Me senté en mi cama y comencé a rememorar lo ocurrido hacía ya unas horas… Rayos. ¿Cómo lo iba a tratar? “Ahora como si nada”. La frase retumbaba en mi cabeza, pensaba escribirle… No, no. Mejor me aseaba. Lavé mi espesa cabellera gris —heredada de papá, porque el rubio oscuro de mami no fue suficiente contra los genes Goldman—y dejé que me corriera mucha agua tibia. No sabía a qué atenerme al iniciar una “relación” con Nyx, es decir… Nunca había salido con un chico, y más allá de los amores platónicos que he tenido con personajes de libros y algunos artistas del espectáculo, no sabía lo que era ser una “novia” y querer a alguien de esa forma romántica y desmedida como lo implicaba el amor. Tampoco sabía cómo debía sentirme con toda la situación… Nyx me agradaba muchísimo —aunque no s

