¿Eres o no?

1949 Words
Tamara estaba navegando en la inundación dentro de su apartamento. No podía llamar a sus hermanas porque estaban con sus papás, quienes hace rato le habían dicho que vendiera y se fuera, o simplemente que se fuera del apartamento. No podía llamar a Igor, porque él odiaba ese apartamento y no sabía cómo más sacar el agua. Al menos Grillo contestó su llamada. —Grillo, ocupo ayuda. —¿Qué pasa? —Se inundó mi apartamento y no puedo llamar a nadie. Solo viene un plomero, pero son todos los apartamentos. Necesito ayuda para rescatar mis cosas. —Voy para allá. Grillo ve a Sima, quien ha escuchado todo. La llena de besos y ella se separa para ir a ponerse unos zapatos y cambiarse el pantalón. Le indica dónde hay cubetas para sacar agua con Tamara y unas bolsas y cajas plásticas para que se traiga sus cosas. Grillo la besa de nuevo y le da una mirada juguetona. Los dos se dirigen al apartamento y se encuentran con Igor con un ramo de flores. —¿Hola? —los saluda dudoso. —Hola, ¿qué tal si te quedas aquí? —pregunta Grillo a Igor, y este eleva una ceja mientras ven a varios vecinos salir con sus cosas, bastante mojados. —¿Por qué? —Tamara… está teniendo dificultades técnicas. —¿Qué clase de dificultades, Grillo? —No la regañes —le advierte Sima. Los tres suben en medio del agua de los otros apartamentos. Igor ve a su novia desde la puerta del apartamento mientras sostiene cosas en la isla de la cocina. Se quita el saco, se arremanga la blusa y se pone con Grillo a sacar las cosas que ella había agrupado sobre la mesa hacia el auto. Tamara tenía los ojos rojos, el pelo mojado y parte de la ropa que llevaba estaba empapada, porque había intentado evitar que el agua llenara su apartamento, pero todo se salió de control. No estaba lista para irse así, no quería dejar su lugar, sus recuerdos todavía. Planeaba mudarse y volver cuando Igor estuviese fuera. En esa casa estaban sus mejores historias de infancia y, básicamente, ahora flotaban por el piso y algunas paredes. Los bomberos y algunos rescatistas llegan al edificio, así como el Ministerio de Salud para evacuarles y declarar el lugar inhabitable. El encargado del ministerio le entrega los papeles a Tamara y esta llora aún más. Su amigo deja las cosas un segundo para abrazarla y recordarle lo importante: está viva y tiene planes de mudarse. —Grillo, una cosa son los planes y otra mis recuerdos —dice. —Tienen media hora para terminar de sacar las cosas, la estructura podría colapsarse —comenta el encargado justo cuando viene entrando Igor. Este la ve llorar y le limpia las lágrimas con el dobladillo de su camisa. —Mi amor, necesitamos salir de aquí. Vienen unos chicos de mudanza por los muebles que parezcan importantes y un par de cosas más, pero si el Ministerio de Salud nos da treinta minutos asegúrate de llevar lo que importa. —Tami, mira, tus álbumes —dice Sima mientras llena la caja con todo lo que pasa por sus manos. Grillo se anota no llevar a su mujer a un minuto de compras con la frase “todo lo que quieras”, porque ella está empacando como nunca, como una loca, y le da chance de curiosear sin quejarse, sin decir “te lo dije”. Mientras las dos chicas recogen, él va a ayudarle, sostiene la bolsa y le da un beso. Igor observa cómo Grillo hace que la limpieza sea sexy y rueda los ojos desesperado, mientras abraza a su novia, la cual sigue llorando desconsolada porque no quiere dejar el apartamento. —Voy a sacar las bolsas que Sima empacó —le dice Igor y le da un beso en la frente a Tamara. —Gracias. Sima le pregunta cuando los chicos se van: —¿Él te lo dijo? —Los dos, me lo dijeron: mis papás, mi hermana mayor, mi hermana del medio… Yo sé que tengo que irme, pero… es mi casa. —Bueno, Tamara, llora. Amiga, es duro dejar lo que amas, y necesitas verte dolida e inflamada, porque los dos se están mordiendo la lengua pero quieren decirlo. —Sí, ahora les voy a decir que no puedo vivir sin ellos y que los amo —bromea. Sima se ríe, le da un abrazo y la anima a sacar sus cosas. Sima se ríe y se pone a ayudarla a empacar ropa, a tratar de tomar todas las cosas importantes: pasaporte, datos universitarios, todo. Igor llama a un equipo de mudanza para sacar lo demás. —No sé qué haría sin ustedes —dice la joven mientras sacan sus muebles. Luego les da un beso y un abrazo a Sima y a Grillo—.Gracias por venir, rescatarme, ser mis héroes —responde dramáticamente y ve a su novio a los ojos—. El amor de mi vida. —Pudiste haber muerto. —Pero no me morí, porque tengo a los mejores amigos —dice y toma la mano de Grillo y de Sima, quienes están muertos de la risa—. Y el mejor novio del mundo —responde, le da un beso en la barbilla, otro en la mejilla y se frota un poco contra él. Igor sonríe. —¿Qué está pasando aquí? —Tamara no tiene que girarse para saber que su padre está ahí, molesto. —¿Muñeca, te mudas? —pregunta Franco. —Sí, sí, se inundó mi apartamento, y Grillo… me voy a vivir con Grillo —responde nerviosa. Grillo e Igor niegan con la cabeza, Sima trata de no