Capítulo 14. Sólo estoy a una pared de distancia.

3193 Words
¿Dos días? ¿Se refiere a los dos días que tengo que guardar reposo? Si es así, ¿por qué rayos me quedaría en su departamento? ¡Vivo al lado! Y no es como que pensase en irme a pasar mi descanso en el departamento donde mi madre puede hallarme y hacerme un centenar de preguntas, cavar mi propia tumba no está en mis planes. Si ella se llegase a enterar como mínimo le daría un ataque de histeria del que seguro me echaría la culpa a mí, para después acabar en alguna clínica poniendo más público a su gran drama.  Como mínimo le contaría a mi padre y él, al abuelo. Los pobres idiotas que me atacaron y a los cuales no recuerdo bien terminarían en una zanja por razones desconocidas, tal vez exagero un poco, solo un poco. No obstante no quiero un montón de seguridad a mis lados como unos benditos guardaespaldas los siete días de la semana, hombres trajeados persiguiéndome diariamente ¡qué horror! - ¡No otra vez! - Esa experiencia ya la viví en mi vida y no la pienso volver a repetir. Solo de pensarlo me dan escalofríos por toda la columna vertebral. - ¿Clara? – exclama Kley interrogante, en un segundo me saco de mis pensamientos y me anclo de nuevo a la realidad. Su tacto sigue igual de firme en mi muñeca. ¿Cuál es su insistencia en retenerme aquí? - ¿Estuviste dormido todo este tiempo? Me refiero a que desapareciste por un par de horas más o menos – indague contemplando su atuendo y su cabello. Su cabellera esta tan enredada como un nido de pájaros, un nido lindo y atrayente. Desvié rápido mi mirada de él antes de que mi expresión me delate. Espero que mis palabras no indiquen algo más que franca curiosidad. Pero, por cómo se arquearon sus cejas supondré lo contrario.  - Sí – su respuesta resulto ser bastante escueta – no dormí mucho ayer. ¿Me está diciendo indirectamente que fui una molestia? No lo culparía, ocupe su cama e hice que invadieran su casa personas que apenas conoce. Por eso no entiendo su actual acción.  - Entonces, yo me marcho. Por mí no te distraigas y vuelve a dormir – di unos golpes en su mano y retire la mía con suprema cortesía. No iba a verme como una loca desalmada después de haber recibido una gran ayuda de su parte, apenas sin conocerme. - No es una broma lo que dije, y no evadas las preguntas con otras – reprocho éste cruzándose de brazos y elevando su mentón. ¡Ay, Dios! Ya se despertó definitivamente. - En ningún momento lo hice  - ¿Supondré que es un sí tu respuesta? – cuestiono Kley en tono satisfecho. - ¡Por supuesto que no! – exclame más alto de lo que quería, colocando mis manos delante de mí.  - No eres muy coherente en tus respuestas, Clara – dijo este con sorda. - Te informo que vivo justo al lado – dije fingiendo una sonrisa – y prometo devolverte el favor que me has hecho. - Por mí perfecto. Primero come, los rugidos de tu estomago no me dejan escuchar mis propios pensamientos. - No me insultes, y ya comí – Kley abrió sus ojos sorprendido. Después de lo que creí un segundo me miro entrecerrando éstos, ¿no me cree?  - No seas mentirosa - No lo soy, comí unas manzanas después de tomar una ducha. Y ahora quiero comer algo más sólido si me… - Hiciste que me quemara para nada – me reprocha viendo con molestia sus manos. ¿Qué se quemara? ¿Por qué yo haría eso? Kley al ver mi expresión de sorpresa apunta detrás de él. Me doble hacia un lado y me asome, ahí permanece intacta la pequeña olla causante de la molestia de Kley y una de mis grandes incógnitas. Apresure mis pasos hacia la cocina y sin pensarlo dos veces, me subí a uno de los taburetes de la encimera coloque mis manos a ambos lados de la olla y la mire expectante.  - No sabía que comías viendo.  - Ni yo que te apiadaras de mí tanto, que hasta me cocinaras. ¿No sientes la tierra temblar? – dije lo último con fingido terror. - Tus bromas solo te hacen gracia a ti. - Imagino que sí – destape la olla en el momento de decir esto último, el olor que llaga hasta mí hizo que despierte mi apetito. Se ve muy bien lo que cocinó – Tú, no quieres ¿no?  - Es lo único que logre hacer – responde tranquilo sacando una jarra de la nevera, camina hasta quedar enfrente de mí y me sonríe con paciencia. - ¿En serio? – pregunto sintiéndome levemente culpable. ¿Debería de pedir comida a domicilio?  - No tengo hambre - Eres un pésimo mentiroso - No quiero comer con tus babas ahí – señala mi cara contorsionando su expresión. - No estoy babeando – me defiendo golpeando la mesa con la palma de mis manos. - Es lo que tú dices, pero yo veo algo muy distinto – debate, limpiándome algo invisible de la barbilla. Sus ojos se notan tan cercanos con este gesto. - Mira que llegas a ser insufrible – le digo echándome hacia atrás – no creo que pueda con todo esto, te dejare la mitad, tú decides si comértelo o no.  - Divídelo antes  - Es lo que iba a hacer. Dividí bajo la atenta mirada de Kley nuestra comida, rodé la suya hasta si y me dispuse a devorar la mía. Debo admitir que fue una de las mejores comidas caseras que había probado en mi vida. Tuve que hacer esfuerzos abismales para no demostrarlo y quedar en ridículo de nuevo frente a él, pensara que soy una indigente que no sabe nada de la vida. Cuando termine lleve mi cuerpo hasta el lavavajillas dispuesta a demostrar mis buenos modales, aunque no tenga ni la más remota idea de cómo usarlo. Mire con curiosidad el artefacto frente a mí e instintivamente lleve una mano a mi mentón pensando muy detenidamente como hacer esto sin quedar en evidencia.  - Yo lo hago, me gusta este departamento. Un incendio me forzaría a mudarme. Hazte a un lado – musito Kley empujándome con su codo lejos del alcance del aparato - Lo de quedarte aquí iba en serio – volvió a decir al cabo de unos minutos. - Te repito que vivo al lado. - Y normalmente escucho como si libraras una guerra   - No es que aquí se escuche distinto ¿no es así? - No te pases. Mis circunstancias no son nada parecidas a las tuyas  - Así. Y según tú, ¿cuáles son mis circunstancias?  - Unas por lo visto que no debí mencionar – dijo virando su rostro. - Sé que estuvo mal por mi parte, meterme en tus asuntos. Y más aún pretender que los entiendo, cuando dices que no es así. Por ello me disculpo, y exijo que no supongas nada de mi vida – vocifere cruzando mis brazos. - A eso no se le puede llamar una disculpa. - Pues es lo único que tendrás de mi parte. - No estarás siendo sumamente comprensiva – dijo Kley con un tono de sarcasmo que me caló hasta los huesos. A mí nadie me habla de esa manera. - No más que tú al parecer. Un silencio sepulcral se cernió sobre nosotros, el aire se volvió espeso y nuestras respiraciones se volvieron muy tranquilas, casi imperceptibles como si quisiésemos que ninguno de los dos se diera cuenta de lo agitado que nos encontrábamos por dentro. Porque sea lo que fuese lo que le ocurrió a Kley es algo que no se toma a la ligera y es lo suficientemente personal para no meter mi nariz en medio. A todo esto, él no tiene ningún derecho a suponer nada, tal vez mis primeros arrebatos fueron ocasionados por trivialidades, más los últimos me desconciertan más a mí que a él. Eso no significa que me moleste el tono que utiliza para referiste a ello. - Nos desviamos del tema ligeramente ¿no crees?  - Lo mismo pienso yo – respondí cortante. Hace solo unas pocas horas había despertado y la fatiga volvía a mí como una pesada carga en mi espalda.  Cuando viajo a lugares que parecen escondidos del mundo siempre escucho una frase muy común en los padres de familia: “Después de la comida, viene la siesta”. No sé si eso es lo que me está ocurriendo después de haberlo hecho un par de veces, supongo que el bostezo que se escapó de mis labios aclara mis dudas.  - ¿Tienes sueño? – pregunto Kley aligerando su expresión. No me gusta discutir con él, me agrada cuando puedo contar son su ayuda sin que me juzgue ni nada por el estilo. Por lo que hasta ahora he visto, me atrevo a decir que es una buena persona. Me pregunto que pensara si se entera que soy la hija de una familia millonaria, dueña de una gran compañía y propietaria de una enorme cuenta bancaria. ¿Me seguirá mirando con los mismos ojos burlescos? O me ignorara a partir de ese mismo instante, pensar en eso me estruja el corazón.  - Iré a mi departamento. Gracias por tu amabilidad – esta vez lo decía completamente en serio, sin señales ocultas o dobles intenciones. Tengo mucho que deberle tanto a Henry como a él. Agache ligeramente mi cabeza al mencionar la última frase y me di vuelta inmediatamente, para no ver su cara. - Quédate los dos días aquí – expreso Kley plantándose a un paso de mí, justo enfrente. ¿Cómo lo hizo? - No caeré en la misma discusión nuevamente – le reprendí mirando al cielo exasperada, ¡como hace que mi humor varié drásticamente!  - Vives al lado, ya no lo repitas de nuevo. Prefiero que te quedes donde alcance a verte – sin darse cuenta sus ojos se deslizaron por mi rostro y de ahí a mis brazos hasta caer en la venda.  ¿Por qué me ve como si un perrito lastimado estuviera frente a él? Rápidamente busque un espejo con la mirada, divise su habitación en un santiamén y como un ladrón siendo perseguido por un policía me lance hacia éste. Divise enseguida el rectangular objeto y afinque mis ojos en él, captando todo lo que Kley miraba constantemente. Realmente no me fije en mi reflejo cuando me duche, me enfoque en no fastidiar más mi herida y salí tan rápido como había entrado. Tendré que aguantar en este edifico más de dos días, esos morados que veo en mi reflejo, tanto en mi cara como en mis brazos no desaparecerán de la noche a la mañana. Pareciera que hubiera tenido un accidente automovilístico. Solo me jalaron y me caí en consecuencia ¿no es así? La silueta reflejada en el espejo detrás de mí me miro pasándose la mano por el cuello. ¿Acaso se siente responsable por el pequeño ataque que sufrí?  - Antes que digas nada, permíteme aclararte algunas de tus dudas no dichas. La primera es que yo fui a mi departamento tan pronto como salí de este. La segunda es aclararte que nada de esto – dije señalando mi cara – fue tu culpa, ni soñando. Y no tengo una tercera porque eso debería bastas para tranquilizar tu… lo que sea.  - Todo eso tiene sentido y no lo debatiré – hizo una larga pausa en la que me gire, antes de continuar – vi tu herida ese día, bueno no en sí. Más bien la sangre que manchaba tu suéter, tú me ayudaste y yo no lo hice.  - ¿Me quieres devolver el favor? – pregunte dubitativa - Algo así. - Por eso quieres que me quede. Si lo hiciera y no estoy diciendo que lo hare, ¿dónde dormiría?  - En la cama y yo en el sofá.  - Esa cosa no parece muy cómoda que digamos. Si te quedaste dormido en un segundo tras poder hacerlo, dudo mucho que puedas soportar la carga de dos días más sin dormir a gusto. Estaré al lado, vendré una vez al día para que te cerciores de que sigo viva y así no te preocupes. Me devuelves el favor con eso y todos felices. - Yo no dije que esté preocupado – menciono burlesco, yo hice como si no escuche nada – traeré tu cama aquí. - Eso sería innecesario – ataque perdiendo la calma.  - Te fuiste a la mitad de la noche. Te escuche – ahora si me atrapo con la guardia baja, debía seguir despierto – dejaste tu puerta abierta y saliste. Y mírate. No puedo confiar a menos que te vea en todo momento. Y sí, tal vez me sienta ligeramente responsable de que haya empeorado tu herida.  - No lo hagas, no te sientas responsable. Tienes tus propios asuntos y yo los míos. Mantener la distancia será lo mejor. - ¿Qué tanto ocultas, Clara? – interrogo Kley clavando sus abismales ojos en mí. - Nada. Una chica necesita su espacio. Deberías saberlo. - No te lo daré. Iré por tu colchón y lo acomodare muy bien aquí. - ¿Y cómo pretendes hacer eso? ¿No me digas que tu segundo super poder es atravesar paredes? – moría de las ganas de reírme en su cara.  - No. Afortunadamente encontré unas llaves bajo la puerta abierta de cierto departamento, así será más fácil – dijo agitando un juego de llaves cerca de mis ojos. - Pero, yo entre y cerré mi departamento antes  - Piensa nuevamente lo que me acabas de decir  - Solo entre y salí, ¿la puerta no tenía seguro? ¿Tuviste mis llaves hasta ahora? – pregunte mirándolo con sospecha – ¿y si me hubiesen robado? - Me asegure de cerrar la puerta después que saliste con Henry - ¿En qué momento?  - ¿Eso importa? Ponte cómoda, vuelvo dentro de un rato. No me extrañes mucho. - espera, devuélveme mis llaves – le pedí siguiéndole hasta mi departamento. - Te las daré después.  - Esto no es gracioso, estas invadiendo mi lugar. Esto es un delito.  - Iremos a prisión los dos - ¡ah! No puede ser. - No podrás tú solo – le acuse cruzándome de brazos. Kley suspiro pesadamente y miro con molestia. Falta poco para que se rinda, no podrá con mi cama. ¡Es matrimonial! Se puede ver desde aquí su amplitud.  - No deberías estar descansando. Me pierdo unas horas y no haces caso. Me gire instantáneamente a mirar a Henry, quien se encontraba mirando nuestra absurda escena desde la entrada. Llevaba en una de sus manos unas bolsas llenas de algo que llamaron mi atención.  - Lo traje para ti, no enloquezcas – comento Henry viéndome con una sonrisa de medio lado - ¿Qué hacen?  - Intento llevar eso – dice Kley señalando mi cama, que se encontraba a la distancia – o al menos el colchón hasta mi departamento. - ¿Te dije la maravillosa persona que eres? – pregunte agarrando una de las bolsitas que llevaba Henry en sus manos y llevándola hasta mi pecho para abrazarla, ignorando completamente su discusión.  - Que rápido tomas confianza en las personas – me regaño Kley  - Mira quién lo dice.  - No haré preguntas. Tengo un pequeño mueble que fácilmente se transforma en una cama, no ocupa mucho espacio. - ¿Me lo puedes dejar unos días? – pregunto Kley. - Por supuesto. Aunque no entiendo, ¿Por qué no comparten la cama? Fácilmente caben los dos. Si te preocupa lastimar su brazo duerme del otro lado – salí de mi felicidad en un segundo, empecé a toser sin poder parar.  - No digas barbaridades, la asustaras – musito Kley dándome palmaditas cariñosas en la espalda. ¿Ya dije que me las pagara? – aún no me perdona.  - Y ahora jamás lo haré – ataque golpeando su brazo con mi puño. - ¿Cuándo iniciaron? – pregunto Henry apoyándose en la pared. - Hace años – respondió Kley sonriendo. - ¡Deja de mentir! – exclame bufando. Kley se encogió de hombros e hizo una seña que no logre distinguir.  Después de nuestra interesante conversación – según Henry – él y Kley fueron a su departamento por el mueble. Yo me quede en el mío y aproveché estar sola para buscar mi celular. Tenía cientos de llamadas perdidas, le comente a Mia algunas cosas y decidí omitir otras. Los mensajes de mi madre los ignore como de costumbre y pase directamente a los correos de Benjamín. El apoyo que mi padre le estaba dando al señor Morgan mantenía a raya a la ola de accionistas, eso era algo. Por otro lado el señor Vicente se había puesto en contacto con Ben directamente para hablar de los asuntos anteriores - ¡No tiene vergüenza alguna! –. Benjamín me comento que evadió sus encuentros y postergo una nueva reunión que ahora él quiere llevar a cabo. Debe pensar que sin Andrés como mi respaldo le será más fácil hacerse con la dirección de la televisora y quien sabe de qué más. Respondí sus correos tan rápido como me dio la mano, le dije que en los próximos días no estaría presente en la editorial. Acabe con ello y mire mi departamento sin saber qué hacer, mi guitarra seguía tal cual como la deje. Tome la correa del estuche y la levante, un poco de música me vendría bien.  - Todo listo ¿vienes? – Kley apareció de la nada en el umbral de la puerta, fue tanto mi susto que solté a mi pobre guitarra.  - No sé qué estará listo, pero no iré. - No me lo pongas más difícil. Kley corto la distancia que nos separaba y me agarro de la muñeca, levanto con la otra mano mi guitarra y me saco de mi departamento. Le paso llave y me siguió arrestando hasta el suyo, en el camino vi a Henry saludarme amistosamente antes de perderse de mi vista. Kley menciono un “gracias” y cerró la puerta a nuestras espaldas.  Coloco mi guitarra en el primer lugar que vio y siguió llevándome por la muñeca directo a un interesante sofá extensible que no había visto antes.  - yo dormiré ahí tu ve a mi habitación – ordeno con voz queda, soltando mi muñeca. - ¿Esto va en serio? – pregunte anonadada - Yo nunca juego, Clara. Buenas noches  - Apenas amaneció hace unas horas - No me importa  Pase de él y de sus ocurrencias, me dirigí a su habitación y sin hacerme más preguntas me lance a las suaves sabanas. Kley las había cambiado, estas huelen muy bien. Me acomode entre las almohadas quedando mi vista fija hacia el lugar donde él se encontraba, ¡sí que actúa extraña en ocasiones! - ¡Espero que estos días pasen volando!
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD