Elena soltó un suspiro largo y cerró los ojos. Su máscara de fragilidad se desmoronó, revelando a una mujer endurecida por el odio. —No lo negaré más. No estoy enferma. Si te mentí fue para que estuvieras lejos de mi hijo. Era la única forma de que una Morrow me hiciera caso. —Yo amo a Bastian —le dije, con la voz entrecortada. —No es justo que nos haya separado de esta manera. Nos quitó meses de estar juntos, meses de ver crecer a sus hijos… —¡Lo peor sería que Bastian tuviera relación con los Morrow! —gritó Elena, levantándose del sillón con una energía que desmentía cualquier enfermedad. —Tu familia le quitó todo. Mi esposo, Jett, murió en la cárcel porque no pudo con la presión, con la vergüenza, con las deudas que tu padre provocó. Yo me quedé en coma, perdida en la oscuridad dura

