Desamor

1721 Words
Grillo había dejado el trabajo a las 2 de la tarde. Se había ido a dar una buena ducha, el pelo bien lavado y con perfume. No abusó, pero usó el bueno, de esos que gritan que te lo pusiste para impresionar a alguien sin causarle alergias. Se vistió con unos jeans, tenis y una camisa blanca de botones. Se acomodó las pulseras y el pelo, examinó la camisa en busca de arrugas porque no quería verse feo en absoluto. Fue emocionado al lugar, escuchando buena música. Se parqueó bien para que nadie lo interrumpiera y fue a la cafetería. Se sirvió un café y pidió un poco de privacidad en una de las mesas del fondo. Ellos asintieron y colocaron unas tiras de protección para fingir que estaban dañadas, y Grillo se privó de tener su propia ventana. Le dieron un café mientras esperaba. Vio la hora: 3:00. Así continuó cada diez minutos, hasta que finalmente escuchó su teléfono. Leyó el mensaje de Brianne: “Lo siento, Grillo. Creo que no se puede empezar sobre las lágrimas de otra persona. Tú no lo tienes resuelto con Yuri y yo no sé si quiera enfrentarme al escrutinio mediático si tenemos nulas oportunidades de funcionar. Fue un placer haber coincidido.” Grillo se quedó donde estaba. Creía que esa era la primera vez que una mujer lo rechazaba, y también era la primera vez que entendía por completo lo que le había estado diciendo su terapeuta: para iniciar con alguien necesitaba terminar por completo su relación con Yuri. Lo mejor que había hecho en toda la semana era haber agendado una cita con Emma justo después de su cita romántica, la cual acabó en fracaso. Pidió un pastel y algo más para llevar a su consulta, y se pasó las siguientes tres horas debatiendo sus fallas en el amor con Emma. La mujer estaba sentada en el jardín de su casa, escuchando a Grillo hablar del amor desde el preescolar, cuando se obsesionó con Jial, su compañera de mesa, y luego de sus múltiples novias en el colegio hasta la de su adultez temprana. —Llevas una hora intentando que me compadezca de ti, Grillo, y no me siento de ánimos para jugar ese juego. —Ella toma el control de la consulta, él frunce el ceño y come más pastel. —Estamos trabajando en el presente. —Okay. —Si quieres una relación con alguien más, tienes que terminar con Yuri —le dice Emma—. Practiquemos. Rompe conmigo. —Tienes setenta años, me da… pena romperte el corazón. —Hazlo. —Dice ella con un guiño divertido—. Yo no voy a llorar. Él se lo piensa, se limpia con la servilleta y toma de las manos a Emma. Le da un par de besos en los nudillos, deja una de sus manos en su mejilla y la mujer lo observa entre nerviosa e incrédula. Sus palabras confirman que Grillo no sabe qué decir: —Yuri,—Le llama Grillo y Emma asiente, metiéndose en el personaje. — cariño, eres una mujer fabulosa. La vida me ha premiado con tu compañía por tantos años y en tantos momentos. Sé lo afortunado que he sido. Sé que cada momento que hemos vivido ha sido espectacular. Los últimos ocho años han sido una montaña rusa, pero creo que es momento… Él se queda en silencio y Emma lo mira horrorizada, pero elige atormentarlo como haría Yuri. —Claro, Grillo, claro, casémonos. —No, no Emma… no. —Soy Yuri. En cinco segundos ya tengo un post en i********: y una foto del momento. —No seas así —se queja. —¿Nunca has terminado con alguien? —La gente suele huir —dice—. Me porto mal y la gente se va. Para mí, este beso y el escándalo son razón para que Yuri explote y me deje. Quiero que me deje. —Grillo, no puedes cansar a la gente. —Sí puedo. Puedo mudarme con ella y volverla loca, me tomará meses, pero puedo. Soy insoportable cuando quiero. —Grillo, ¿cuál es la historia con tus papás? —No, ellos dos están bien, súper enamorados, juntos. —¿Tus papás te dejaron en un orfanato y están juntos?—pregunta Emma incrédula. —Porque los cansé. Emma niega con la cabeza, ligeramente dolida: —Te digo esto como mamá: todos los hijos cansan y dan ganas de devolverlos. Uno se los queda porque ya los tuvo, cielo. —No tengo problemas a raíz de eso. ¿Cómo ves a alguien a la cara, a alguien que amas, y le das una excusa de mierda…? ¿Cómo le dices “es por tu bien” cuando no le estás hiriendo? No soy un monstruo. A mí me encantaría sentir por Yuri lo que ella quiere que sienta, y sé que no la obligué a perder el tiempo conmigo, pero… cómo la miro a los ojos y le digo que no puedo estar más con ella porque no la quiero, sabiendo lo que siente y lo que quiere. ¿Cómo le destruyes la ilusión? —Agotarle la paciencia a alguien no es más saludable. Te desgasta y te deshumaniza. Decir la verdad es la base