Tamara se había citado con Grillo temprano, a las ocho de la mañana, pero él seguía en el treadmill, mejorando su rendimiento e intentando convencerla de hacer ejercicios juntos —porque “el ejercicio es vida”—. Luego dijo que se tomaba una “duchita rápida”, la cual duró no más de diez minutos, pero para alguien que usa una camisa blanca básica y jeans, él se toma demasiado tiempo eligiendo los jeans limpios y el material de la camisa blanca que desea usar.
Los dos se ven con el abogado. Este le explica al señor Grillo que su relación lleva casi diez años. No han compartido domicilio, pero es una relación muy pública y, después de tanto tiempo, ella podría reclamar un alimony o incluso bienes obtenidos durante la relación. Además de la división de la imagen pública, había tres escenarios:
Uno, y el más ideal: que ambos lanzaran un comunicado anunciando el fin de su relación amorosa, deseándose lo mejor y pidiéndole al público que por favor entendiera que todo llega a su final, y el de ellos había llegado, con amor y amistad de por medio.
Tamara sentía que eso era poco probable, después de revisar con detalle todo lo que planeaba el equipo de Yuri que Grillo y ella hicieran como pareja durante el resto del año. Y estamos hablando de que vamos por junio.
El segundo escenario era uno en el que Yuri quería salirse de la relación, pero permitía que se le echara un poco de tierra a su expareja, fingiendo que Grillo no ponía de su parte. Lo normal: los hombres quedando como cabrones.
Y el último escenario: que lo dejara por “perro traidor”. La noticia vende. Ella siempre gana publicidad. Él se come toda la culpa, pero puede seguir viviendo.
Grillo recibe un mensaje de parte de Yuri:
Yuri:
¿Tienes traje, guapo? ¿Todo listo para la noche?
Grillo:
Sí, ya tengo unas cuantas opciones. Tranqui, paso por ti.
Yuri:
Mi agencia me da auto.
Besos, muero por verte.
Grillo:
Nos vemos.
Tamara no se aguanta la pregunta y la suelta:
—¿Cómo putas firmaste ese contrato sin salida? Todo el mundo pone un límite de tiempo en las relaciones falsas.
También quería saber por qué él tenía una relación falsa con ella, mejor aún, por qué ella necesitaba un novio falso. Pero se contuvo al chismoseo y mantuvo el profesionalismo.
—Vale, yo pegué fuertísimo y empezaron a acosarme algunas fans. O sea, desde meterse en mi habitación, a mi coche, mensajes rarísimos, nudes... Todo se estaba saliendo de control. Andaba un rumor de que yo me metía con mocosas de colegio y me asusté. La opción era: novia, o perder contratos y oportunidades grandes.
—Vale, ahora vas a perder dinero y tu reputación. Pero cosa tuya.
Grillo y Tamara se despiden del abogado y, de camino al apartamento, ella le pregunta si está enamorado de alguien, conociendo a alguien, o si solo es un impulso. Él se encoge de hombros y luego se ríe.
—Es el impulso de ser papá…
—Grillo, no puedes usar a alguien para ser papá.
—Tu plan no es mejor. Es sucio. Es usar el útero, las hormonas y el cerebro de una pobre mujer a la que voy a robarle el bebé que gestó. Eres una mala persona solo por insinuarlo.
Tamara se ríe y va a la cocina. Se apodera de ella como si fuera su hogar. Prepara un café, pone arroz fresco, pica unos vegetales (todos muy lindos) y condimenta un bistec como una profesional. El corazón hambriento de Grillo da saltos de emoción.
Ella sonríe, toma asiento y lo prepara para conversar con Yuri. Le da instrucciones con claves muy importantes:
No decirle nada sobre la cláusula de diez años, por si no es consciente o no está dependiendo de ella.
No arrinconarla ni ridiculizarla.
Por nada del mundo contarle sus planes.
