—Estás tan linda, mi bebé —estira la mano y la ahueca en mi mejilla. Lleno mis pulmones de aire y toco sus nudillos, suaves y tibios. —Creí que nunca más volvería a verte —entorno la mirada y hacerlo me obliga a fruncir el ceño. ¿De veras estoy aquí? —Mi chiquita, ¿qué te pasa? La reparo con el entrecejo arrugado. —¿Esto es real o lo estoy soñando? Mi cerebro no puede estar fallando de semejante forma pero tampoco creo que esto efectivamente sea verdad. Nunca creí en estas cosas. Para mí han sido un invento cinematográfico y literario para conmover consumidores. Para mí es un desvarío. —Mi vida... Eres alma y espíritu —me miro los pies. Estoy descalza pero no siento frío ni calor—. Ya no eres un cuerpo ni un ser... Sólo eres luz. —Entonces... ¿Estoy muerta? Mamá, ta

