Tamara sale de su escondite y va a la puerta. Ve a Grillo y todo lo que tiene en las manos. Le golpea con su pantufla y el joven ingresa entre rosas y disculpas.
—¿Por qué no me contestaste?
—No quiero que Igor sepa que estoy despierta.
—¿Fue mal la cita?
—No, tuvo momentos.
—¿Como cuáles?
—Vino a la puerta, me acompañó, hizo que su seguridad se alejara cuando nos espiabas.
La indirecta fue muy directa, por lo que Grillo tuvo que admitir que sintió uno de los impulsos que Emma consideraba que debía evitar. Sintió el impulso de saber quién era Igor desde el día en que nació hasta cinco segundos antes de parquearse frente a la casa de su amiga, y de repente se quedó ahí parqueado, paniqueando porque la había ayudado a ir a una cita con un hombre que no sabía quién era al cien por ciento. Le siguió unos cuantos metros hasta que vio los autos, respiró profundo, se tranquilizó y los dejó ir, como es de esperar: dejar ir a los que amas.
—Sentí nervios —respondió Grillo—. Hay asesinos seriales y secuestradores, y... tuve un momento loco. No quiero que te pase nada físicamente y tampoco quiero que te rompan el corazón.
Tamara sonríe y le da las gracias por velar por ella. Él asiente y sonríe de vuelta.
—Eres raro, pero suenas bien intencionado —comenta la joven, y él sonríe mientras le da una refrescadita a sus DMs.
Él continúa su relato:
—El lugar, precioso. La conversación, buena. Creo que tuvimos una primera cita sobre la tercera. Él quiere hijos y yo gallinas y conejos, y todo iba ideal hasta que llegó la comida.
—Dime que no eligió comida s****l.
—¿Cuál es esa?
—Mariscos, disque son afrodisíacos, pero luego apestan y no hay confianza para el beso, ¿sabes? Y pueden ser mortales, hay gente alérgica en este mundo —Tamara se ríe—. Bueno, ¿qué te sirvió? ¿Lengua de vaca, testículos de toro, vejiga de gallina?
—Comida chatarra artesanal.
Grillo pensó en lo que ella acababa de decir y le parecía creativo: cena a la luz de las estrellas, con iluminación tenue artificial, una mesa para dos, ambos bien vestidos, perfumados, coqueteando sobre el presente y el futuro, y comiendo papas fritas…
—¿Qué pasó? ¿Tenía mucha grasa o era de McDonald’s?
—No, es un chef de hamburguesas y cosas grasientas pero fancy.
—No… no —tartamudea—. No, estoy entendiendo.
—¿Qué me hubiese servido si fuese una modelo sexy? ¿Una ensalada verde? ¿Por qué una hamburguesa con papas y salchicha artesanal muy buena pero… por qué?
Grillo siente que la cabeza se le va a explotar porque lo que acaba de decir Tamara es lo más femenino del mundo. Y se lo desglosa: Igor rogó por una cita, planeó un lugar que le parecía lo suficientemente especial como para no hacer un negocio, le cumplió el capricho de los conejos en un futuro, consiguió un chef para comer algo que pudo comprar en un diner mucho más barato y descuidado… y ella estaba leyendo el mensaje subliminal equivocado.
—No es el equivocado.
—Tamara, ¿sabes que los hombres gordos también follan? —pregunta—. ¿Sabes que muchas mujeres los encuentran sexys y muy atentos? El peso es un número y, si a ti te molesta el tuyo, es tu obligación trabajar en eso. Pero que sepas que lo estás arruinando con un hombre fornido, sexy y lo suficientemente seguro como para comer rico delante de una mujer a la que quiere conquistar. ¿Igor dejó la comida o se lo comió todo? —el silencio de Tamara le dio la razón—. Le gustas y quiere algo a largo plazo. La próxima, que te deje sin comer, honestamente. Y ¿sabes qué? A partir de mañana entrenas conmigo.
—Estás enojado.
—Sí, y no soy yo —le responde, y se pone en pie para ir a orinar, con la puerta abierta y el chorro a todo volumen. Ella ve horrorizada a Grillo, y más aún sus manos mojadas pringando hasta el espejo. Cero educación. Se queja mentalmente y él va hacia la cama.
