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2026 Words
Grillo se sentía orgulloso de sí mismo. Había estado muy juicioso con los ensayos, no había faltado a uno, ni un segundo. Estaba tan concentrado y lleno de paz que se sorprendía. Emma le estaba escuchando felicitarse por ser una persona buena cuando le preguntó qué metas tenía. —Bueno, romperla en ventas, hacer la residencia… tal vez dos años y medio de full trabajo y relación estable. ¿Crees que es muy temprano para mudarnos juntos? —¿Ya sabes lo que pasó con tus padres?—pregunta Emma. Grillo se queda en silencio proque la última persona con la que haía discutido su historia familiar le había dado un punto de vista bastante diferente. El que sus padres no le abandonaran porque les pareciera dificil la paternidad sino por algo dificil que ensombreció sus vidas, le abría las puertas a muchas opciones, no eran tan mayores, su mamá tal vez tenía unos cincuenta ahora ¿Debía buscarles? ¿Ellos querían conectar con él? ¿preferían mantenerse lejos? habían meurto en estos años y su abuelo no se lohabía dicho? —Sé lo mismo que la ultima vez. —responde y se encoge incómodo en la silla—No querían ser papás—responde con desánimo —Grillo, muy poca gente tiene la oportunidad de recibir terapia antes de tener un hijo. Eso es un privilegio de la vida, porque los hijos son el reflejo de lo que más detestas de ti o de tu pareja. Entre más trabajes en ti, mejor papá serás. Tendrás la maleta llena de herramientas para sobrevivir. Los dos se quedan en silencio y Grillo asiente. —Voy a… voy a visitar a mi abuelo —responde. Emma asiente y sonríe satisfecha. Grillo se pone en pie y se larga, y la sonrisa de la mujer se borra, porque una cosa avanza y lo pierde por mucho más. Es una locura cómo le cuesta a Grillo atender sus emociones, pero esa misma noche sorprendió con una publicación: él, al piano, tocando en un video precioso, íntimo, muy natural. Tamara —¿Todo bien? Grillo —Sí. Tengo un reto con los audiovisuales: un video diario. Y este lo he hecho yo solito. ¿Crees que podamos manejar un en vivo? Tamara Con práctica y vigilancia, para evitar que respondas algo que no debes. Grillo Lo que usted mande Preguntita personal: Si tuviese que ir a visitar a mi abuelo, ¿me acompañarías? Tamara Claro, me encantan los viejitos. Grillo Mi abuelo es un cabrón, me va a decir craquero y a ti, fijo solterona. Tamara Espero que no sea las dos. Grillo Lo que más le disgustará es sa ber que no estás casada. ¿Ya estás en tu evento? Tamara le envió una foto porque era su noche de Cenicienta: sus hermanas habían ido con maquillista y peinador, su novio le había enviado un vestido precioso y planeaba ir a recogerla. Ella sonrió. Estaba muy ilusionada por la noche, por pasar tiempo con Igor, pero a la vez tenía la cabeza ligeramente ocupada en Grillo. La joven se despidió de sus hermanas y les dio las gracias por ayudarle a arreglarse. Las dos sonrieron y le lanzaron besos, y Verónica le recordó la importancia de un mensaje de texto con información confidencial. La joven bajó al primer piso, donde su novio le esperaba. Él sonrió antes de acercarse a darle un beso y un abrazo. Igor le vio el rostro, los labios, y la besó suavemente para no arruinarle el maquillaje, mientras le acariciaba la cintura. —Estás guapísima, pero me faltó mandarte algo. —¿Más? —pregunta ella emocionada. Él asiente antes de abrir la puerta del auto y tomar asiento. Rodea la cajuela, saca una bolsa con joyería y se la entrega. Tamara le mira a él y a la bolsa, sonríe cuando ve los aretes a juego con el vestido: esmeraldas en forma de gota, mismo estilo para la pulsera y el