CAPÍTULO ONCE Mia rastreó la matrícula y la siguió a unos cuantos kilómetros de Manhattan. En el asiento del acompañante a su lado, Melissa jugueteaba con los diales de la radio hasta el punto de irritarla. —Déjalo en una emisora —dijo Mia. —Lo siento. No me gustaba esa canción. —Concéntrate en la tarea que tienes entre manos. Están justo delante. Las huellas dactilares de la escena del crimen de Manhattan habían revelado dos posibles autores. Un par de chicos locales llamados Billy y Patrick, de quienes se rumoreaba que formaban parte de una banda criminal según la policía local. Mia siguió al todoterreno n***o por un camino rural, mientras se aseguraba de mantener una distancia prudencial. —Van a entrar en la gasolinera —dijo Melissa, con la voz temblorosa. Mia reconoció ese tono.