de cualquier relación. Sé efectivo, sé respetuoso. No crees esta montaña de mentiras e ilusiones. No vayas a un lugar público para evitarte el drama, ve a un lugar privado, tu casa, donde ella no quiera volver, y di las cosas correctas. Finaliza con la frase correcta: “quiero terminar esta relación”. —Termina conmigo. —Grillo, necesitamos terminar. Nuestra relación se ha desgastado porque eres poco fiel y andas con cinco mujeres y no lo sabes. Lo mejor para mí es que tú les rompas el corazón a cada una de ellas y continúes pagándome. Me caes bien como cliente, pero para que lo sepas, este romance falso se acabó. Estoy casada y a él sí le prometí en todo momento, para toda la vida, sin importar si espiaba desde el jardín a un hombre que podría ser mi hijo. Grillo se ríe, y la mujer se pone en pie. Le da un abrazo, bastante maternal, y susurra en su oído: —Estoy segura de que no cansaste a tus papás y que no se trataba totalmente de algo que tú hiciste, sino de algo que pasaba con ellos. Emma puede ser agotadora, de verdad que lo es, pero sabía meterse en su cabeza y eso le encantaba incluso cuando no era lo que quería hacer. Cada que Grillo la visita necesita dormirse, meterse en un cubo de agua fría o comer demasiado. Esta vez podía refugiarse en la música. Se despide de la mujer y llega al ensayo temprano, antes que todos los demás. Prueba unas cuantas canciones mientras pide los treats que encargó para su equipo. Recoge las pizzas y cervezas para sus chicos y todos empiezan a llegar. Lo miran sorprendidos conforme entran. Las cantantes de fondo lo llenan de besos, abrazos y mimos; Grillo las saluda de la misma forma. Tamara, quien había tenido la misma idea (pizza y cervezas), los observa sorprendida. —Ay, qué emoción, es un concierto privado —comenta, y todos se ríen. La profesora de canto evalúa cómo están para la próxima función, y luego Grillo les pide que simplemente toquen y armonicen. Él hace lo mismo y el crew de grabación aprovecha para hacer tomas preciosas. Tamara se sienta al lado de Grillo y él le pasa una botella con agua. Le pregunta si está bien, y él la ve sorprendido, porque casi nadie se da cuenta cuando está bien o mal. Bebe agua y ella toca un poco; todos ríen ante la cara de sorpresa de Grillo. Este se acerca al piano y la mira a los ojos: —¿Quién rayos eres? —pregunta Grillo, y ella ríe. —Soy la hija menor de una familia optimista —responde. Él comienza a tocar los acordes de una canción muy conocida en la ciudad: el expresidente se la había tocado a su esposa durante su propuesta y se había convertido en un símbolo de amor y romance en MainVillage. La voz de Grillo suena tan triste como su alma, tan desesperada. Tamara lo observa en silencio, disfruta del espectáculo y se une con él al piano. Mientras él canta, su equipo le hace el coro y todo suena majestuoso, impresionante, crudo, real: simplemente su voz sonando como si hubiese sido diseñada para hipnotizar, para amar, doler y alegrar de una forma única. Tamara lo observó incrédula cuando se pasó a la batería, porque además de tener una voz espectacular era un artista completo. Era imposible no ver cómo flotaba por el escenario y se convertía en una sola sintonía con el instrumento que elegía. Su equipo compartió una mirada de complicidad, como si entendieran que Grillo había vuelto: el de la música, el que daba vida solo con escucharlo unos minutos. Todos aplauden al finalizar. El equipo se queda a compartir un rato con su jefe y después, poco a poco, se van. Ellos dos se quedan viendo el escenario, los instrumentos, las luces tenues. Los dos están apoyados contra el piano, bebiendo café y en silencio. Grillo toma un pedazo de pizza y lo devora en segundos. —Gracias —dice Tamara de la nada. —¿Por qué? Grillo la ve. Ella está tranquila y relajada. Se encoge de hombros y se gira hacia él. —Por compartir esto conmigo. —Creo que estás conociendo a la mejor versión de mí. Creo que le debo una disculpa a muchas más personas de las que me podría haber imaginado. Tamara asiente y le da un golpe en la espalda. Él sonríe y recogen juntos lo que falta para irse. Caminan hacia la salida del lugar y cada uno sube a su auto sin decir mucho. Tamara le escribe a Igor para confirmar que irá. Grillo ve que no ha arrancado y ella le escribe: Grillo ¿Todo bien? Tamara Sí, ¿tú? Grillo La verdad. Tamara Siempre, sea buena o mala. Grillo Todo mal. Tamara ¿Quieres venir a casa conmigo? Grillo No puedo, necesito… le debo una conversación a Yuri. Voy a su casa, te cuento luego.
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