II - La chica incorrecta (Parte II)

4930 Words
Se fue temprano a casa. En cuanto llegó colgó su sweater en el tendedero. Se recogió el cabello en una trenza y se puso a asear. Recogió varias botellas de alcohol vacías y colillas de cigarrillos. Cocinó temprano esperando a su padre quien entró con una nueva botella en las manos. –Ah, ahí estás. ¿No es muy temprano para que estés aquí? -Salí antes. –Contestó bajito. –No hubo clases. -Veo que fuiste útil y limpiaste. Al fin estás aprendiendo a serlo. Sirve los platos en cuanto sea la hora de comer. –Sarah asintió y comenzó a preparar su comida aparte, su padre, a diferencia de ella, si comía carne. Hecha ya la hora, puso la comida de su padre en la mesa y ella se sentó a un lado con su plato. –No entiendo porque te matas de hambre. –Dijo cortando un trozo de su mortadela. –Por eso estás como un palo, no comes más que montes. Montes, montes, montes. -No me gusta la carne. –Probó su arroz con vegetales y no dijo nada más. La cena transcurrió sin ningún otro comentario. En cuanto terminó de recoger los platos se fue directo a su habitación a hacer su tarea. *** Final del día y León esperó a Jean a la salida. –Entonces ¿Vas a ayudarme? -Sí, sabes que sí, prometí que lo haría, guapo. –le dio un beso en la mejilla y los dos caminaron juntos hasta el automóvil. -Tengo que esperar a mi hermana, dale cinco minutos. Hans hoy se quedó porque iba a ver algo de una extracurricular. –Esperaron dentro del carro hasta que Eleonor llegó corriendo y subió. –Hola monstruo. -Hola Rawr. Hola extraña. –Dijo Eleonor poniéndose sus audífonos. Jean rodó los ojos. -El, ella es Jean. -Y ya dejaste de ser una extraña. Soy Eleonor. -Bueno, primero vamos a la librería. Quiero conseguir el libro para mi reporte. –Comenzó a conducir mientras Jean solo veía por la ventana. –Por cierto ¿Me puedes decir de que va ese libro? - ¿Cuál libro? –Preguntó curiosa la rubia. –No sabía que ya hubieses elegido uno. -El café celeste... ¿Era así que se llamaba? -No tengo idea. –Negó. León se sintió confundido, si Jean no le había dicho el libro ¿Quién lo había hecho? Pasaron por la librería, Jean solo miraba títulos y León buscaba el libro que especificaba la nota, Eleonor se terminó llevando varios que pagó con sus ahorros. Para su suerte, lograron conseguir el manuscrito. León condujo por las calles pensando quien había sido, la chica que se sentaba a su lado no estaba cuando vio aquella nota, no podría ser ella, pero ¿Y si hubiera sido ella? –No sé por qué elegiste ese libro. Pienso que habría estado mejor hacer un reporte sobre Moby d**k o algún clásico. -Este me atrajo. –Dijo y el resto del viaje estuvo en silencio. Al llegar a su casa, Eleonor saludó a su padre y a su hermana menor. León entró junto a Jean. –Papá. No esperaba verte aquí. –Dijo sonriendo al verlo en la sala. - ¿Cómo de qué no? Si aquí vivo. –Rió. –Hola señorita. –Elisa venía corriendo directo a los brazos de su hermano mayor. - ¡Rawr! –Le dio un beso en la mejilla en cuanto León la atrapó y la abrazó con fuerza. –Matthew ya sabe hacerse el muerto, el abuelo le enseñó. -Papá, Eli, ella es Jean. –Dijo presentando a la muchacha de al lado. La rubia saludó con una sonrisa. –Vino a ayudarme con una tarea de literatura. -Hola Jean. Enana, ven. –Liam cargó a Elisa dejando que ella lo abrazara. –Soy William Lancaster, el padre de León. –Sonrió. –Lamento lo de la otra noche, no se volverá a repetir. -No hay cuidado. Todo olvidado señor Lancaster. –Terminó por decir la rubia. -Bueno, iré a ver si Eleonor necesita ayuda con su tarea. –Se llevó a su niña en brazos mientras León se quedó en la sala junto a