- Era una molestia, si debíamos estar pendiente de tu estado. Además debía dormir y buscar a Antonio y volver. Kley me dijo que solo entrara sin tocar, y así lo hice.
- ¿En serio? – pregunte incrédula.
- Sí, créeme que si estas con una persona desmayada en tus brazos, y no puedes conseguir las llaves que deberían estar en su bolsillo, te alteras un poco. Me conseguí con él y me dijo que te dejará aquí.
- Pues, yo te lo agradezco, sinceramente. Gracias por aceptar mi petición y no llevarme al hospital.
- No es nada. Mayor fue mi impresión cuando te vi agarrada a ese viejo poste. ¿Qué hacías allí?
- Me perdí. Estaba caminado, no preste atención para donde me dirigía y me perdí.
- Era casi de día, ¿caminaste tanto?
- No, yo salí temprano de casa. Ni había amanecido aún – mentira. No puedo decirle que ni yo entiendo cómo llegue hasta ahí.
- Bien, te veo luego. Dile a Kley que te cuide como debe.
- ¿Disculpa? - ¿a qué ha venido eso? Es la segunda vez que me lo dice.
- Aunque no lo digas en voz alta es tu novio ¿no? - ¿novio?
- Por supuesto que no, somos vecinos – aclare levantándome de mi cómodo asiento.
- Vecinos con confianzas entonces, para que se preocupe así por ti - ¿éste esta alucinando?
- No hay tanta confianza entre nosotros como crees
- ¿Ah, no? Entonces, ¿por qué sigues aquí? – buen punto
- Le daré las gracias como a ti y me iré, no pienses tonterías.
- ¿Y lo abrazaras como antes para agradecerle? – pregunto moviendo sus cejas y soltando una sonrisa burlona.
- Ya te dije que me caí
- Justo en sus brazos
- Me atajo – mi cara de golpe se puso más caliente. ¿No puede solo olvidarlo? Quizás un golpe a su cabeza ayude. Lástima que no hay ningún objeto cercano a mí con el que pueda llevar mi cometido a cabo.
- Lo que tú digas. ¿A todo esto dónde está?
- ¿Quién? – pregunte sin entender
- Tu vecino con no confianzas, pero si abrazos – vocifero Henry conteniendo las risas.
- Ah, ya vete. Estas empeorando mi humor.
- Encima te ayudo, y ahora me corres. Está bien, me iré a mi departamento ahora.
¿Se está haciendo el dolido? Y yo que pensaba que era una persona seria y en todos sus cabales racionales, las apariencias engañan.
Vi como Henry se iba y me sentí tonta, ¿por qué me quede? No es que quisiera pasar tiempo con Kley, la situación extraña de antes fue completamente inesperada. Me quede un rato viendo a mi alrededor sin saber qué hacer. Al final decidí también irme, no entraría de nuevo al cuarto de Kley sin que él me lo permitiera. Dicho eso me dirigí a la puerta, ésta sonó antes de poder tocarla. Mire hacia atrás y nada ¿dónde se metió?
Abrí la puerta dudosa y literalmente casi se me salen los ojos cuando vi a Mia parada al otro lado de la ésta. Su atuendo estaba increíblemente exagerado, normalmente cuando venía a verme disimulaba un poco su apariencia, pero ahora, eso es exagerar por gusto. No tuve tiempo a decir nada cuando se me aventó encima y me derribo en el suelo, sus brazos me estaban dejando sin aire, y ahora las pompis me dolían.
- ¡Mia! Afloja tu agarre, me mataras – alcance a decir conteniendo la respiración.
- ¿Estás bien? ¿Dónde diablos estabas? ¿Pensaba que te habías ido Dios sabe dónde? ¡Ya no aguanto tomar las decisiones! Ben me pregunto por ti durante horas y no supe muy bien como evadirle. La señora llamo y me altere más. Vine corriendo hasta aquí para encontrarte y no abrías la puerta. Luego me entere que estas medio muerta, tirada en una cama y no sabes cómo me alegro que hayas despertado ya. La próxima vez que quieras venir te lo prohibiré y te encerrare. Ten lo por seguro. Ni una sola llamada me pudiste devolver. ¿Cuándo despastaste? ¿Está todo en orden? ¿Volverás hoy? Ca… – justo ahí la detuve. Estaba diciendo demasiado en un sitio donde alguien pudo habernos escuchado. Coloque mis manos en su boca con extrema rapidez, y le hice una seña para que guardara silencio. ¡Dios hasta mi nombre se le iba a salir!
- Estoy bien, no conteste tus llamadas porque no pude. Estaba a punto de escribirte, de lo demás hablaremos luego – afinque mis ojos en los suyos y los abrí todo lo que pude, espero que entienda lo que significa y no siga con sus preguntas.
- Oh, lo siento - ¡Gracias!
