Capítulo 16 – El destino esta de mi lado.
La camioneta se estaciona frente a una casa grande y de aspecto colonial, no esperaba que fuera grande, honestamente creí que sería pequeña. Obvio nada que ver con nuestra gran mansión, claro, sin embargo, era bonita, al bajarnos de los vehículos, las puertas de la entrada principal se abrieron dándole salida al Sr. Gerardo.
— Buenas noches, bienvenidos… adelante, están en su casa.
— Buenas noches… gracias – saludamos y luego ingresamos al interior.
Entramos al interior de la casa donde fuimos recibidos por tres mujeres mayores, una señora de la edad de mi madre que lucía sencilla y un poco tímida. La señora misma que estuvo en a la cena y al parecer tiene una hermana gemela, la cual se veía un poco más conservada que ella y sin duda más agradable, saludamos y luego nos sentamos en la sala, para ser una familia no adinerada como nosotros, vivían muy bien.
Nos levantamos de nuestros asientos cuando la tal Gabriela hizo acto de presencia, su padre la presento con nosotros, la saludamos y luego tomo asiento a lado de su madre. Era linda, no lo niego, a simple vista se podía apreciar su personalidad. Tímida, sencilla, discreta, recata… mojigata, tenía porte y elegancia al sentarse y hablar. Para ser más específicos, a leguas se notaba que la había educado muy bien, su forma de hablar con propiedad y respeto sin duda era lo que mi familia buscaba en una esposa perfecta.
Los anfitriones nos ofrecieron algo de tomar y algunos bocadillos mientras esperábamos el momento para pasar al comedor, no sé por qué al ver las bandejas con los bocadillos. Vino a mi mente aquella chica que conocí en la pastelería y a la cual esperaba ver hoy nunca apareció. No sé cómo explicarlo, pero su bella imagen y su exquisito aroma se mantenían en mis pensamientos y no podía sacarlos de ahí, era la primera vez que me pasaba algo así de loco.
— Kayden… cariño. — mi madre me saco de mis pensamientos.
— ¿Sí? – volteé a verla.
— Te han preguntado algo, presta atención, por favor. — respondió entrecerrando los ojos ante mi falta de interés. Voltee hacia la señora de la servidumbre.
— ¿Desea tomar algo?
Pedí una copa de vino al igual que mi madre y mi tía, mi padre un café. La madre de Gabriela le pido que la acompañara a la cocina, así que se levantaron juntas y luego se fueron, minutos más tarde regresaron con las bandejas. La chica nos entregó nuestras bebidas, se notaba un poco tensa, no dejaba de observar a su padre, y por no prestar atención en su camino. La chica tropezó torpemente con el borde de la mesa de centro, logrando que la copa de vino se vaciara en su vestido y en los bocadillos que había en la mesa.
— Oh, mi Dios, lo siento mucho, qué torpe soy. — se disculpó un poco avergonzada por su torpeza, su padre le dedicó una mirada asesina y ella solo inclino la cabeza en total sumisión.
Es así donde me di cuenta de que, aunque sería una ventaja tener una esposa así de obediente, esto no funcionaría por ningún lado, mi matrimonio con esa chica sería totalmente aburrida.
— Gabriela – su padre hablo en un tono un tanto frío que la hizo temblar. — puedes ser más cuidadosa, ve a cambiarte inmediatamente por favor, que la cena está por servirse. — su voz salió un poco raposa.
— Sí, papá… con su permiso.
— Amanda, llama a tu hija para limpiar este desastre, por favor. — ordeno.
— Ahora mismo Gerardo – era increíble como el hombre hablaba y ordenaba, todo se hacía como el señor lo deseaba. Su madre colocó una mano sobre su pierna para calmarlo, pues el hombre se alteró un poco por algo tan insignificante…
— Tranquilo, solo fue un accidente. — comenta mi padre al percibir la tensión en el hombre. — no pasa nada, a cualquiera le puede pasar – la señora Amanda se puso de pie y se paró cerca de la salida.
— Ava hija, ¿puedes venir por favor? – hablo su madre y al escuchar ese nombre me quede helado…
Tenía que ser una jodida broma, que la segunda hija de esta familia se llamase igual que mi hermoso bizcocho… era absurdo, - solo es una loca coincidencia, me dije a mí mismo.
— ¡Sí, mamá! —
Pero en el momento que escuche esa voz y percibí un aroma familiar, me quede helado… esa simple respuesta provocó que mi corazón se paralizara… era casi imposible que fuera ella…
Mierda me está volviendo loco.
Todo parecía una loca ilusión, hasta que de pronto una hermosa figura apareció frente a mí, casi provocándome un ataque al cardiaco y un colapso mental.
Sí, es… ¿Ella?
— Buenas noches… bienvenidos – saludo a todos educadamente con una hermosa sonrisa en el rostro, misma sonrisa que se desvaneció al verme frente a ella, abrió los ojos de par a par, sonreí extasiado ante su reacción. No era el único impactado con la inesperada revelación.
