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2579 Words
Andrés supo que nunca había sentido algo como lo que ahora estaba sintiendo. Tenía a su hermosa rubia de grandes ojos marrones entre sus brazos, pero era consciente de que el beso que trataba de disfrutar hubiese preferido dárselo a Natalia de Lima. Su novia era todo lo que cualquier muchacho de diez y ocho años pudiese desear: bella, inteligente, talentosa, simpática, y supremamente sencilla. Pero la manera como lo había hechizado la joven vocalista de Los Cirujanos estaba logrando que las mejores cualidades de Patricia no fueran suficientes para que su mente y sus deseos se alejaran de la figura de la muchacha que había conocido la noche anterior. Al levantarse esa mañana, lo primero que hizo fue pensar en ella, y solo el sentimiento de respeto y cariño que continuaba atándolo a Patricia, logró que pasara la mayor parte del día consolándola y dándole la seguridad y el acompañamiento que cualquier persona necesitaría después de sufrir una experiencia como la vivida durante la noche anterior. A primera hora del día, el apuesto cantante de Los Cuarenta la acompañó, junto con Arturo, director del grupo, Rodolfo, el siempre sonriente manager y empresario, y Mónica, la mejor amiga, a poner la denuncia en el departamento de policía de la ciudad, acto que no tomó demasiado tiempo. La muchacha se mostró un poco nerviosa, y solo las tranquilizadoras palabras del oficial que le tomó el testimonio lograron en ella un efecto relajante. Luego se dedicaron a recorrer los comercios cercanos al hotel y regresaron a sus habitaciones después de disfrutar de un exquisito almuerzo. –¿Crees que vas a poder hacerlo bien esta noche? –fue la pregunta que Andrés le hizo apenas se apartó de ella. –Supongo… Creo que ya estoy más tranquila… –Patricia se sentó sobre el cómodo cojín de una de las sillas metálicas que, bajo sicodélicos parasoles, adornaban los alrededores de la piscina del hotel. Andrés se quedó observándola mientras concluía que sería imposible para cualquier muchacha de diez y siete años superar lo atractiva que era su novia. Hacían parte de Los Cuarenta niñas muy lindas, algunas de las cuales habían llamado su atención en los tiempos en que aún no tenía nada con Patricia. La mayoría opinaba que Mónica, la novia de su amigo Esteban, era la más hermosa. Algunos otros se inclinaban por Adriana, quien cautivaba a más de uno con su llamativo cabello naranja. Luisa, la más tierna y dulce de todas, era la preferida de muchos, y finalmente Sandra, la hippisita, con quien había tenido el noviazgo más corto de la historia, (Leer Desconectada) si es que a algo que había durado veinticuatro horas se le podría llamar noviazgo, pero quien había preferido concentrarse en su gusto por las mujeres, también hacía parte de ese exclusivo ramillete. Silvia y Melissa, aunque venían unos metros más atrás en la carrera de los atractivos físicos, no podrían quejarse por la falta de admiradores, dado que las dos siempre habían llamado la atención de más de uno de los jóvenes músicos. Pero era Natalia de Lima la que ocupaba su mente desde la noche anterior, y quien también podría llegar a ocupar su corazón si la simpatía de la vocalista de Los Cirujanos no había sido algo pasajero. –Creo que ahora entiendo mucho más lo que le pasó a Moni… –aunque las palabras de Patricia iban dirigidas a su novio, su mirada estaba enfocada en la manera como jugaban un par de niños de no más de diez años en las aguas de la piscina. –Entiendo, pero creo que en el fondo no se puede comparar… –Yo sé que el hecho de que se aparezca severo lunático a tratar de besarte no se puede comparar con un secuestro, pero en todo caso, también se trata de una situación de riesgo extremo, y entonces es cuando te das cuenta de que eres vulnerable… –Todos somos vulnerables –Andrés sintió que era la hora de empezar a hablar de un tema diferente; en realidad se sentía cansado de llevar más de diez horas tratando el caso sucedido la noche anterior. –Lo sé, pero cuando haces parte de este mundo, cuando el dinero y la fama no faltan, cuando parece que todo es perfecto…, como que te olvidas de que las cosas pueden cambiar de un segundo a otro… Andrés, quien había permanecido de pie hasta ese momento, se sentó a su lado y le tomó la mano. –Nunca tienes nada seguro, por más que te esfuerces en ello… Las palabras de Andrés fueron interrumpidas por la aparición de alguien que le llamó la atención a su novia. –Mira, ¿esa no es Natalia de Lima, la cantante de Los Cirujanos? –dijo Patricia al fijarse en la escultural figura de una muchacha que, vistiendo un llamativo bikini amarillo, acababa de ingresar a la zona de la piscina. –Sí…, creo