Jean. Ella le indicó lo que necesitaba para su reporte y él comenzó a leer el libro que había comprado. Lo atrapó de inmediato. -Mira Jean, habla de una estrella de rock. –Sonrió emocionado. –Es su vida diaria, por las horas en donde no es una estrella de rock. -No sé porque te emociona tanto. –Dijo un poco confundida. –Sí, quiero decir, eres hijo de una estrella de rock ¿Y qué? -Bueno, tiene términos que entiendo, la música, incluso el fútbol. Quien me recomendó el libro supo exactamente qué clase de lectura sería capaz de soportar. - ¿Te recomendaron el libro? –Preguntó molesta. –Dime quien. -Pues no lo sé. –Comenzó a hacer un resumen de lo que iba entendiendo. Los capítulos eran cortos pues estaban narrados en forma de cartas que no superaban las dos páginas. –Encontré una nota dentro de mis cosas y me decía el título del libro y me parece que es muy interesante. -A lo mejor fue Hans. –Dijo la rubia y León negó. -Estaba al lado mío cuando encontré la nota, él no lo hizo. Además, conozco su letra fea. –Siguió escribiendo y Jean solo se quedó callada, pensando. "¡La hippie!", se dijo a sí misma. "Intenta llegar a León, mañana verá". –Este libro me gusta. –Sonrió y lo dejó un momento para tomar la mano de Jean. –Ya que estás aquí quiero disculparme por lo que pasó la otra noche. -Ya no tiene caso. –Sonrió tomando la mano de León. –Demos vuelta a la página. -Estoy de acuerdo. Jean. Eres bonita, una de las chicas más hermosas de toda la escuela y me gustas. –Dijo y sonrió. –Y quiero que salgas conmigo. ¿Qué dices? Jean sonrió y batió las pestañas. –Yo digo que sí. –León la acercó y terminó por besarla. Jean le siguió bastante bien aquel beso. Era apasionante sentir los labios de otra persona por primera vez de aquella forma. León la dejó al escuchar unos pasos. Bajando las escaleras se encontraba su hermana menor. –Agh. –Rodó los ojos Jean. -Eli. –Sonrió León sin notar el gesto de Jean. – ¿Qué estás haciendo? -Pues... –Alzó los hombros en señal de "no lo sé". –Eleonor hace tarea con papá y no tengo con quien jugar. ¿Ella puede? –Señaló a Jean y la miró suplicante para que accediera. –Por favor. -No, no puedo. –Dijo Jean. –León, necesito ir al baño. -Claro. –El muchacho se levantó y la guio hasta el sanitario de visitas. Su hermanita lo seguía esperando una respuesta positiva. –Lo siento Eli, ella no quiere jugar. - ¿Por qué no quiere jugar? Tengo muchas muñecas y le prestaré mi favorita. –La pequeña quiso llorar de inmediato y León se inclinó para abrazarla. –Dile que juegue, per favore. -Lo voy a intentar, ¿Sí? Ve con papá mientras tanto. Y si nadie puede jugar contigo, iré yo, pero deberás ayudarme con mi tarea. ¿Hecho? Elisa asintió y se pasó la manita por los ojos, volvió a subir las escaleras sujetándose del barandal. León vigiló para que ella no cayera, y al verla correr por el pasillo hasta su cuarto, bajó. Jean salió del sanitario con el maquillaje retocado. –Y ¿Ya se fue? - ¿Hablas de Elisa? –Preguntó León. –Oye, sé que es mucho pedir, pero ¿No podrías jugar con ella unos minutos? Luego te llevo a tu casa y... -No. –Dijo interrumpiéndolo. – ¿Acaso me viste cara de niñera? -Es mi hermana. Le cuesta mucho encontrar con quien jugar, no hay niños de su edad. –León se sintió extraño, vacío, incluso Hans era capaz de jugar con Eli. Jean echó su cabello a un lado y recogió sus cosas del sofá. -Escucha, te veré mañana ¿De acuerdo? No te preocupes por llevarme, pagaré un taxi. -De acuerdo. –Se cruzó de brazos luego de abrirle la puerta. Tendría que explicarle a su hermanita que no era culpa de ella y que no se sintiera mal. *** -Te lo juro. No sé resolver una función