Por la ventana observaba la ciudad, todos en sus asuntos sin importarle lo que sucede alrededor. Madres acariciando a sus hijos, novios comiéndose a besos y otros discutiendo, cada uno en una realidad diferente. -No pensé que tendría que llegar a estos extremos para que hablaras conmigo.- mencionó mi padre encendiendo un cigarro, yo lo tomé y lo lance fuera del auto.- -No me gusta su olor.- fue lo que mencioné y seguí observando la ciudad.- La casa de mi padre estaba frente a mi. La misma donde pasé mi infancia y adolescencia, esa que solo me produce escalofríos. -Baja.- lo escuché decir, yo abrí la puerta del auto y me bajé con toda la calma posible, mi vestido aún estaba húmedo por la sangre.- -Eres un imbecil.- mencioné -Entra ya.- lo escuché.- Cada escalón de esta casa se sentí

