Es imposible no sentirse asustada.

1810 Words
─¿de qué hablas? ─se gira a él. ─Me prometí a mi mismo que cuidaría de ti, que no importa lo que eso me dañe, voy a cuidar de ti. ─se acerca a ella y toma su mano. ─Diana, desde el primer momento que te vi, para mi fue como un despertar. Empecé a soñar con una vida, con una familia que sea solo mía, es egoísta y lo sé... ─Anton... ─Llevarte conmigo me aterra, porque no podría proteger a mi cuñada, a nuestro sobrino, a nadie que no seas tú. Alejarme mientras todo esto pasa, y ya no representar un peligro para ti, es mi manera de amarte. Tengo que hacer lo necesario para mantenerte a salvo. No podría vivir en un mundo en el que yo sea el causante de tu muerte. ─Es la promesa de tu hermano... ─espeta con cierta molestia mientras sus ojos se enrojecen. ─¿es por eso que no puedes amarme? ─Te amo, me enamoré de ti desde el mismo instante en que te vi, es absurdo e ilógico la manera en la que he llegado a confiar en tí, y es por eso que debo protegerte. ─musita con su voz ronca. ─¿y qué pasa si yo quiero ir?. Estar contigo en las buenas, en las malas, en todo, ¿que pasa si es lo que yo quiero? ─seca sus lágrimas. ─No lo hagas. ─sonríe con sus ojos enrojecidos. ─si estás conmigo, no podré cumplir la promesa que le hice a mi hermano. ─Entonces... ─acaricia su mejilla con ternura. ─¿me amas demasiado que me dejas, para protegerme?. Entonces yo te haré una promesa. ─besa suavemente su mejilla, sonríe con tristeza. ─voy a esperarte, lo haré. Esperaré el tiempo necesario, no diré más nada, no voy a insistir, ni a enojarme, pero con una condición. ─dice y él sonrie. ─¿cual? ─seca las lágrimas de ella. ─Quiero una cita. ─dice y el asombro de él no se hace esperar. ─quiero una cita real, flores, cena, piano, violines, sexo, mucho sexo. ─sonríen los dos. ─después de que se vaya el peligro, seremos solo tu y yo. ─Lo prometo... ─suspira abrazándola con fuerza, con tanta fuerza que es imposible para Diana no quebrarse frente a él. Que Anton se vaya con Evelyn, que lo haga para protegerla, después de cómo estallaron la cabaña, le aterra. Tema no volver a verlo, le aterra que lo asesinen como a Alejandro, y aunque él no lo dice, está aterrado, no teme morir, teme que su cuñada o su sobrino no sobrevivan y sea su culpa, no podría vivir con la culpa de ello. Ese abrazo era lo único que tendría de ese gran amor hasta ahora. Diana, quien jamás ha tenido una relación por miedo a ser lastimada, quien se dedicó a sus estudios y a su familia por miedo a llorar y sufrir por amor, ya que pese a que su madre es una mujer casada y su padre es un buen hombre, no siempre fue así, vio años y años llorar a su madre a mares por la inmadurez de su esposo, que se negaba a pasar por algo así, siendo así Anton su primer intento de amor. Anton por otro lado, pese a tener una vida abierta al mundo, con amigos y amigas por igual, la enfermedad de su madre, sus estudios y la prioridad de cuidar a sus hermanos no le dejó tiempo para más que no fuera una noche de sexo, no mas. Vacío y sin tiempo al romance, ahora se debía sacrificar una vez más, por una promesa, nunca le fue tan difícil cumplir una promesa como hoy y ahora. ─¿cuando te... ─Mañana por la mañana. Hablé con el médico, no sabrán de mi alta, hasta la noche, así puedo tener tiempo de ventaja. Ya tengo casi todo listo, el bolso con el dinero, las identificaciones falsas, están en el auto, el uniforme, tu identificación y las llaves del auto, todo está bajo su cama, hay dos cambios de turno, a media noche y antes de la visita médica de Jack, así que aprovecharé esa. Usaremos el ascensor y saldremos por la parte de atrás donde dejé el auto cubierto con una lona negra, tiene el tanque lleno, así cuando amanezca, antes de que su padre pase a verla, después de las diez de la mañana, ya nos habremos ido. ─¿Alguien más sabe que te vas además de mí? ─pregunta aguantando la respiración para no romper en llanto. ─Solo tú. ─suspira al abrazarla por la espalda. ─Si haces eso no te dejaré ir... ─niega con la cabeza con una sonrisa triste. Pasa su mano por la cintura de ella haciéndola girar suavemente, tenerla así de cerca, es imposible no besarla, y para ella no responder a ese beso como lo que es, un beso de despedida, que se extiende por varios minutos hasta terminar en la cama del hospital desnudos amándose uno al otro, consciente de que tal vez no haya un mañana. ─quédate... ─suspira medio dormido Anton, mientras Diana deja la cama, se queda mirándolo dormir por varios minutos, saca una nota adhesiva de su bolsillo, tras dejarla sobre su almohada, sale de la habitación dejándola cerrada por dentro. Al salir, va a la habitación de Evelyn, todos están allí, incluso su hermano, quien no se ha separado de Madeleine. ─¿Dónde estabas? ─pregunta acercándose en cuanto la ve. ─regresaré esta noche a casa, pero quería hablar contigo antes, si tienes tiempo... ─Habla con ella. ─se acerca John. ─eres la única con la que