Grillos

1049 Words
Primero, una vecina había llegado a pedir café y Grillo, amablemente, le había dado un paquete nuevo, como si de su casa se tratara. Luego Verónica había intentado razonar con la verdad: a veces, aunque uno tenga cierta cantidad de dinero, no es tan fácil como firmar un papel. Y ellos tenían la separación hace más de tres años; una explicación lógica tenía que haber. —La explicación es que hay que desconfiar de todo el mundo —responde Lucía. Suena de nuevo la puerta y Tamara va a abrirla. En esta ocasión se encuentra con su novio, el cual había estado enviándole mensajes al teléfono que ella tenía cargando. Igor sonríe, le da un beso en los labios antes de preguntarle si puede pasar. Ella lo deja pasar, ve la maleta y se pone las manos en las caderas. —Tenemos que hablar. —Cariño, he tenido un pésimo día y mi casa está infestada por... grillos —responde. Y le da pena la mentira, porque sí estaba infestada, pero no por animales del campo, sino por su madre y su exesposa, las cuales decidieron invitarse a fastidiarle en conjunto. Su mamá, porque para eso había nacido; y su papá, muy enfermo, ya no estaba para darle quebraderos de cabeza. Su ex, de vez en cuando, disfrutaba probar su paciencia. —Tienes visitas, lo mejor será que me vaya a un hotel. —¿Estás casado, Igor? —Lucía tomó un puño de chips y se lo metió a la boca, porque no quería ser indiscreta, pero estaba amando tener la razón. —Estoy legalmente separado. Mi exmujer tiene una relación sólida hace más de un año, y yo una contigo. —¿No estás divorciado por qué, exactamente? —Porque tenemos negocios en común, y si bien me da igual discutir contigo cualquier duda que tengas, me rehúso a discutir con Lucía o Grillo mis temas económicos y laborales —responde, y le da un beso en la mejilla—. Voy a un hotel; creo que mañana, cuando estés más receptiva para hablar y escuchar, podríamos sentarnos como adultos. —Estaré ahí para el desayuno, seis de la mañana —le dice Tamara, y él asiente. Igor no tiene ganas de discutir con ninguna otra mujer en su vida, o saliente de su vida. Pero sabe que a la única que le debe una explicación es a Tamara. Así que se despide y sale de la casa, ante la mirada atenta de sus hermanas y su amigo. Lucía no dice nada, Grillo sigue comiendo chips con guacamole y Lucía se ríe. —Pareces una gorda ansiosa. —Eres tan personafóbica, no discrimines a mi lado —los dos se ríen y él le da un chip con guacamole. —¿Vas a ir mañana? —pregunta Verónica. —Claro que voy a ir —responde Tamara—. Ahora comamos, para que mi anorexia pueda ir a vomitar. —Uhh... —dice Grillo—. ¿Quién diría que las hermanas son tan agresivas? —pregunta, y Lucía asiente. —Es que ustedes tienen fuerza bruta, la de nosotros viene de aquí, de la mente. Esa es voraz —responde, y las dos ríen. Lucía lee el mensaje de Grillo para su novia. Grillo: Creo que necesitamos hablar. Brianne: Suena muy serio eso. ¿Quieres adelantarme algo? ¿Quieres llamarme o vas a atormentarme hasta que regrese? Grillo: ¿Por qué no me invitaste? Brianne: ¿A dónde? Grillo: A la actividad del baile. Pude haber llevado agua, hielo, banquitos para los niños, vendas para los pies... —¡Sí eres migajero! —Lo más decepcionante de ser amiga de Grillo es saber que mide 1.80 y tiene la capacidad intelectual de un adolescente de doce años. —Respétame. Y tú, que eres medio sádica, aconséjame: ¿crees que mi novia me está rechazando porque no me invitó a su actividad laboral? —¿Tu novia la maestra? —Sí. —No, tenía un montón de niños a su cargo. Brianne: Tengo muchos niños de los que soy responsable, y no puedo sumarle el andar con mi novio la superestrella, con quien me gustaría pasar tiempo, pero que a la vez tendría que evitar que adolescentes (muy locas y hormonales) no lo violen o lo corrompan. Así que no, no te invité. Pero en unas semanas tengo vacaciones y, si lo gestionamos bien, podremos ir a la playa toda la semana, solos los dos. Te echo de menos, Grillo. —Creo que quiere casarse conmigo —comenta Grillo, y Lucía se ríe. —¿De un “te extraño” sacaste eso? —No, lo siento todo muy diferente a las relaciones previas. —Lo diferente es que tú quieres casarte. Venga, comamos, porque me están generando angustia los tres —responde Tamara, y Lucy le da un codazo. —Gorda ansiosa —murmura, y él le jala el pelo. Los dos ríen. Cuando Grillo y Lucía se van, Verónica se pasa a la habitación de su hermana, se acuesta a su lado y le enseña cosas de bebé. Las dos están enamoradas con la ropa y las cositas. Antes de dormirse, ella le dice a su hermana: —Solo en afán de ser una extra buena hermana, quiero decirte que yo fui la amiga que lo vio salir con todas las mujeres del mundo: las que uno pensaba que eran más bonitas, más inteligentes, más todo. Y a veces, solo a veces, pienso que se conformó conmigo. —¿Fabio? —pregunta Tamara. —Sí. Entonces conocer a las ex, saber todo, no vale de nada. Conocer a tu pareja, eso es oro. Poder confiar en que solo quiere acostarse en tu cama, que tus chistes son los peores y los mejores del mundo, y se ríe igual de los dos. Las relaciones son complejas y no funcionan igual para todo el mundo, que lo sepas. —¿Por qué si sientes tantas dudas te has quedado tanto tiempo? —Lucía es una perra, pero casi siempre tiene razón... y la respuesta es fácil: por constumbre —responde Verónica. ¿Maratoneamos? Dejen sus apuestas... ¿Qué está pasando con Igor? Ya las leí en la encuesta y todas ustedes son oficialmente unas grillas (chismosísimas) JAJAJA
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