Capítulo 14 – El primer encuentro (parte 2)

2856 Words
Capítulo 14 – El primer encuentro (parte 2) Kayden En cuando mi madre me notifica que la tía Ivana ya ha elegido a la posible candidata, mi humor se vuelve insoportable, porque debemos partir de inmediato para comenzar con esta absurda elección de esposa y la boda por lo civil. Se acordó que me casaría por lo civil allá y tres después nos casaríamos por la iglesia en Palm Beach, ya que el abuelo espera hacer una gran fiesta en mi honor. Durante todo el viaje ignoré a mis padres, no quería saber nada de esto hasta llegar, por si fuera poco, Montserrat me hizo un drama antes de venir. Se quedó llorando y no para de llamar y enviar mensajes, diciendo que me extraña y cosas de esas, sabiendo que me irrita. En cuanto aterrizamos y bajamos del avión ya nos están esperando las camionetas que nos llevaran al hotel donde nos ha reservado la tía Ivanna. Al llegar, nos dan las llaves, la recepcionista coquetea conmigo, pero mi madre me da un pellizco y me pide que me controle. Subo a mi habitación seguida de Eros, pedimos servicio al cuarto y minutos más tardes tocan a la puerta, Eros abre y le da acceso a mi padre, le pide que nos deje solos y luego se sienta en la mini sala. — ¿Qué pasa papá?, no me digas que la operación esposa perfecta se cancela, porque te juro que me pongo a llorar. — bromeo y él blanquea los ojos. — Madura por favor. — Si lo hago dejaría de ser yo. — Eso no es del todo cierto, uno no tiene por qué cambiar en su totalidad, la madurez no significa cambiar, sino ser un poco más consciente de tus actos. Aún puedes seguir siento tú, pero un poco más responsable y consciente. — Si claro… ya dime, ¿a qué has venido? — Hijo, no he hablado contigo de esta situación abiertamente y aunque no lo creas me preocupa. — Ok, allí viene el sermón. — sé cómo te siente, sé que esto es mucha presión para ti. Pero, aunque y aunque no lo creas, te entiendo, porque yo también pase por esto con tu madre, pero al final logramos llevarnos bien, hicimos un buen equipo y construimos una hermosa familia. — Tú lo has dicho, es mucha presión… papá, jamás en mi vida he imaginado ser como ustedes, nunca me he visualizado a mí mismo como esposo o padre. — declaro frustrado – no quiero esto, no sé si pueda. — Hijo, dale una oportunidad a esto… a tu esposa, ni siquiera la conoces. — Precisamente porque no la conozco, es que me reusó. — Kayden solo dale una oportunidad a la mujer que eligió tu tía, intenta entablar una relación de amigos con ella y tal vez con el tiempo logren ser un matrimonio sólido. — Y si nunca llego a amarla. — No digas nunca antes de intentarlo hijo… — Mis hermanos al menos tuvieron tiempo de conocer a sus parejas, Karin tuvo suerte porque Orlando se enamoró de ella al conocerse… y Kendall conoció a Casandra en la universidad, tuvo mucho tiempo para enamorarse de ella. — expreso mi molestia. — a mí me toca solo aceptar y ya, ni siquiera la voy a escoger yo, y si tía escogió a una mujer fea y de esas dramáticas. — papá no puede evitar la carcajada. — Hijo, tu tía sabe lo que te conviene y tiene buen gusto, te lo puedo asegurar. — Papá, puedo hacerte una pregunta. — Adelante. — ¿Alguna vez deseaste que tu vida fuera diferente? – mi pregunta lo descoloca un poco, lo noto en su cambio de semblante – si no te hubieras casado con mi madre y hubieras tenido la oportunidad de elegir a alguien más, ¿crees que tu vida sería distinta? – sonríe sin ganas y eso es un sí. — Kayden, acepte la vida que me toco y no hay machar atrás… con el pasar de los años te acostumbras y las cosas se vuelven mejor. — eso solo me dice que efectivamente deseo otra vida y eso es lo que yo no quiero. En el fondo, muy en el fondo, creo en el amor, es solo que no