- ¿Necesitan ayuda? No creo que el suelo sea el mejor sitio para hablar señoritas – eleve como un rayo mi mirada, y ahí en el marco de la puerta se encontraba Henry, feliz de la vida observándonos con intriga. ¡Ay, Dios!
- ¿Cuánto llevas ahí? – pregunte levantándome como un resorte. Mia también se puso en pie, la vi bajar la cabeza apenada. Ya se dio cuenta que casi mete la pata. No dijo nada en concreto, fueron puras preguntas sueltas por suerte.
- Desde la caída.
- ¿No estabas en tu departamento?
- Baje a hacer algunas compras y me conseguí con la loca histérica que toco tu puerta ayer. La acompañe hasta aquí.
- ¡No la insultes! – dije fijándome en sus acciones.
- No lo hice, si la hubieras visto ayer, opinarías lo mismo – me imagino el cuadro, pero defenderé a Mia.
- ¿Seguro que no te viste a ti mismo en un espejo? – pregunte ladeando mi cabeza y poniendo una cara de preocupación falsa.
- No, muy seguro.
- Ya veo, igual compruébalo – le deje de lado y me voltee hacia Mia, ésta estaba con su celular en la oreja hablando un poco bajo y alejada de nosotros. ¿Me pregunto quién habrá llamado? Con Henry aquí no puedo hacerle preguntas concretas.
- Yo me voy y, de nada – menciono Henry cerrando la puerta, pegue mi oreja e ésta y escuche sus pasos alejarse por el pasillo. Ahora si se ha ido.
Mia seguía pegada al teléfono, se veía enfadada por alguna razón. La alcance en unos pasos y me fije en sus movimientos y su rostro, no creo que eso me diga que está ocurriendo, pero por los momentos no se me ocurre otra forma. Mia colgó de golpe la llamada y se giró a verme con cara de preocupación, ¿qué? ¿Qué?
- La editorial está bien – dijo leyendo mis pensamientos – es solo que sin ti allí, todo se vuelve una carrera desastrosa. Sé que solo han sido un par de días, pero como desde antes no has estado mucho tiempo en la ofi…
- ¡Baja la voz! – exclame susurrando y viendo hacia la habitación de Kley.
- ¿Por qué? ¿Hay alguien más aquí? – pregunto llevando sus manos a su boca y susurrando al igual que yo.
- Sí, está por ahí, no estoy muy segura.
- ¿Es el muchacho que abrió la puerta ayer?
- Supongo, es su departamento.
- ¡Eso te iba a preguntar! ¿Qué haces tú aquí? – afinco sus últimas palabras señalando con sus brazos donde nos encontrábamos.
- Es una larga historia – musite moviendo mis manos en señal de paz – te la contaré cuando vea la oportunidad. Lamento haberte dejado con tanto trabajo a cuestas, iré inmediatamente.
- ¡No! – exclamo gritando. Yo inmediatamente la vi asustada, y ella cerró los ojos con fuerza. Estamos muertas si alertamos a Kley y escucha cualquier cosa que digamos.
- No grites, Mia. Te escucharan – susurre de nuevo entre dientes.
- Lo siento, no fue mi intención. Tú debes descansar, ayer estabas muy mal; aguantare unos días más, La subasta será en menos de una semana.
- Sí, lo recordé hace unos minutos – mencione confirmando su pregunta indirecta sobre la subasta - El doctor que me vio me dijo que debo reposar por lo menos dos días – explique mirando hacia el techo.
- ¿Dos días? Bien, es menos de lo que creí.
Igual acompáñame a mi departamento, debo hablarte de algo.
- ¡Clara, espera!
- ¡Ah! No me des esos sustos – ¡Dios mío! Kley estaba a unos pasos de nosotras, traía su típico pijama puesto y el cabello enmarañado. ¿Estaba durmiendo? ¿Todo este tiempo? ¡No me lo imagine!
Un momento, ¿se acaba de levantar? ¿Cuánto escucho?
- Necesito hablar contigo – musito mirándome, y luego miró a Mia.
- Vendré después – se apresuró a decir Mia – Tengo asuntos que atender. Te escribiré luego, Clara. Asegúrate de descansar.
- Eh, no. Tengo que hablar contigo – dije a ésta.
- Clara – me llamo Kley mirándome fijamente y tomándome de la muñeca.
- Hablamos otro día – dijo Mia saliendo casi a la carrera por la puerta.
La vi marcharse con cara de no saber lo más mínimo de lo que ocurre aquí, no es que yo tenga una cara diferente, porque no sé cómo es que todo llego hasta este – extraño – punto. Entre tanto me gire hacia Kley, enfrente mi mirada con la suya y espere a que hablase. Él no dijo nada solo me observo muy atentamente, de repente el aire se volvió denso, mis pulmones más pesados y se me nublo un poco la mente. ¡No entiendo!
- ¿Qué? – me atreví a decir para romper la situación incómoda en la que estábamos.
- ¡Quédate los dos días aquí! – dijo con el semblante serio. ¿Cómo?