Qué vueltas da la vida: es un cuarteto que no sabíamos que queríamos ni que necesitábamos, pero es lo más grande y llamativo de la industria de la música sin tener una colaboración musical activa. Es solo la presencia, el aura, la energía de Igor; la sensualidad de Sima; el control que reflejaba Tamara; y la vibra arrolladora de Grillo. Eran más de lo que la ciudad podía soportar.
Era una fotografía en la que estaban Sima, Grillo, Tamara e Igor.
Los cuatro habían cumplido con su palabra de salir a cenar. Tamara y Grillo no tenían idea de que, en otra vida, Igor y Sima habían sido cuñados: ella era la exnovia del mejor amigo y excuñado de Igor. La cena no prometía tantos detalles inesperados como resultó al final. Nadie esperaba que Grillo fuera políglota ni que leyera fluido el francés en el menú.
—¿Por qué? —pregunta Tamara, entre incrédula y curiosa—. ¿Cómo?
—Mi mamá estaba muy interesada en que tuviese opciones para defenderme en la vida —responde Grillo.
—Inglés, español, francés… —comenta Sima, arqueando una ceja—. ¿Qué más hablas fluido?
—Portugués y alemán —remata él, como si fuese lo más normal del mundo—. Y práctico artes marciales.
—¿Estás bromeando? —dice Igor.
Sima asiente con complicidad. Ella ya había salido con la otra versión de Grillo.
—Igor compite —comenta Sima, presentándolos. Los dos chocan sus palmas como si se hubiesen encontrado a su media naranja. Tamara los observa celosa antes de asegurarle a Igor que ella vio a Grillo primero. Todos ríen ante la ocurrencia, pero a Sima le gusta ver a Igor con un amigo. La base de su vida social siempre fueron Alexi y Jelena, y ahora, con los silencios entre ellos, aquello se sentía como un lujo.
—¿Compites? —pregunta Igor.
—Hay que mantenerse —responde Grillo—. Pero no es lo que más me gusta del deporte, sino la disciplina y las reglas. ¿Y tú?
—Sí. Me encanta competir, y todo lo que implica el deporte —responde orgulloso Igor.
Tamara sonríe, porque había visto uno que otro uniforme. Sabía que su novio entrenaba casi cuatro horas al día.
—¿Por qué lo dejaste con tu ex? —pregunta Grillo.
—Alexi no quiere sentar cabeza; solo que se le sienten en la polla. ¿Y tú por qué dejaste a Yuri?
—Dejó de funcionar.
—¿Ella te dejó y ahora es más feliz con Westly? —pregunta Sima, y Grillo asiente.
—Y tu ex, después de ella, está… planeando una boda.
—Con un profesor de arte.
—¿Tú estás captando el patrón, Grillo? —lo provoca Sima.
Grillo finge que no, e Igor aprovecha para llamar al mesero y poner orden. Pero las dos mujeres con las que están sentados no tienen piedad.
—Grillo es mi amigo y quiero defenderlo —interviene Tamara—, pero… ¿qué tan malo eres en la cama?
—¡Tamara! —se queja Grillo, y todos en la mesa estallan en risas—. ¡Tú me has visto!
—Te vi muy disperso… —contesta Sima, riendo aún más, mientras Igor se queda serio.
—Tuve que explicarle unas cosas —admite Tamara.
—Aprende rápido, porque si no, tienes que dejarlo ir: sisters before misters.
Grillo se lleva las manos dramáticamente al pecho y las dos mujeres se carcajean; es imposible no reírse de él.
—Nosotros le llamaríamos un man de buena suerte: todas están mejor después de él.
—Nosotras lo llamaríamos todo lo opuesto: una desgracia para sí mismo. Grillo, tienes que ir al mar y reclamar tu vibra —agrega Igor, bromeando.
Grillo se pone serio.
—¿Y cómo se hace eso?
Igor le da la misma teoría de su madre: que cuando uno termina una relación, tiene que tirarse al mar siete veces, seguidas y en siete ocasiones distintas, para reclamar la energía invertida en esa persona.
Sima aprovecha para preguntar cómo tomó su madre el divorcio, e Igor cuenta que lo bañó con agua bendita y hasta tuvo que escaparse de un baño de hierbas que ella misma preparó. De vez en cuando, sigue usando la palabra desilusión con un dramatismo heredado.
—Le ha caído bien Tamara, entonces ha dejado de usar tanto su histeria.
—¿Qué diría tu mamá de un tipo como Grillo? —pregunta Sima.
