Kayden
Después de comunicarnos con sinceridad nos dejamos envolver nuevamente por las llamas del deseo y entregándonos al placer, bajé la parte superior de su ropa hasta su cintura en medio de los besos y las caricias. Me deshice de su sostén lanzándolo lejos de mi vista, miré sus bellas y… Dios, tan hermosas nenas de pezones pequeños y rosas, eran perfectas, como si estuvieran diseñadas solo para mi deleite morboso. Digo, nunca fui fan de los senos grandes y los de mi esposa no eran ni muy, muy ni tan, tan, solo tenían la medida exacta para mis manos y mi boca.
Pasee mi lengua por todos lados conquistando y marcando su territorio, cuello, sus hombros, sus labios y sus pechos, mis manos se deslizaron pros sus cotados hasta su redondito trasero, apreté con fuerza impulsando mi cadera hacia arriba. La fricción de su sexo contra mi erección era enigmática y excitante. Ava gemía y se retorcía bajo mi estimulación, las había magreado antes, pero poder saborearlas es la maldita gloria.
Me entretuve un tiempo con una y luego me pase a la otra, era tan adictivo tenerlas en mi boca, cuando sentí que debía avanzar las liberé. La tumbé de nuevo sobre el sofá y comencé a descender hacia su dorso. Bese, lamí y mordí sus costados, baje hasta su vientre y ahí me detuve, para despojarla del resto de su ropa, deslice su ropa sobre sus piernas dejando sus pequeñas bragas de encaje rosa.
Repartí besos sobre sus piernas mientras las iba abriendo lentamente para mí, me detuve un momento para deshacerme de mi ropa, luego regrese a mi misión, besando las paredes internas de sus piernas hasta llegar de nuevo a su zona íntima aún cubierta. Estimule su v***a sobre la tela haciéndola gemir y arquear su espalda, lentamente aparte la tela y deslice mi dedo en su ya húmeda entrada, delinee hasta llegar a su sensible botón y la sentí temblar. La estimulé un momento antes de quitar sus bragas, por instinto cerró las piernas, reí.
— Abre – negó – vamos nena, no tengas pena, ya hemos hecho esto. — sus mejillas estaban rojas de la vergüenza. — amor no tienes por qué ser tímida, pues seré siempre el único que tenga este privilegio… muéstrame lo que es mío.
Lentamente, abrió las piernas y quede fascinado con el rosa de tu intimidad, era carne fresca, delicada y deliciosa, solo para mí, me sentí el jodido dueño del puto mundo… me había saco la lotería con esa mujer tan bella y sensual.
— ¡Joder!, no te imaginas todo lo que haré contigo esta noche muñeca… me voy a devorar tu cuerpo hasta saciarte y espero que lo disfrutes conmigo.
— Eres un tonto Kayden. — dijo sin mirarme por la vergüenza.
— Un tonto que te hará gritar de placer muñeca.
Dije antes de meterme entre sus piernas y pasear mi lengua desde la hendidura de su aro prohibido, por ahora, hasta su pequeño y delicioso clítoris que la hizo temblar. Me encargué de agitarla a un más, en un acto desesperado por alejarse antes las nuevas sensaciones que le provocaba mi boca, sujeté sus piernas con fuerza, mi lengua se adueñó de su zona y saboreo todo a su paso como si fuera un dulce. Ava gemía, jadea y se removía, tiro de mi cabello de la desesperación cuando sintió que se correría en mi boca.
— Kayden… para… para, por favor – gimoteo, temblorosa, pero no me iba a detener, era mi momento y lo iba a aprovechar al máximo.
— No puedo parar mi amor, eres tan deliciosa.
— Ahh… Kayden… por favor – gritó antes de liberarse con fuerza levantando la pelvis mientras sus piernas temblaban por el orgasmo y no me despegue hasta tomarlo todo.