Tamara se siente mal con Igor, se plantea que tal vez no está lista para una relación tan seria. Es evidente que él quiere hijos y conejos, y ella tal vez necesite entender qué es una relación y cómo funcionan. Había crecido viendo a sus padres muy enamorados, pero le quedaba claro que lo de ellos dos no es la norma, y luego sus experiencias en el colegio habían sido limitadas...
—¿Por qué eres tan insegura? —pregunta Grillo.
—No sé... no tengo tanta experiencia.
—¿Te gusta o no te gusta Igor? Porque a mí me parece sexy, bien parecido y me gustó. Es un tipo con los tacos de frente, muy inteligente y caballeroso, te puso el cinturón.
—¿Cómo viste eso?
—Tengo... binoculares en el auto —ella se ríe—. Entonces, ¿sí o no?
—No sé.
—¿No sabes si te gusta?
—Me gusta. No soy de tipos flacos y pequeños, y como bien dices es todo el paquete, pero... ¿qué tal si no sé gestionarlo? Vamos para una gira y él tiene tres semanas de trabajo y una carrera demandante, tal vez estemos pidiendo demasiado.
—Yuri y yo tuvimos una relación complicada. Yo de gira en USA y ella grabando en Asia una película. Fue una locura: volábamos de aquí para allá, nos llamábamos, nos escapábamos. Cuando se quiere, se nota, y él quiere. Si tú quieres, necesitas hacerlo notar, porque el tiempo que gastas pensando mierdas se desperdicia, y pasan dos cosas con los hombres como Igor: siempre hay una mujer deseando hacerle notar el interés y que él se lo devuelva, y la segunda es que él también siente. Siente todo lo que tú con un poco de vergüenza. Como hombre, el rechazo es una opción aterradora, vergonzosa y muy humillante.
Ella asiente y Grillo dirige su mirada a la habitación.
Tamara se acerca y le pregunta si planea quedarse a dormir. Él asiente y le recuerda que tiene una sesión de ejercicios a las 4 a.m.
—¿Quién entrena a esa hora?
—Yo, y a las seis tenemos clase de baile.
—Grillo, estuve a dieta antes de conocerte.
—Tienes tres semanas para estar flaca y jalada, y así cuando Igor regrese solo quieras recibirle en tanga comestible o, por qué no... alócate, desnuda.
—No vamos a dormir juntos y nadie pierde peso en tres semanas.
—Ya veremos cuánto pierdes —responde Grillo divertido, mientras se quita los zapatos—. ¿El otro cuarto tiene aire acondicionado?
—No —él se tira sobre la cama.
—Entonces puedes asumir algo discriminatorio, como que no voy a meterte mano porque eres gorda, o dormir en el calor. Tú eliges.
Ella rodó los ojos y le golpeó múltiples veces con la almohada. Grillo rió.
—Antes de acostarte, respóndele a Igor. No seas mala —comenta por experiencia propia—. El hombre necesita dormir, ojalá con una sonrisa en el rostro.
Tamara saca de debajo de su cama una cama portátil, le hace una seña a Grillo y este intenta fingir que se ha dormido. Pero su celular vibra y él lo saca rápidamente del bolsillo para saber si tuvo respuesta por parte de Brianne. Aparentemente ellos dos no son los únicos que tienen nervios de conquista.
La joven no podía dormir preguntándose si estaba dejando escapar la oportunidad de amar a alguien tan intenso como Grillo o si simplemente era lo suficientemente estúpida como para caer por un hombre famoso con novia.
Brianne
¿A qué hora?
Grillo
¿A qué hora sales del trabajo? ¿Quieres que vaya por ti?
Brianne
Mañana salgo a las 3, puedo estar donde propones, tipo 3:20 p.m.
Grillo
Estaré esperando.
Brianne
Buenas noches 😘
Grillo se abstuvo de escribir un “Buenas noches, te amo”, pero se aseguró de anotarse en la agenda de Emma para las 6 de la tarde, porque necesitaban hablar. Necesitaba contarle que había seguido a su mánager en una cita y que había tenido la mejor cita de su vida con el amor de su vida. Porque Brianne es eso... ¿el amor de su vida?
¿Brianne es el amor de su vida?
—Sabes, mañana voy a llamar a Igor.
—Mañana va a ser un buen día para todos —responde Grillo.
Tamara apaga la luz antes de recordarle que hay una cama en el piso esperándole.
Grillo
Que descanses nos vemos mañana. 😍❤️😘