•· Capítulo 5 ·•

1094 Words
• · • · • Desde que nací mi padre decía que yo era una guerrillera que amaba romper las reglas. Y quizás así era. Siempre encontraba la manera de rebelarme contra el sistema y atacar a los más poderosos sin salir perjudicada. Esa era la mayor diferencia entre mi hermana y yo. Ella era una conformista y yo una activista. Así me veía. Creía que podría cambiar el mundo algún día. Pero entonces la desgracia tocó mi puerta, entonces tuve que acatarme a una ley contra la cual no podía...todavía. · • · Un latigazo toca mi espalda, haciéndome temblar del dolor. Caigo de rodillas, magullándomelas en el proceso y suelto un quejido de dolor al sentir el segundo latigazo dar en el área de mis costillas, levantándome piel y un poco de carne. Me trago mi llanto, pues sé que de nada serviría llorar. —¿Quién te dio de comer? No respondo. Otro latigazo impacta contra mi espalda desnuda. Me encuentro de rodillas, semidesnuda y empapada por agua helada que Sirius Cordoban mandó a que me echaran, todo con tal de que le diga un nombre. De alguna forma sé que estaría traicionando la bondad de aquel hombre que me ayudó, pero poco a poco el dolor se hace inaguantable. Las demás chicas también están aquí, viéndome sufrir, pero sin mover un solo dedo. En su lugar cualquiera se quedaría quieto. Otro latigazo más, pero esta vez se me escapa un grito de dolor. No voy a sobrevivir para vengar todo el mal que me está haciendo este demonio, así que me aferro al único plan que sé que podría funcionar: Seducir al demonio que hay ante mí y así sobrevivir lo suficiente para matarlo yo con mis propias manos. Abrazo mi cuerpo y dejo de hacerme la dura. Si sigo haciéndolo él no sentirá la necesidad de cuidarme porque no soy débil. Empiezo a llorar en silencio, y humillándome ahora por una venganza futura, me arrodillo ante él y levanto la mirada. Se que por alguna razón me ofreció este trato como método de pago, así que usaré eso a mí favor, aun no sepa que sea. —Por favor, señor Cordoban —suplico, fingiendo ser inofensiva. Y parece funcionar, porque por un momento su expresión parece suavizarse. Lastimosamente, tan rápido como viene, se va esa pequeña luz al final del túnel. Los castigos siguen, pero esta vez incluso más fuerte que antes, causando que finalmente caiga desmayada. · • · La espalda me está matando. No sé en qué fallé, pero necesito volver a intentarlo y ganar o jamás poder salir de este hoyo. Levanto la cabeza cuando paños tibios sobre mi espalda. Intento ver quien es, pero está muy oscuro ya y el dolor no me deja voltearme. —Eres muy terca. Sigues aferrándote a ir en contra de mi padre. La voz de aquel hombre...Ezra. Sin poder verlo en la oscuridad, empiezo a entablar una conversación con él. —¿Por qué estoy aquí? —Porque mi padre te dejó tirada en una celda para que murieras. Su voz parece confiable, pero sé que miente. Algo me dice que miente. Si bien Sirius Cordoban tiene fama por ser agresivo y fácil para matar, cuida a sus “muñecas” con mucho interés. Y sé que para él ya soy una de sus “muñecas”. —Gracias —murmuro, sabiendo que de nada me serviría enemistarme con él. De alguna manera sé que está conectado con Sirius, aunque lo odie. —¿Te sientes mejor que antes? —¿Que cuando me estaban dando latigazos? Si, claro que sí. Los paños tibios alivian poco a poco el ardor que siento por los latigazos, dándole paso a que sea más susceptible a sentir como sus manos de vez en cuando tocan mi espalda. Solo entonces, cuando siento el viento frio colarse por la ventana y mi piel expuesta, me doy cuenta de que estoy completamente desnuda ante Ezra Cordoban. Me siento de golpe, movida mayormente por el pánico de que me haya visto desnuda, y cubro mis pechos con mis manos, totalmente confundida sobre que paso realmente. —¿Qué estás...? —Estoy curándote. Sirius mandó a que te desnudaran y así te tiraran en una celda para luego echarte agua fría. Estuviste despierta por un instante mientras te echaban agua, pero supongo que no lo recuerdas. Intento hacer memoria, pero nada viene a mi cabeza, solo imágenes borrosas de mis últimos segundos despierta cuando estaba siendo azotada frente a Sirius. Eso es todo. —Yo no lo recuerdo —susurro. Ezra se pone de pie y se quita su chaqueta y me la tiende. No la tomo, así que él la coloca sobre mis piernas y se gira. —Cúbrete con ella por delante para poder terminar de curar las heridas de tu espalda. Como él está de espaldas, tomo su chaqueta y tal como me lo indicó, cubro mis pechos con ella. Al ser bastante grande, la tela es suficiente para cubrirme muy bien. —Listo. Ezra se gira y continua con lo suyo. Moja los paños en el agua tibia y luego los pasa por mi espalda con extrema delicadeza. Todo es así por unos minutos, cuando rompo el silencio. —¿Por qué lo haces? Y quiero saber la verdad. Veo a Ezra dudar un poco antes de levantar la mirada y verme a los ojos. En ellos solo hay sufrimiento y desesperación. —Por mi madre. Lo hago por todo lo que él le hizo a ella. No creo que vaya a seguir hablando, pero al menos ya sé cuáles son sus razones específicas. De pronto, mientras sigue limpiando mi herida, empieza a hablar. —Tenía seis años cuando mi madre murió. Yo...pude haberlo olvidado debido al tiempo que ha pasado ya, pero es algo diferente saber que tu madre ha muerto a verla morir delante de tus ojos. —¿Acaso Sirius...? —Sirius es un maldito loco. Está cegado por el poder, y todo lo que amenace con quitárselo, lo saca de su camino. Incluso si es su esposa. No quiero profundizar más en la herida que seguramente tenga, así que hago silencio y bajo mi cabeza. Si las cosas son como él las pinta, seguramente tengo un aliado en potencia contra Sirius Cordoban que me sería muy útil, sin embargo, si él me está mintiendo deliberadamente debo tener cuidado, porque por un momento olvidé que mi instinto me dijo que no confiara en él. • · • · •
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD