Estar consciente de lo que sucede, oír desde voces hasta el tic tac del reloj, sentir cada contacto de mi piel con cualquier objeto pero... No poder moverme, abrir los ojos ni gesticular palabra es algo que no le deseo ni a mi peor enemigo. Bueno... Sí se lo deseo... Pero ya está muerto. Mi mente se mantiene alerta reviviendo una y otra vez lo sucedido. Lo reproduce en cámara lenta llenándome de satisfacción, amargura y desasosiego. Yo lo maté. Yo y solamente yo obtuve la justicia que deseaba. Lamentablemente mi hija fue testigo de ello, lamentablemente por tomar la justicia en mis manos estoy acá sin poder siquiera alzar el dedo y manifestarle a todo el que entra que no me voy a morir, que estoy viva, que los escucho y que me duele que hablen de mí como si fuera una planta a pun

