Pasábamos cerca de una hilera de rocas y vi pequeños cangrejitos, me acerqué a verlos y Nyx se quedó observando. A los segundos se subió a las rocas y comenzó a adentrarse. Me llamó y me dijo que había más cangrejos, vi difícil subir esas rocas así que le pedí que me ayudara.
Me llevó hasta donde estaban los pequeñines y eran demasiados, el agua los sacaba de las rocas y los hacía sumergirse, los empujaba y así en un constante ciclo.
Me aburrí de verlos, caminé hacia las rocas por las que subí, Nyx me ayudó a bajar y siguió andando.
Lo seguí unos metros más y se giró sobre sus talones, caminó decidido hacia mí, con la seguridad marcada en cada músculo, en cada cabello peinado por la humedad del mar, y luego de tomar mi rostro con suavidad dejó un beso en la comisura de mis labios.
—Eres preciosa.
Me soltó y volvió a caminar como si nada hubiese sucedido. Me quedé allí atónita, tocando la parte de mi cara que había sido besada por él.
Fue eléctrico, inesperado y muy propio de él. Controlador, impulsivo y dulce a su modo.
Me encantó.
—¡Nyx!
—¿Qué?
—Vamos... ¿Vamos a hacer buceo? —pregunté más por sacar conversación.
—Ah, sí, eso... Ya Alek debe estar allá.
—Voy un momento a beber agua y te alcanzo ¿sí?
—Está bien.
Caminé hasta el toldo y Liss estaba sonriendo con los brazos cruzados.
—Te vi. Te vi, te vi, te vi. ¡Te ví, Chiquita!
—No viste nada, no sé de qué hablas.
—Nyx y tú... ¡Se gustan! Y te besó...
—¡No! Estás imaginando cosas... —escupí acelerada, sentí mi rostro tan caliente que debía estar achicharrada o roja de vergüenza.
—Chiquita, Nyx estaba muriendo de celos cada vez que Elliot te hablaba —explicó con los brazos cruzados y la ceja izquierda alzada.
—Claro que no... Lo hizo para molestar.
—Mjm, molestar. ¡Se gustan! —exclamó inclinada hacia mí con las manos en la cintura.
—Calla, chillona. —Busqué la botella de agua y le di un sorbo.
—Es tan bello, o sea... Tan atractivo.
Me quedé callada un momento mientras sentía como se me quemaba el rostro, le di otro sorbo a la botella, me mojé un poco una palma y la pasé por mi cara, necesitaba calmarme… Solo así pude hablar con sinceridad.
—¿Verdad? Liss, sus ojos son hermosos. Y su rostro... Y casi siempre trata de hacerme reír.
—¡Ay no! Si no te quedas con él, lo hago yo.
—Y Dario que se vaya al diablo.
Ambas reímos y nos quedamos calladas tras varios segundos.
Escuchamos un silbido y volteamos en dirección a este, Nyx nos hacía señas para que fuésemos al local.
—Yo no iré, ve tú con ellos, Chiquita.
—Bueno, cuida las cosas.
—Controlado, los esperaré para almorzar.
—Okii, nos vemos al rato.
Al llegar al local nos explicaron varias cosas del sitio al que íbamos, información sobre el esnórquel y cuánto duraba el paseo.
Fuimos hasta la orilla de la playa donde nos esperaba una lancha. Alekséi me ayudó a subir y luego ayudamos a otra muchacha. Fueron pocos minutos de recorrido en el mar, al detenerse la lancha nos señalaron donde era la inmersión.
El agua era cristalina y sin esfuerzo alguno podía ver los peces nadando. Algunos arrecifes eran más vistosos que otros y parecía una especie de oasis submarino sacado de un cuento de fantasía.
Éramos cinco personas y todas sabíamos nadar, el guía nos dio las instrucciones de cómo agarrar las estrellas marinas —que era lo que más hacían en ese paseo— y que nos avisaban cuando fuese el momento de volver.
Alekséi se lanzó al agua con las otras dos personas que iban en la lancha, Nyx me dijo que él ya había hecho ese paseo así que me guiaría. Con la emoción saliendo por los poros, me lancé al agua con Nyx y comenzamos a nadar hacia los peces.
Cuando estábamos casi sobre los corales, me dijo que le hiciera señas por si quería subir o si ocurría algo.
Nos sumergimos y los peces eran hermosos, súper coloridos y pasaban muy cerca de nosotros; cuando el aire se me agotaba le hice señas a Nyx y subimos a respirar. Me quité la máscara y le dije:
—¡Me encanta! Es hermoso, los peces, los corales, las algas...
—Hermosa eres tú —soltó mientras se quitaba los lentes y se acercaba a mí.
De inmediato sentí que las mejillas me ardían y él sonrió, confirmándome lo anterior.
Se colocó los lentes de nuevo, lo imité y sentí su mano tomar la mía, me dijo que bajáramos de nuevo y tomé mucho aire.
La escena era más que hermosa. Nyx me trataba como una princesa del mar, nadaba muy cerca de mí, su mano recorrió mi brazo y me señalaba peces o algas coloridas. Luego de nadar por poco más de quince minutos nos llamaron de la lancha, regresamos a esta y a los minutos nos dejó en la orilla de la playa; agradecimos el paseo y regresamos al toldo.
Liss nos esperaba con un menú de comida, los cuatro pedimos pescado frito con patacones, dos batidos de frutas y dos cervezas.
Mi hermana se levantó y se llevó a Nyx lejos del toldo, miré a Alekséi y revisaba su celular, absorto de lo que ocurría.
No tenía idea del motivo exacto de Liss para casi arrastrar a Nyx.