trigonométrica. –Rió Liam viendo los libros de matemáticas de Eleonor justo al lado de ella. – ¿Sabes quienes sí saben? Tu tío Axel, y tu tía Lena. ¿Por qué no les marcas? Podrías pedirles que te expliquen, nena. -De acuerdo. –Rodó los ojos entre risas. –Les iré a llamar. –Liam miró a su niña más pequeña estar sentada en la esquina de su cama con la mirada completamente ida. -Superstar... ¿Qué tienes? –Se acercó subiéndose a la cama y la abrazó. -Papi, la amiga de León no quiso jugar. –Liam la miró completamente desolada por ello. Los juegos para Elisa eran importantes, él lo sabía. -Ah nena. Es que hay personas a las que no les gusta jugar. A nosotros sí nos gusta, pero ella es diferente y eso no está mal. -No me agrada. –Se cruzó de bracitos y Liam la abrazó aún más fuerte. –Me aplastas. -Lo sé. –Comenzó a hacerle cosquillas para que sonriera, tras lograr la risita de su pequeña le dio un beso en la mejilla. –Escúchame nena, todos tenemos gustos diferentes. Ahí ves a mamá, que le encanta Bach y toca el cello como una diosa, y aquí me ves a mi... que me gusta el rock y ando todo pintado, ¿Lo ves? Somos diferentes. Tú eres diferente de Eleonor, y también de León. León es diferente de Hans. –Elisa se lo quedó mirando con curiosidad. –A todos nos gusta algo distinto, y a la amiga de León no le gusta jugar, a ti sí. No hay nada malo ¿Lo ves? –Asintió y abrazó a Liam. –A mi si me gusta jugar, ¿Por qué no jugamos? - ¿Los puedo colorear? –Pasó sus deditos por los tatuajes de los brazos de Liam y él asintió. -Ve por los marcadores. –La niña bajó rápido de la cama y fue directo a los cajones de lápices. Tras pararse de puntillas tomó su cartuchera de marcadores lavables. Volvió a subirse a la cama y Liam extendió su brazo dejando que la más pequeña de su clan dibujara sus tatuajes. Ella comenzó por el que tenía forma de árbol y en sus ramas estaban los nombres de todos los hermanos de su papá, sus padres, sus hermanos y sus primos. La pequeña siguió con la guitarra y cello juntos, tatuaje que también tenía su mamá pues lo había visto en la parte superior de su brazo. Coloreó las manitas que tenía su papá marcadas en la piel. - ¿De quién es? –Señaló una de las manos. -Esa es de Eleonor. Cuando nació me hice ese tatuaje. –Liam señaló la manito de al lado. –Y ésta es la tuya, Elisa Vivian, y aquí está tu fecha de nacimiento. Doce de junio. –La niña sonrió. –Y ésta otra... –Señaló la tercera palma tatuada en su brazo derecho. –...De León. A todos ustedes los llevo siempre en la piel, los tengo sellados. - ¿Todos significan algo? –Preguntó. -Si. Así es. –Sonrió. Señaló en su brazo izquierdo el tatuaje del árbol. –Ésta es la familia. Tus abuelos, Matthew y Catherine son las dos raíces. Las cuatro ramas somos tus tíos y yo, y las ramitas que salen de nosotros son tus primos, tus hermanos y tú. Solo la tía Lena no tiene ramitas porque ella no tiene bebés. -La familia. -Así es. –Señaló su tatuaje del cello y la guitarra. –Éste somos tu mami y yo. Ella es el cello y yo soy la guitarra. Nos lo hicimos juntos cuando nos casamos por segunda vez. –Levantó una de las mangas de su camisa y mostró el logo de King's Revenge. –Éstos, son mis amigos. Trek, Paul y Xander. Los cuatro tenemos nuestra banda también en la piel. - ¿Puedo hacerte un dibujo? -Por supuesto. –La niña tomó los marcadores y dibujó en la mano de su papá un corazón. –Dime, ¿Qué significa? -Que te quiero mucho, mucho, mucho. –Sonrió. -Nena, yo a ti no te quiero. –Dijo sonriendo. –A ti, te adoro con todo mi ser. –Siguió jugando con su niña dejando que ella colorease todos sus tatuajes. No le importaba si ella lo usaba de cuaderno para