Pasaron cinco años desde que la pareja Guinot se había casado por segunda vez, en el altar de ensueño a la orilla de la playa. Elio se encontraba viendo los últimos detalles de la comida que tendrían por la tarde con motivo de celebrar que su empresa se había colocado ya dentro de las cien empresas más importantes a nivel mundial. Mientras trataba de darle instrucciones al mayordomo, vio como Marian de nuevo estaba intentando enterrar sus muñecas para que crecieran árboles de muñecos y pudiera jugar con ellos. — ¡Marian! —grito Elio— los árboles de muñecos no existen pero le podemos escribir a Santa Claus que te traiga nuevos juguetes en navidad. — Pero papá mi muñeca no tiene amigos con quien jugar —reprochaba la pequeña niña de apenas tres años de edad. Elio se llevó una mano a l
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