El encuentro

1973 Words
Después de años de esfuerzo y dedicación al fin estaba al mando de la empresa familiar, el imperio YUMI, la cadena que por más de tres generaciones había pasado de generación en generación, primero por mis abuelos maternos Yulian y Michael, de allí el origen del nombre, mis abuelos eran todos unos románticos y unieron las primeras sílabas de sus nombres para ello, iniciaron con la revista de moda, se expandieron a tiendas comerciales, un poco de hotelería y mi rubro favorito: el diseño de ropa de alta costura; no discriminaba ninguno de los negocios sólo que disfrutaba de vez en cuando colarme en el área de diseño y aportar algunas ideas, sobre todo cuándo se trataba de atender a grandes personalidades, sabía que esos atuendos se harían virales sólo por la percha que los portara y qué mejor que salieran de nuestra casa de modas, era reconfortante y desde luego me enorgullecía demasiado. Cuando mis abuelos decidieron retirarse para viajar por el mundo y disfrutar un poco de la vida dejaron en manos de mis padres la empresa, mi madre Alice al ser hija única con ayuda de mi padre, llevó la empresa por buen camino, mis hermanos Mina y Antonie también colaboraban en diferentes áreas, sin embargo, siendo la hija mayor mis padres decidieron que iniciara el entrenamiento como Directora General… sí después de una Licenciatura en Economía, otra en diseño de moda y una master en negocios Lucié Donte estaba a cargo de YUMI, se escucha fácil pero había trabajado arduamente por ese logro, cursé las dos licenciaturas a la par, pasé noches de desvelos, cansancio y demás… pero tenía una meta, sería la CEO más joven de mi familia y llevaría la empresa más lejos que nunca… con apenas 25 años mis ambiciones eran grandes… hasta que la más grande ambición convirtió mi recorrido en lo más inesperado… Los primeros días a cargo de la Dirección fueron maratónicos, gracias a Mariam mi secretaria pude organizar mis horarios para que abarcara al cabo de 15 días la mayor parte de las filiales con visitas de una hora aproximadamente, además de asistir a eventos sociales y oficiales. -¿Qué más hay en la agenda de hoy?- pregunté a Mariam sobando un poco mi cien. Amaba el trabajo nunca me quejaba pero tenía mis limitantes como cualquier ser humano -Hemos terminado señorita Lucié, sólo debe elegir el atuendo que llevará al evento de caridad organizado por el palacio real que será dentro de un mes- contestó mientras revisaba la tableta con ese tono relajado y a la vez serio que la caracterizaba, Mariam era apenas un año mayor que yo, era agradable y la conocía de toda la vida, su madre fue la secretaria de la mía por años, jugábamos en los pasillos, nos peleábamos y compartíamos algunos secretos -Por Dios Mariam, sólo háblame casualmente, deja de jugar a la secretaria perfecta- bufé -Ayyy, déjame ser profesional- resongó- saliendo del edificio serás Lucié, dentro del horario eres mi jefa, ¡ya lo sabes! -Así como me regañas, ya no sé quién es la jefa en verdad- bromeé- Bueno señorita secretaria profesional, aprovechemos a ir a la casa de modas, elegiré el vestuario o quizás diseñe algo especial para ese día, habrá cámaras y muchos clientes potenciales, ninguna propaganda podría ser mejor que lo que yo utilice- le guiñé el ojo y tomé mi bolso para salir de la oficina con rumbo a situaciones inesperadas. Al llegar al edificio el personal me recibió como normalmente lo hacía, se formaban frente a la entrada y me saludaban respetuosamente, fue extraño que en esa ocasión eran muy pocos miembros del personal, lo cual me hizo preocuparme, pensé en posibles motivos, escenarios desastrosos como que habían faltado a las actividades, qué no me respetaban o que estaban en algún tipo de huelga laboral y en automático las palabras salieron de mi boca -¿Dónde está el resto del personal?- me dirigí al gerente del lugar, mi ex compañero de Licenciatura Dylan Hile, el más antipático, arrogante pero muy capaz en ese ambiente. -Tenemos una visita importante en el área de diseño VIP- contestó con esa sonrisa socarrona que odiaba, porque lo hacía ver cool y detestaba admitirlo, no era nada feo, sus ojos color miel, sobresalían en su piel apiñonada, el muy desgraciado debía pasar horas en el gimnasio para lograr esa complexión que lo hacía sentir poderoso, era alto pero yo también lo era, cuando estábamos cerca le demostraba que toda su seguridad me importaba una mierda… Yo era la jefa y aunque él provenía de una familia de buena cuna, su padre había derrochado su fortuna en inversiones fallidas que los llevaron casi al borde de la quiebra. Durante la carrera fue totalmente indiferente, en ocasiones sentía su juicio al mirarme, mi familia se volvió millonaria por las habilidades de los abuelos, pero no proveníamos de una familia de la nobleza o algo parecido, más bien éramos de esas familias que con trabajo arduo y buena templanza logramos el éxito sin necesidad de un apellido que nos abriera las puertas No dije más, avancé dentro de las instalaciones, fui directo a la oficina, dejé mi bolso y me dirigí al taller de creación -Mariam, que me pasen los reportes de la semana, una vez que regrese del taller los revisaré y dejaré firmados para aprovechar la visita -Si señora- hizo una seña como hacen los oficiales del ejército al saludar, se estaba mofando mí y según ella era toda una profesional, reí sacándole la lengua -Pequeña malcriada- susurré mientras cerraba la puerta detrás de mí Muy confiada entré, personas iban y venían, jamás en toda la historia de mis visitas había notado tanto caos, empleados con rollos de tela de un lado al otro, y un sequito de empleados rodeando muy seguramente al cliente VIP que el imbécil de Dylan mencionó -Buenas tardes- casi grité pues el bullicio era algo que no hubiera permitido una voz delicada- ¿Todo en orden?