que es ella –el joven vocalista de Los Cuarenta estaba muy seguro de quien se trataba, pero no quiso hacer evidente el interés que la joven cantante le producía. –Faltan menos de dos horas para que abra nuestro concierto… ¿no se te hace raro que haya decidido ponerse a nadar a esta hora? –No sé…, supongo… De pronto le gusta relajarse así antes de sus presentaciones –dijo el joven vocalista sin apartar sus ojos de la atractiva muchacha, quien lentamente descendía los escalones de la piscina. –Tienes razón, pero tampoco es para que te quedes mirándola de esa manera –era evidente la molestia que se reflejó en el rostro de la linda rubia. –Tranquila, monita, nadie te puede igualar a ti, solo estaba pensando en lo que decías –Andrés le tomó la mano en una acción que buscaba reafirmar sus palabras. –Eso espero…, al menos que eso sea lo que tú pienses…, no me importa que a todos los demás les pueda fascinar esa pelada. Sus palabras se vieron interrumpidas por la llegada de Esteban y Mónica, quienes ya parecían llevar las ropas que iban a lucir para la presentación de esa noche. –Hola Moni, ¡te queda genial esa pinta! –dijo Patricia observando la falda ajustada de color blanco que le llegaba hasta unos centímetros arriba de los tobillos, acompañada de una blusa azul oscura que dejaba al descubierto sus brazos y sus hombros. –Gracias, ¿pero no creen que sea hora de que se vayan alistando? –dijo Mónica al observar los shorts de jean y la camiseta esqueleto crema que llevaba Patricia, y las bermudas beige con camiseta roja que vestía Andrés. –Moni, esta noche voy tal cual –respondió Andrés con una enorme sonrisa. –Como que le han servido estos dos años, me acuerdo de la camisa y el jean negros con que casi se cocina en el concierto de Cali –dijo Esteban en tono de broma. –¡Mi primer concierto! –recordó una emocionada Mónica. –Pero usted no es que se haya puesto el esmoquin –dijo Andrés observando los jeans verdes con camisa marrón de manga corta que llevaba Esteban. –Apenas para esta noche –dijo Esteban mientras su mirada se desplazó hacia Natalia de Lima, quien no paraba de nadar con el estilo que solo podría tener una nadadora olímpica. –Otro que queda embobado con esta… –dijo Patricia. –¿Cómo así? –preguntó Esteban volteándola a mirar. –No me digas que no te llama la atención… –¿De qué estás hablando? –preguntó Esteban con una confusa expresión en su rostro. –Pues que aquí, mi amigo –dijo Patricia señalando con un gesto de sus labios a Andrés–, no ha parado de mirar a Natalia de Lima, la de Los Cirujanos. –Qué pena, pero es que me llama la atención su forma de nadar –dijo Esteban. –¿Solo la forma de nadar? –preguntó Mónica arrugando levemente las comisuras de los labios. –Monina, lo único que veo es la mitad de un cuerpo salpicando resto de agua –dijo Esteban sacudiendo lentamente la cabeza. –Estoy molestando, nene, no me pongas cuidado. –Yo le decía a este hombre que está como tarde para que la cantante que va a hacer de telonera esta noche esté nadando a estas horas –dijo Patricia. –Creo que se necesita tener muy buen estado físico para hacer eso… Yo creo que no podría ponerme a nadar para después salir a cantar por cuarenta y cinco minutos sin descanso –las palabras de Mónica estaban lejos de cualquier tono que mostrara criticismo. –Creo que estamos mal acostumbrados, en Los Cuarenta no cantamos más de dos canciones seguidas –comentó Andrés mientras repartía su mirada entre sus tres acompañantes. –Claro, toca dar la oportunidad para que todos los cantantes se luzcan –Esteban pasó suavemente su brazo alrededor de los hombros de su Monina. –Bueno…, creo que por eso fue por lo que me quedé en este grupo –Mónica volteó a sonreírle a su novio. –Y porque aquí estamos todos tus amigos y la persona que más te quiere en el mundo –Esteban terminó su intervención con un pico en los labios de su Monina. –Hola, ¿cómo les va? –los cuatro amigos se voltearon sorprendidos, al ver a Natalia de Lima, con su bikini amarillo y una toalla del mismo color ajustada alrededor de su cintura, brindándoles una enorme sonrisa, la cual sumada a su cabello largo y castaño mojado y sus grandes ojos cafés, la hacía ver como la niña más hermosa del mundo. –Hola, ¿cómo vas? –Mónica fue la primera en reaccionar. –Hola –se limitó a decir un perturbado Andrés mientras que su novia solo le brindó una pequeña sonrisa a la recién llegada. –¿Tú eres la de Los Cirujanos? –Esteban no supo qué más decir. –Sí, la misma, Natalia, solo quería saludarlos, siempre los he admirado mucho –la simpatía y sencillez de la joven cantante eran evidentes. –Gracias, Natalia, precisamente estábamos diciendo que tienes mucha energía para ponerte a hacer piscinas