Capítulo 9 – Ella no es adecuada.

2832 Words
Capítulo 9 – Ella no es adecuada. Kayden — Mamá… Montserrat y yo tenemos una relación de años, además, le prometí que algún día me casaría, cuidaría y tendía hijos con ella. — me mira con asombro como si estuviera analizando mis palabras. — teníamos una visión futura juntos y ahora, ¿Qué le diré?, es que, ¿acaso nadie piensa en lo que sentimientos de los demás? No sé por qué dije eso cuando claramente supuse que nunca iba a cumplir con esa promesa, la hicimos cuando estábamos muy jóvenes y supuse que en algún momento de nuestras vidas, cuando cada uno tuviera su propia vida, lo olvidaríamos. Pero, sin duda, me estoy hundiendo en un barco que va derechito hacia un inmenso iceberg y que pronto se hundirá por mis estupideces. Si lo analizo por un momento tal vez casarme con Montserrat no es tan malo, después de todo ambos nos conocemos bien y al menos mi vida con ella puede seguir igual. — Dime una cosa Kayden – al fin rompe el silencio. — ¿Qué cosa? — ¿De verdad la amas?, como para ir en contra de tu abuelo, ¿por ella? — su pregunta da en el calvo y me quedo callado reflexionando por un momento y supongo que he demorado mucho, me siento un poco confundido, debería decir sí, es lo que más me conviene. Pero me quedo pensando y no sé realmente qué decir. — hijo, yo que la conozco desde hace tiempo, sé que ella está loca por ti y que haría cualquier cosa que le pidieras sin protestar. Sé qué llevan una relación muy abierta en la cual te deja ser como quieres ser, pero ¿y tú?, ¿sientes lo mismo que ella?, ¿estás dispuesto a darlo todo por ella? — La verdad es que – la miro a los ojos – no lo sé mamá… la quiero mucho, hemos vivido, experimentado y descubierto muchas cosas juntos como amigos y amantes… supongo que en este tipo de relación ella sería mi salvavidas. — mamá jadea con dramatismo y se coloca la mano en el pecho en señal de decepción. — Esa no es la respuesta que quiero escuchar, es horrible que pienses de esa manera. — me recargo sobre el respaldo del sofá llevando mi cabeza al mismo y cierro mis ojos para analizar mi respuesta, pero la verdad no sé qué responder. — Kayden yo no te eduque para que vieras a las personas como salvavidas, como tú lo has dicho… qué injusto eres con ella. Además, si me lo preguntas, te puedo decir que su relación solo se basa en la costumbre por los años que llevan juntos y no por amor. Como dices es más por todo lo que han vivido juntos que se siente a gusto juntos, pero eso no es amor de verdad y a la larga ambos pueden terminar mal. La quieres, pero no la amas, date cuenta, le tienes cariño y sin duda todo lo vivido entre ustedes dejará una marca y bellos recuerdos. — abro los ojos porque sin duda tiene razón, ella me conoce mejor que nadie. — si la amaras de verdad, ni siquiera lo dudarías, irías frente a tu abuelo y le dirías que te casaras con ella… — ¿Qué quieres que te diga mamá?, me tienen entre la espada y la pared… al menos si me caso con ella, que ya me conoce a la perfección mi vida de casado. — hago comillas con los dedos. — pueda ser más tolerable, así mato dos pájaros de un tiro y todos estamos contentos. Además, dime, ¿serviría de algo hacerle frente y decírselo al abuelo? – la miro a los ojos y no responde porque ambos sabemos la repuesta. — ¡No!, ambos sabemos, no serviría de nada porque cuando ese señor que controla nuestras vidas como si fuéramos sus marionetas, toma una decisión. Nadie puede hacerlo cambiar de opinión. Montserrat es como es, por eso me gusta y me siento a gusto con ella… — Kayden, eso no es amor, su relación está basada en la codependencia que siente el uno por el otro, en mi opinión