Ese fin de semana, Jacob sorprendió a Serena con una escapada para los dos en un resort a orillas de la playa. Le gustaba sorprenderla de vez en cuando con salidas de ese tipo. Ambos estaban recostados en una tumbona mimbre colgante en los alrededores de la piscina. Serena tenía sus piernas reposando sobre las de Jacob mientras dormitaba con su cabeza apoyada de su atlético pecho desnudo. Él leía un libro y con subotra mano, acariciaba con gran serenidad su muslo por encima del pantalón de malla que ella usaba para cubrir sus cicatrices. —¿Jacob? —una voz irrumpió en esa tranquilidad. Jacob apartó sus ojos del libro para buscar al dueño de la voz. —¡Si! ¡Eres tú! —exclamó con una celebración— ¡Oh, carajo! Cuántos años sin verte, primo... Serena se espabiló inmediatamente. Jacob o

