Serena y Bastian ahora asistían a las instalaciones del colegio en la parte trasera de un auto conducido por dos imponentes guardaespaldas, Lucas y Danilo. Ellos se quedan en el auto, aparcados frente al colegio o en el estacionamiento y cada cierto tiempo hacían una ronda para cerciorarse de que Serena estuviera bien. Todo esto la tenía incómoda, en un principio, ellos iban a estar instalados frente al salón en donde ella trabajaba, pero de ninguna manera accedió, les hizo ver que el interior de la institución era seguro y que, además, asustarían a los niños con sus tan temibles figuras. Bastian no les tenía miedo, al contrario, no dejaba de impresionarse todos los días cuando los veía y no desaprovechaba la oportunidad de llenarlos de preguntas. —Señor Lucas, ¿es cierto que puede levan

