Serena miraba fijamente su mano entrelazada con la de Magnus, en silencio. Él conducía, mientras ella iba a su lado en el asiento del copiloto. Todavía le era desconcertante que de un momento a otro una persona diferente a aquella con la que se visualizó una vida, y de la que no estaba segura de si le agradaba, estuviera estrechando su mano de esa manera. Todo iba tan rápido que costaba digerir. Sin embargo, a pesar de guardar cierto recelo hacia Magnus, no podía negar que la calidez de su agarre era agradable. Mas allá de esa desconfianza y de que su corazón aún sangraba, en el fondo, él la estaba haciendo sentir apreciada con su caballerosidad y atenciones. Magnus apartó su mano de la de ella cuando le pareció verla incómoda, lo respetaba. —Lo siento, me dejé llevar por la emoción de