Simplemente, mantener todo light, muy relajado y privado, como lo es su acuerdo.
—¿Tienes alguna duda?
—Sí... Eso va a quedar como un bowl. ¿Le podemos agregar unas algas nori?
—No usé arroz de sushi, pero lo dejé sueltito. Muy rico.
—Vale.
—Tengo una salsita de chile con limón espectacular.
Los dos se sientan a comer y Grillo trata de robársela. Le comenta que tiene una vacante en “Grillo Enterprises” para jefa de persona y jefa de la vida de Grillo. Tamara rueda los ojos ante la ocurrencia. Solo necesitaba firmar por los próximos cinco años, entonces ya tendría experiencia y él tendría más dinero y estrategias para que ella no renunciara.
—En cinco años voy a tener 29 años… Pésimo momento para quedar desempleada y reiniciar por la vida. No, no. Gracias.
—¡Eres un bebé! ¡Dios mío! ¡Recibo órdenes de un bebé! —grita horrorizado Grillo, y ella se ríe hasta quedar con lágrimas en los ojos.
Los dos encienden el televisor, y la cara de Yuri aparece en la pantalla, en una serie de acción, siendo perseguida por un policía. Grillo cambia el canal y, en el siguiente, aparece él. La prensa especula sobre su ruptura y él asiente.
—Sí, sí estamos mal. Hace más de un mes que no voy al set de grabación —confirma.
—Exacto. Estoy dando señales…
—Correcto. No puedo más —responde a la periodista del otro lado de la pantalla.
Tamara se ríe.
El celular de tamara suena y ella se disculpa con Grillo al ver que se trata de su padre, su jefe le anima a contestarle a su padre de inmediato, y ambos escuchan la voz cálida y alegre tan solo descolgar. Su papá habla de lo orgulloso que está de las tres trabajando juntas, cumpliendo un sueño de toda la vida, esforzándose por sacar adelante el nombre de la familia. Incluso Grillo, que estaba orejeando la conversación sin disimulo alguno, se pone sentimental.
Ella finaliza la llamada y él se encoge de hombros.
—Que señor más dulce, cuando sea papá quiero ser así...
—Vamos, necesito que te vistas, que practiquemos lo que vas a decirle a tu futura exnovia y las propuestas de ruptura.
Grillo le da un beso y un abrazo antes de llevarla de regreso a su apartamento. Se prueba un par de trajes y ella coincide en que con el azul se ve más fresco, relajado, y muy bien vestido (y no en esas fachas de siempre). Su peluquera llega y le arregla el cabello: unas ondas sueltas que le restan formalidad. Le saca las cejas y le maquilla un poco para quitarle el brillo graso del rostro.
Una hora antes del evento, Grillo sale en dirección a casa de Yuri. Ella está espectacular: vestida de plateado, con la melena negra recogida en una coleta que le llega hasta las nalgas, un maquillaje que la hace lucir joven y fresca, y joyería cuidadosamente elegida.
—Estás impresionante como siempre, Yuri.
—Gracias. Tú no estás mal, cariño —responde, y le da un beso en el cuello, un abrazo, y los dos suben al auto que les envió la agencia de Yuri.
Ella le pregunta por sus proyectos, y él responde que todo está tranquilo. Mientras conversa, se ajusta el maquillaje y el escote, y se quita unas cuantas joyas que le parecían de más —el collar, la pulsera—, pero deja el anillo. Se pone uno nuevo: de diamantes. Grillo la observa y no dice nada, pero recuerda el consejo de Tamara: Después del evento, cuando estén a solas fingiendo disfrutar del sexo que no tienen, intenta negociar.
Se bajan del auto. Grillo la espera en la puerta, la toma de la mano y la ayuda a caminar entre los flashes, los saludos de la gente, los fotógrafos. Ella saluda a sus fans, firma autógrafos, y Grillo la escolta hasta la alfombra roja. Todos tienen preguntas y comentarios, felicitaciones para el elenco del programa.
