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1453 Words
Al día siguiente me sentía nerviosa por la apuesta que gané y porque no tenía idea de cómo Liss y yo íbamos a salir. Y temía ese primer encuentro del día con el guardia. Cuando me dirigí a la cocina, vi a los dos guardias y estaban desayunando con Sara, charlando tan animados como ya era normal, los saludé y deseé buen apetito a todos mientras buscaba algún dulce para merendar en el jardín. Me serví gelatina de uva y salí a la terraza. Hacía un día soleado muy bonito y la frialdad del tembloroso postre era perfecta para refrescar. Nyx no tardó en aparecer y se sentó a mi lado, pensé que se me iba a detener el flujo sanguíneo por su presencia; hacía unas horas le había arruinado la única noche libre en una semana y me hacía sentir como el ser humano más egoísta. —Lo siento —musité avergonzada y por un momento pensé ser la gelatina. Él volteó a mirarme y sonrió luego de estudiar mi rostro. —Ganaste, pudiste ser mala. —No se siente tan bien ¿sabes? Rió con los ojos fijos en sus zapatos. Los detallé y me fijé que no estaba vestido formal, llevaba un par de tenis blancos, jeans grises un poco ceñidos y una camisa de franjas azules. —Deberías estar feliz, Podrás salir un rato de este encierro. —Sí, bueno. Ya no me hablas de usted. ¿La formalidad es de lunes a viernes? —Creo que ya hemos pasado varias situaciones… como para seguirte tratando de usted. —Varios secretos. —Sonreí. —Varios secretos. —Suspiró. Ese día Liss y yo no pudimos estar de acuerdo en un lugar al cual ir, pues ella quería ir a los sitios más concurridos y a mí eso me daba pánico. Ella creía que yo lo inventaba, pero la verdad era que me esforcé mucho las veces anteriores que nos escapamos para ir a esos lugares atestados de personas sin que me desmayara. Me recuerdan a ese día en el parque de diversiones y… Se me pone la piel de gallina y el corazón descontrolado. La angustia de no saber dónde estaban mis padres… «Basta». Tenía años con una lucha interna, tratando de olvidar todo lo ocurrido y dando lo mejor de mí para no dejarme vencer por ese horrible momento que no sucederá de nuevo. Solo estuvimos en el momento y hora equivocada. Y no pasó a mayores. Al final, le dije a Liss que saliera ella sola, yo no quería ir a ninguno de esos lugares abarrotados. Y si lo hacía, sería porque así lo quisiera. Ella refunfuñó y se fue a hablar con Alekséi y yo me quedé en el jardín la mayoría de la tarde. No quise saber más del tema ni de a dónde iría ella o cuándo lo haría. —Entonces ya no quieres salir. —Asentí un par de veces con suavidad—. Qué rara eres, sin que suene ofensivo. —¿Rara por qué? —Pues, me humillaste en un restaurante sin estar ahí y ahora no quieres el premio. —Pero no fue personal… Te dije que lo sentía. —Lo sé. —Sonrió. Nyx y yo hablamos el resto de la tarde, insistió en saber mi cambio de opinión, pero no le expliqué, aún era un tema difícil de conversar para mí. La verdad, él era un hombre interesante, bastante gracioso y obstinado. En más de una oportunidad me dejó sin habla, riendo como foca retrasada por sus ocurrencias. La monotonía de los días hizo que estos pasaran muy rápido, pero papá parecía no olvidarse de nuestro castigo. Ya había pasado un mes desde que contrató a Alekséi y a Nyx y con total seguridad podía decir que ha sido de los mejores castigos que he tenido. Nyx era un hombre divertido y habíamos ganado confianza luego de un mes “oliendo mis pedos”, como decía él —sí, a ese punto había llegado la confianza. Dario y Dave, dos amigos cercanos, nos habían ido a visitar un fin de semana porque no contestábamos por ninguna red social y les pareció raro. Más raro fue que llamaran a casa y que nosotras pudimos hablar por un teléfono local, eso fue tan antiguo... Durante mis clases volteaba a ver a Nyx y