Primera vez

1548 Words
Igor había pedido su habitación y las dos de al lado. Estuvo de acuerdo en meter sus teléfonos en la caja fuerte. Tamara aceptó tranquila y trató de no meterse ideas estúpidas en la cabeza. Igor se quitó la chaqueta y los zapatos, sirvió dos copas de whiskey y le dio una a su novia. Ella negó con la cabeza: odiaba sentirse inundada por alcohol cuando iba a meterse con alguien en la cama. Él asintió y le dio la mano. —No voy a hacer nada que no me invites a hacer, Tamara. Yo estoy a tu disposición. Si quieres que te quite algo o te haga algo, tienes que pedírmelo. Si quieres ir a ducharte y luego dormir, también lo acepto… hasta que te sientas cómoda y tranquila. —Quiero hacer esto contigo. —No tiene que ser ya, si no estás lista. Tamara se acerca a Igor y le da un beso. Él la toma de la cintura, la besa de vuelta lentamente, le desabrocha el vestido y se aleja un poco de ella, pidiendo permiso con la mirada. Ella sonríe y le baja el cierre lentamente. Tamara le desabotona la camisa. Los dos continúan besándose. Igor va despacio, incluso si depende de usar todo su autocontrol. Tamara intenta con todas sus fuerzas confiar, y él la trata con tanto mimo y cuidado que no es difícil dejarse llevar por sus caricias. Ella se sorprende al ver en sus ojos tanto deseo; la forma en la que mira su cuerpo, lo examina y lo acaricia. Su piel se eriza con cada contacto de una manera que antes no había experimentado. Sus amantes jamás habían sido seguros, experimentados, y mucho menos habían tenido el cuerpo de Igor. Era evidente que se ejercitaba, pero no podía imaginar que estuviese así de marcado, siempre escondido en trajes o en pijamas largos cuando dormían juntos. A ella también le encantaba lo que tenía enfrente. Él la deja suave sobre la cama, la besa en los labios lentamente mientras con su mano acaricia su zona íntima. Tamara gime contra su boca, encantada por el contacto. Él la besa en medio de los pechos, lame despacio hacia el ombligo. La respiración de Tamara cambia: está acariciando su cabeza mientras él lame su zona íntima. Ella respira entrecortado e Igor sonríe, orgulloso, porque en nada se ha olvidado de cualquiera que pudiese haber acariciado su cuerpo. Igor se convierte en la primera y única persona para ella. Se siente tan bien cuando finalmente Tamara pide que esté dentro de ella. Igor va despacio, con algo de miedo. Se mueve lento mientras estimula sus pezones, la besa y trata de hacer de la experiencia lo mejor que le ha pasado. Tamara se mueve un poco en busca de más estímulo. Él sonríe y se desliza lentamente dentro de ella. Despacio, inicia un mete y saca corto. Tamara le acaricia, rodea con sus brazos los hombros de Igor; su pecho queda sobre el de ella. Él se introduce hasta el final y ella gime. Toma una de las piernas de Tamara y con ella rodea su cadera para que lo sienta más profundo. Igor gruñe y se mueve lentamente de nuevo. Tamara pide más y él cumple cada uno de sus deseos y expectativas, de principio a fin. Los dos comparten besos, caricias… y, mientras buscan cómo recomponerse de tanto placer, Tamara despierta con el peso del brazo de su novio alrededor de su cuerpo. Sonríe y le da un beso pequeño en el brazo. Igor siente los movimientos de escape de su novia y abre los ojos justo cuando va al baño. Ella se devuelve a la cama y le da un beso suave sobre los labios antes de ir a esconderse un rato en el baño. Cuando decide salir, se encuentra con un montón de opciones para comer y a su novio en pantalón de pijama, bebiendo té y comiendo croissant con total lujuria. Ella se sienta en la cama con un muffin de chocolate y él le da un beso. Sonríe y le pregunta por sus planes para el fin de semana. Tamara se encoge de hombros. —Mi plan es pasarlo contigo, amor, lo que tú quieras —responde, y le da otro beso. Él sonríe y le acaricia el pelo. —¿Qué tal si vamos a hacer unos mandados que tengo? —responde, y Tamara eleva las cejas. —Mmmju… —Te invito a comer. —Damos unos cuantos paseos y volvemos a escondernos del mundo. —Muy bien, acepto. Ella lo abraza e Igor deja la taza sobre la mesa antes de abrazarla de vuelta. Tamara sonríe: se