WASHINGTON A Martha se le hizo un nudo en la garganta al sentir los ojos de Evan sobre ella como si se trataran de navajas. Llevó las manos a su rostro y contuvo un sollozo. Estaba cargada de pánico y otros sentimientos que le causaron una sensación de agobio y pena. La forma en como Evan la miró le encogió el corazón. No quería que la viera así. —Evan, creo que estás exaltado, no tenemos que hablar esto hoy. Tal vez debas calmarte, esperar que los humos bajen y cuando te sientas con la calma y la estabilidad para hablar de un tema complicado como este podemos… —Basta, madre. No creo que haya un mejor momento para hablarlo que este. No soy un niño, no tienes que intentar hacer una especie de terapia de diálogo conmigo—exclamó haciendo que Christina se diera cuenta que estaba en una p