—Grillo, ¿Yuri anda un anillo de compromiso?
—¿Van a casarse pronto?
—¿Ya tienen fecha?
Grillo niega con la cabeza mientras se ríe, pero su novia le da un beso en los labios, le toma del cuello y deja que les tomen fotos con el anillo en primer plano.
—Yuri, ¿están comprometidos?
—Llevamos años comprometidos con nuestra relación y nuestras carreras. Solo voy a decir que estamos más enamorados e ilusionados que nunca —responde, con voz dulce y sonrisa perfecta y agitando los dedos para que el destello del enorme diamante uno que Grillo consideraba jamás compraría para una mujer porque es ridículamente caro y grande.
Grillo la ve incrédulo. Se levantan más preguntas: que si la boda será en enero o en septiembre, que si será dentro del país o en el extranjero, que si vendrá la familia completa de Yuri o si finalmente sabrán más sobre la familia de Grillo.
Yuri deja que una de las periodistas vea el anillo como si fuese un compromiso oficial. Grillo no sabe si desmentir la noticia, si largarse y dejarla con su circo, o si simplemente gritar.
—Grillo, ¿cómo se lo pediste?
—Mi amor, vamos —le dice él, apretando los dientes.
Cuando ingresan al evento, Grillo busca dónde meterse a solas con Yuri, pero todos parecen querer ver de cerca al “rocío del romance”. Él entra en pánico antes de robarse a su novia y meterla en el cuarto de los abrigos.
—¿¡Te volviste loca!?
—¿De qué hablas? Ellos lo han insinuado compromiso... y yo... solo me sentí mal dándome por menos.
—Romper un noviazgo tan largo como el nuestro ya es difícil de explicar, imagínate si encima le pones semejante diamante de por medio y la idea de un compromiso. Tengo un lanzamiento en unas semanas. No quiero estar comprometido.
—No estamos comprometidos, pero es algo que el público anhela.
—Yo no anhelo eso —responde molesto—. Cuando esté comprometido, será porque voy a casarme.
—Grillo...
—Yuri, que te quede claro: no tienes mi autorización para confirmar o anunciar un compromiso que no voy a mantener. Es más, haz el favor de guardar esa cosa ahora mismo.
—Eres mi socio, no mi jefe. Y estoy publicitando esta empresa de joyería. Vamos, el show debe continuar. Finge felicidad.
Grillo envía mensaje a su manager
Grillo:
Tamy, necesito que me esperes en mi apartamento. Esto está fatal.
Tamara se presenta en el eventocon un vestido cobrizo ceñido al cuerpo, tacones de aguja y el cabello arreglado en un medio recogido. Al llegar, le da un par de golpes suaves en la espalda a Grillo. Él se gira, la ve, recorre su figura con la mirada: se ve guapa. Buen escote, buena figura, una espalda sexy sin rollitos, y el maquillaje le da un aire aún más dulce del que ya tiene naturalmente.
Grillo da tres vueltas a su alrededor. Ella se gira a la tercera vuelta con él.
—Concéntrate, Grillo. —le regaña Tamara. — Aparentemente estás comprometido, y eso no es parte del plan.
—Estás buenísima, follable. ¿Viniste a trabajar o vienes con plan de follar esta noche?
—Estoy trabajando en que no te cases mañana con una mujer que no te gusta y hay gente importante aquí del medio a quienes tengo que engatusar para que los contratos sigan lloviendo sobre ti.
—Tienes unas tetas muy bonitas, eh… Estás buenísima.
—Lo sé, ahora, ¿le diste ese anillo? ¿te comprometiste de camino a esto?
—Déjame tocarte un momento —comenta y tira del vestido.
—¿¡Tienes ese culo sin esponjas?!—pregunta. —¿Quién eres...?
—¡Grillo! —le llaman la atención al mismo tiempo Tamara y Yuri.