Elena

2257 Words

La mañana siguiente, el ruido del aeropuerto internacional se llegaba a mis sentidos como un ruido blanco y monótono. El sonido de los anuncios de vuelos, el rodar de las maletas sobre el suelo brillante y el murmullo constante de los pasajeros me recordaban que el mundo seguía girando, ajeno a que yo estaba a punto de abandonar mi vida entera. Sostenía al pequeño Sebastián en mis brazos. El peso de mi hijo contra mi pecho era lo único que me anclaba a la realidad en ese momento. Lo miré, observando cómo sus ojos curiosos seguían el movimiento de la gente, y sentí una gran felicidad por tenerlo a mi lado. —Tú eres mi única fuerza para olvidar todo esto, pequeño —le dije, besando su frente. —Por ti voy a ser el hombre que este nuevo destino necesita. Alina, que estaba a mi lado revi

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