dibujar, si eso provocaba una sonrisa en su rostro. *** Magnolia llegó del trabajo y vio a su hijo sentado en el sofá de la sala, con la mesita de café llena de hojas mientras leía un libro. –Hola mi amor. ¿Estudiando? -Hola má. Sí, tengo que hacer un reporte de literatura. Y este libro... Wow. -Me alegra verte poniéndole empeño. –Se acercó y le dio un beso en la mejilla a su hijo mayor. –Me enorgullece, veo que te tomas en serio los consejos que te damos. ¿Por qué no paras un poco y buscamos algo de cenar? –Liam bajó junto a sus dos niñas y Magnolia lo vio sonriente. Llevaba los brazos completamente coloreados. - ¡Mami! –Les dio besos a sus dos niñas y también abrazos. Matthew dormía en su cama. –Mami, mira, dibujé a papá. -Y lo dejaste guapo. –Rió dándole un beso a su esposo. –Hola amore de la mia vita. -Hola, mi reina. –La abrazó de la cintura y le plantó un beso en los labios a su mujer mientras le acariciaba la espalda. –Llegaste justo a tiempo para cenar. Preparé algo genial. Papas al horno. -Buenos mis adorables retoños, ya escucharon a papá. León, Eleonor, Elisa, ayuden a preparar la mesa. –León se levantó y fue con sus hermanas al comedor para poner los platos, Magnolia se dejó abrazar por su marido y sonrió. -Una cena espectacular, pero... solo para mí, tú serás mi postre. –Magnolia rió dándole un beso a Liam. -Los postres van luego de cenar, William. –Acarició el brazo del hombre mientras se mordía el labio. Liam suspiró. Su esposa seguía siendo la misma mujer ardiente de la cual se había enamorado. *** León terminó algo tarde pero su reporte le encantaba. Lo guardó entre sus cosas y arregló su mochila para el día siguiente. Se acostó en su cama tras ponerse su pijama y se mensajeó un rato con Jean. Le tendría que decir a sus padres que ella ya era su novia, lo haría el día del partido de soccer. Se quedó dormido sin responderle el último mensaje. Tras levantarse y alistarse, bajó a desayunar con su familia. –Bueno, hoy los llevo yo. –Terminó por decir Liam al acabar su comida. –Eleonor tiene reunión de padres y... -Y yo tengo que dar clases. –Rodó los ojos Magnolia. Se levantó y tras alisar su chaqueta le dio un beso en la mejilla a cada uno de sus hijos. Vio a su esposo y se acercó dándole un apasionado beso en los labios. –Amo dar clases... pero a veces no te quiero dejar. –Sonrió y Liam la atrajo de nuevo en un beso, jugueteó con sus labios y la soltó. Tomó suavemente la mano izquierda de ella y posó su boca sobre su dorso dándole un último beso. León, Eleonor y Elisa solo veían la escena, sonrientes. -Hasta más tarde, mi reina. –Magnolia suspiró y sonrió. Tras tomar su bolso y sus carpetas salió de la residencia rumbo a su trabajo. -Papi. ¿Siempre eres así con mamá? –Preguntó Elisa. -Sí, siempre. –Sonrió Liam. –Me gusta hacerla sentir especial, amor. Así como me gusta consentirte a ti, también amo consentirla a ella. - ¿Por qué? –Preguntó y Liam meditó un breve instante. Recordó las palabras de su padre hace muchos años atrás y suspiró sonriente. Eleonor comía de su panqueque y le echaba otro poco más de miel. –Rawr ¿Serás así con tu novia? - ¿Qué? –Tosió un poco León al escuchar a Elisa. -Sí, la que le diste besitos ayer. –Liam alzó una ceja y rió. -Bueno, rápido. –Comenzó a recoger los platos. –Elisa, amor, lávate las manos y ponle la correa al perro. Luego de dejar a tus hermanos en la escuela y ver cómo le va a Eleonor, visitaremos a tu abuelito y también a tus tíos ¿Si? - ¡Si! –William guiñó un ojo a su hijo mayor y él sonrió. Eleonor terminó rápido su comida y ayudó a recoger los platos. Mientras William terminaba de arreglar y peinar a su niña más