Darkness

2188 Words
Qué raro es el mundo, porque el primer día todo el mundo estaba obsesionado con Grillo. Yuri, la chica misteriosa: todos querían saber cuál era la reacción de Yuri a todo esto. Otros lo llamaban estrategia de ventas para su álbum, y Grillo estaba convencido de que se trataba de Dios tocando su puerta. Tamara se había puesto a trabajar en un control de daños, y parecía imposible, pero si Yuri colaboraba —por una buena indemnización— había una forma de que ambos vendieran la historia de que estaban pasando por una separación amistosa, lenta. Obviamente, la gente no se lo creería por completo, puesto que Yuri era una mujer guapísima que casi había anunciado un matrimonio… en fin. Como no contaba con la ayuda de Yuri, necesitaba asegurarse de que Brianne no quisiera ser la víctima de esa historia, porque ahora todos se cuestionaban si era o no consensuado. En el vídeo quedaba muy claro que Grillo vivió su momento Crepúsculo: se imprimó de una mujer, dejó todo en su vida, se convirtió en un animal primitivo, caminó a su alrededor mientras ella bailaba, la joven sonrió y extendió su mano hacia él —lo cual es una invitación—, pasó su mano sobre el pecho de Grillo, ella se acercó un poco más, él le acarició el pelo fascinado, y la joven se dio media vuelta para restregar sus partes íntimas contra las del pobre Grillo. —Tamara, ¿a quién quieres convencer? —pregunta su hermana—. ¿Y qué putas con la crepusculomanía? —Bueno, es un fandom muy guerrero… —Tamara, son las cuatro de la mañana y aprecio que estés dando lo mejor de ti, sacando la parte más comediante de tu corazón, pero necesitas tener un comunicado antes de las seis de la mañana. —Ayúdame, sí, ayúdame. ¿Recuerdas cuando éramos pequeñas y tú me ayudabas a caerle bien a Lucy? Te necesito. Verónica recordaba y le gustaba ese papel que le había dado la vida: ser la hermana del medio. Porque era la mejor amiga de Lucy, pero era la heroína de Tamara, y eso, segundo, no lo cambiaba por casi nada. —Llego en veinte minutos, me haces un cafecito y una tostada. —Vivimos a cinco minutos. —Voy a trotar un poco como para desperezarme. —Te odio. Tamara se había ido a dar una ducha porque necesitaba reiniciarse. Cuando salió, con el pelo mojado y cubierta con una sola toalla, escuchó risas: una muy masculina y la otra de su hermana. Ella salió de la habitación y asomó la cabeza, vio a Igor y a su hermana conversando como si fueran viejos amigos. Se vistió rápido con algo sencillo e intentó peinarse un poco, verse guapa, pero no había dormido y se veía despeinada. Igor se puso en pie en cuanto la vio y sonrió. —Vino a dejarte el desayuno personalmente y planeaba irse, según él, como un delivery, y lo invité a conocerme. —Estaba comentándome que es tu hermana favorita y tu jefa menos odiada. —Verónica es una caja de sorpresas —responde y le da un beso a su hermana en la mejilla. —Entonces, he dejado el desayuno, he conocido a tu hermana y creo que me debes una cita, mucho más pronto de lo que deberías. —No sé si pueda o no, Grillo. Es complicado el momento. —Sí, me voy de viaje el fin de semana, me encantaría que fuese antes nuestra cita, pero dicen que lo bueno se hace esperar y yo soy un tipo reivindicado en el camino de la paz y la paciencia —responde y le da un beso en la comisura del labio. —Podrían desayunar uno de estos días. —No puedo, no soy una persona de desayunos a esta hora. Hoy lo agradezco, pero mañana voy a dormir y pasado también. Puedo hacer un hueco para el almuerzo. Verónica e Igor ven a Tamara como si estuviese loca: su hermana no puede creer que no sepa coquetear —pero le parece lógico, por eso está extra soltera—, e Igor no entiende si quiere o no ir a una cita con él, pero muerde el anzuelo. —Es la comida menos sexy del día, pero si te ordenas una ensalada, voy a llorar. El joven se despide de Verónica y Tamara sonríe al ver a su hermana. —Trabajar nos da el pan nuestro de