Grillo rueda los ojos.
—No hay cómo defenderte… —dice Igor.
—Si una está casándose y la otra está feliz y enamorada, ¿cuál es tu sueño post-Grillo? —pregunta Tamara.
—Uhh… quiero un Grammy —responde Sima, mientras le masajea la cabeza.
—Yo tengo seis —dice Grillo, orgulloso.
—¿Cuándo decidimos que hoy era el día para hacerme bullying?
—¿Cómo aprendiste tantos idiomas, Grillo? —pregunta Igor.
—Yo seguía un programa de homeschooling. Mis papás contrataban a alguien diferente cada año; eran súper exigentes. Mi abuelo me mantuvo en el mismo sistema hasta tercer año del colegio, y me costó mucho adaptarme a ir a clases todos los días, al horario… y a que la clase siga el ritmo de la gente estúpida —bromea. Todos en la mesa se ríen.
—Eras un nerd —le dice Tamara, y él rueda los ojos.
—¿Por qué cantas vulgaridades? —pregunta Igor.
—Hola, planeo hacerme rico, y eso vende. Vulgaridades con buen ritmo y con sentido —defiende Grillo, y todos ríen.
—No sé, todos tenemos eso en común: la gente culta y la que no escucha lo mismo, pero con buen ritmo y pegajoso. Hago crítica social de vez en cuando, me romantiqueo cuando puedo… pero todo bien: vendo.
—Es arte en una forma, porque modificas la música y las letras para que cualquiera pueda conectar contigo —responde Sima. Él sonríe, y ella añade—: Pero creo que deberías venderte a ti. Tienes una voz preciosa y tocas… ¿cuántos instrumentos?
—Todos, mi amor; el más importante, tú.
—Mi novio, el guarro… —ríe Tamara, y todos la siguen.
Las entradas llegan, y Sima cambia la conversación hacia Igor. Él cuenta cómo empezó un negocio como excusa para organizar fiestas en cualquier lugar. Grillo lo mira impresionado: Igor es el rey de la fiesta en Miami, Ibiza, Río de Janeiro, Medellín. El hombre no paró en sus veinte de divertirse, porque tenía que generar dinero… y un negocio.
—Honestamente, a mí me encantan las fiestas. Pero la de la idea fue Jelena. Sus papás le dieron un tercio de su fideicomiso a los 19 y me dijo que tenía que invertirlo, porque si no, no le darían más dinero en el próximo corte. Me dijo: “Voy a hacer una fiesta y ver cuánto produzco”. Yo decidí comprar la casa, renovarla, estrenarla, abrirla a una fiesta. Invitamos a un montón de gente rica y del medio musical, y ellos trajeron a más. Luego se corrió la voz de que introducíamos talentos… se hizo una locura. La verdad, los dos queríamos fiesta y dinero.
Tamara miró a su novio con orgullo, le acarició la espalda y reconoció que ella no creía haber hecho nada sola en la vida, pero le gustaría lograr algo grande.
—Tamara, estás empezando. Vas a comerte el mundo —le asegura Sima.
—Sí… mira las maravillas que has hecho en mi carrera y en mi vida. Estoy seguro de que en lo que te propongas, lo vas a petar —añade Grillo.
—Brindemos por el éxito en esta mesa —propone Igor—: el disco de Grillo, el Grammy de Sima y el éxito de Tamara.
—Y que sigas siendo rico, porque hoy pagas tú —dice Sima, y todos ríen antes de chocar las copas.
Grillo sonríe.
Él estaba muriéndose por llevar a Sima a su casa y preguntarle por la salida con sus amigos. Ella se mostró feliz de haber conocido a Tamara y de ver la relación que compartían. Incluso se sintió mal por haberse puesto celosa.
—¿Qué tal si te compenso? —le susurra.
—Vas a tener que trabajar durísimo esta noche —responde Grillo, mientras la carga hacia su cama.
Tamara, por su lado, besa a Igor y le pregunta si está emocionado por la mudanza.
—Sí. Y estaba pensando que mi mamá estará acá en un mes. ¿Qué tal si invitamos a tu familia y a la mía?
—¿Qué tal si invitamos a Grillo y Sima antes… para practicar?
—Vale, practiquemos —responde divertido, y la llena de besos.
—Gracias por venir hoy conmigo y por ser tan agradable.
—No tienes nada que agradecer. Te amo… pensándolo bien, podríamos agradecernos mutuamente.
—Me has leído la mente.