Mi punto

1799 Words
Grillo era consciente de la crisis que estaba atravesando la empresa de las hermanas Woodstone. Le parecía una locura que tres mujeres tan inteligentes hubiesen cedido ante su padre, pero sabía que era la única persona que podía conseguir una invitación de último momento. Así que se había estado moviendo en secreto para alistarse y llevarlas. Las dos estaban muy agradecidas, porque era un evento de las casas productoras musicales importantes de la ciudad y, solo con colarlas, ya se hablaba mucho de Grillo. El joven iba de camino, pensando si escribirle a su novia o no, cuando vio en i********: fotos con algunos estudiantes. La curiosidad lo llevó a la página de uno de ellos, que no tenía ninguna restricción de privacidad, y entonces la vio en el fondo. Tuvo que hacer zoom a la foto, pero ahí estaba: ella, mucho más cerca de lo que debería, con un tipo. Siguió buscando entre sus alumnos, más fotos, más tomas… y la encontró abrazada con él, como algo más que dos amigos. Él le mandó la foto al celular: el zoom recortado de la imagen, para ser específico. Grillo: —¿Asumo que terminamos o esto tiene una explicación? Brianne: —Grillo, tiene una explicación, por supuesto. Hablemos. Grillo la llamó y ella intentó explicar que era un compañero de trabajo con el que había compartido una relación. Los dos estuvieron comprometidos, pero lo dejaron, y el viaje les había hecho darse cuenta de que había sentimientos sin resolver. Grillo, además de avergonzado, se sentía ridículo por creer en ella, por todo el espectáculo que habían hecho pasar a Yuri innecesariamente, por las ilusiones que se había hecho con respecto a ella. —Brianne, no sé a qué estabas jugando conmigo, pero para que quede muy claro: yo no quiero volver a verte. Grillo eliminó el contacto y metió el celular en su bolsillo. Poco después estaba saludando a Verónica, la cual iba guapísima. Para una mujer embarazada podía asegurar que estaba en su mejor momento: llevaba el pelo en un recogido elegante y sencillo a la vez, un vestido al cuerpo en el que jamás pensarías que estaba embarazada y unos tacones matadores. —Estás guapísima. —Lo sé, es como el glow up del que todos hablan, una locura total —asegura la joven, y los dos ríen. —¿Cómo te has sentido? —Cansada. No le digas a Lucía, pero me echo unas siestas en la oficina buenísimas… y en casa nada más llegar estoy dormida. —¿Qué opina Fabio? ¿Ya se lo dijiste? —Sigo viviendo con mi hermana... —Pensé que viniste a arreglarla. —Lo sé... lo sé... pero, mira, él tampoco está haciendo nada para “desenfriar” la relación. —Él no sabe que la relación está fría, ni por qué. Él es hombre y tú eres una mujer con el cuádruple de hormonas. ¿Qué tal si empiezas con decirle que estás embarazada y parten de ahí? —Si se lo digo, no me casaré nunca. —Te voy a decir una cosa: eso es lo menos importante. Uno se casa y se divorcia, pero la paternidad es innegable. Son 50-50 para toda la vida. Yo he conocido gente casada sin amor, y gente enamorada sin matrimonio… la vida es así, no te pongas muros donde no hay. —Se nota que eres un cantante —comenta Verónica. Grillo asiente. Cuando llegan al evento, los dos se muestran juntos en la alfombra roja, solo por si Fabio no entiende de señales y fríos. Grillo pone su mano en la cadera (o un poco más abajo de la cadera) de su amiga y esta sonríe cómplice. Les faltó besarse, pero por el bien familiar eligieron no hacerlo. Grillo empieza a introducir a Verónica como agente publicitaria, y ella es la comedia pura: sexy, divertida, muy inteligente y la gente la adora. Reparte tarjetas con toda elegancia, y Grillo observa a Lucía felizmente “camaleando” a directivos. Quien la ve, sabe que es una fiera. Sima es una mujer espectacular, viene a su propio ritmo: es alta, delgada, piel morena, cabello largo y colocho, el cual deja caer a su suerte. Camina directo hacia Grillo, y él sonríe cuando ella se acerca. —Grillo, te veo liberado de las garras de Yuri. —Tal vez quien se libró fue ella —responde divertido y le da dos besos en la mejilla. Verónica se acerca y saluda a la actriz y cantante. —Querida, permiso, te lo robo. Verónica no la deja responder, simplemente se lo lleva. Grillo le recuerda que tienen una relación falsa, para las cámaras y su novio. Ella se ríe y le recuerda que él tiene una novia. —Mi novia volvió con su prometido. —Oh, Grillo... —Sí. No quieres salir a este mercado de relaciones, está malísimo. Los dos ríen. —Bueno, pero búscate algo mejor, algo menos intenso. —Sima no es intensa. —Ha cruzado dramáticamente el lugar para venir por ti. —Tal vez me merezca un poco de atención, Verónica —responde. Grillo observa a Sima conversando con un grupo de personas y dándole una de esas miradas matadoras. Le encanta eso en una mujer: el tipo al que no hay que