cada día, y vamos a arreglar a tu Grillo saltarín y loco, pero después vamos a trabajar exhaustivamente en que ese hombre espectacular salga en las tarjetas navideñas que tanto le gustan a mamá. Mientras las hermanas salían con todas las estrategias posibles y planteaban reacciones del público y lo que Grillo podría intentar tirar abajo con desesperación, simplemente porque no sentía necesario dar la cara por errores que en realidad no deberían incumbirle a la gente, sino a las partes involucradas. Él seguía fascinado con las imágenes. Porque si no las tuviese de evidencia pensaría que se lo soñó todo o, peor, que era una alucinación post-alcohol. Estaba demasiado ilusionado con la chica misteriosa, y la prensa se lo estaba poniendo fácil. Sabía todo de Brianne: es maestra de preescolar, hermana mayor de dos niños a los que cuida, su hermana es bailarina en su equipo y le parecía fantástico todo. Es sagitario (él también), y le encantaba que cada uno pudiese tener su propio mes: él en diciembre, ella en noviembre. Sus hijos podrían nacer en agosto. Ahh, fascinante, todo, para mí es fascinante estar loco. Bello entró al apartamento después de que Grillo no llegara a la reunión para ver los detalles de su álbum. Los dos habían puesto mucho trabajo en ese disco, con las canciones y la música, como para que lo dejara todo botado porque se había enamorado de una mujer que ni siquiera era su fan. —¡Grillo! —grita Bello, y este sigue corriendo en la caminadora mientras planea su próximo movimiento. El hombre se para enfrente y los dos se miran. Grillo baja de la máquina en un salto, y Abel niega con la cabeza cuando se tambalea y queda a un centímetro de golpearse la frente. —¿Estás consumiendo? —No, hombre, solo endorfinas endógenas. Bello le pide que se cambie a algo menos sudado y que se reúnan en la cocina. Tamara ingresa al apartamento, ve a su tío, le da un estrechón de mano y toma asiento. —Me alegra que estés aquí, y quiero comentarte, antes de que salga Grillo, que voy a renunciar a esto y a la empresa familiar. —¿Cómo? —Sí… descubrí que quiero hacer esto, pero no quiero que mis hermanas se sientan obligadas a tenerme en el club que están construyendo. Yo quiero ser mi propia jefa, hacer lo mío. Luego de aquí voy a conversar con mis papás para que se ofendan personalmente. —Su tío se ríe. —Me gusta que quieras reclamar tu independencia porque eres capaz de todo, pequeña —el hombre va leyendo los mensajes en la pantalla de su sobrina, un acto de espionaje que le ha enseñado la paternidad de dos adolescentes mentirosos—. Tienes mi total apoyo y mucha gente encantada de trabajar contigo. —¿Me dejas? —Grillo… sí, creo que sí. —¿Por qué, Tamara? —No quieres hacer nada de lo que he propuesto. Creo que no me respetas y no te respetas a ti mismo. No sé si este es mi sueño laboral, y no voy a ir por la vida rogándote. Tamara se va, Bello sale poco después y Grillo se queda solo, en silencio. La lluvia decide unirse y golpear contra el edificio, azotar la ciudad. Se queda con la oscuridad que no le deja respirar, que le recuerda que es tóxico, que todo lo que ama se aleja, que nunca es suficiente para nadie. Vuelve a ser esa persona pequeña que pregunta adónde van, por qué papá y mamá no se quedan, la persona que pide auxilio toda la noche y a quien nadie llega a rescatarle, al menos no de inmediato. Grillo no recuerda haber estado así de solo en años. No recuerda haberse permitido sentir la mierda que en realidad es. Lee comentarios en r************* : el público que lo justifica, los que lo acribillan y los que intentan analizar cada segundo de su vida porque les pagan por hacerlo. Entonces toma el teléfono y escribe lo que nadie pensaba que saldría de su cabeza y su corazón: No a todos nos enseñaron a amar. No voy a disculparme con la persona incorrecta. No voy a justificarme ante el mundo o, peor, inventar excusas. La cagué, me pasa todo el tiempo: la