—¡Ah, ah, ahí, sí, sí si!— Gemía extasiada— ¡Oh, si, más, deme más, mi capitán! Ella se encontraba de espalda aferrada a uno de los almohadones de plumas de la cama, las caderas las tenía levantada en dirección al enorme m*****o viril que entraba y salía de su v****a. El capitán, un hombre corpulento de ralo cabello rubio le tomaba la cintura con fuerza mientras no dejaba de envestirla, provocándole fuertes gemidos de placer. —¡Ah! si que eres zorra, muñeca, ja, ja.— observó el capitán en el momento mismo de darle una nalgada que le dejó la piel enrojecida— No hay caso contigo por más duro que te dé, más duro me pides ¡Qué buena puta eres! —¡Ah, ah, sí, si!— Gemía ella completamente ajena todo lo que no fuera el ruido de sus nalgas chocando contra la cadera de ese hombre —¡ Oh! ¡Más