solo están juntos por costumbre… Dios, llevan años estancados en lo mismo y no avanzan. De lo contrario ya te habrías comprometido con ella. Touché, madre… justo en la yugular… — Eso no es verdad – soy obstinado y me niego a darle la razón. —no es que no quisiera casarme con Monse, ella es alguien muy especial en mi vida, es solo que sinceramente, en mis planes de vida, el matrimonio, nunca fue una opción relevante, al menos no ahora. — niega. — Insisto, no te confundas, querer no es lo mismo que amar, el amor consta de mucho esfuerzo y sacrificio, nada es color de rosa como lo pintan en los cuentos de hadas, además, debe ser recíproco en partes iguales. No digo nada, no objeto porque honestamente no sabría qué decir, siento que mis sentimientos hacia ella son sinceros, siempre hemos sido sinceros el uno con el otro. Sé que ella me ama tanto que a veces siento que me asfixia, la quiero y no imagino mi vida sin ella, somos el dúo perfecto, pero también sé que desde que me fui muchas cosas cambiaron en mí. Últimamente, las cosas entre nosotros están un poco tensas, sobre todo por su manera de marcar su territorio conmigo. — A veces necesitamos reflexionar mucho sobre el piso en el que estamos parados hijo, para saber así hacia donde nos dirigimos… Tienes que dejar de ser egoísta, no todo se trata de ti, de lo que quieres, anhelas o deseas. — Y que se supone que haga con ella, nuestra relación es estable, no puedo romper con ella de la noche a la mañana por un simple capricho del abuelo. Si la dejo ahorita, eso la destrozaría y afectaría mucho en su carrera, Monse es muy aprensiva. — No puedes ocultar algo que tarde o temprano saldrá a la luz. — me mira con pena – Creo que esta es una buena oportunidad para madurar un poco y bajar de esa nube tan alta en la que estas. — acuna mi rostro entre sus manos. — Cielo, acepta tu destino y no seas egoísta con ni ella, ni con nosotros que siempre hemos estado para ti. Montserrat tiene derecho a ser feliz, encontrar a alguien mejor que le dé lo que tú me temo, no puedes darle, déjala continuar con su vida igual que tú debes hacerlo con la tuya. Además, debes tomar en cuanta una cosa muy importante. — ¿Qué? — Que Montserrat no es la clase de mujer que tu abuelo aprobaría para ser tu esposa… — ¿Por qué?, es rica, de buena familia. — Porque, simplemente, ella no es la adecuada, es igual a ti y eso significa doble problema para la familia. — Puede tengas razón en lo que has dicho y que todo lo nuestro se trate de una simple costumbre como tú la llamas, pero si soy sincero. — la miro a los ojos. — yo no veo mi vida sin ella, mamá… hemos pasado, por tanto, buenos y malos momentos juntos que es difícil imaginar mi vida sin ella. — una lágrima se me escapa, no sé por qué, pero suponerlo, me afecta de una manera que jamás llegue a imaginar. — Monse y yo hemos experimentado tantas cosas juntos, comenzado por su primer beso, su primera vez, yo la hice mujer y hay muchos aspectos de su vida en los que he sido el primero. — suelto un suspiro con pesadez. — sé que esto la va a matar de una manera fatal, es difícil simplemente dejarla ir. — Lo entiendo, pero no hay mucho que hacer… — Y, ¿Por qué tiene que ser una pobretona de ese lugar?, ¿no podemos buscar un prospecto de aquí?, de buena familia y modales como la que desea el abuelo. — Tu abuelo así lo ordeno, sabes que él tiene la última palabra y el error fue tuyo, metiste la pata hasta el fondo del ollo, hijo… entiende que tu padre no pudo negarse a nada. — No quiero hacer esto, no me obliguen por favor. — me arrodillo frente a ella, sintiendo una inmensa desesperación en el pecho. — mamá, ayúdame, por favor te lo