— Hija, puedes decirle a Dora que te ayude a limpiar esto y que traiga una copa nueva de vino, por favor. — hablo su madre, pero ella seguía en shock. — hija – parpadeo.
— Si mamá, enseguida – se dio la vuelta y se fue casi corriendo.
— ¿Quién es ella? – pregunto mi madre curiosa.
— Es mi hija menor… Ava. — respondió Gerardo.
— Es una chica muy bella – aduló mi tía – ¿Cuántos años tiene?, y, ¿Por qué no la llevaron a la cena? – pregunto curiosa.
— Por qué ella tiene 18 años aún y no consideramos que esté lista para el matrimonio. — respondió su abuela. — aún es joven, está por entrar a la universidad y con orgullo puedo decir que es una niña muy inteligente y talentosa como su hermana. — agrego con una sonrisa engreída.
— Pienso que para el matrimonio no hay un estándar de edad, todo se debe a las capacidades que tengamos como mujeres, yo me case con mi amado Kevin a los 18 y fui muy feliz a su lado el tiempo que duro. — comenta mi tía, con un poco de nostalgia a recordar a su difunto esposo.
Para el matrimonio no hay un estándar de edad, eso que ha dicho, me puso a reflexionar por un momento, y de la nada una sonrisa maliciosa apareció en mi rostro. Una loca idea cruzó por mi cabeza…
Si soy sincero conmigo mismo, no sabía por qué, pero la idea de que ella fuera mi esposa, se me clavo en la cabeza. Llámenme demente o masoquista por desear a esa preciosa muñequita de porcelana que obviamente me aborrece. Pero, sin duda, mi vida con ella será un reto, además, hay algo en ella que me llama, me encapricha, atrae como un imán y me obsesiona con tenerla a mis pies. Tal vez se deba a que anteriormente ninguna mujer, jamás, jamás, jamás, me ha rechazado y ella se atrevió a ser la primera.
Ninguna mujer antes me había rechazado como ella lo hizo, sin siquiera intentarlo, me juzgo antes de conocerme y no es que no tuviera razón, yo era un maldito egocéntrico, promiscuo, coqueto y mujeriego. Es por eso que en cuanto la vi entrar a la sala, mis ojos se clavaron en ella, esa era una señal…
El destino estaba de mi lado y no lo dejaría pasar…
La chica que se metió en mi cabeza como una hechicera, resulto ser la hija de esa familia que mi abuelo había elegido por alguna extraña razón para emparentar con nosotros. Y a la cual se le notaba por los poros la ambición y el interés de cerrar un compromiso, quien no quisiera formar parte de la familia Lynch y gozar de sus riquezas y beneficios. Sin duda, yo tenía que sacar provecho de la situación y salirme con la mía a como diera lugar. Así que me jugué una mis cartas a mi favor. Si los Lynch querían que me casara, entonces lo haría con quien yo quisiera, y Ava San Miguel era la mujer que yo quería como mi esposa.
Su hermana era una mujer bella, sea de cada quien tenía su propio brillo, a simple vista se nota que tenía muchas virtudes y seguramente será la esposa sumisa y perfecta que mi familia espera que tenga a mi lado, sin embargo, para mí no lo es. Aunque se trate de un matrimonio de papel, al menos quisiera que hubiera algo de entretenimiento en mi relación y sé que esa niña no será fácil de domar, me hará vivir un dulce infierno… al que le digo bienvenido sea. Mientras los demás estaban entretenidos con la cena, me acerqué a mi madre para susurrarle al oído.
— Me casaré como lo desean madre – ella sonrió satisfecha mientras se llevaba un bocado a la boca.
— Sabía que te gustaría, la chica es muy…
— No, no, no – la interrumpo y ella me miro con el ceño fruncido. — me quiero casar, pero con la menor de las hermanas, San Miguel. — mi madre abrí los ojos como platos, me veía como si me hubieran salido dos cabezas.
— ¿Acaso te volviste loco?, hemos venido por Gabriela, como vamos a salir con algo así — respondió en voz baja tratando de no ser oída por nadie.
— Llámale amor a primera vista… pero me he enamorado de la bella Ava a penas la vi y si quieren que su hijo sea feliz y se case sin ningún problema. — pongo cara de cochorro a medio morir – arregla esto por favor.
— Kayden, no puedes hacerme esto – susurró molesta. — de ninguna manera lo haré.
— La quiero a ella o me niego a casarme. — sentencie enderezando mi postura, sé que la he puesto en una mala posición, pero ellos no me dejan opción.
Mi madre se nota un tanto incómoda y avergonzada, se acerca a mi padre y a mi tía para compartirles mi decisión y ellos me miran mal, al igual que el padre de las chicas que ha notado algo raro. Pero me importa muy poco, solo sonrió divertido por lo que estaba por venir, le doy un sorbo a mi vaso mientras espero la hora de celebrar mi travesura.
— ¿Pasa algo? – preguntó Gerardo.
— Gerardo me permite unas palabras a solas, antes de proseguir, por favor – comenta mi padre.
— Claro, terminemos la cena y luego pasemos al estudio.