pequeña, León ayudó a su hermana del medio. -A Elisa no le agrada. –Dijo mientras juntos lavaban los platos. –Porque no quiso jugar. -Cierto. Tengo que explicarle a Eli que no es su culpa. Lo haré más tarde. –Eleonor sonrió. –Jean es buena, solo tienen que conocerla. -Trataré, aunque a mí tampoco me agradó tanto. Es muy... no lo sé... -Solo quiero que la conozcan. Luego del partido de soccer vendrá a cenar, convivirán con ella. Terminará por caerles bien. -Okay. –Sonrió. Juntos recogieron sus mochilas y los cuatro junto con el perro subieron al coche. William condujo hasta la escuela y bajó junto a sus niños y mascota. León se dirigió a su salón luego de despedirse, y Liam, fue con sus niñas hasta el salón de su "mermelada del sándwich". *** Sarah llegó algo tarde. Llevaba una camisa cuyas mangas llegaban a sus codos. Tenía una pañoleta de colores en el cabello y una falda larga que tapaba sus tobillos. Al verla todos rieron, pero ella solo ignoró y fue hasta su lugar. Ciencias. Si había algo que León no entendía era la química, así que mientras su profesor hablaba de reactivos y hacía anotaciones él miró a la chica de al lado. ¿Había dejado ella la nota?, miró su piel blancuzca, su brazo tenía algunos lugares decolorados como si se hubiera golpeado. Tenía curiosidad de saber si ella le había recomendado el libro así que escribió una nota en una hoja y tras arrugarla en una bolita la lanzó hacía ella golpeándola en la mano. Ella rápido volteó a verla un poco molesta. –Lo siento. –Susurró. -Oye, presta atención. –Lo jaló Hans. –No quiero que mi mamá me quite los videojuegos. -Claro. –Sarah desarrugó la bolita de papel y vio lo que decía. "¿Tú me dijiste el libro para el reporte de literatura?" Alzó la cara y miró a León. En cuanto él volteó ella asintió y volvió a concentrarse en la explicación de su maestro. León sonrió. Tal vez Sarah no era tan mala como todo el mundo quería hacer ver, a fin de cuentas, lo había ayudado. Al sonar la campana salió junto a Hans. Sarah recogía sus cosas y Jean se acercó sonando sus uñas sobre la madera de las mesas. –Lo sé todo ¿Negarás ahora que estás detrás de mi novio? Le recomendaste un libro para literatura. -No es ningún crimen. –Suspiró. –Lo habría hecho por cualquiera. Incluso por ti. -No necesito tus recomendaciones, se mucho más de literatura que tú. –Dijo cruzándose de brazos. –Si no quieres que tu estadía aquí se ponga peor, aléjate de León. -Solo recomendé un libro. No pasará de nuevo. –Terminó por tomar su bolso y salir dejando sola a la rubia. Terminó por quitarse el pañuelo de la cabeza y dejó su cabello suelto. Caminó hasta el comedor y solo pidió una fruta ya que el resto de las comidas contenía carnes. Mientras hacía rodar la manzana en sus manos se sentó en una mesa solitaria. Hans y León almorzaban junto a Jean y sus dos amigas, Pau y Gaby. -Oh, mírenla, sola. –Rieron las tres chicas y Hans. León se sintió incómodo. –en la mañana llegó vestida como un payaso. -Podríamos invitarla a comer aquí. –Sugirió León. –Ella me ayudó con literatura. -No, León... –Dijo Jean. –La rarita no está a nuestro nivel. No podemos relacionarnos con ella. –Hans golpeó a León en el brazo, señal de que estaba de acuerdo con Jean. –Tú en especial tienes una reputación que mantener. Y soy tu novia, no quiero que te acerques a ella. ¿Lo entiendes? Por algo existe el status, ella no lo tiene, no puede juntarse con nosotros solo porque sí, ni porque parezca agradable. León calló. Jean tenía razón. Los status existían por algo. Al voltear de nuevo a la mesa donde estaba Sarah la vio vacía. Ya se había ido. -No puedes defender a la rarita. Ya te lo