ruego. — Kayden, ¿Qué puedo hacer yo, he?, te dije que dejaras de meterte en problemas, tu padre, Eros, tus hermanos y yo siempre te hemos cuidado las espaldas, pero esta vez no tengo el poder para ayudarte. — me levanto molesto. — Me niego a dejar mi vida atrás solo por un absurdo capricho de ese hombre que siempre exige que se cumpla su voluntad sin importarle los sentimientos de los demás. ¿Quién se cree para disponer de nuestras vidas como si fuéramos sus títeres, he? – pregunto un poco exaltado. — juro que en este momento lo… — Cuida tus palabras, Kayden – me reprende en voz firme, antes de terminar la oración. — respeta, porque te guste o no, ese hombre controlador como lo has llamado, es tu abuelo, es a quien le debemos todo lo que tenemos y somos hoy. — la miro y se ve un poco ofendida con mis palabras, mamá tiene un apego especial por mi abuelo. — yo en especial le debo que salvara a mi familia de la ruina, me acepto en su familia, me dio un apellido y ahora me dio la oportunidad de dejar de ser un mueble más en esta casa. — dice refiriéndose a su nuevo trabajo. — Nadie en esta familia sería nada si ese hombre no nos guiara, nos brindara su apoyo y protección. — espeta molesta y ofendida. — ahora lo ves mal, porque te ha dado donde más te duele, pero toma en cuenta que tú solo te buscaste esto. — No quiero dejar mi vida atrás, me siento cómodo y feliz como estoy… mamá entiende que ceder es aceptar que controlen mi vida. — ella suelta un largo suspiro. — Está bien…, ya que no quieres ir por las buenas, hagamos un trato tú y yo. — ¿Cuál? — Acepta esto porque sabes que no puedes librarte de ningún modo. — afirma lo que ya sé. — cooperar es lo mejor que puedes hacer, pórtate bien, deja por un tiempo tus salidas nocturnas y si sales, pues hazlo con tu nueva esposa. — Estás loca, eso jamás pasará… — Hijo, eres tan superficial y egocéntrico, estás acostumbrado a un estilo de vida muy extravagante… y te puedo asegurar que no aguantarías ni un solo día por tu cuenta allá afuera, sin tus coches o tarjeta dorada, sin límites. — lloro de impotencia porque sé que tiene razón, crecer en una familia de ricos nos hace inútiles, aunque sé que por intentarlo no me moriría. — Lleguemos al punto mamá, porque no le veo nada de benéfico a tu trato. — Porque no he terminado. — respira antes de continuar – deja que nos encarguemos de elegir una buena esposa para ti, yo me aseguraré de que sea la mejor. La más bonita, tranquila, de hogar y sumisa para que no te dé problemas. — frunzo el ceño – intenta llevarte bien con ella y trata de que te apoye en todo, sé amable. — Aja, supongamos que lo hago, trato de llegar a un acuerdo con ella y si me sale con tonterías… como el amor y esas cursilerías del matrimonio fiel y feliz… lo digo en serio… seré cero, fiel. — Maldición, hijo, solo inténtalo… ¿Qué puedes perder? — Mucho, solo puedo ganar una vida de incompleta e infeliz para el resto de mi vida… — Y también… conservar tus lujos y todo lo demás. — Eso no es suficiente, mamá voy a ser muy infeliz, yo quiero seguir mi vida con Monse… ella es mi mujer. — declaro frustrado. — mira mamá, tal vez tengas razón, pero dejarla en este momento no es una buena opción. No veo un trato justo en todo esto. — Está bien – suspira, resignada – si me dejas elegir a una buena esposa para ti e intentas llevarte bien con ella, te prometo que tu vida allá a fuera puede seguir igual, yo te cubriré la espalda como siempre. — la miro sorprendido – podemos hablar con tu esposa y mientras ella se quede en casa y tú prometas no volver a hacer un escándalo como este, tú puedes seguir con tu vida… hasta que te des cuenta de que es un completo desastre. — una