le he encontrado, con Montserrat creí que lo era, pero con el pasar de los años, me di cuenta de que no es amor de verdad o al menos no uno para toda la vida. Sin embargo, no imagino mi vida sin ella, con el tiempo ambos hemos originado una co- dependencia que a la larga puede ser perjudicial para los dos. — Solo inténtalo, hijo, no pierdes nada, ya estás en el barco y no tienes escapatoria, a menos que quieras vivir como pobre… — ¿Puedo al menos salir a conocer un poco del lugar? — Sí, pero recuerda que debes estar aquí antes de las 7, la cena con Gerardo San miguel es a las 8 y no me gusta la impuntualidad. — informa, ya que se acordó hablar con el señor sobre los beneficios que se le darán al aceptar el matrimonio. — Lo prometo. Al marcharse de inmediato me doy un baño y me pongo algo más fresco para salir, pues está haciendo mucho calor en el sitio, es verano. Llamo a Eros y le pido que prepare el auto que destinaron para nosotros. Minutos más tarde, recorremos las calles de la ciudad, es un lugar muy bello que tiene historia sin duda. El abuelo muchas veces nos contó sobre este sitio, sobre su infancia y lo feliz que fue aquí. Padezco de una condición de baja de azúcar en sangre o mejor conocida como hipoglucemia, tengo que mantener mis niveles de azúcar o de lo contrario presento desmayos o mareos por la descompensación. Le pido a Eros que busque algún establecimiento para comprar algo dulce, busca en el GPS y encuentra una pastelería local muy recomendada, le pido que me lleve. Páramos en un semáforo, vemos pasar a la gente frente a nosotros mientras esperamos nuestro turno para continuar, de pronto me quedo ido al ver a un hermoso ángel pasar frente a nosotros. — Vaya, sí que hay mujeres realmente bellas en este lugar. — comento y Eros ríe. — En todos lados hay mujeres hermosas, mi hermano, es cuestión de saber dónde buscarlas. — responde divertido. Mientras continuo con mi vista en ella, sonrió al ver que la ventisca eleva su cabello y revolotea su vestido discreto, pero lindo de eso que dejan todo a la imaginación de hombres sátiros como yo. Que al ver a una chica linda la desnudan con la mirada y se la follan con la imaginación. Ella ríe divertida y sonriendo, es aún más bella. La veo perderse entre la gente, Eros continua el camino hasta llegar a la pastelería que le indico el dispositivo, bajo mientras él recibe una llamada, al entrar al local un aroma exquisito y nuevo para mí me golpea con todo. Salgo de mi nube para encontrarme a una chica inclinada recogiendo un reguero de fresas del suelo. — Disculpe. Voltea verme y me quedo maravillado al ver que se trata de la chica que acabo de ver en la calle, me quito las gafas de sol que traía puestas para apreciarla mejor y me quedo hipnotizado al cruzarme con sus hermosos ojos azul claro. Sonrió coqueto, pero parece molestarle, me ignora y vuelve a lo suyo. — Esto debe ser una broma – digo al darme cuenta de que me ignora a propósito. — Hey… muñeca, te estoy hablado, ¿acaso eres sorda? – pregunto divertido, porque nunca me había topado con una chica así… — ¡No!, no soy sorda y por favor, no me llame muñeca, no sea igualado. — responde poniéndose de pie, intento ayudarla. — no me toque por favor, puedo sola. — levanto las manos en señal de rendición, pero de nuevo su exquisito aroma me golpea y me vuele loco, huele a frutas dulces — Pero, qué groseras son las chicas de por aquí, es que no saben ser amables y hospitalarias. — Digamos que la amabilidad y la hospitalidad, solo aplica con la gente educada. — responde a la defensiva y eso me divierte aún más. — ¿qué desea? — Un delicioso y dulce bizcocho como tú – revele mi pensamiento en voz alta y ella me voltea a ver con una mirada fulminante y si su sonrisa la hace ver