I - Etiquetas (Parte II)

2538 Words
Para el final del tercer mes todos le hablaban, pero solo para decirle "rarita", "hippie drogadicta", ese último apodo se lo ganó ya que, ese día, llegó con los ojos rojos al igual que su nariz, al menos nadie supo que estuvo llorando antes de ir a la escuela. –Bueno, calma, es temporal. –Se secó las lágrimas en el baño y acomodó las trencitas de su cabello mirándose al espejo. Salió sujetando su bolso con fuerza, tenía una bufanda alrededor de su cuello, la camisa, le quedaba grande y sus pantalones arrastraban por la forma acampanada que tenía. Entró a su salón y fue en silencio a sentarse en soledad. Aquella mañana había sido un desastre. Su padre no dudó en casi ahogarla solo porque consideraba que la camisa que usaba era muy "reveladora", llegó tarde pues notó como tenía las marcas de los dedos en su tez, decidió usar una bufanda arcoíris, pero, al llegar, los ataques de parte de sus compañeros no cesaron. La primera en hacerla sentir peor fue Jean. -Oh mira, te hicimos un dibujo. –Recordó la voz pastosa de la muchacha y como extendía una hoja de papel arrugada. Tenía un dibujo de una muñequita que estaba vestida con popó de colores que salía del trasero de un unicornio que estaba fumando un porro. –Eres tú ¿No quedó idéntico? –La risa de todos aún le aturdía en los oídos. –Mírate, eres tú, tan rarita. Así te ves. -Tienes los ojos rojos ¿Estuve fumando? No está bien fumar aquí, rarita. –Escuchó de otro compañero. -Ja, la hippie es drogadicta. -Hippie drogadicta. Ese es bueno... Luego las lágrimas. –Calma, calmada, ya. No llores. –Se dijo a sí misma, pero aquellas palabras no le sirvieron de mucho. Su pecho se sentía oprimido, sin darse cuenta, estaba llorando nuevamente. Estaba cansada de las etiquetas. En la escuela, en casa, en todas partes tenían adjetivo con el cual señalarla. Sacó su cuaderno y su lápiz y escribió en letras corridas en una hoja: "Yo soy SARAH." *** Hans y León veían como Sarah buscaba una silla en medio del abarrotado comedor de la escuela. Todos parecían rechazarla simplemente. –Oye, Hans, podríamos decirle que... -No, ni se te ocurra. Dañaría la imagen, nadie nos votaría para que tocáramos en el festival. No sientas lástima por ella, se lo busca ¿Por qué si no le gusta como la tratan se viste de esa forma?, es la rara y eso es todo. Somos súper estrellas del soccer, futuros rockstars, no podemos juntarnos con ella. No le haría bien a nuestra imagen. Pero... pero si quieres mejorar nuestra imagen, deberías salir con una chica como Jean. Es bonita, tiene un buen estilo y la traes del ala. ¿Ves? Todo es perfecto de esa manera. -Tienes razón. –Dijo. –La rara se lo busca. –No pasó tiempo para que la burla se convirtiera en hostilidad. En todo salón por el cual pasaba Sarah había alguien que le hacía alguna jugarreta. Escondían sus libros, su bolso, le quitaban sus cosas y algunos más, solían empujarla. Ella permanecía callada cosa que molestaba a León. –Masoquista además de rara. -Si. –León la miró con pena, ¿Por qué ella no hacía nada y lo soportaba todo como una mártir? "Defiéndela", ignoró aquel pensamiento; "Es su problema". *** Él iba ganando fama. Por ser hijo de una celebridad todos querían seguirlo e imitarlo. Las chicas iban detrás de él tanto como iban detrás de Hans. En los partidos de soccer las animadoras eran quienes coqueteaban con ellos. Debía admitirlo. La atención se sentía muy bien. Las clases la fueron dejando a un segundo plano. Hans y León se sentían las estrellas del colegio. Chicas, salidas, futbol. Con su nuevo estilo, sus notas fueron decayendo bastante, tanto, que el director terminó por llamar a sus respectivas madres. El partido de soccer en los campos fue un éxito, los Red Falcons ganaron seis a cinco en contra de los Blue Tigers. Durante el juego, Sarah solo observaba desde las gradas, a su alrededor no había nadie, como si la evitaran por portar alguna enfermedad. Dos de las amigas de Jean la vieron y solo rieron. –hagámosle una broma. - ¿Cómo? –Rió la segunda chica. –Estás loca Pau. -Escucha, Jean es la novia de León, si le decimos que la rarita anda detrás de su novio ahí sí que se le vendrá una buena. Solo piensa Gaby. -Me gusta, hagámoslo. –Rió. Sarah se levantó pues ya se hacía el tiempo de volver a su casa y quería tener un día sin peleas, bajó las escaleras y salió del campo de futbol, caminó lo más rápido que pudo a la parada de autobús completamente ignorante de la broma que vendría sobre ella. *** -Lo siento tanto, señora Lancaster. –Dijo el director al tener a Magnolia sentada frente a él mientras