dije. -Todos la evitan como si tuviera lepra. Y a pesar de todo lo que hemos dicho de ella me ayudó ¿No crees que es buena persona? Hasta podría caernos bien. –Dijo mientras caminaba al lado de Hans. -No, piensa como estrella. Actúa como estrella. Ahora si me disculpas, iré a teatro. Terminé por inscribirme allí. ¡Hay una chica muy hermosa! Más que Pau. Se llama Hannah. -Suerte con ella. –Chocó las palmas con Hans y lo miró irse. ¿Por qué de la nada se sentía tan mal? Además de haber estado apoyando a los que estaban tratando mal a una chica nueva, y reírse por como vestía no había hecho más. Él no dijo nunca nada en su contra. "Ese es el problema", le gritó su mente, "Nunca dijiste nada. Ni siquiera para callar las burlas". –Ese es su problema. –Siguió caminando. Era una hora libre y quería releer el libro. Salió hasta el patio y lo primero que vio fue a Sarah debajo de un árbol comiendo su manzana mientras hacía unas anotaciones en su cuaderno. Los pies lo llevaron justo hacía donde ella estaba. Se sentó al lado del árbol, pero a espaldas de ella. –Tú me diste el libro. -Sí, fui yo. –Contestó. –No deberías acercarte, podría ofrecerte drogas y llevarte por el mal camino. –Dijo con hostilidad, León alzó una ceja. -Solo quería agradecerte. Me encantó el libro, de hecho. –Sarah se quedó en silencio y dejó el lápiz. –no sé cómo sabías de ese libro, pero... -Lo leí una vez en una biblioteca. –confesó. –incompleto. Le faltaban varias páginas, pero hasta donde sé, va de un cantante escocés y de su vida en la música. -Si. –Sonrió. –Es lo que no te cuentan de cómo son las horas cuando no andas en un escenario. Quiero decir, lo he visto en mi papá. Cuando está en la casa es un hombre normal, hace panqueques, café y mercado, juega con Eli, saca a pasear a Matthew, y en el escenario... es diferente, es un rockstar. - ¿Tu padre está en el mundo de la música? –Preguntó curiosa. –No estoy tan metida en ello. -Si ¿Has oído hablar de King's Revenge? –Sonrió. –Mi papá es el vocalista. -No. –Dijo apenada. –No he ido hablar de ello. No suelo oír música. No podría, solo puedo tener dos canciones en mi celular y tengo una sola. Here comes the sun. –Sarah miró la cabellera rubia de Jean a lo lejos y se levantó. –Me tengo que ir, adiós. Cuídate. –Sin darle chance a que León respondiera, se fue corriendo de regreso a la escuela. Era agradable, su voz era dulce. Pero también tenía a Hans en la cabeza diciéndole que no se podía relacionar con ella. *** Liam fue a recoger a sus hijos. Tras despedirse de Jean y Hans, León saludó a su papá. Sarah salió de la escuela casi en carreras, tanto que no notó como su pañuelo de colores se soltaba y caía. –Mira papá. –Elisa señaló los colores y, aterrizando al lado de ella lo tomó. -Ven Eli. –Eleonor tomó la mano de su hermanita. –Hey. ¡Chica! -Es Sarah. –Dijo León reconociéndola. -Pues vayan a devolverle su pañuelo. Sean corteses. –Liam entró en el auto encendiéndolo. León no quería gritar el nombre en medio del estacionamiento. Elisa lo miró y, pensando que su hermano sentía pena solo gritó lo más fuerte que pudo. - ¡SARAH! –La chica volteó y vio a la pequeña con su pañuelo en las manos, otra niña a su lado y León. Regresó apenada. –Esto es tuyo. –Elisa le extendió su manita con su pañuelo. –Me gusta, eres como una niña de arcoíris. -Gracias. –Lo tomó y sonrió. –Hasta mañana, León. –Sujetó con fuerza el pañuelo y regresó por donde venía. -Es bonita. –Sonrió Elisa. –Y tiene muchos colores. - ¿Es tu amiga? –Preguntó Eleonor entre risas. –Ya vámonos, tengo hambre. –Subió al lado del cachorro y luego subió Elisa. Tras acomodarse los cinturones, Liam arrancó el