rogarle, porque ella ya sabe lo que quiere. El joven se distrae con Susana y su urgencia por conseguir gente para cantar. Ella le pide a la persona equivocada, y él se ofrece a conseguirle músicos y darle un buen show. —¿Así, como si nada? —Dame unos minutos y te resuelvo. Grillo habla con las personas adecuadas y estas rápidamente se apuntan, con un poco de miedo a fallar una nota, pero igualmente el equipo está ahí y todos son profesionales. Inician el espectáculo con la pulla de una mujer impresionante, pidiendo un espacio para su feminidad. Él llena de Sinatra el lugar y ve a las parejas: las enamoradas como Igor y Tamara, las felices de tener esa oportunidad como Oleg y su madre, los que acaban de conocerse como Verónica e Ivar, y muchas otras parejas viviendo simplemente la música. Grillo hace un receso y Sima saluda a los chicos antes de preguntarles si podían seguirla con I Put a Spell on You. Grillo sabía perfectamente que era para él, cada nota. Y mientras la joven cantaba y la gente le felicitaba y le agradecía, él buscó un rincón en el cual sombrearse. El público les aplaude a ambos y alguien más toma el poder sobre el micrófono; la bola va girando para darles un descanso. Ella camina hacia el baño, no sin pasar por el lado de Grillo y tomarle de la corbata. Él se ríe y los dos se van al baño. —Sima. —Grillo —responde la mujer—. Eres lo que dicen que eres. —Soy más de lo que me dan crédito. —¿Sí? —Pero estoy cambiando. —Yo también, pero los hombres no dejan de decepcionarme. Una construyéndose su casita para meter gatitos y niños, y ellos buscando cazar en otro lado —comenta y le acaricia el pelo. —¿Cuál fantasía quieres que te cumpla exactamente? —La que empieza cuando metes la mano y te das cuenta de que no llevo bragas —responde mientras se apoya contra el lavabo—. Me besas —le dice mientras va subiendo el vestido. Grillo cierra la puerta del baño y se desabrocha el cinturón del pantalón. Camina hacia ella y Sima sonríe antes de buscar su boca. Grillo se aparta solo un poco y ella ríe: —Y me tocas. —¿Y te la meto? No se lo piensa mucho: solo cae encima de ella. La besa, la toca, la penetra como puede, tan rápido y tan fácil como coger en un baño. Sin necesidad de conectar nada, de adorar o amar… solo sentir, de forma cruda, el uno al otro. Luego, los dos se acomodan la ropa. Sima le da un último beso en los labios, se aplica perfume y le pone un poco a Grillo. Este se ríe y le planta un mordisco en el cuello, antes de salir del baño sin decir nada. No es como que le hayan quedado energías para pensar en nada más, ni creía que Sima quisiera algo más de él. Cuando sale del baño, se acerca al minibar y se pide una botella de agua. —Nosotros aún no tenemos mánager. ¿Qué saben de Tamara Woodstone? —Es mía y somos exclusivos —responde Grillo, ofendido. —Tú no eres exclusivo con nadie, Grillo, y un mánager puede tener dos o tres talentos. —Soy un trabajo de tiempo completo, soy cuatro personas en uno, tengo personalidades que Tamara necesita atender y no voy a compartirla. —El que pague mejor se la queda, y no es tu decisión. Es la decisión de la empresa y de Tamara, per se. —No me busquen porque los voy a destruir. Lucía le acaricia la espalda, lo aparta del grupo. —¿Estás loco? —Sí. Me quieren robar a Tamara. ¿Cuánto tengo que pagar para que le den exclusividad? —No tenemos exclusividad con clientes, incluso puedo mandarte a alguien diferente el lunes. —Lucía, no estás para jugar en mi contra, así que piensa un número y ya estaremos hablando. Grillo se topa con Bello, el cual está hablando del maravilloso trabajo de su sobrina. Él también está de acuerdo: la ama y la adora, pero él y su carrera la necesitan. —No está disponible, es mía —les dice, y todos se ríen pensando que es una broma, hasta que Grillo camina hacia la mesa de Tamara, jala una silla y le explica quién manda, sin importar quién esté escuchando. Oleg, que es un hombre de negocios, siente que es una movida atrevida, pero más que una negociación hablaba del cariño indiscutible que tiene hacia Tamara. El joven comparte una mirada con su hermano para provocarle, y este no pica porque sabe lo que pasará si se mete entre Tamara y Grillo. Ivar sí suelta el comentario: aun cuando los tres se quedan a solas, “la ama o la necesita”. Igor les dice que ambas, con total sinceridad, y su hermano mayor le asegura que, por el bien de su relación, Grillo debería poder mantenerlo profesional. Los dos hermanos se ríen cuando Igor simplemente los deja con la palabra en la boca y busca escabullirse entre la gente con Tamara. Grillo los ve en el exterior, muy juntos, coqueteándose, era evidente: robándose besos y con la mirada cargada de pasión. Regresa al interior para buscar a Verónica y finalmente irse.
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