cuando falta poco para que abras el concierto de esta noche –Mónica no se dejó intimidar por la simpatía y la belleza de la joven vocalista. –Me toca relajarme de alguna manera, no crean que estoy muy fresca con lo que me toca hacer esta noche… –¿Si ves, monita? Te dije que lo hacía para relajarse –la respuesta que tuvieron las palabras de Andrés fue la manera cómo Patricia se levantó, y se alejó unos pasos del grupo antes de decir: –Me voy a alistar, nos vemos en un rato. Todos siguieron con sus miradas los pasos acelerados que la rubia dio hasta desaparecer por la puerta que llevaba hacia el interior del hotel. –Parece que se molestó… –dijo Andrés arrugando los labios. –Oye, Natalia, ¿y cómo te sientes para esta noche? –preguntó Mónica en lo que pareció un intento por desviar la atención de los que quedaban. –Les mentiría si les digo que estoy tranquila, solo espero que los nervios no me traicionen –dijo la cantante mientras se mordía el labio inferior. Mónica recordó lo que había sido su primera presentación como cantante dos años atrás, en un lugar en el que había más de quince mil personas. Minutos antes de iniciar el concierto no sabía que le tocaría cantar, y Arturo, el director, se le había acercado a informarle que además de tocar el piano en unas pocas piezas, debería reemplazar a Luisa interpretando uno de los éxitos del momento, debido a que esta se encontraba mal de la garganta, producto de los cambios de clima. No había tenido escapatoria, tan solo llevaba una semana haciendo parte del grupo y, sin embargo, esa noche había interpretado lo que le habían pedido, de manera magistral. Era un lindo recuerdo, de aquella época en que todo había empezado, en que se había catapultado en cuestión de semanas hasta llegar a recibir propuestas por parte de managers y productores para grabar un álbum como solista, algo que después de meditarlo durante unos pocos días, había decidido rechazar. El estar al lado del grupo con el que había nacido como pianista y cantante, además de estar al lado de su adorado Esteban, la habían llevado a tomar esa decisión. (Leer Desconectada). –Alguien con tus capacidades no debería estar nerviosa –Andrés se sintió más tranquilo al saber que su novia ya no estaba presente. –No es algo de todos los días el presentarse ante más de cincuenta mil personas en el estadio de los Dodgers –Natalia, aunque aseguraba encontrarse nerviosa, actuaba con la tranquilidad de alguien que tuviese mucha confianza. –En eso tienes razón –intervino Esteban–, pero como dice Andrés, creo que gracias a lo bien que cantas, no vas a tener ningún problema. –Tú debes ser Esteban, ¿verdad? –Preguntó Natalia con sus grandes ojos enfocados en el rostro de Esteban–, y tú debes ser Mónica, la mejor pianista de este mundo –ahora su mirada estaba en los ojos azules de Mónica. –Correcto –respondió el baterista principal de Los Cuarenta, yo soy Esteban y ella es mi novia, Mónica… –A Andrés ya lo conocí anoche, pero bueno, me voy a cambiar si no quiero salir a cantar en vestido de baño… Los tres integrantes de Los Cuarenta se despidieron de Natalia de Lima, pero ninguno quiso pronunciar palabra hasta que la joven intérprete desapareció detrás de las puertas que llevaban al interior. –Como que se le puso bravita su mona… –fue el comentario de Esteban. –Me imagino que está celosa… –Andresillo, es que tú no parabas de mirar a Natalia, yo creo que a mí también me hubiera pasado lo mismo –Mónica nunca perdía su manera suave de decir las cosas. –Pero, Moni, no me digas que no es una vieja que llama mucho la atención… –No puedo decir que no, pero al menos tendrías que disimular delante de tu novia. –¿Por qué no va y se alista y después trata de desembarrarla con Patricia? –fue la sugerencia de Esteban, quien se había convertido en su mejor amigo y confidente dentro del grupo. –Será…, ahora nos vemos –alcanzó a decir Andrés antes de retirarse. –Menos mal no eres tú… –dijo Mónica mientras observaba al destacado cantante alejándose. –Yo ya estoy con la más linda de todas, no necesito mirar hacia otros lados –las palabras de Esteban precedieron al pico que le dio en los labios. Apenas sus labios se separaron Mónica, arrugando levemente los labios, dijo: –Nene, la verdad es que no me gustó para nada la manera como Andrés estaba mirando a Natalia De Lima, yo creo que eso va a ser para problemas. Esteban se encogió de hombros antes de decir: −No creo, por más que esa pelada sea chusca, Pati es mucho mejor, Andrés sería una bola si se pone a jugar con fuego. −Tú sabes que las mujeres tenemos un sexto sentido, y te digo que no me extrañaría para nada qué algo grave se de con ese par.
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