Enith se llevó ambas manos al rostro al ver a su amado caminando en dirección a ella con un elegante smoking. Las lágrimas de felicidad no dejaban de brotar por el rostro de Enith, rodando por sus mejillas como un trofeo de estar viviendo su vida al máximo. La vida le estaba sonriendo de la mejor manera posible. Había extrañado tanto a su esposo, que por un momento había pensado en el peor escenario posible. Elio llegó hasta ella. Lo primero que hizo fue verla a los ojos, no pudo evitar sentir una corriente eléctrica que la mirada de su esposa causaba en él. Enith le sonreía. Se derretía por dentro al saber que esa sonrisa y esas lágrimas de felicidad que su esposa tenía en el rostro, eran solo para él. El hombre no pudo evitar que los nervios le recorrieran el cuerpo causándole ligeros