leía los expedientes de su hijo. –Señor Lancaster. –William tomaba la mano de su mujer y tomó la carpeta en cuanto ella se lo dejó ver. –Lo dice ahí, León ha faltado a muchas clases, ha reprobado varios exámenes, su rendimiento ha bajado mucho. -No entiendo, él viene cada día. –Negó Magnolia. –Esto es... William devolvió el expediente y entrelazó los dedos con los de su mujer. –Licenciado, ¿Qué dice usted que está pasando? -Bueno, señores... León ni siquiera entra, ha estado paseando por los pasillos con Jean Palmer y Hans Trainor. A veces está en las canchas, en la cafetería, sala de música y demás, pero a sus clases no está entrando. Les sugiero que hablen con él. -Lo haremos sin dudas. –Dijo Liam con firmeza. –Gracias por decirnos Licenciado. –Se levantó de la silla y estrechó la mano del director. Miró lo enojada que estaba su mujer, sabía que no se la iba a poner fácil. -No me agrada. León no solía escaparse de clase. –Dijo al entrar al auto mientras él encendía el motor. –William ¿Crees que le guste esa chica? No la conozco y me da mala espina. -A mí tampoco me da buena espina, pero ya sabremos qué hacer con León. –Sonrió. –Somos un equipo mi reina, y entre los dos decidiremos que hacer con él. *** En la final del partido, tras vestirse, León salió en busca de Jean, juntos pasearon un rato antes de que juntos se fueran a la residencia de los Lancaster. No había olvidado su promesa y la había invitado a cenar. –te lo juro, casi creí que perdíamos el juego, pero Hans atrapó el balón y frenó el posible quinto gol de los Tigers. -León, ahí estuve, vi todo. –Dijo rodando los ojos. León se calló de inmediato y solo condujo en silencio. Jean revisaba su maquillaje una y otra vez en el espejo. Llegaron. Bajaron del auto y León abrió la puerta encontrándose en la sala a sus padres. Magnolia estaba sentada en un sofá con la pierna cruzada y las manos sobre su rodilla. Lucía tiránica, al lado de ella, William. –León. Tenemos que hablar. -Mamá. Papá. –Se sintió raro. –Quiero presentarles a... a... -Hola señores Lancaster. –Sonrió la castaña. –Soy Jean. Es un gusto. –Sonrió, su maquillaje la hacía resaltar al igual que el vestido corto que llevaba. Magnolia se pasó las manos por las sienes y soltó el aire. -Un placer. –Dijo con seriedad. –León, hoy recibí una llamada de la escuela. Y es necesario que hablemos. William, amor, por favor lleva a la señorita a su casa. León hizo una mueca y metió las manos en sus bolsillos. –Mamá... yo... -León, hijo, escucha a tu madre. Incluso a mí me pareció que no era cierto, pero todos tus maestros no podían estarse equivocando. Señorita. –Se levantó del sofá y tomó las llaves de un pequeño perchero que había en la pared. –Mejor la llevo a su casa. –Le indicó a Jean la puerta y ella, indignada caminó hasta la entrada. - ¡No! Papá, traje a Jean a cenar, para que la conocieran... -Lo siento. Pero hoy no León. –Terminó por decir su madre. William acompañó a la chica afuera y encendió el automóvil. León escuchó como el coche aceleraba y se alejaba. -Mamá, eso fue grosero, traje a Jean porque me gusta y solo la... -Escúchame con atención León Antoine. Hoy fui a la escuela y me encontré con tus maestros, todos dijeron que te estás saltando clases, que tus notas han ido bajando y que solo paseas de un lado a otro con Hans y con una señorita llamada Jean Palmer. ¿Es ella? ¿Por eso has bajado tu rendimiento? –Tragó saliva mientras veía a su madre levantarse del sofá y cruzar los brazos. –Has tenido privilegios León, tienes beneficios, pero también responsabilidades y quiero que sigas manteniendo tus responsabilidades en alto. Lo hablé con tu padre y él estuvo de acuerdo conmigo, no más salidas de tarde, tampoco videojuegos, estudiarás y te pondrás al día al menos hasta que me demuestres que puedes ser responsable con tus deberes. ¿Entendiste? -Mamá. Yo... - ¿Entendiste León? –Volvió a preguntar con seriedad, pero completamente serena. León terminó por asentir y suspiró. –No quiero que esto se vuelva a repetir. Brooke tampoco está contenta con la actitud de Hans, así que los dos están en la misma situación -Sí, mamá. ¿Otro día puedo invitar a Jean? -Hablaremos de eso después. En cuanto llegue tu padre, cenamos. –León subió a su habitación. Al pasar por el frente del cuarto de sus hermanas escuchó sus risas mientras él estaba, en teoría, castigado. Lía se volvió a sentar en el sofá. No le agradaba aquella chica, lucía superficial. –Basta, sin prejuicios. –Sin embargo, el pensamiento instintivo de mamá le gritaba más y más que la chica con la que andaba León no era buena para