Abandoné su bella flor para subir de nuevo hasta la altura de su rostro, tenía los ojos cerrados y la boca entre abierta boqueando en busca de aire. Me tomé el tiempo para observarla mientras recuperaba el aliento, su cuerpo sudado, cara roja y su pecho subía y bajaba rápidamente, ver así era todo un poema para mí, la imagen perfecta de una mujer satisfecha. Lentamente, me acerqué a ella, bese cuello hasta llegar a su oído. — ¿lista para seguir mi ángel? – susurré antes de chupar el lóbulo de su oreja y morder su hombro. Un gemido tierno fue mi señal, así que me acomode entre sus piernas acomodando mi m*****o en su entrada mientras devoraba sus pechos con devoción.
— ¿Te gusta muñeca?, ¿te gusta cómo te hago el amor? – pregunte levantando mi rostro para mirar esos bellos ojos que brillaban de deseo. Mi erección se deslizaba entre sus pliegues sin entrar, su cuerpo estaba ansioso por sentirme, la excitaba que hiciera eso y yo lo disfrutaba porque estaba completamente mojada para mí. — ¿no me respondes muñeca?
— Yo… ahh – gritó cuando entre de un solo empujó en su interior.
No le di tiempo de quejarse o responder comenzando a moverme con frenesí, era jodidamente estrecha y eso me estaba matando. Me moví saboreando su tierna piel, disfrutando de los bellos sonidos que salían de su boca, de sus caricias y sobre todo de su entrega a mí, así la quería siempre relajada y consumida por mi placer.
De pronto sentí su cuerpo al borde del éxtasis, así que me detuve y ella protestó, pero quería que explorara más, entonces opté por invertir las posiciones, colocándola sobre mí, dándolo el control. Se acomodó arriba y se quedó quieta al no saber que hacer, lo cual me pareció tierno, su inocencia era mi viagra, con mis manos en su cadera le mostré el ritmo de sus movimientos y vaya que aprende rápido. Porque lo hacía demasiado bien y delicioso, parecía una divina diosa montándome como nunca, se balanceaba y saltaba sobre mí, produciendo un vaivén alucinante, exquisito y obsceno.
La miré por un momento, la imagen era más que perfecta, era una jodida obra de arte, estaba sonrojada, sudada y sumida en el placer, sus pechos saltaban incitándome a meterlos en mi boca.
— Para ser una novata en esto aprendes muy rápido muñeca — dije entre jadeos.
— Será porque tengo un buen, ¿maestro? — respondió juguetona sin detenerse.
— Oh... me vuelves loco Ava... mí Ava.
Hábilmente, me senté para tener mejor acceso a su cuerpo, tome sus caderas y aceleré el ritmo, mientras le devoraba las tetas, su pura imagen y finos gemidos me llevaron al borde del clímax. Entonces apreté su cuerpo contra el mío tomándola de la espalda con fuerza para embestir profundo y sin más me corrí dentro de ella arrastrándola conmigo en un fuerte gritó de placer. Me sentí un puto Dios, al sentir como su cuerpo temblaba y se desvanecía entre mis brazos.
— Te amo, muñeca, eres lo mejor que me ha pasado jamás olvides eso. — dije entre jadeos, ella levantó su cabeza solo para besarme.
— Kayden... eres increíble — dijo jadeando, sonreí porque no me espere esas palabras — también te amo. – sonreí como un tonto y la bese de nuevo.
Lentamente, la ayudé a bajar de mi cuerpo y luego nos acomodamos en el sofá totalmente agotado, sudados y satisfechos después de la intensa entrega. Ava se recostó sobre mi pecho mientras ambos recuperábamos el aliento y la energía gastada, minutos más tarde la sentí relajada, la mire y supe que se había quedado dormida.
Es nueva en esto y no espero que me siga el ritmo, solo quiero que disfrute de lo que la hago sentir, estar con Ava, era algo tan mágico e increíble que no tenía comparación con nada. Jamás me había sentido tan lleno, completo y profundamente enamorado, a su lado sentí por primera vez que estaba en el lugar que debía estar… Ava San Miguel, es mi hogar. Por eso debo ponerle límites a la loca de Montserrat, y la única manera es hablar con su hermano para que la detenga porque si lo hago yo, me temo que no terminara nada bien... se está metiendo con quien no debe, cuando el único que le ha hecho daño he sido yo.