DAVID Bajo las escaleras y me topo con dos pares de ojos curiosos. Unos celestes como el océano y otros verdes como la esmeralda en bruto. —¡Woooo! —Charlotte me silba—. ¿Dónde está mi viejito? Llego a ellos y termino de ponerme la chamarra. Hace años no usaba una. Me hace sentir joven de nuevo. —El viejo se quedó arriba durmiendo. El baboso que se hace pendejo lo va a sustituir sólo por esta noche. —¡Ay, por Dios! —se ríe a carcajadas y codea a Jean—. Lo siento, estoy demasiado nerviosa. Hace rato me vengo riendo de cualquier tontería. Del bolsillo de mis tejanos saco un grueso faco de billetes. Lo cuento otra vez y lo guardo en el bolsillo secreto de mi campera de cuero. —Tranquila —concilio—. Todo va a estar bien. Confíen en mí. —Estamos confiando en ti —Jean se acerc

