He tratado de zafarme de los brazos de Roxan sin incomodarla o hacerla sentir rechazada. ¿Yo, la novia de Andrés? ¿Matrimonio? En definitiva me está confundiendo con alguien más. Sus lágrimas ahora tiene parte de mi hombro mojado ¡Ay, Dios ayúdame! No sirvo para consolar personas. Mucho menos para sacarlas de su equivocación si tiene que ver conmigo, eso siempre lo he delegado.
Con calma llevo mis manos a sus hombros y la separo de mí. Ella me mira con una expresión tan trágica que haría llorar hasta una roca.
- Vamos. Te llevare a casa de tus padres. Necesitas descansar – le dije colocándonos a ambos en pie. Roxan asintió lentamente, antes de caminar a la tumba de Andrés y colocar las pocas flores que no habían volado con el viento. Le lanzo un pequeño beso al aire y se giró hacia mí.
Sin duda se sujetó de mi brazo y me dejo guiarla hasta el auto que me esperaba. Un señor elegante y años avanzados llego antes de que pusiéramos un pie dentro.
- Disculpe mi osadía señorita ¿regresara a casa de sus padres? Ellos me pidieron esperarla y llevarla – es el chofer de los Morgan, su voz es tan fina como sus buenos modales.
- Oh, tranquilo Arman. Me iré con Catalina, ella necesita mi apoyo tanto como yo el de ella.
El señor Arman dirigió sus ojos hasta mí y una ráfaga de lucidez le invadió. ¿Me conoce? Sonrió amablemente y se retiró en silencio después de observarme por unos minutos. Pude notar como Roxan le lanzaba miradas cargadas de complicidad a él. Y encima dijo mi nombre con tanta familiaridad, que hasta creería que llevamos toda una vida de amigas. Es un hecho que me conoce. Ahora el problema es saber, si lo que dijo hace un instante es cierto. No lo del noviazgo, sé que eso es falso. Pero, conociendo a mis padres quizás lo del matrimonio no tanto. Nuestras edades eran cercanas y los lazos de nuestras familias fuertes.
Fran nos abrió la puerta, Roxan y yo nos acomodamos en los asientos traseros. Seguía agarrada a mi brazo como si necesitase sostenerse de algo para no caer. El auto se puso en movimiento, se permití respirar con tranquilidad.
siento que estoy hablando en clave con estas personas. Y lo peor de la situación, es que no sé cuál es el código que utilizan para descifrar el mensaje. Suspire y me acomode en el asiento. Roxan imito mis movimientos y soltó mi brazo dudando en el proceso.
- Segura que no quieres que tu chofer te lleve, te sentirás más a gusto con él que con una extraña – Roxan se irguió de golpe y giro su rostro con una total mueca de horror.
- No eres una extraña y jamás serás una extraña. Mi hermano iba contraer matrimonio contigo y sé – las palabras se le atoraron en la garganta, su voz se convirtió en un delgado hilo – que ahora está muerto. También reconozco que nunca habíamos conversado antes, pero eso no importa. Como él te quería tanto ahora yo lo hare. ¿Podemos ser hermanas? ¿Amigas?
- Estoy un poco confundida en este momento – musite desviando mi mirada. Eso no era del todo mentira y además me empezaba a sentir mal por ella.
Si de verdad está hablando de mí, le romperá el corazón saber que nunca tuve sentimientos románticos por su hermano.
- Por favor. No te alejes de nosotros, a mi madre y a mí nos gustaría tenerte cerca – sonaba tan segura de sus palabras que por un momento creí que eran reales. No sé qué idiotez hicieron ahora mis padres. Me iban a escuchar.
-No me alejare
- Gracias. Te puedo confesar algo – pregunto mirando hacia Fran con duda
- Por supuesto, estamos en confianza – estoy segura que me iré al infierno
- Quería llegar a ver a mi hermano una vez más antes de que le sepultaran – su voz sonaba dolida y firme – no lo logre porque tenía que comunicarme con él antes. También merece saber lo que paso.
- ¿Quién es él? ¿Un pariente importante? – pregunte no siguiendo el hilo de sus palabras
- No, hablo de mi hermano Thomas – un momento, ¿hermano? – desde que se fue de casa, mi madre ha estado triste y ahora que perdió a Andrés creí que le haría bien tenerle cerca. Además de que Thomas le tiene un gran cariño a Andrés.
¿Los Morgan tenían otro hijo? Nunca escuche hablar de él, ni en los informes de Mia. Ni en las historias y conversaciones de mi madre. ¿Cómo era eso posible?
