WASHINGTON Murphy jugueteó con el lapicero en sus manos haciéndolo girar una y otra vez entre sus dedos. Estaba nervioso y esperaba con ansias que su teléfono sonara lo más pronto posible. La prensa se lo estaba comiendo vivo y Evan no aparecía por ninguna parte. Él no sabía qué hacer. Quería enviarlos a todos al carajo. ¡Las cosas no estaban saliendo como planeó! Pensó que Washington D.C en manos del partido era un hecho, no que tendría que enfrentarse a toda clase de guerra mediática y al final, sentirse dudoso si obtendrían o no la ansiada victoria. Habían preparado a Evan para este punto, era un político sin una sola mancha en su historial y que además parecía tener la confianza ciega del pueblo americano. Murphy no quería darse por vencido, tenían un excelente escenario, pues

