CAPÍTULO CINCO —¿Qué haces aquí? —gritó Olivia. Su indignación eclipsaba su vergüenza, pero solo por poco. Estaba agachada, masajeando su trasero cuando él se acercó por detrás de ella. Peor aún, tenía un agujero gigante detrás de su chándal. Olivia sintió que su cara se llenaba de mortificación al recordarlo. Este no era un momento favorable para una visita no anunciada. —Perdón por la sorpresa —dijo el hombre, dándole un guiño conspirativo—. Yo estaba pasando por aquí. Pensé en entrar y quizás ofrecer mi ayuda. Se inclinó y recogió la pala. Apresuradamente, Olivia giró para mantenerse frente a él. Quería mantener ese corte en el asiento de su chándal fuera de la vista, aunque él ya debía haberlo visto. ¿Qué ropa interior se había puesto? Creyó haber elegido la gris esa mañana. Y