angelical, verla molesta es jodidamente excitante. — ¿Perdón?, me estás madreando… — Te perdono – respondo divertido, rueda los ojos y no puedo evitar sonreír divertido ante su reacción – y yo jamás te dañaría, solo te hacía sentir en el paraíso. — ¿Acaso quieres morir?, tonto, engreído, pero, ¿qué te pasa? — No te enojes, solo estoy bromeando, y no entiendo a lo que te refieres con esa palabra… Qué quieres decir con, si te estoy ¿madreando? – resopla. — Olvídalo. — se voltea cruzándose de brazos. — ¿Trabajas aquí? – insisto – me puedes indicar cuáles son los biscochos más ricos que venden aquí. — ¿Bizcochos? – pregunta con el ceño fruncido. — Bueno, pasteles o dulces. — Ves aquel estante lleno de panes – señala – pues ve, observa y elige lo que se te antoje, todo en este lugar es muy rico. — responde un poco golpeado, se nota que es de carácter fuerte, no es fácil de roer… pero tampoco imposible… me encanta. — Es que, acaso, todas las trabajadoras en este lugar son así de groseras, ¿cómo tú? – suelta un suspiro, se está contenido las ganas de responderme alguna majadería y no sé por qué, pero me divierte. — no soy de aquí y tu actitud para atender a tus clientes deja mucho que decir. — ¿grosera? – resopla irritada. — Mira, para empezar, el que me ha faltado al respeto eres tú y para terminar yo no… — Ava – la voz de una mujer adulta acompañada de otra chica joven la interrumpe. — ¡Oh querida!, pero, que gusto verte por aquí. — ella sonríe y se acerca a ella para saludarla. — Hola señora Hilda, ¿cómo está? – ellas comenzaron a conversar ignorando mi presencia. — Bien linda, trabajando duro como siempre… pero mírate nada más, cada día te pones más bella – halaga y concuerdo. *** — Disculpe – la otra chica llama mi atención. — ¿Puedo ayudarle en algo? — Eh, yo… si… quiero que me dé de sus mejores pasteles, bizcochos o dulces o como los conozcan por aquí, por favor. — respondo sin apartar la mirada de la chica a la cual llamaron Ava, quien solo me mira de reojo y eso me divierte. — Claro, pase por acá, por favor… déjeme mostrarle cuáles son la especialidad de la casa. La sigo hasta el estante que anteriormente mi némesis me había indicado… efectivamente hay una gran variedad de dulces que se ven ricos, pero no tanto como la belleza que me tiene bobo y me quisiera devorar completa. Elijo algunos bocadillos dulces, la chica los coloca en una bandeja y luego se los lleva para empacarlos en una caja de cartón, regreso al mostrador para pagar, sin perderme ningún detalle de la bella Ava. Escaneo todo su ser de pies a cabeza y juro que esa niña parece una bruja que hechiza a cualquiera con su singular belleza. Es delgada, de cuerpo bien distribuido para mi deleite, piel clara, cabello claro y largo, perfil de muñeca, boca pequeña con labios levemente carnosos y rosados, que me provocan probarlos. Pero sin duda lo que más me encanta de ella son sus bellos ojos cautivadores. — Y dime nena, ¿qué te trae por aquí? — Bueno, mi abuela me ha mandado a realizar un pedido… quiere algunos bocadillos para mañana. — dice y la señora se aleja para tomar papel y pluma. — En ese caso dime, que desea mi querida Teresa. La chica le dicta el pedido, al cual no le presto mucha atención, pues su voz me tiene hipnotizado en ella, es raro que una chica me tenga así de interesado. Tanto que me pierdo en la manera en la que mueve los labios al hablar, mojo mis labios, porque sin duda se me antoja besarla y devorarle la boca. Seguramente deben ser los labios más dulces del universo entero. — ¿Eso sería todo? – ella asiente con una sonrisa que la hace ver aún más bella. — en ese caso mañana a las cuatro de la tarde puedes venir por ellos para que estén recién salidos del horno. — Perfecto… entonces nos vemos mañana… con