Oh, claro que tenía idea, pero no quería entenderlo o aceptarlo.
Los veía a ambos y Liss gesticulaba no solo con su boca, sus manos subían y bajaban mientras ella hablaba y Nyx solo asentía. Cuando ella dejó de hablar, él se pasó las manos por el cabello y se sentó en la arena, le dijo algo y ella se sentó a su lado. No pude verle la cara a ninguno porque estaban dándome la espalda, pero intuí que Liss le había preguntado sobre "nosotros".
A los minutos, Nyx se puso de pie y ayudó a Liss a levantarse, le dio un abrazo de oso que hasta la levantó de la arena y ambos regresaron al toldo.
Comenzamos a charlar mientras la comida llegaba, ya el estómago me rugía y al ratito llegó el chico con nuestro almuerzo, el cual lucía delicioso.
Disfruté mucho la comida, creo que los demás también. Liss se estaba quedando dormida y se acurrucó en la silla, Alekséi estaba rendido en la arena y tenía la cara tapada con el sombrero de Liss. Nyx me preguntó si quería ir a caminar en la orilla y acepté.
—Y... ¿Te gustaron los corales?
—Sí, nunca los había visto tan cerca.
—Me alegra... —Sonrió.
Tenía curiosidad, pero no sabía si era correcto, así que al mal paso darle prisa.
—Nyx...
—Dime.
—Yo... ¿Te gusto? —Me miró con una sonrisa ladeada que le llegó hasta los ojos—. Es decir, ¿por qué?
Él se rió antes de responderme:
—Porque... No lo sé.
Sonreímos nerviosos y detuvo su paso, haciéndome detener también.
—Entonces, no lo sabes.
—No. Bueno, pregúntame de nuevo.
Reí con su respuesta.
—Nyx ¿por qué te gusto?
—Tienes algo que me atrae a ti, no es solo lo obvio... Es, es... Quizá tu locura o tu timidez, o tu mal carácter, quizás es eso o estoy equivocado. Pero me gustas y es difícil que no quiera estar cerca de ti.
Sonreí como una tonta por varios segundos, me sentí incapaz de contestarle algo... Nunca me había pasado algo así.
—Nena, no te pido que me correspondas, pero no sé qué hacer. No quiero meterme en problemas, pero tampoco quiero alejarme de ti.
—Yo no quiero que te alejes, me agradas mucho.
—Ah, te agrado mucho —dijo con la mandíbula tensa—. Yo aquí como un pendejo diciéndote algo serio y solo te agrado. —Me dio mucha risa y fue inevitable aguantar la carcajada—. Tú no te vas a reír de mí, carajita estúpida.
Sus manos sujetaron mi cintura y mi cuello con firmeza, pegó sus labios a los míos y su suave lengua tocó mi boca. Instintivamente la abrí y entró hasta encontrar mi lengua, con ansias y ritmo su beso me derritió entre sus brazos.
Se separó de mí con brusquedad y sentí como si mi cuerpo hubiese hecho cortocircuito, pegó su frente a la mía, sus mejillas se abultaron y seguro su boca exhibía una linda sonrisa de felicidad, reflejo de la mía.
Estaba mirando los ojos más similares a las cristalinas aguas del mar, que pertenecían al hombre que me había dado mi primer beso, la ternura me invadió y hundí mi cara en su pecho, él me abrazó y besó mi cabeza mientras acariciaba mi cabello.
Porque esto solo sucedía una vez en la vida, y sucedía con quien debía suceder y sin importar como ocurriera, sería perfecto. Y así fue... Con él, a orillas del mar, con el radiante sol naranja siendo testigo de la magia y el viento silbando contra nuestras pieles.
Perfecto.
Y quizás no fue como en las novelas rosas que leía en mis tiempos libres, cuya doncella ansiaba la aparición de un caballero de brillante armadura con corcel de sangre pura que la auxiliará en su peor momento. Pero fue tan hermoso ese primer beso como lo había imaginado. Nyx había despertado infinitas emociones como lo describían las doncellas cuando su príncipe sellaba su amor hacia ellas en ese mágico momento donde sus labios se unían. Felicidad, cosquilleo, cariño, deseo...
—¿Y ahora, Nyx?
—Ahora... Como si nada. Tus padres ni nadie deben saber. —Mi corazón dio un salto.
—Alekséi y Liss saben...
—Sí, pero más nadie. No hemos hecho nada malo... No es como si te hubiese embarazado o algo así. —Lo miré con los ojos en blanco y él me dio un beso en la punta de la nariz—. Tranquila ¿sí?
—Está bien.
Me dio varios besos en la boca y yo solo sonreía más y más luego de cada beso. Continuamos el paseo por la orilla de la playa, con las manos entrelazadas y a la puesta del sol.
Regresamos al toldo y Liss y Alekséi recogían las cosas. El sol se estaba poniendo y ya era hora de volver a casa. Me puse mi vestido y Nyx se vistió, tomó mis cosas y caminamos hacia el jeep.
Nyx condujo de regreso, puso algo de música en español y yo me dediqué en alternar la vista entre el atardecer y los ojos de Nyx a través del espejo retrovisor.
Al llegar a casa, desperté a Liss que se había quedado dormida, bajé del jeep para tomar mi mochila del maletero y Nyx me dijo con seriedad “no se preocupe señorita, yo la llevo”. No supe cómo responder a su inesperado trato así que solo asentí y miré mis sandalias.
Papá y mamá nos recibieron efusivamente y nos elogiaron el bronceado. Liss y yo les contamos todo lo que podíamos contar. Cuando subí a mi habitación, Nyx iba entrando a la suya, le sonreí y él respondió con el mismo gesto.