- más que una duda era más una frase implícita para expresar que el orden no existía en ese momento. Las empleadas se apartaron como por arte de magia y me presentaron sus respetos y allí en medio de la muchedumbre, encima del ajustador estaba un hombre, enfoqué la mirada y pude verlo con claridad, de inmediato lo reconocí, era el príncipe, el príncipe Julian Rawn, lo había visto en revistas, la televisión y uno que otro evento social, siempre muy frívolo y misterioso, los medios de comunicación hablaban muy poco al respecto, su vida estaba libre de escándalos, las pocas noticias sobre él eran acerca de actos protocolarios, nada del otro mundo… parecía una persona aburrida, por el contrario su hermano el príncipe Randall tenía fama de playboy y sí que aparecía en los chismes de los espectáculos, completamente opuestos. Cruzamos miradas por unos segundos sus ojos azules chocaron contra los míos… vino a mí mente la frase “polos iguales se repelen”, mis ojos eran azules al igual que los suyos, a mi favor, los míos eran más lindos, en esos segundos vi el fastidio en su mirada, no sabía cuánto tiempo llevaba ahí pero por su expresión llevaba al menos una hora, me extrañaba porque normalmente el personal en treinta minutos lograba satisfacer las necesidades de los clientes pero bueno, ése no era un cliente común, es decir, era la primera vez que alguien del palacio real visitaba nuestras instalaciones. Cuando caí en cuenta sobre lo bueno que sería para nuestro prestigio la visita del príncipe heredero una idea pasó por mi mente… -Su alteza real- me incliné- ¿está satisfecho con el servicio?, permítame presentarme soy la directora general del grupo YUMI, mi nombre es Lucié es un placer contar con su presencia- dije mientras dejaba atrás la reverencia, observé el traje que tenía puesto de pies a cabeza, su tez blanca sobresaltaba en el color gris oscuro, era muy alto y mucho muy apuesto, era el estereotipo andando del príncipe azul… estoy segura que Dylan perdió un poco su seguridad ante su presencia, tuve una risa mental pensando en ello, la cual fue interferida por la voz del príncipe Julian -Habría que definir la palabra satisfecho… pero sí, ahora podría decir que sí señorita Lucié- no sabía el significado de sus palabras, me estaba coqueteando, me estaba tomando el pelo o simplemente era una frase cortés, dudé un poco mis siguientes palabras -Creo que ese saco no le favorece- me dirigí a una de las asistentes- trae el número 57 en el mismo tono- la chica se movió rápidamente hacia el almacén que estaba justo detrás del taller Caminé hacia el príncipe, subí al ajustador, quedando frente al gran espejo, ante mi cercanía inesperada pude observar como sus escoltas se sobresaltaron, levanté las manos para demostrar que mi cercanía era pacífica -Su majestad, si me permite le retiraré el saco para que se pruebe el nuevo que hice traer- me miró serio no articuló palabras, sólo se posicionó para facilitar la extracción de esa tela privilegiada en sentir esos músculos que quedaron expuestos al retirar el saco, por Dios, pero qué cosas pensaba, habíamos hablado tanto del profesionalismo en este día y el mío ya se estaba viendo comprometido, era una profesional, pero no estaba ciega, no estaba nada mal. Llego el nuevo sacó y le ayudé a colocarlo, alisé la tela y cuando me dispuse a abotonarlo él reaccionó -Le agradezco, eso puedo hacerlo yo mismo- vi una mirada retadora, cómo cuando un niño se sale con la suya -Por supuesto su majestad, no dudo sobre ello- sonreí- lo dejo en buenas manos, ese saco le luce mejor desde mi opinión- con permiso- me incliné nuevamente, entendió mi ironía y sonrío astutamente Apenas me di la vuelta olvidé que iba a elegir de inmediato, le envié un mensaje a mi amiga Maggie, la mejor reportera cuando de promocionar nuestra marca se trataba- Urgente el príncipe Julian está en la casa de modas, tienes que fotografiarlo y que nuestra ropa se vuelva popular, lo dejo en tus manos amiga. Mientras esperaba que la magia sucediera empecé a dibujar el vestido que usaría para la gala, tenía la idea pero me gustaba tomar las telas y armarlas sobre mí misma frente al gran espejo de esa sala que era mi lugar privado, los empleados estaban al tanto que mientras yo estuviera ahí nadie más entraba, tenía una luz verde a un costado de la puerta que se activaba cuando yo estaba dentro y simbolizaba de manera textual “NO ENTRAR” pues sumado a ello se aseguraba de forma automática al cerrarla. Probé con alguna telas, la blusa de vestir que tenía olanes me impedía contemplar la caída exacta de la tela así que me quité la ropa, siempre lo hacía así, encontré el encuadre perfecto el vestido sería tipo halter, usé algunas aplicaciones que hicieran resaltar mi cintura, mi figura no era exactamente delgada, si tenía una cintura pequeña pero tenía piernas torneadas y trasero firme, mis pechos eran promedio, siempre pensé que la altura era mi fortaleza, me ayudaba a parecer más delgada de lo que era, aunque no me preocupaba ser una muñeca escurrida, estaba contenta y conforme con lo que tenía, siempre muy segura de mí misma a pesar de los patanes con los que me había topado, aquellos que quieren culparte de sus inseguridades y errores, y que eché a patadas de mi vida porque merecía algo mejor… niños de la nobleza que pensaron que por no tener un apellido importante como el suyo podrían menospreciarme… bastardos Estaba sumida en mis pensamientos cuando levanté la mirada y en la puerta estaba el príncipe Julian observándome con esa mirada que no sabía como interpretar… no ahora que estoy completamente expuesta ante él…
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