permiso. — se despide y antes de salir se dirige a la chica que me está atendiendo. — Emi, mañana platicamos, debo irme se me hace tarde. — Claro que sí, no hay problema… que te vaya bien, saluda a tu mami y a Gaby de mi parte. — asiente y antes de salir me dedica una última mirada mordaz que me encanta aún más y me hace sonreír como tonto. El carraspeo de la otra chica me saca de mi ensoñación. — Perdón, ¿me decías algo? – me disculpo con la chica que ignoré, ella solo sonríe sin decir nada. No sé por qué lo hice, pero dejé a la chica con la palabra en la boca y fui detrás de la bella Ava, ella caminaba muy rápido, así que corrí lo más rápido que pude. Cuando logre alcanzarla, sujete su mano para detenerla. Ella volteó de inmediato y nuestros ojos volvieron a encontrarse. — ¿Se te perdió algo? – preguntó molesta apartando su mano de la mía. — Sí… dime que necesito para que me concedas una cita, me gustaría que una preciosura como tú me mostrara las maravillas de este lugar. — No me interesa… tal vez si buscas por ahí encuentres a alguien que caía bajos tus estúpidos juegos, porque conmigo pierdes tu tiempo. — Pero porque tan brava, si lo quiero invitarte a tomar algo para conversar, y que después puedas mostrarme un poco de esta bella ciudad. — No te conozco y… — Eso es fácil, mi nombre es Ka… — No me interesa – me interrumpe antes de terminar. — Creo que no me has entendido bien – sonrió con arrogancia – así que seré más directa, me desagradan los tipos como tú. — ¿Cómo yo? — Sí, egocéntricos, pervertidos, engreídos y – me mira de arriba abajo – mujeriegos… puede que estés acostumbrado a que todas las chicas que se atraviesan en tu camino caigan rendidas a tus pies… pero, a mí me interesas. — Ni siquiera me conoces… — Y tampoco lo necesito ni quiero hacerlo… además, te aseguro que no soy tu tipo, así que no me vuelvas a molestarme o haré que te arrepientas. — declara antes de irse casi corriendo sin voltear atrás, dejándome con las ganas de seguirla e insistir, no sé por qué, pero esa mujer me ha encaprichado sin conocerla. Regreso a la pastelería donde me vuelvo a disculpar con la chica por la grosería, ella solo ríe divertida y es obvio el porqué. — ¿Cuánto te debo? — Serían 150 pesos mexicanos, por favor. — sonrió. — Tanto se me nota que no soy de aquí. — Mucho… aunque no es una ciudad pequeña, tu apariencia y tu acento no son típicos de aquí… hay muchos, fresas o presumidos que actúan como si el mundo nos los mereciera, pero tú actúas natural. — sonrió mientras saco un billete de los que canjee antes de salir del hotel, pues supuse que los dólares no son muy usuales aquí, pago y le entrego un billete grande, la chica cobra. — además, no comprendes a la primera cuando una mujer te grita en silencio que no le interesas. — No sé si es un halago, pero no todos los “fresas o presumidos”, somos tan malos. — ella ríe, soy un tanto carismático con las chicas. — yo en lo particular no estoy acostumbrado a que me digan no. — Ja, ja, ja, se nota… aquí tienes – tomo el cambio y le dejo propina en un recipiente que tiene en el mostrador. — gracias por su compra, regrese pronto. — Ten por seguro que lo haré – respondo sonriente y ella me regresa el gesto negando. — No molestes a Ava – advierte – eres guapo y supongo que cada que le coqueteas a una chica cae rendida a tus pies, si yo no tuviera los mismos gustos que tú también habrías caído con esa sonrisa de casanova que tienes. — abro los ojos como platos y ella ríe a carcajadas antes mi reacción. — pero, ella no es como las demás chicas, ella es especial, y meterte con ella te saldrá caro. — Ya lo veremos… de nuevo gracias, linda. — sonríe negando mientras salgo del establecimiento.
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