collar. Igor le quita los que lleva puestos y Tamara sonríe mientras él coloca el collar nuevo y besa su cuello. El auto arranca unos minutos más tarde y los lleva al evento. Igor y Tamara saludan a unos cuantos periodistas, sobre todo a aquellos que tienen preguntas sobre el festival que estaba organizando Igor para los próximos meses. —¿Tamara, Grillo estará asistiendo? —Nadie nos ha hecho una buena oferta —comenta divertida. —Fácil es negociar con Grillo. Él, por sus fans y una buena fiesta, hace todo y más. Tamara, es carísima. —¡Ya basta, no es cierto! —Pidió pizza con aceitunas en nuestra quinta cita —todos se ríen, incluida ella. —Nunca estoy cerrada a trabajar con nadie y me encanta pasar tiempo alrededor de Tamara. Evidentemente, en cuanto a Grillo, siempre pone buen ambiente. Nunca deja de ser una posibilidad trabajar con él y con su equipo. —¿Están confirmando su relación? —Nosotros lo tenemos muy claro, los que necesitan a veces ayuda son ustedes con los chismes que inventan —comenta Tamara. Alguien pregunta por más detalles, pero los dos niegan con la cabeza y caminan por la alfombra hasta ingresar al evento. Tamara ve un montón de caras conocidas, incluso a sus hermanas, quienes ya están del otro lado del salón camelando potenciales clientes. Verónica le guiña un ojo y Lucía agita los dedos hacia ella. Tamara sonríe antes de saludarla. Igor la toma de la mano y le señala a su equipo en su usual mesa de trabajo, conversando con algunas estrellas. De todas formas, va a saludarles. Tamara está tranquila conversando cuando ve a Grillo entrar junto a Bello. Niega con la cabeza. Él le guiña un ojo y le lanza un beso; ella sonríe de vuelta y él camina tranquilo hacia ella. —Hola, ¿me extrañaste? Vienes muy guapa —le dice y le da un beso en la mejilla—. Igor, qué sexy, hermano. —Tú no te ves mal. —Necesito hablar con ustedes dos un momentito, cuando puedan —les dice Grillo y procede a saludar a los Burwish. Luego se va a conversar con un par de talentos y las lleva hacia su amiga Lucía, a quien había invitado de última hora como su acompañante para abrir a nuevos artistas. Tamara vio a Grillo siendo el amigo incondicional, el que hace todo para que tu vida mejore, y sonrió. Igor, desde el otro lado, vio la entrada de su familia: su mamá espectacular como siempre, vestida para matar, y sus dos hermanos. Se sorprendió al no ver a Jelena, pero le pareció bien un poco de espacio. Los dos asienten y un joven se acerca a Tamara. Le estrecha la mano. —Señorita Woodstone, Xavier Vidal —se presenta, y a ella se le cae la mandíbula. El más talentoso de los hijos Vidal… por ahora, porque sus hermanas también prometían sorprender. Xavier es hijo del nieto y del pintor Vidal, y su carrera solo trae brillos y alegrías: productor, compositor y actor de teatro. Por no decir que en la galería principal de su padre había expuesta una dupla de cuadros pintada por ambos: la visión del fantasma de su padre. Ahora mismo esa pintura vale millones solo por llevar la firma del joven que tenía enfrente. —Xavier, un gusto —le dice Tamara. —Me han dicho que tenemos una reunión la próxima semana. —Sí, conversé con tu manager, Antonia Vidal, tu abuela. —Sí. —Maravilloso. Ella tiene claro lo que quiere hacer con tu vida. Incluso quiere que te busque una esposa, pero prefiero sentarme contigo y saber cómo fortalecer lo que ya haces bien. —Gracias —responde aliviado, y los dos sonríen. —¿Xavier? —le llama Grillo. Se saludan. —Mira, dicen que los músicos no vinieron por algo en el tráfico. Yo creo que escucharon tu nombre y se cagaron. —Lo dice el ganador de un Emmy —bromea el joven. —Ven a tocar conmigo, algo