Desde que nací fui educado para heredar algo que no pedí pero que llegando a mis veintiocho años si deseé, no por poder, ambición o un interés propio, sino por convicción, por hacer cosas diferentes, hace muchos años los reinados eran lo opuesto y con ello me refiero a qué eran ambición pura, enriquecerse, estar por encima de… yo no compaginaba con eso, en la modernidad, las cosas cambian y las perspectivas también lo hacen, al menos la mía; ojalá la reina madre hubiera pensado un poco como yo, todo el tiempo se pasaba recordándome que al ser Julian Rawn III, príncipe heredero a la corona tenía que ser un robot que no sintiera e hiciera todo lo que ella y el gabinete ordenaran.
Cuando mi madre la Reina Kaytlin, mi madre, aún vivía todo era bueno, ella me infundió tener criterio propio, tomar decisiones pensando en el bien común y sobre todo pensar en los demás como iguales pese a nuestra posición. Tras su muerte mi padre el Rey Julian Rawn II, volvió a casarse con la reina madre Sofía de Barragán, madre de mis dos hermanos pequeños Mauricio y Elise; aunque la reina madre era controladora, mis hermanos que aún eran unos niños tenían bondad en ellos y podía tratarlos en armonía. Mi padre el Rey había caído enfermo desde hacía ya varios meses y hasta no saber si habría recuperación entre la reina y yo nos encargábamos de cumplir con sus compromisos de manera provisional.
Desperté muy temprano como cada día, el objetivo: cumplir los objetivos asignados en mi agenda oficial, por fortuna el día parecía tranquilo, elegí el atuendo que vestiría y uno de repuesto para poder cambiarme entre un compromiso y otro, bajé al comedor donde ya se encontraba la reina madre, mis hermanos y muy extrañamente mi padre que tenía demasiado sin sentarse a la mesa con nosotros, pude observar un mejor semblante en su rostro aunque sin dejar pasar el notorio cambio en su peso reflejado en su escurrido rostro
-Padre, me da gusto verlo mejor- saludé mientras tomaba su mano para besar su anillo, una costumbre algo arcaica pero que conservábamos con recelo y que no me molestaba en absoluto, para mí era demostrar el respeto ante el hombre que era representante de un país y mi padre encima de ello.
-Julian, gracias hijo, siéntate que queremos tratar algunos temas contigo- su semblante era sereno y conocía esa expresión, algo que tenía que ver conmigo e implicaba mucha responsabilidad
-He pensado en mi abdicación- hizo una pausa y me miró, sostuve su mirada, yo no tenía miedo a asumir el reinado, tenía miedo a todas las cosas que iban con ello, primeramente y la peor de todas estar casado- necesito que revises la lista de candidatas que la reina te ha entregado, tienes que decidir e iniciar los protocolos, de esa forma podré dejarte el trono en las condiciones adecuadas
-Necesito tiempo, no puedo solo elegir una señorita al azar, casarme con ella y fingir ser feliz por el resto de mis días, son otros tiempos padre, un matrimonio es una elección personal, no una imposición
-Esas listas se te entregaron hace más de cuatro meses, podría asegurar que ni las has mirado- refutó la reina- el país depende de ti, tienes una responsabilidad que va más allá de lo que tu puedas considerar ideal
-He dicho que necesito tiempo, sé que debo casarme pero necesito tener libre albedrío en ello, Padre, dame tu palabra que me permitirás ser yo quien decida sobre ello, en cinco meses más ya tendré la candidata, me casaré, asumiré el trono y te aseguro que intentaré ser un rey responsable y comprometido
-Tienes 2 meses y ni un mes más, tienes mi palabra, podrás elegir y yo podré finalmente jubilarme y disfrutar un poco de los últimos años que me queden en unas largas vacaciones- sonrío y le correspondí
Desayunamos sin más, todos nos retiramos a nuestras respectivas actividades no sin antes pedirle a mi asistente la dichosa lista que pude hojear en el trayecto del auto, todas chicas aristócratas no muy agradables, en los eventos sociales la mayoría se dedicaba a perseguirme y hablarme de cosas tan superficiales que eran de mi completo desagrado; seguí hojeando hasta llegar a Susan, siempre fuimos buenos amigos, sus padres los condes de Jopl eran cercanos a mis padres y compartimos varios momentos desde la niñez hasta la adultez, incluso tuve mi primer beso con ella y nos dimos cuenta que éramos más hermanos que cualquier cosa que se pareciera al amor carnal, podría casarme con ella pero sin duda sería algo muy extraño e inimaginable, sin embargo, era la única opción aceptable moralmente hablando, cerré el cuadernillo con desgane, respiré profundo y me dediqué a cumplir con mis compromisos.
Finalmente la ultima actividad del día sería la prueba de vestuario para el baile de caridad que estaba cercano, mi amigo Fabrizio me habló sobre un sitio que estaba de moda, no era de reconocimiento masivo pero la ropa se hacía a la medida y con las mejores telas, aunque en el palacio tenemos nuestro propio sastre quise salir de lo convencional y probar si la ropa era tan buena como Fabrizio aseguraba.
No podía quejarme del servicio, el personal de la tienda hizo todos los arreglos pertinentes para mi llegada y estancia, me ayudaron a probar diferentes estilos y la comodidad de sus telas era de lo mejor, además los diseños de los trajes efectivamente estaban fuera de lo convencional sin perder la elegancia y clase.
Repentinamente entre el personal que me atendía una chica rubia de ojos azules se abrió paso, vestía un pantalón sastre beige y una blusa blanca con muchos adornos a la altura del pecho con un escote discreto pero a la vez desconcertante, dejaba ver sólo lo justo para despertar la curiosidad de cualquier hombre, su cabello largo caía suelto alrededor de sus hombros y cuando habló pude ver cuánta seguridad había en ella, parecía ser una chica de personalidad fuerte
-Su alteza real- hizo una reverencia- ¿está satisfecho con el servicio?, permítame presentarme soy la directora general del grupo YUMI, mi nombre es Lucié es un placer contar con su presencia- dijo mientras me miraba de arriba abajo analizando lo que tenía puesto, acción que por un momento me agradó parecía contenta analizándome, lo cual me pareció interesante
-Habría que definir la palabra satisfecho… pero sí, ahora podría decir que sí señorita Lucié- jugué un poco tratando de estirar la liga, si hubiere hecho un comentario así a alguna de las señoritas de la corte de inmediato habría una reacción y quería ver cuál sería la suya por mera curiosidad
-Creo que ese saco no le favorece, trae el número 57 en el mismo tono- le indicó a una empleada-No hubo una reacción, estaba enfocada en el vestuario, cada acción de esa chica me parecía más intrigante, se acercó más de lo necesario John y Parker mis escoltas personales reaccionaron ante ello y es que durante el protocolo de seguridad que realizaron al ingresar, ella no estaba dentro de los que fueron revisados, quise reír ante su gesto de levantar las manos como si fuera un bandido diciendo que viene en son de paz, cuando se paró en el ajustador frente a mí me miró fijamente, era alta, con esos tacones casi igualaba mi altura y yo medía 1.97 m, sus ojos aunque eran del mismo color que los míos eran de un tono más intenso y sus pestañas eran muy largas, fueron pequeños segundos y jamás había notado tantos detalles de una persona
-Su majestad, si me permite le retiraré el saco para que se pruebe el nuevo que hice traer- ella hablaba y yo seguía analizando su comportamiento anormal y las pecas en su rostro excesivamente blanco, levante los brazos hacia atrás para que ella pudiera retirar el saco y su mirada cambió, parecía que por un momento se olvidó del vestuario y miro mi complexión, quizás lo imaginé, porque de inmediato ya estaba concentrada nuevamente en el otro saco que colocó, me sentí absurdo tratando de adivinar sus impredecibles reacciones así que active el modo de defensa, mantenerme alejado de problemas y definitivamente de mujeres que sean impredecibles.
-Le agradezco, eso puedo hacerlo yo mismo- hablé para marcar la pauta que la hiciera alejarse
-Por supuesto su majestad, no dudo sobre ello, lo dejo en buenas manos, ese saco le luce mejor desde mi opinión- esa sonrisa que esbozó iba cargada de algo que no comprendía, cortesía, burla o simplemente orgullo, después de inclinarse se dio la vuelta y salió, no hirió mi orgullo pero era de las pocas personas que mostraban poco interés ante un m*****o de la realeza, neutra, serena e indiferente…
Observé en el espejo el saco, me gustaba, no se equivocó, lucía diferente, fino y acorde al evento que asistiría
-Quiero este modelo de saco- dije a la dependiente
-El tono gris está agotado, podemos fabricarlo en tres días si lo desea su majestad- asentí y las empleadas comenzaron a tomar las medidas para ello.
Antes de retirarnos quise pasar por el sanitario para cambiar mi atuendo, haría una ultima escala no planeada en el centro recreativo infantil y quería ir un poco más cómodo, mis escoltas me acompañaron hasta el pasillo donde se encontraban los servicios, siempre priorizando mi privacidad esperaban al menos tres metros de distancia de mi persona, avancé por el pasillo y vi una puerta semi abierta, salía música clásica de ella, abrí sin pensar que dentro estaría la chica rubia, había olvidado su nombre, era malo aprendiendo nombres, un gran defecto para alguien que sería Rey, aunque hubiera sido bueno recordando nombres igual lo había olvidado, la chica estaba en ropa interior con algunas telas sobre puestas en ella, mi desconcierto ante el escote de su blusa desapareció de golpe, ya había poco que dejar a la imaginación, yo esperaba ver una cara de sorpresa, quizás enojo, emoción o que se yo, pero en su rostro vi calma… impacible, mirada al frente, segura… como si fuera de otro mundo…