solía quedarse dormido o jugando con su celular, no entendí porqué, pero pensé que quizá un libro lo mantendría distraído. Así que como buena chica amante de la literatura, busqué algo bastante descriptivo y violento en el pasillo de libros de novelas «seguro algo de historias medievales le gustará». Mientras él casi partía la pantalla del móvil tecleando quién sabe qué, me acerqué con el libro en mi espalda y me quedé de pie frente a él. Él dejó de ver el celular y centró su atención en mí. —Señorita Amy, ¿qué se trae entre manos? —Me traigo entre manos algo que quizá te guste. —Baia baia… —soltó con picardía moviendo las cejas de arriba abajo—. ¿Qué será? Le mostré el libro con una sonrisa de oreja a oreja. —Es sobre historias medievales y… Batallas. Bastante entretenido, creo. Para mí lo fue. Me miró con los ojos entrecerrados y tomó el libro, una pequeña y relajada sonrisa se esbozó en su rostro mientras observaba la obra encuadernada con cubierta gruesa. —Gracias, es un lindo gesto de tu parte. —Por nada. —Sonreí. Más tarde —de noche, de hecho—, mis padres llegaron a casa justo a la hora de cenar. Sara sirvió una rica lasaña —mi comida favorita—. Estuvo deliciosa y le agradecí enormemente. Dios bendijo sus manos. Mamá nos dijo que nos tenía una buena noticia y debíamos esperar que termináramos de cenar para poder contarnos —aunque ya sabía que solo era para alargar la espera y aumentar la ansiedad. «Que nos levanten el castigo, que nos levanten el castigo…» me repetía mientras mis padres charlaban de su día en el hotel y de números que para mí no tenían mucho significado. Sara retiró los platos vacíos y sirvió más vino a mis padres. Cuando se retiró del comedor, mi padre comenzó a hablar: —Luego de una larga conversación entre su madre y yo, coincidimos en que es tiempo de devolverles sus celulares y laptops. Guau. De regreso a la actualidad. —¡Iiiih! ¡Gracias, gracias, gracias! —Gracias, mamá, papá. —Sonreí y di saltitos en mi silla. —Se han portado bien, los guardias no han tenido ningún inconveniente con ustedes, así que se lo han ganado —comentó mamá. —Mami, ¿podremos salir en algún momento? —Lissandra, creo que aún es muy pronto para hablar de eso. La cara de desilusión de Liss llegó hasta el suelo. —¿Puedo retirarme a buscar mis cosas? —Sí, están en el despacho, Amelia. —Gracias, papi. Feliz noche. Casi corrí al despacho y al entrar vi las laptops y los celulares sobre el escritorio. Tomé mis pertenencias y subí a mi habitación dando saltitos de felicidad. Lo primero que hice fue poner a cargar mi celular, los poquitos conocidos que tenía quizá hayan notado mi ausencia y se preguntaban qué había pasado conmigo. —Ahora sí te perdí —dijo Nyx irónico desde la entrada de mi habitación. —No seas tonto, además, yo solo veo videos y escucho música. —Vale… —¿Me das tu número? —¿Para qué? Estamos juntos veinticuatro siete —tajó odioso. —Lo sé, solo que durante clases no te fastidio… —Y no deberías —interrumpió. —¡Ay! Qué pesado… —Bah, bueno… Pasa el celular. Lo encendí y con la poquita carga que agarró, se lo entregué. —Pero qué bonito celular… —comentó viendo la pantalla astillada en varias partes. Tecleó con rapidez y me devolvió el teléfono—. Guardado como Nyx Hedderich. —Gracias, Nyx Hedderich. —A la orden. —Guiñó un ojo juguetonamente y se alejó. Coloqué la laptop en la cama y la encendí, puse algo de música suave mientras veía mis r************* . Me tomé una foto con mis dedos formando el símbolo de la paz y la subí con el pie de foto “De nuevo por aquí”. Dave me escribió de inmediato, junto con otras personas no tan cercanas, con las que charlaba y compartía información muy seguido. Esa noche me acosté un poco tarde, tratando de ponerme al día con mis poquitos contactos al mismo tiempo.
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