risa forzada abandona mi boca. — Es mi desastre mamá. — contra, ataco. — Todo lo que dices, suena de maravilla, parece fácil y creo que es mi mejor carta… el problema es, ¿Qué le diré a Montserrat? – la miro limpiando mi rostro. — La verdad… si te ama y quiere seguir a tu lado, lo aceptará o te mandará al diablo, si tiene dignidad. — dice divertida, abro la boca. — Mal chiste – digo en forma de sarcasmo mientras me imagino como lo tomara aquella mujer que sueña con ser mi esposa algún día. — Ah, ya sé, le diré; oye que amor, ¿Qué crees?, ella me pondrá cara de boba pensada que le tengo una sorpresa o que al fin le pediré matrimonio… es ahí cuando le diré; me tengo que casar, pero no será contigo, ya que mi familia espera que me case con una mojigata para guardar las apariencias y satisfacer a mi abuelo. — mi madre me observa entre divertida y escéptica por mi interpretación. Continuo – Y qué consideras que va a responder, ¿he?, hay amor, no te preocupes, yo lo entiendo – imito la voz melosa de Monse – yo me conformo con ser la amante mientras sigas a mi lado, es más, considero que podemos llevarnos bien y ser felices los tres juntos. — mi mamá rompe en risas ante mi interpretación exagerada. — no te rías que no es un chiste. — Mi cielo – golpea el mueble para que me siente a su lado, lo hago, toma mi mano y me mira a los ojos. — Mamá, esto es una locura – me quejo – cómo es posible que en pleno siglo XXI el abuelo me obligue a hacer esto, no quiero perder lo que sea que tengo con Montserrat. — Yo supongo que si ella te ama como dices, lo aceptará – volteó a verla con el ceño fruncido. — esa chica está locamente enamorada de ti, eso puedo verlo sin preguntar… pero insisto, yo no veo el mismo sentimiento de tu parte. — no respondo nada. — Ciertamente hoy en día vivimos en otros tiempos y deferentes maneras de pensar, que ella acepte este tipo de situación es aceptable, no sería la primera o la última de eso, estoy segura. — suspira – Me siento mal por decir esto porque como mujer es denigrante, ya que a ninguna mujer se le desea vivir esto. Pero la juventud está loca y hoy en día actúa de manera inmadura, si ella como mujer no tiene el valor para entender la situación y aun así se aferra a quedarse a tu lado a pesar de la situación, pues que puedo hacer, pero debes ser consciente de que podría no hacerlo. No siempre puedes ganar… debes ser consciente de ello. — No lo sé mamá, pero no estoy seguro de esto, ni de nada… aunque aún está la posibilidad del divorcio – digo y ella se queda callada, me mira, sería, sin embargo, no responde nada y que evada el tema, me da mala espina. — Kayden, hazme caso, reflexiona, como dice tu padre, nadie sabe vivir sin nada de lo que estamos a acostumbrados… tal vez si lo podrías hacer en el futuro, pero ahora no tienes muchas salidas. — Monse, no lo aceptará mamá, la conozco y sé que se pondrá como loca. — Insisto, considero que es hora de terminar con esa relación, estás a tiempo de hacer lo correcto, hazlo por el bien de ambos… — Esto es una mierda… — No puedes escapar de esto y arrastrarla a ella, es egoísta, si la quieres de verdad la dejarás libre para que ella siga con su vida, les va a doler, claro que sí, han sido muchos años y experiencias juntos. Insisto es lo mejor para ambos, ella puede encontrar a alguien bueno para ella y tú puedes poner de tu parte y darle una oportunidad a tu futura esposa. — la miro como si estuviera loca. — Hablaré con Montserrat, solo espero que, si acepta, cumplas con tu palabra y me ayudes a que todo siga igual. — Cuando te he negado algo, a pesar de saber que está mal.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD