CAPÍTULO DIECISÉIS Ella se apresuró a volver a la comisaría con la cabeza llena de fantasmas, de ideas vagas con el potencial de manifestarse al completo con suficiente energía. Lo que había encontrado en el sótano había cambiado por completo su rumbo. Hasta ese momento, las piezas del rompecabezas estaban dispersas en el aire, pero esa mañana descubrió la fuerza que las unía. Habían encontrado monedas. Miles y miles de ellas. Barry Windham debe haber sido un coleccionista de monedas en algún momento, pero había abandonado el hobby por alguna razón. ¿Este asesino podría estar atacando a la gente en el negocio de las monedas? Si así fuera, ¿cómo encajaban las dos primeras víctimas? Eso es lo que iba a averiguar. En su oficina, llenó su escritorio de papeleo. Para poder hacerlo, necesitab

