Tadeo, recuperándose de la sorpresa inicial de vernos abrazados, soltó una risa alocada, un sonido carente de alegría que resonó con arrogancia en las paredes de mármol. —¿La familia que el odio casi destruye? —se mofó Tadeo, mirándome con desprecio. —Eres un iluso, Cross. Eso que sueñas no podrá ser nunca por una sencilla razón: Amy es una mujer casada. Está casada con Viktor, un hombre de verdad, y él es el padre de esos gemelos que ella lleva. No tienes lugar aquí más que como un intruso patético. Sentí que la sangre me hervía, pero antes de que pudiera responder, una voz calmada descendió desde lo alto de la escalera. —No, Tadeo. No mas mentiras. Todos giramos la cabeza. Viktor bajaba los escalones con las manos en los bolsillos, luciendo una serenidad que contrastaba con el caos q