come, no ha dejado de llorar. ─suspira impotente. ─Claro. ─sonríe aún con sus ojos algo enrojecidos. Al entrar, la enfermera que intenta hacerla comer suspira aliviada de verla. ─no ha probado más de dos cucharadas. ─dice mientras se retira dejando el plato de comida junto a la cama. Tras cerrar la puerta y volver junto a Evelyn, ella solo la ve, no dice una palabra, no emite ningun sonido, solo puede verla y entender cómo se siente. ─Lo siento. ─dice rompiendo el silencio inmaculado de la habitación. Nadie lo ha dicho, nadie que haya entrado a esta habitación, que no sea la estúpida psicóloga lo ha dicho sintiéndolo realmente. Todos han entrado en esta habitación a decirme que debo levantarme, que debo comer, debo vivir, debo, debo, pero nadie ha dicho que siente que lo he perdido, porque realmente nadie se ha dado cuenta que lo perdí, yo lo perdí, perdí al amor de mi vida, perdí al hombre que la vida me dio para amar, al padre de mi hijo, yo lo perdí. ─Siento que pierdo a mi amor, y es egoísta sentirlo así, y lo lamento, pero... Evelyn, eres fuerte, valiente y él lo sabía. Anton se irá, y te pido, por favor cuidalo mucho, no permitas que nada le pase, y se que quiere protegerte, pero a veces a él se le olvida que es humano y frágil como todos, por favor. Cuida de él. ─Lo amas, tú realmente lo amas... ─dice Evelyn, hablando por primera vez con alguien más desde hace semanas. ─Solo puedo imaginar el dolor que sientes, si ahora que sé que él se va, es demasiado para mi. ─suspira mientras asiente con tristeza. ─¿A dónde iremos? ─musita con el dolor reflejado en sus palabras. ─Anton lo tiene todo listo, dinero en efectivo, el auto, los pasajes, las identificaciones falsas, todo. Incluso las vitaminas que usarás hasta que el embarazo termine. ─suspira con resignación. ─solo espera que él venga y haz lo que él diga. Aprovechará el cambio de turno de seguridad. Los hombre en la puerta hacen dos cambios, uno a la media noche, y otro a las cinco de la mañana, primero lo hacen en el ascensor y luego los de abajo, saldrán por la puerta trasera donde está el auto cubierto con una lona negra, allí está todo lo que van a necesitar. ─Entonces es un hecho. ─suelta con resignación. ─Si. ─dice con suma tristeza. ─cuídalo, por favor cuídalo. ─insiste una vez más, antes de salir de la habitación. Los ojos enrojecidos de Diana no salen de mi cabeza, no puedo dejar que Anton haga esto también por mi. Inicio de Flashback ─Tengo hijos maravillosos, sobre todo Anton. Si hay alguien que merece lo mejor de la vida es el. Es paciente, comprensivo, demasiado bueno para la humanidad. Él cree mucho en las promesas, en la lealtad, en la firmeza de una palabra. Lo cual es medio absurdo tomando en cuenta que es abogado. ─ríe con dificultad Adela. ─Lo sé, fue idea suya la de atraerme con un vestido costoso. ─ríe divertido. ─Me disculpo por eso, yo te juzgue mal la primera vez que supe de ti. ─Lo entiendo, no es fácil entender a quien no conocemos... ─De hecho, fue a él a quien impresionante primero, no a Alejandro. ─alega Adela. ─¿que?, No es cierto... ─niega con la cabeza avergonzada. ─Si. a Anton le sorprendió que pese a que te entregó la tarjeta dorada, que por cierto, él a nadie que no quiere impresionar le entrega esa tarjeta. No lo llamaste. ─Es que realmente no necesitaba un abogado y menos podría haber pagado uno así de costoso... ─Anton siempre fue el bueno, el tranquilo, el sacrificado de mis hijos... él, está dispuesto a morir por sus hermanos, por mi, por su padre, a él lo ama por sobre todo, hará lo que él le pida... ─Es realmente mejor persona de lo que aparenta, se ve tan... serio, recto y frío. ─balbucea ─Alejandro, él es el frío, el... mi hijo no sabe controlarse a sí mismo, la cantidad de veces que Anton lo ha salvado de prisión por agresivo, explosivo, es inmensurable. Aunque sé que dentro de él hay un gran hombre, pero tras la muerte de su abuelo, el... ─Alejandro es a veces incomprendido, pero el... ─intenta abogar por él. ─No lo he visto enamorado jamás, de hecho jamás le conocí una chica, pero en su adolescencia siempre estuvo metido en problemas, golpes, agresión, cosas que de una discusión terminaba en hospital o cárcel, pero su hermano siempre evitó que llegara más lejos de eso. ─Pero no parece que se lleven tan bien... ─musita, ya que Adela parece describir a personas diferentes a las que conoce. ─Anton es quien siempre intenta arreglar todo, cumplir promesas, mientras Alejandro es quien lo resuelve todo cerrando la puerta en la cara, golpeando, gritando y causando caos, no son iguales, pero son mis hijos, y aunque no siempre están de acuerdo, serían incapaces de causar daño a un inocente. Siempre procuran proteger, a su manera, pero lo hace. Fin de flashback Está por demás decir que esto la asustó, como podría estar con alguien que podría causarle daño, alguien que era explosivo, agresivo y de muchas manera impredecible.
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