reírse. —Eres preciosa, qué vibra más hermosa —le dice Alma a Sima y la saluda con un beso en la mejilla—. Igor, ¿cómo estás? —lo saluda igual con un beso y un abrazo y luego ve a Grillo y Tamara—. ¿Por qué no nos cuentan? —Se inundó el edificio, están saturadas las cañerías o algo. —Y ahora perdiste el dinero y tus cosas —comenta Franco—. Por lo menos no moriste ahogada y estripada, Tamara —responde su padre. Le da un beso en la mejilla, la abraza y le acaricia la espalda mientras se asegura de que su hija esté bien. —Veníamos a llevarte a cenar, pero lo mejor es que te ayudemos con lo que falta. Tamara asiente y todos se dirigen en autos diferentes a casa de Grillo. Sima no quiere ser la novia pesada, pero le gustaría mudarse ella en lugar de que la amiga se mude con él. —Estoy casi seguro de que va a dejar sus cosas en mi casa y se va a ir con Igor, pero la voy a hacer sentirse mal y tal vez me la deje una semana. —¿Te la dejes? —Sí, para molestarla… y a Igor, que está puteadísimo con lo del edificio. —Sí, trata de disimularlo, pero está molesto. En el auto, él estaba intentando disimular lo molesto que estaba. Quería hacerlo, pero el pecho le dolía de las ganas de gritar, la garganta también, y entendía con claridad por qué los caricaturistas elegían que sus personajes sacaran fuego y humo por los oídos. Sentía que se le iban a reventar los dos tímpanos si seguía en silencio. —Estás muy molesto —dice Tamara y le acaricia el brazo. —Sí, honestamente sí —responde. Trata de no decir nada más, pero lo hace—. Número uno: no sé qué pasa entre tú y tus papás, pero no tienes 17. Hasta donde yo sé, eres muy mayor de edad y se suponía que te mudarías conmigo. Segundo: Tamara, si tu casa se llena de agua o si se incendia, no deberías llamar a tu amigo, deberías llamarme a mí. ¡No entiendo! El joven recuerda que está el semáforo en verde, rueda los ojos y mira por la ventana en silencio, porque sabe que está mal e Igor tiene todo el derecho de enojarse. Ella busca la mano que lleva encima de las marchas e Igor continúa conduciendo detrás de Grillo. Alma y Franco van en silencio en su auto, intentando descifrar cómo no pelearse con Tamara. Sobre todo Franco, quien se preocupa por su seguridad y su bienestar, y Alma se preocupa por la forma tan intensa en la que se enamora su hija. Cuando suben al apartamento, todos con sus propias tensiones, lo hacen en el elevador. Nadie dice nada. Grillo juega con los dedos de Sima mientras observa la tensa espalda de Igor, el ceño fruncido de Alma y el rostro contracturado de Tamara y de su padre. —Cómo se parecen ustedes dos. —Salgo más a mi papá —responde Tamara y sonríe. —Sí… en algunas cosas. —Como la tozudez. —Ahhh —comenta Igor, irónico. El elevador se detiene y Grillo oprime el botón para impedir que uno de sus vecinos suba. —¿Pasa algo, Igor? —pregunta Alma. —No, es solo… le dije lo del apartamento. —No está molesto por eso, mamá, papá. Me mudo con Igor. —Te dije que esta estaba metida en algo. Hola, papá, te conozco, conozco ese tono y conozco tus mañas. —Ay, Tamara, por Dios, de verdad… es que empiezas a gosearme y ya sabe uno que estás haciendo algo loco, hija. Es muy pronto —le recuerda su madre. Grillo sigue intentando abrir el elevador. —Mamá, me acabo de quedar sin casa, entiéndeme. —Es una decisión que tomaste, una decisión que sabías que no apoyaría nadie. Por eso no estás hablándole a toda tu familia y por eso te metes en problemas, Tamara. Nada cuesta comunicarse y escuchar. —Vale, tal vez estaba esperando a acomodarme en mi nueva casa con mi novio, para presentarles la idea que tomé sin discusiones incómodas. —Tamara es mayor de edad —comenta Sima, y todos la miran, incluso su novio, quien niega con la cabeza y sigue jugando con los botones—. Digo, está grande y es su decisión, y los demás debemos apoyarla. Si funciona, bien, y si no, eso no va a cambiar nuestra opinión de Tamara. Y es mejor que vivan juntos pronto: así se les baja la venda. Ustedes dos están casados y saben que vivir con alguien más es difícil, aunque haya dinero, empleadas y un montón de recursos. Vas a irte a la cama con esa persona que dejó la taza del baño sin bajar, y te vas a meter en la cama que para ti está mal tendida porque no se aplastó los bordes adecuadamente. Eso saca de onda a cualquiera. Y yo que lo he vivido —eso de salir con alguien más y mayor que yo—, déjenlos. Que pongan música. Ya se les va a complicar bastante. Es mejor que se midan y, cuando se den cuenta de que es un error, podremos juzgarles entre nosotros —dice la mujer con humor. Su novio se ríe para no llorar, porque están encerrados. Franco se ríe porque la risa de Grillo le resulta contagiosa, y cuando su mujer se dé cuenta de que están encerrados va a flipar. —¡Abre esto, Grillo! —le grita Alma, y entonces la tragedia de verdad empieza. Chiiicas... se vale comentar... ¿verdad? osea, cuando no comentan yo pienso que no lo leyeon o no les gustó y me demoro más en otras cosas.
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