siente segura y amada, algo adorada incluso. Su novio le besa en el cuello y ella le acaricia la espalda. Igor busca su mirada y, sincero y muy seguro, le dice cuánto la ama. Tamara le cree y el pecho se le llena de felicidad. El celular de la joven suena dentro de la caja fuerte. Ella lo besa un par de veces más antes de ponerse el pijama e ir por su celular. Toma la llamada de un número desconocido y escucha a Marco Gutti, el mánager de Sima, quien está a punto de renunciar ante la insistencia de que le diera todos sus números a Tamara para que se los pasara a Grillo y, por favor, él llamara o escribiera primero. —Lamento molestarte, en tu oficina dicen que estás libre. —Sí, pero Grillo estará feliz de escuchar de ella —responde segura. —Espero no tener que enloquecerte a menudo, Tamara. De nuevo, una disculpa. Muchas gracias por tu ayuda. —Igual, que tengas un bonito día. Tamara: “Grillo, dice tu amiga nueva que por favor la llames o le escribas.” Grillo: “¿Te escribió ella?” Tamara: “Su mánager.” Grillo: “No sé… ¿crees que debería?” Tamara: “No sé, es tu vida.” Grillo: “¿Tuvieron sexo? Porque esa no es la respuesta de alguien relajado y erotizado, Tamara.” Tamara: “Te dejo los datos, es tu decisión.” Grillo: “¿Lo hicieron o no lo hicieron?” Tamara: “Lo hicimos, fue espectacular. Quiero más, ya no me molestes. Estoy ocupada sexualizando.” Grillo: 😂😂😂😂😂😂😂 “Cowgirl invertida, siempre sube los humos.” Tamara se ríe y apaga el teléfono porque en sus planes está simplemente dedicarle el día a Igor. Él sonríe cuando la ve en la puerta del baño. Había dejado la puerta abierta para que se animara a tomar una ducha con él. Quería apreciarla un poco mejor con la luz, quería estar pegado a ella. Tamara era su nueva obsesión, por mucho. —¿Entras conmigo? Ella asiente y va hacia la cabina mientras se quita la bata que la cubría. Igor extiende su mano hacia ella y Tamara la toma. Se acerca tranquila y reparte pequeños besos en su pecho. Igor sonríe y se dispone a enjabonarle el cuerpo. Después de una muy larga ducha, la pareja se reúne en un vecindario precioso de la ciudad con un agente de bienes raíces. La casa en la que Igor estaba viviendo era el apartamento que había compartido con su exesposa, y no le parecía justo compartir con Tamara el mismo espacio. No podía quitarle a Jelena las llaves ni la maña de aparecer cuando le diera la gana. El dinero y el trabajo duro le permitían comprar un nuevo lugar, uno que le gustara a Tamara, uno en el que ella se sintiera lo suficientemente cómoda como para mudarse con él. —¿Te gusta? —pregunta Igor. Era una casa con ocho habitaciones, nueve baños y medio, dos balcones en el piso de arriba, dos terrazas en el piso de abajo, cocina amplia, muy fresca, con vistas hacia la costa, una belleza en el día, dos jardines para actividades familiares y uno para actividades deportivas: desde natación con una piscina olímpica hasta construir una cancha para los niños. —No entiendo, ¿por qué estás comprando una casa? —Mi casa la comparto con Jelena. Quiero una casa para mí, eventualmente para nosotros… si es lo que tú quieres. —¿Me estás pidiendo mudarme contigo? —pregunta emocionada. Él frunce el ceño ligeramente, porque no era lo que tenía planeado. Igor es de esa gente que valora muchísimo la planificación de cada aspecto de su vida, pero le gustaba la idea, mucho. —¿Quieres mudarte conmigo? —pregunta sorprendido por el sonido de sus propias palabras. Luego sonríe, emocionado ante el futuro. Tamara sonríe antes de aceptar y lanzarse hacia sus brazos, asintiendo. —Sí, mudémonos… pero a algo menos grande. —Tú tienes familia numerosa, yo igual. Podemos tener oficinas en casa y, eventualmente, cuando nos casemos, necesitaremos el espacio. —Para nuestros siete hijos. —No sabes lo convincente que puedo llegar a ser. Tamara se ríe. —No sabes cuán terca soy —responde, y le besa. —Veamos otras opciones, pero esta es un buen comienzo. —Más opciones. ¿Qué te parece infaltable? —Las vistas en esta zona son preciosas, me gusta la piscina, y una recámara amplia si vamos a ser dos… y un clóset enorme. —Entendido.
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