él. *** Paula y Gaby le enviaron un texto a su amiga Jean. Especificaban que Sarah estaba enamorada de León. Al ver el mensaje, Jean quiso gritar. – ¡BRUJA HIPPIE! –Sin medirse lo hizo haciendo que su madre entrara en su cuarto. - ¿Y tú que tienes? Ya deja ese aparato y baja a comer Jean. -Sí, voy. ¡Mamá tienes que tocar! –Dijo molesta. La noche había sido un asco. Los padres de León la habían echado de su casa, pero, les agradara o no, ella era la novia de él. Decidió escribirle al muchacho, necesitaba decirle que esa noche se había sentido humillada. *** Cenaban en silencio, tanto que resultaba incómodo. Eleonor y Elisa no dejaban de mirarse y luego veían a su hermano mayor jugar con su pedazo de carne. –Rawr. ¿Qué tienes? -Nada. –Contestó secamente a su hermana menor. William notó su actitud y más como Eleonor se agazapaba en su silla. -Discúlpate. –Pidió. –Tu hermana no tiene la culpa de tus actos. Magnolia permanecía en silencio, aquel momento necesitaba paz. –Papi no te enojes. –Dijo Elisa poniéndole ojitos tristes a Liam, él suspiró y miró a León nuevamente. -León. Discúlpate con Eleonor. Ella solo está preocupada por ti, no es para que contestes de esta forma. -León, haz lo que dice tu padre. –Terminó diciendo Lía con dulzura. - ¿En serio? –Dijo molesto. –Estoy muy enojado y no quiero disculparme, ustedes me deben una disculpa. Traje a la chica que me gusta y la echan de la casa... - ¡León! –Liam alzó un poco la voz. –No se discute en la mesa, tenemos reglas aquí y sabes bien que todos las cumplimos. Discúlpate con tu hermana por tratarla mal, termina tu cena y hablaremos en tu habitación. -No quiero cenar. –Terminó por levantarse molesto y salió pisando fuerte. Elisa se sobresaltó al escuchar el portazo en la habitación de su hermano. Liam suspiró. Ahora sí que comprendía a su padre. Bebió un poco de agua tras servírsela y bebió lentamente. –Terminen de cenar mis niñas. - ¿Qué le pasa a León? –Preguntó curiosa Elisa. –Mami... ¿Qué tiene? Magnolia no supo responder, así que solo negó con la cabeza. –Ni yo lo sé, termina tu cena nena. Pasearemos las tres a Matthew luego de comer. –El resto de la cena sucedió en silencio. Lía guardó la comida de su hijo mayor y sus hijas ayudaron a recoger todos los platos. Tras acabar, engancharon la correa al collar de su perro y salieron. Liam subió hasta el cuarto de su hijo y luego de tocar, solo entró. Ahí estaba León, recostado en su cama, con los audífonos puestos a todo volumen, reconoció la música, Foo Fighters. Él se acercó y se sentó a su lado haciendo que su hijo lo mirase. -Hablemos. ¿Qué te sucede, hijo? –León se quitó sus audífonos y los dejó a un lado. –Sabes que no me gusta que entre ustedes se traten mal. -Papá, quería que conocieran a Jean. Es la chica que me gusta y ahora debe estar odiándome. –Liam asintió y soltó el aire. -La invitas otro día y nos disculpamos. Estábamos enojados. Fuimos a la escuela cuando nos llamaron y fue para decirnos que tienes muchas inasistencias y estás con varios exámenes reprobados. Nos preocupamos porque no sabemos qué sucede. Eran materias en las que eras bueno y ahora, simplemente tienes rojos. ¿Es por la chica? -Salí con ella un par de veces. Pero no es tan grave. -Es grave, tienes una responsabilidad. Hemos accedido a todo lo que has querido y me pregunto hasta qué punto eso ha sido buena idea. Te dejamos entrenar soccer, te dejamos tocar la guitarra. Estás en la escuela que nos pediste... ¿Qué más quieres? Tu mamá consideró incluso sacarte del soccer y las clases de guitarra para que te concentres en los estudios. -Papá, tú estudiaste y ni siquiera usas lo que aprendiste. No lo necesito para ser como tú. Ya sin tener lo que tienes la gente me sigue como te sigue a ti. -La fama tiene un precio muy alto, León, las personas te siguen, si, te vuelves alguien influyente, mueves masas... Solo que no sabes hasta que estás en un mal momento quienes están por lo que puedes ofrecer y quienes, porque te aman de corazón, y tampoco sabes hasta cuando tendrás ese poder, siempre puede venir otro y conseguir mover mucho más que tú... ¿Quieres en el futuro dedicarte a la música?, hazlo, pero no construyas tu futuro con barajas de naipes. Lo único que tendrás seguro es tu familia y lo que tengas tú de respaldo. Cuando lleguen, te disculparás con tu hermana y también con tu mamá. ¿Quieres? -Bien. Pero sigo molesto. -Tienes derecho a enojarte, lo que no aceptaré es que maltrates a las dos niñas que tienen tu misma sangre. Eres su hermano, debes cuidarlas, no tratarlas mal. ***
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