Pero, si existe otra persona que pueda heredar la corporación no necesariamente las acciones se desplazarían entre los votos de los socios. Mis pensamientos fluían con una velocidad que me tenían aturdida. Roxan dijo unas cuantas cosas más, no logre escuchar ninguna de ellas. ¡Tiempo! ¡Esperar! ¡Resistir! En cortas palabras tanto padre como mi abuelo me dieron a entender que tomarían todo el tiempo disponible y apoyarían a los Morgan – en exclusiva a Oscar, pese su estado precario de salud - ¿ellos sabían que existía alguien capaz de asumir el cargo? ¿Tiempo? Porque no saben dónde está. ¿Es eso?
Roxan cruzo su mano frente a mi rostro y la agito de un lado a otro sin parar. Su semblante era una marcara pura de preocupación y entendimiento. Salvo que la razón por la que ella piensa estoy así, no es la verdadera.
- ¿Te encuentras bien? Te quedaste paraliza durante varios segundos – parpadee un par de veces y la enfrente.
- Sé que esto no debería preguntarlo de esta manera, pero…
- Adelante puedes preguntarme lo que quieras – su voz sonó tan tranquila y esperanzada. Espero no equivocarme con esta pregunta.
- ¿Qué edad tiene tu hermano?
- ¿Hablas de Andrés o de Thomas? – pregunto con extrañeza en su mirada. Creí ver por un segundo una mueca de incertidumbre y pesar.
- De Thomas
- La misma que Andrés – respondió con obviedad, conservando esa expresión en su rostro.
Es como si una bomba hubiese explotado en mi cara. Como si te perdieras en la selva, y todos vean el camino de vuelta menos tú. Ya entiendo su expresión, solo un ciego no vería lo obvio en eso. Si decía que yo conocía a Andrés, debería por complemento también saber eso.
- Eran gemelos – zanje llevando una mano a mi boca.
- ¿No lo sabías? – indagó susurrando. Las últimas palabras que estábamos cruzando, las pronunciamos lo más bajo posible. Roxan a cada momento observaba al conductor y de vuelta a mí. Esta es una conversación que sin duda quiere que quede entre las dos, como un secreto de estado.
- No, yo creí que solo eran ustedes dos – técnicamente por la información que manejaba deducía que era así.
- A veces también pensaba que solo éramos Andrés y yo. Thomas abandono definitivamente la casa de nuestros padres cuando yo era muy pequeña. No tengo muchos recuerdos de él. De hecho…
- Disculpen señoritas hemos llegado.
La voz lejana de Fran llego hasta mí interrumpiendo en el proceso lo que Roxan estaba diciendo. Ella se calló de golpe y salió despacio del auto. Me quede un segundo procesando todo la información. Fran continuaba con la puerta abierta para mí. Salí con la vista gacha y con pesar me fije que el auto de mis padres se encontraba allí – seguían junto a los señores Morgan -.
Unas manos temblorosas se aferraron nuevamente a mi brazo y me obligaron a caminar. Roxan no me había terminado de contar acerca de Thomas, pero en la situación en la que se encontraba su familia no era capaz de preguntarle más al respecto. Ni siquiera por qué no pudo dar con él.
La casa de los Morgan llena de personas y con un ambiente tan tenso y empobrecido me producía una sensación amarga en el estómago. El orgullo y los negocios ero lo único que mantenían anclada las conversaciones detrás de las cortinas. Todo lo demás que decían bajo los reflectores o delante de la cortina era puro teatro. Para nadie era un secreto que las acciones de los Morgan en la Corporación Alveolo son las más valiosas. Por supuesto que ellos poseían el control de la Corporación en su totalidad, salvo que si nadie podía llevar el control, los socios de minoría debían seleccionar a alguien que fuese capaz y allí es donde recaía la mayor caza de todas: hacerse con la presidencia y el fallo de las acciones – técnicamente abandonadas de los Morgan -. La indiferencia con la que todos se replanteaban esas dudas en pleno duelo me estaba sacando de mis casillas. ¡Acaso no tenían educación alguna aunque sea para disimular sus verdaderas intenciones!
Ignore todas las miradas dirigidas a nosotras y afinque mi posición endureciendo mi mirada y las repuestas que les ofrecía a quien osaba acercarse a importunar. No realizaría un teatro barato frente a ellos, por mi podían pensar lo que les viniera en gana. Pretendía estar en la estancia solo el tiempo suficiente y luego retirarme discretamente, más Roxan me lo impidió. Jalo mi brazo sin disimulo y me condujo a los pisos superiores de la mansión. Subimos las escaleras y recorrimos largos pasillos hasta dar con los murmullos de una conversación lejana. Ella camino a paso decidido hasta allí y se adentró en una habitación grande, adornada con ventanales en los costados. Tanto sus padres como los míos se encontraban ahí: mi madre consolando a la suya y nuestros papás charlando en voz sumamente baja.