suave —propone, y Xavier se asusta. Tamara lo observa: a pesar de ser un gran artista, coincidía con su abuela, era un joven tímido, convencido de que su talento era casualidad y poco mérito. Grillo era todo lo opuesto, y se lo llevó seguro de sí mismo mientras reunía artistas para ir a karaoke en un evento oficial. Tamara entró en pánico y se disculpó con las personas con las que estaba hablando para pedirle que, por favor, no fuese a abrir el evento con un perreo. —Estudié música, ¿sabías? Ya aquí el Vidal hijo, un concierto de perreo clásico con orquesta. ¿Tú sabes quiénes somos? ¿Has escuchado mi música? —Te he visto fornicar en pistas de baile con tu música —le advierte Tamara. Grillo se ríe. —No me avergüences, porfa, porfa, viniste… —y él se ríe. Otro artista viene a presentarse con ella. Le comenta que está impresionado con los cambios de Grillo y quiere lo mismo para su carrera. La joven le da una tarjeta y ve a Igor emocionado porque ahora entiende mucho más por qué le invitó al evento. Yo dejo de trabajar un rato para prestarle atención a Grillo y a los cinco artistas a quienes ha convencido de irse a parar ahí tranquilamente a tocar. Mi novio me rodea la cintura y me acaricia con cuidado. —Buenas noches. Nos quedamos sin música. Hay gente de la que no vamos a hablar ni a recomendar —comenta Susana, la encargada del evento—. Les pedí el favor a dos o tres y me dijeron: “No, te volviste loca, no hemos practicado”. Y Grillo se me quedó viendo un par de segundos, y sin preguntarle me dijo que estaba dispuesto a deleitarnos esta noche. No audicionó —aclara—. Probablemente no hubiese pasado, pero confío en su arte y su trayectoria. Y en el oro que fue a pescar entre ustedes: a Xavi Vidal, los One, y Braulo. Muchas gracias. —Ay, no hay chicas —se queja una mujer. —Sube a cantar, Sima —la invita Grillo. —No, tú abres y luego yo cierro —responde, y algunos ríen. Ellos dos comparten una de esas miradas lujuriosas de Grillo que a Tamara, como su representante, le quitan el sueño. La preocupa, la verdad. Pero el grupo de jóvenes toca piano, guitarra, chelo y una trompeta improvisada bajo los clásicos de la música para iniciar. De una forma maravillosa, Tamara ve a Grillo feliz en el piano, a Vidal dirigiendo una orquesta casi de la nada y al público encantado con los cinco minutos de música. Grillo toma el micrófono después de una ronda de aplausos y asegura que su repertorio posee unas cinco baladas como para que se vayan a meter a la pista a esperar. —Inviten a las novias, esposas, a la chica más guapa que vean… o al chico guapo. Se vale hacer el primer movimiento. Mientras ustedes se ponen de acuerdo para bailar romántico en la pista, yo les cuento la verdad. Yo fui a clase de música y era mi premio. Mi abuelo me decía: “Si todo bien, te lo regalo, vas a clase gratis. Si todo mal, me mandaban al jardín a escuchar a este grande mientras recogía el patio sin rastrillo”. Cortesía del señor Grimaldi, para ustedes. La banda comenzó a tocar Fly Me to the Moon. Tamara vio al hombre con el que estaba bailando y su corazón latía con intensidad mientras se movían en sincronía por la pista de baile. Sonrió, vio a Igor, tan apuesto, tan seguro y tan suyo. Se sentía emocionada, feliz, y él estaba igualmente encantado de tenerla totalmente en sus brazos, disfrutándose el uno al otro. En ese evento habían quedado varias cosas claras: Igor y Tamara son una pareja en una relación estable y romántica. Tamara es la mánager más cotizada de la ciudad. Y la última, y más importante: Grillo es una de las mejores voces de su generación.
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