cago, lastimo gente, me lastimo a mí. Pero estoy lo suficientemente viejo como para saber que Yuri merece una disculpa, que Brianne no merece la persecución, y que Tamara no debería ser cuestionada. Su trabajo es organizar mi vida laboral, no contener mi mierdero personal. Si tienen algún pedo, o un mierdero que tirarle a alguien, es a mí, y estoy dispuesto a recibirlo. La gente no se contuvo: no habían pasado diez minutos y ya había un millón de comentarios de nuevo divididos. Esa noche, Grillo había conducido a casa de Yuri. Ella no había llamado, no había enviado un correo ni contestado sus llamadas. La prensa estaba pegadísima a sus espaldas, por lo que trató de perderles dando vueltas por la ciudad; sin embargo, había un montón de reporteros y paparazis esperando a Yuri, quien ni siquiera había atendido al llamado que tenía ese día. Él se preocupó ligeramente al encontrarse con la casa completamente a oscuras, pero conocía a Yuri: esa era una estrategia para que todos se fueran, incluso él. Tampoco era su primera pelea; tenían una relación de años, se conocían lo suficiente para no dejarse disuadir por las luces o el exceso de cámaras apuntando. Entró en la casa mientras llamaba al manager de la joven para verificar si la había escuchado. Yuri estaba acostada en el sillón de su casa, se había tomado una botella de bourbon mientras contemplaba cada imagen, cada video, desde cualquier ángulo. Sí, ella había sido la tapadera perfecta para que las fans no se le abalanzaran encima, pero ahora él saltaba encima de ellas como un animal. Después de llorar, alcoholizarse y cubrirse de pies a cabeza, se había quedado profundamente dormida. Grillo había estado encendiendo luces por toda la casa hasta llegar a la sala; fue a preparar un poco de café y un emparedado, buscó unas pastillas y le confirmó a su manager que estaba en casa. Grillo coloca todo en una mesita de café. Ella abre los ojos y ve un ramo de rosas, el café, el sándwich y a Grillo. Se asusta al verle, da un salto fuera del sillón y se pone en posición de defensa como quien está planteándose ser atacado por Jackie Chan. —Grillo —dijo asustada mientras salía del sofá. —Ey. —¿Ey? —pregunta indignada. —Hice café y un sándwich. —¿Café? —pregunta y le ve de pies a cabeza; sus ojos se adaptan a la luz—. ¿Un sándwich? —Sí. —¿Sándwich? —pregunta la mujer y se pasa las manos por el rostro. Toma la botella de bourbon y la tira contra Grillo, quien le ve asustado. Luego le lanza el ramo de rosas contra la pared y unos pedazos de vidrio le cortan. La joven le empuja y él da una patada y otro golpe, que Grillo toma porque está lo suficientemente sorprendido por su reacción. —Yuri, solo escúchame. —¿Escucharte yo a ti? —pregunta indignada mientras le empuja hacia la salida—. Te pido, te ruego darme una oportunidad y vas y te le lanzas a la primera zorra que se te aparece. La joven abre la puerta de su casa y lo empuja con todas sus fuerzas. Ve los flashes golpearle y no le importa; se quita las pantuflas y se las tira en la cabeza. —Vete, termina de humillarme, pero lárgate. Hoy no quiero verte, hablarte ni perdonarte —dice y le llena de más golpes. Grillo se queda acostado en el suelo; le deja usarle de saco de boxeo hasta que de verdad cree que puede romperle una costilla. Él le toma de las muñecas y busca su mirada. Yuri está llorando desconsolada. Grillo la abraza; ella llora con más furia, le empuja, le aleja de su cuerpo, y ella llora aún con más tristeza porque la persona que no creía posible que la lastimara —su amigo— la había roto por completo, y ahora estaba consolándola. Recuerden que ustedes son mi equipo de lectura, por fa comenten, reaccionen, díganme si les gusta, qué quieren saber de los personajes, todas sus observaciones son válidas y requeridas porque probablemente la publique profesionalmente. Esa e sla meta para esta novela. Las leo
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