Alzaron la vista tan pronto nos vieron. La señora Denis se levantó apresurada y abrazo a su hija con una fuerza impresionante, me rodé a un costado y les di su espacio. Capture la mirada de mi madre y con gesto disimulado le pedí salir a conversar. Ella se levantó y se disculpó antes de abandonar la sala conmigo, nos dirigimos al jardín y quedamos frente a frente.
- ¿Planeabas decírmelo en algún momento que no fuera de camino al altar? – fui directo al punto, este tema me estaba asfixiando para andar con rodeos vanos.
- Te lo comento Roxan ¿cierto? – su voz tranquila y sus ademanes sofisticados no los quería tolerar ahora – me alegro que se hayan encontrado y que no la dejaras sola.
- ¿Estas evadiendo mi pregunta con halagos estúpidos? – escupí con rencor
- Cuida la forma en la que estás hablando señorita. Debes moderar tu lenguaje – inclusive tiene el descaro de ver hacia los lados preocupada me tiene sulfurada. ¿Preocupada de qué? ¿De que vean que hace lo que ella quiera sin tomar en cuenta las opiniones de los demás? ¡Por favor!
- Dímela la verdad madre. Dímela ahora – exigí dando vueltas en círculos frente a ella.
- Catalina detente, me estas mareando. Suficiente con los eventos de hoy ¿no te parece? Discutimos esto en otro momento linda – dio media vuelta lista para escapar de nuestra creciente conversación
- ¡Esta vez no! – exclame cruzándome en su camino – De la nada padre me deja a cargo de la editorial, lo acepte y le he dedicado tomo mi tiempo desde que me gradué solo porque ustedes así me lo pidieron. Después, me ocultaron descaradamente las acciones de la televisora; y estoy solucionando eso. Y ahora como si no fuese una novedad para mí – aunque si lo es - la hermana de Andrés me abraza diciéndome desconsolada que lamenta mucho lo que ocurrió con su hermano, que aunque no me case con él podemos igual ser hermanas. Que los infortunios de la vida son crueles y que su muerte fue tan inesperada como muestro repentino encuentro. ¿Creo, madre? Que merezco una explicación muy pausada de este asunto.
Ella se llevó las manos a la cintura y acomodo su cabello, tomando todo el tiempo del mundo en ello. No solo puede soltarlo y ya ¿es muy difícil?
- Tu padre y yo, junto con los Morgan pensamos que era una excelente idea fortalecer nuestros negocios con un enlace matrimonial. Ambos tenían una edad cercana, y como hijos de corporaciones importantes asumieron cargos en estas para capacitarse mejor en las áreas. Su desempeño ha sido el correcto y el de Andrés impecable. Por ende…
- Al integrarme la editorial querían que demostrara mi desempeño a otras personas. ¿Me evaluaron? – la interrumpí con los ojos tan abiertos como mis parpados me permitían
- No fue una evaluación, mejor velo como una preparación previa
- ¿Previa para qué? – pregunte desencajada
- Para asumir tu papal como la esposa de Andrés. El conocimiento no es suficiente si no manejas la práctica. Además que teníamos que convencer a muchas personas de que eran tan para cual, que eras el mejor apoyo para él. Eso ahora no tiene sentido, pero igual…
- ¿Padre estuvo todo este tiempo de acuerdo con eso?
- Por supuesto que sí. Él fue el que propuso la idea junto con Oscar. Denis y yo los apoyamos completamente.
- Y Andrés, ¿él también estuvo de acuerdo? Ni siquiera me conocía antes de que me presente en su oficina.
- Él también estuvo de acuerdo. De hecho se vio emocionado con la idea. Ahora no sé qué pensar de todo esto.
- ¿Si él no hubiese muerto? ¿Cuándo me lo ibas a decir?
- En la subasta – por supuesto en la subasta, por ese el empeño con los ridículos vestidos. Sus palabras eran; mentiras-excusas, mentiras-justificaciones y así sucesivamente. Me estoy empezando a cansar de todo esto.
Nos quedamos en silencio un par de minutos, busque donde sentarme para lograr respirar – sentía que cada vez me costaba más -. Mi madre se sentó a mi lado, me moví dejando una gran brecha en medio. No quería verla ni escucharla, quería que me dejara sola – deseaba decírselo – igual no lo hice, hacerlo solo aumentaría sus ganas de revolotear a mi alrededor y decir millones de palabras innecesarias.
Me sumí en un sentado de absoluto silencio y pensé, pensé y volví a pensar…
Había algo que me fastidiaba desde que me entere de su muerte. Tal vez mi madre pueda sacarme de mis dudas.
- ¿Cómo murió? – pregunte dejando mi mirada vagar por los jardines, en la gran línea de autos que ahora desfilaban para irse.
- ¿Por qué quieres saber? – debatió con voz cansada
- ¿Por qué no me lo quieres decir?
- Solo murió y eso es todo. No les demasiadas vueltas al asunto.
- ¿Es cierto que tiene un hermano gemelo? – no es que no le creyese a Roxan, solo quería cerciorarme de que era cierto.
- También te dijo eso – apenas logre escucharla. Su tono me hizo buscar su mirada, todos los años de conocerla me dieron a entender que era una cuestión complicada y que no decía tocar.
- Lo menciono de camino aquí
- Discutimos luego ¿está bien?
- Está bien – mi enojo se había disipado, más no borrado - ¿por qué me lo ocultaron? ¿Tan difícil era decírmelo?
- Hubieras abandonado la editorial y cruzado el caribe en un abrir y cerrar de ojos si lo hubieses sabido. Te conozco y sé que es así ¿lo negaras? – ahora me estaba recriminando mi forma de actuar.
- No lo niego
- Volvamos, debes ofrecer tus condolencias
Sin mediar palabra volvimos al salón donde ellos se encontraban, Roxan yacía recostada en un diván. Al final no dio más. Ablande mis expresiones por respeto a su dolor. Mis padres cruzaron miradas sospechosas y se reunieron a conversar con el señor Oscar. Denis por otro lado se acercó a mí, su gesto maternal me descoloco un poco. Lo ignore lo mejor que pude y me acerque a ella envolviéndola en un abrazo. Me estrecho con fuerza hundiendo sus manos en mi cabello, me dolía sentir como su pecho agitado subía y bajaba sin descanso.
Estuvimos un momento así, luego ella se separó y me miro con ojos tan apagados como el océano más profundo. Mi corazón furioso se ablando poco a poco con cada palabra que salía de su boca. Los grandes eventos no te muestran la verdadera forma de las personas, siempre he sentido que lo hacen sus palabras, el tono que emplean en ellas.
- Te he visto con anterioridad Catalina. Me rompe el corazón hablar por fin contigo bajo estas circunstancias – un sollozo se escapó de su pecho y lo ahogo en un pañuelo que no apartaba de su lado.
- Lamento mucho su perdida señora Denis. Le conocí era una maravillosa persona, imagino que también un gran hijo.
- El mejor. Ven siéntate conmigo. Debo agradecer que trajeras a mi Roxan a casa, la pobrecita se enteró estando muy lejos y no logro llegar a tiempo.
- La vi muy decaída ¿estará bien? – dije mirando de reojo a Roxan en el diván. Las mejillas llenas de lágrimas secas y rojas como una manzana me decían que le costaría superarlo.
- Espero que sí. Andrés la ha apoyado en su carrera constantemente, además de que la cuida como un padre. Debe sentir una gran pérdida.
- Lo siento mucho – no sabía que más decir. El pañuelo seguía en su rostro pegado a su mejilla, muy parecido al que tenía Roxan en el cementerio - ¡Es un hermoso pañuelo!
- Lo es. Fue un regalo de mi hijo. Uno antiguo – parecía estar ocurriendo en su mente una vieja película a blanco y n***o, al menos así es como yo me lo imagine.
Después de unos segundos en impermeable silencio madre volvió al lado de la señora Denis y yo espere pacientemente el momento oportuno para marcharme. Yo no podía darles el apoyo suficiente ni brindarles las palabras adecuadas, mejor era irme. Me despedí de ellos y volví a mi departamento, el día fue el peor que había tenido en años. No imagine lo mucho que me dolería las mentiras de mis padres, sus constantes secretos.
Miles de dudas me golpeaban por diversos costados ¿dónde hallaría sus respuestas? Quizás con mi abuelo, él sabía el día que saltamos que algo no andaba bien, su muerte fue inesperada para mí, más no para él. Y sé que me oculto mucha información.
Acostada en mi cama sentí de repente como un dolor agudo se instaló en mi cabeza, ésta me retumbo como unos tambores audaces en medio de una parranda. El pecho igual lo siento tan oprimido y doloroso, como nunca antes lo hubiera sentido. ¿Por qué mi cabeza parece a punto de estallar? ¡Necesito respirar! Me retorcí en la cama con un severo dolor agonizante, con mucho esfuerzo me levante y camine a la cocina. Las paredes se me vinieron encima, danzaron y se doblaron como una ligera cuerda sacudida por el viento. ¿Qué está mal?
Agarre el vaso con agua con una fuerza innecesaria y lo lleve a mis labios, el agua resbalo la mayoría por mi pecho y solo logre remojar un poco mis labios. Voltee de golpe al sentir una punzada aún mayor en mi cabeza, un escozor se instaló en mi brazo haciéndome perder el equilibrio. Logre sujetarme de la mesa y tambaleante me arroje al sofá. Con mis manos me sujete la cabeza, un calor abrazante me envolvió, di vueltas descontrolada hasta que ya no logre sentir nada. Solo una sensación brumosa antes de cerrar mis ojos.