auto. -Cuéntenme, ¿Qué tal sus días? -Hans entró a teatro y le coquetea a Hannah. –Rió Eleonor. –Hannah es mi amiga, tiene dieciséis como León, es bailarina. –En el camino a casa, Elisa se quedó dormida. Eleonor hablaba de su grupo de teatro. León solo estaba callado. –harán audiciones la siguiente semana para la protagonista de Romeo y Julieta, y como Hans se enteró de que Hannah quiere ser Julieta, él quiere aprenderse las líneas de Romeo. -Wow, entonces el chisme es que Hans se enamoró. Bueno, la noticia es que el sábado, León traerá a casa a cenar a su amiga. Luego del partido de soccer. -Me lo dijo esta mañana. –Rió Eleonor. Al momento de llegar a casa, Liam cargó a su hija dormida y vio como sus dos mayores entraban. -Vamos Matthew. –El perrito saltó del coche y caminó junto a su dueño. –Hoy fue un buen día. *** Hablar con León resultó extraño, y fácil. Era amigable cuando quería. Luego de cenar, se encerró en su cuarto. Su padre había llegado sumamente ebrio y ella temía por sí misma. Los días en donde Nathan Holland se embriagaba, eran los peores para ella. Se quedó estudiando, la siguiente semana tendrían un parcial de química y quería estar lista. *** Fue directo a la sala de música de sus padres luego de cenar. Aquel espacio lo habían construido antes de que naciera Elisa. El cuarto tenía un enorme ventanal, chimenea y la caoba del piso relucía. Había guitarras en las paredes de todos los colores y modelos. Estaba el piano de su mamá, el cello, también un bajo y una batería, para los días en que iban sus tíos Xander, Paul y Trek. Se sentó en un banquillo tras tomar la guitarra favorita de su abuelo Antoine. Liam entró y tosió. –Papá. Lo siento... -Están hechas para tocarse. ¿Te parece que toquemos una rola tú y yo? –Sonrió tomando una guitarra de color n***o con espinas de rosas dibujadas y se sentó en otro banquillo frente a su hijo. –Algo te preocupa ¿Tiene que ver con la chica de arcoíris? La del estacionamiento. -No lo sé. Es agradable. Pero no puedo relacionarme con ella porque somos diferentes. No podemos ser amigos. - ¿Quién dice que no? -El sentido común. –Dijo comenzando a tocar la canción de sus padres. Liam lo siguió a pura memoria, el fingerpicking le trajo muchos recuerdos de su época de universidad y como había compuesto la canción junto a su esposa. Silencio, no había voces, solo las dos guitarras complementándose. León hacía las barras y sonidos más graves mientras tu padre le marcaba belleza con los agudos y disminuidos. Terminaron juntos al mismo tiempo y Liam miró a su hijo. - ¿Acaso hicimos lo mismo? –León negó y él sonrió. –Exacto. ¿Sabes? Estudiando en el Royal, el profesor que me emparejó con tu madre me dijo "No obligues a otros a seguir tu partitura". Dices que ella es diferente, pero tú también lo eres, todos lo somos. Eso no significa que no se pueda tener una amistad. -A Jean tampoco le agrada, y me gusta Jean, no quiero decepcionarla. Podría enojarse si me ve hablar con Sarah. Liam alzó los hombros y colocó sus dedos en un "Fa sostenido". –No dejes que otros te llenen la cabeza de prejuicios. Podrías estarte perdiendo de conocer personas valiosas por escuchar opiniones de otros en lugar de forjar tu propia opinión. -Fue ella quien me recomendó el libro para mi tarea de literatura. –León miró a su padre y abrazó la guitarra. –Tal vez si la juzgué mal por la forma en que se viste. - ¿Y qué tiene de malo? Creo que tu madre y yo te hemos enseñado a no hacerte de prejuicios. Yo no vi nada malo en su atuendo, me pareció original. Solo, si crees que puedes ser su amigo, sé su amigo.    ***
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